Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Si hoy me lees, X

Si hoy me lees, X

Entonces te escribo aferrada a un imposible, y así es como emprendió mi corazón su llama: por un amor, que más que amor es un sueño, una esperanza, un tesoro oculto. Siento lo que he sido siempre; a través de ti he llegado a conocerme, saber de lo que mí corazón es capaz.
A mano quisiera tener, el diccionario de tu presencia. La palabra que se espesa, ante el umbral de tus cristalinos ojos. Asaltarte, quisiera en todas tus islas con mi corazón bucanero; rasgar la mediasombra del olvido de un sablazo inmenso de sonrisas. A mano tener palabras esenciales, poemas que como lirio profundo perfumen tu esencia.
Tú, el hombre de mí vida. Nada tengo, más un puñado de sueños entre manos. Y en lo azul de la noche, te susurro ese sueño de mi vida, mientras mí alma tiembla desnuda entre tus manos.

Sobre mis hombros, pesa una cruz...

Encierro mis ansias en mí misma, y toda entera como una torre de marfil me alzo en la nada. En el silencio hay vértigos de abismos…
En mí vida se produjo el milagro inefable de tu reflejo y en el silencio de la noche, mi alma llega a la tuya como un gran espejo. Imagen del amor que hube soñado, en la tumba glacial de mi silencio. Más grande que la vida, más real que todo sueño.

Hoy me hallo en un remanso donde doy un paso sobre lo andado, que no es mucho ni poco, pero sí intenso, muy sentido y entregado. Y tú bien sabes, amado mío, lo mucho que he debido dejar en prenda por dichas intensidades.
Hoy te añoro más que nunca mientras el miedo a nunca conocer tu existencia en la mía me sigue todos los pasos. Sílaba a sílaba te nombro sin nombrarte, hora tras hora y día tras día, en el trabajo de agotar las palabras, extinguiéndolas al último día de vida.
Cultivo de espejos te muestro, sobre la fértil tierra de mis ensueños. ¿Qué quieres tú que yo sea para ti? Pinta la pregunta al fresco en el viento. Y seguro hay más de un reflejo que ha de responderte a la llamada del descanso en pecho abierto.
En mí, resonará tu pregunta y los cristales de azogue abrirán su grieta, como blanca y sencilla flor de nube.

Es difícil, amado X, no pensarte a cada momento, pues bufa mi vibración, oculta en el segundo frágil de tus ausencias, intruso demonio del deseo profundo por hallarte en mi vida, fugado entre el tamiz de mis recuerdos, que de esperanza no son, y menos aún de realismo.
En mis palabras te pongo un signo que nunca termina de expresar la figuración de mi realidad.
Me resulta arduo, dada la longevidad de mis antiguos asuntos del alma, ponderar cuáles animaciones de la imaginación son dignas de cultivo y cuáles ha menester arrancar, cual mala hierba.

Por imaginarías entiendo ahora el corpus de sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos, y ese “algo” que tú me das, los cuales van con-formando mi esquema de universo interior. Y es que de pronto, en estos tiempos de observar la entraña de mi psique, me percibo indefensa en el vacío… No es indefensa la palabra que mejor alaba mi nueva circunstancia íntima, no es; se trata más bien de un estado sobre el cual no alcanza la poca luz de mi razonamiento. Y todo es la consecuencia del amor.

Siempre he buscado las intensidades, no por juicio, es simplemente de esta manera como ha sido, sin mi consentimiento, por condición de naturaleza propia. Y ahora me sorprendo con la idea de inventarme los delirios, en deseo por hallar materia prima para estrujar, disectar, añadir postizos y adornos; pues en "mi anterior vida" ha sido de intensidades que he labrado mis palabras, pero sometida siempre a imágenes externas, cierto es.

Pero en este ejercicio de convocar la vacuidad he vaciado los referentes de casi todos mis ensueños, ya no como algo que se me impone, sino por voluntad: jamás voy a tenerte. No es sueño lo que sueño. Noto, entonces, que de modo instintivo, mi alma desecha sin conmiseración cualquier brote de pretensión; y no es sencillo, querido X, pues si bien desbrozo el mal de la tristeza, también entiendo que nada puedo cosechar en el absurdo empeño por amarte.
Y nada espero, más que sigas existiendo… ¡Respirando!, en el mundo.

En la sima del volcán:
C.

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