Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Amado X; ¿Me dejas?

Amado X; ¿Me dejas?

Déjame, por favor…

¡Déjame ser paloma enamorada que cruza tu ventana
que aleteando alivie tus fatigas! Si tú me dejas seré el jinete que te guía sin extraviarse
a través de todo laberinto. Déjame ser armada reina; defensora de tu inocencia.

Puedo ser tú ejército en contra de las calamidades, tus dolores y tus tristezas, y en un solo segundo transformarme en un oasis dónde tus desvelos encuentren el ensueño.

Déjame amarte como en el mundo no se ha amado,
La mujer enamorada que te besa en sueños al despertar, compañera en la adversidad
y en la rutina, amante de tus noches compartiendo el ansia de tus ensueños. Sueño...solo lo sueño…

Amante imperiosa en las fronteras de tu pasión,
reservándome alguno de tus espacios.

Permíteme regalarte mi voz, mi alma y mi vida, susurrarte con el corazón
“quédate cerca...”
Con el punto del silencio y del sentimiento, cruzándose en nuestros noches, llevándonos en el tiempo.

Porque tu corazón me alienta y tiemblo mientras acepto lo que ya sé:
Inconsecuente corazón perplejo que te ama profundamente desde un lugar entre sueños..
¿Me dejas soñar?

Déjame, Oh, Déjame, X soñarte, porque me desvestirás de todos mis miedos, lentamente, para comenzar una aventura donde explorar el mundo como si fuera la primera o la última vez que lo viera. Lo descubro con ojos nuevos, ojos que advierten, como si nunca lo hubiese mirado.
Deja que mis manos se conviertan en palomas blancas, se escapen por las ventanas y vuelen, eternamente buscándote.
En la oscuridad, deja que busque tu piel, cómo entonces, cuando la vi desnuda y te miré tan quieta que se me escapó cuando quise mirarla fijamente.
Déjame vivir esperando, para revivir como el fénix entre los suspiros de tu boca, sintiendo palpitar tus labios, aquí en este mundo en el que te aguardo.
Deja que recuerde tus besos de otro tiempo, que saben a éter y rocío y se vuelven dulces con la nostalgia. Manos que me rozaron, reliquia añorada sin igual.
¿Es posible que desde este lugar leamos el mismo libro? ¿Soñemos el mismo sueño? ¿Es posible, como entonces posible era todo lo demás?

Tu esencia fue la guía que me reveló tu existencia en la actualidad. Palabras de aroma, piedras preciosas, esculpidas para saborear la verdad. Las flores de oro de la conciencia. Lo invisible que nos arroja a ambos, sobre el terreno de lo que no se sabe, de lo onírico que en el otro mundo se deshoja.
En mis ojos florece tu mirada, en mi espíritu el tuyo se hace eterno. Desde los confines de toda partida, llegaste desde mi todo hasta mi nada y así logré la floración con la savia de tus besos que imagino sobre mi boca, día tras día, noche tras noche. ¡Me anunciaste la fe en las cosas, me devolviste la ilusión por el mañana; bebí sedienta del manantial de tu ternura, y no volveré a tener ninguna otra sed!

La ironía del destino quiso que fuera yo, la menos indicada, la peor dotada para la tarea, quién te amara, sin haber aprendido el amor jamás. Sin embargo, no seré la protagonista de este amor, solo testigo. Quizás porque de algún modo he intuido que mi cometido me llevaría hacía otros lares, otros escenarios, que fueran los entornos del amor. Quizás porque comprendí que de entre tantas otras, mi vida sería diferente; que yo sería la más reticente a escapar de las trampas que tiende el amor, la más osada, la menos brillante y la que así más probabilidades tenía de sobrevivir sin tener el corazón aplastado.
Con ese espíritu, con la confianza de que no traicionaría jamás mis propósitos, así te hallé frente a mi vida, el día menos pensado. Había puesto todo mi empeño en mantenerme firme ante los destellos de tus ojos (ojos soñados, ojos añorados, sabidos ) sin embargo el destino estaba trazando inexorablemente la línea de mi dulce condena.

Ahora solo comprendo, que comencé a vivir el día en que volviste a aparecer, que ese día es el de mi cumpleaños, el principio de todo y de mi vida verdadera.
Ya nunca podré olvidar el rastro de tu ternura, el brillo inusitado de tus pupilas, mientras la luz de tu infinito se extiende hasta donde alcanza mi visión: ¡tu faz!
Y sueño arder entre tus llamas, sucumbir a tus encantos... Que tomes entre el tuyo a mi cuerpo, pozo cerrado hasta este instante, que me quemes las entrañas y me envenenes con tus caricias hasta la locura… ¿Me dejas? ¿Me dejas soñar?

Tercamente te admiro, amo y venero como jamás se hizo en el mundo.

Recibe así cuanto pueda darte, no menos que mi corazón,
Con el corazón en la mano,
C.

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