Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Carta a ti, X hoy a 21 de junio 2011



Adorado X,

A veces, después de haber terminado alguna epístola dirigida a ti, me siento como si te hubiera rozado... Aquello que con mis palabras te he retratado puedo tocar cual caricia, pudo resultar verdadero como el roce de unos dedos, pero en algún lugar de mi texto se perdió aquella huella que con mis sentimientos quise conservar. Y es que el lenguaje escrito puede resultar rico y complejo, pero comparado con el lenguaje utilizado por las emociones acaba siendo mísero. Yo siento, percibo, observo, descubro, experimento, olfateo, huelo, comparo, disfruto, sufro, razono, anhelo, sueño, me emociono, río, me entristezco, imagino, creo, vivo y amo. Y podría seguir, ¿verdad? Las sensaciones por ti, sin embargo, vienen cocinadas como un potaje improvisado del cual no acaba casi nunca por conocer la totalidad de los ingredientes utilizados. Mi cerebro coordina, razona, asocia, recuerda... 

Mi cuerpo, a través de los sentidos, me conecta con tu mundo allá lejos en el otro mundo y faculta a mi sensibilidad para evaluar las percepciones. El corazón absorbió cada información acerca de ti y la ha transferido al campo de las emociones para que puedan dar respuesta día a día a mi alma ... 

Mis frases serán más o menos hermosas según consigan plasmar con mayor o menor acierto aquello que bulle dentro de mí. No creas que siempre me resulta fácil: a veces me estoy un buen rato aquí en “el otro lado”, de otra forma las palabras jamás ganarían la partida a las realidades del corazón. Escribirte es un sorprendente modo de comunicarme conmigo misma y a la vez contigo, anclado en mi mundo. Aquí me limito a intentar transmitir la pureza de lo que siento. Escribo mostrándome, como si la pantalla  fuera un espejo que refleja mi esencia, y leyendo lo escrito voy aprendiendo a encontrarme. Descubro como soy la ama de mi texto: angelicales figuras pintadas de sensibilidad, amor y lindeza trato de lanzar al éter para alcanzarte. En la cola de mis palomas mensajeras se puede divisar una figura borrosa, que probablemente vuela con ocultas intenciones, y marcando la retaguardia vienen dos mágicos querubines pincelados por mi fantasía con los colores de tus pupilas. Doce hadas existentes tan sólo en aquí, me traen las palabras y en su entrega me confieren el poder de esmaltarlas con el fulgor de mis sentimientos...

Y sueño con ello... Y en el despertar de mis fantasías me digo que quizás sí, pero que puede que no. Mas sino tampoco importa mucho, pues si mis odas no me han sido regaladas entonces surgieron de mí. De mí... Por mí y para ti escribo y si yo solo te profeso mi corazón, será como la fuerza de un mundo- la magia del “otro lado”- y con su graciosa tersura podré agraciar sin complejos mi amor por ti.
Inquieta e imparable, busco una palabra tras otra, corriendo tras la frase perfecta, con la que poder llegar a expresar cuanto necesito revelarte.

Trato de esculpir frenéticamente la conjunción entre la vida y las apariencias, el alma de las cosas y sus meras conjeturas. Ardo en deseos de acercarme a las verdades con una llamarada de encanto y otra de espanto, pues siempre es más fácil quedar en el refugio de las apariencias, las cobijas cómodas que exhalan vida, pero también, encierran la muerte: la incapacidad de atreverme  a
Ser quien soy.

Deseo anunciar con la sílaba las oscuridades y los destellos del alma, evocar las erratas malditas, las instalaciones del desencanto, que ni mucho menos, nos
condenan.
Hondamente, mí espíritu feroz transita la alquimia de la existencia. Me nombro viajera del desconocimiento, trato de arrojarme a los mundos ajenos, mientras
te invito al mío en silencio.

En exquisita convulsión, arranco palabras al aire, como impulsos flotantes, como cometas resplandecientes, que al punto, mueren en el éter, ornadas con el espíritu de lo efímero y de lo eterno, que únicamente alcanzan su inmortalidad tras sucumbir en mi boca. Tal vez pueda llegar ese día en que la poesía se haga lenguaje, un nuevo tiempo, en que se convoquen los grandes y los pequeños deseos diseminados en los versos, reunidos de súbito en las almas, en las verdades y en un par de ojos, los mismos que tanto alababan en la frenética ausencia de todos los sueños. 
Onezca inquietud que en mí oprime, pero que deja sobrevivir los microbios de la sensibilidad, que infestan el animo y contaminan el último resquicio de la impuesta impasibilidad, y que como gotas se destilan hasta las manos, para escribirte y no dejar de hacerlo, hasta evaporarse hasta tu mente, como gotas perladas, como gotas de ácido,-qué se yo-.
Es la ansía de comunicarme con tu corazón, escribir disparatadamente, porque no hay modo mas epítrope, de decir con las palabras, todo eso de lo que mi boca, mis pechos, mis ojos, ni mi corazón se ven capaces. 
Ésta noche, en la suavidad del ocaso me apodero de tu nombre, carente de eco. Te sueño de nuevo, compulsivamente; mientras hago de tu eminente existencia mi himno que ahora enmudece a mis latidos que recitan tu nombre con la fuerza de un tambor.
¡Morador de lo eterno; me ofrece cobijo tu efervescencia, imperecedera sentencia de mi sino!
Agitados estigmas marcaron mi pasado y ahora tú abrasas cada huella de mis ayeres.
Te llevo en mí, como un tesoro robado, amándote en mis quimeras sin cesar.
Sorbos de barro se liberan de las arenillas,
De sufridos y remotos tiempos, mientras tú muerdes mi vida, con cada palabra que esculpes y me regalas desde mi imaginación.

Y sangra mi corazón, dispersando tu hallazgo. Sumisa, silente mi alma: entre lamentos, negaciones y rechazos te haces goce y sueño.

¡OH ven a desatar mis ataduras, a descansar en mi cansancio, a trenzar los extremos de mi mundo, a liberarme hacía tus brillos!
Es la ansía de comunicarme con tu corazón inventado, escribir disparatadamente, porque no hay modo mas epítrope, de decir con las palabras, todo eso de lo que mi boca, mis pechos, mis ojos, ni mi corazón se ven capaces.
Ven a susurrarme que existes…
Incierta para el mundo pero sinceramente real y tuya,
C.

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