Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

En alas de la ilusión. ( El relato más sincero que haya escrito nunca )

En alas de la ilusión.
Me encantaba leer desnuda.

Y asimismo, me encantaba

rumiar la cualidad de mi retiro, mientras mi alma resistía todos los ataques de los relojes.

Porque ésa era la única forma de convertirme en lo que realmente era...

Normalmente, un inmenso fatalismo llevaba toda la vida protegiéndome de las aflicciones y de la amargura.
Utilizaba distintos disfraces para que a nadie se le ocurriera ponerme en evidencia, ya que mi natural reticencia daba carta blanca en lo tocante a mi personalidad.Pero nadie tenía ni la menor idea de cuál podía ser mi verdadero carácter.
Podía ser cínica como nadie, con un fino sentido de la ironía más intencionada. Luego, vulnerable y miedosa, repleta de fobias que me hacían estar escondida toutjours.

Amaba los inventos de mi imaginación, eran mi propia fontaine lumineuse. Me cambiaba los nombres y me hacía llama Jeanne Bardèot en una novela.
Y en el fondo de mi corazón, aunque pretendiera creer otra cosa, tan sólo amaba lo ilusorio. Todo aquello que yo no era.

Y hoy lo confieso, atestiguo - a mi perversa manera -, alardeo mi amor a las rendijas, admito mi necesidad casi patológica de esconderme, de cuánto me llegan a gustar las máscaras.
En efecto: cada oportunidad de una nueva ocultación, es una posibilidad de oro para agazaparme sin que nadie me “vea” tras el impenetrable disfraz de sumisa e ingenua fémina solícita de caricias entregadas por la vida.
Me encantaba renquear por la vida envuelta en la armadura de mi dulce apariencia.

Pero voy a decirlo: la diferencia entre ponerse una máscara - lo que siempre es una ocasión de libertad -, y la que le obliguen a una a ponérsela, ¡oh, ésa es la misma que hay entre un refugio y una cárcel!

Por mucho que sonriera, siempre había una cierta amargura escondida en las comisuras de mi boca, y mis ojos tristes traicionaban un irónico je ne sais quoi.
¡Toda mi desesperación soterrada, toda la tristeza y desesperanza de la que me alejaban los libros, afloraban a la superficie de mi rostro, burbujeaban en mis ojos y cubrían mi faz como un velo!

La trivialidad del mundo daba patadas a mis ensoñaciones, dejándolas disolutas y corrompidas, porque mi mente era el inescrutable escenario de combate entre mi moral y la frialdad del intelecto.

Así que de tanto en tanto sentía la necesidad de arrancarme a mordiscos esa carita de adorable, y presentarme ante mí misma como la criatura que me constaba ser.
Así que me daba por desarroparme, descobijarme de todo y leer desnuda, mientras una lenta acumulación de significados acababa por condensar el aire, haciéndome descender en picado hacia los parajes brumosos de mi imaginación, para seguidamente emprender un vuelo directo hacia los giros más trágicos de mi pasado.
Entre mis manos un libro de Byron; un poema de Blake en el interior de mi boca sin ser pronunciado; mientras que inmersa en una oscuridad de vocablos, llegaba a imaginar lo más insólito - como envuelta en una nube nocturna y aparentemente ingrávida, suspendida en una bóveda celeste, me disolvía en el éter.

Entonces me envolvían sensaciones funestas y mientras solía yacer así, apartada de todo, a solas conmigo misma - desnuda en la nada -, una entrometida realidad se esforzaba por acumularse entorno a mí, como una niebla mefítica.
Y ahí estaba yo, de regreso de entre los muertos y de entre los vivos, con una gran dosis de vapor emocional en mis entrañas;
desnuda, leyendo,
y, cabía suponer, en el nirvana o en el infierno, contorsionándome sobre una alfombra de piel. ¡Era mágico!
Anhelante de que el mismísimo Arcángel Miguel se presentara ante mí, como un suplicante, llevando en su mano una rosa roja sin tallo, para colocar humildemente el capullo en el hueco de mi ombligo, como si de una ofrenda se tratara.

Sub umbra floreo: C.Bürk

Comentarios

  1. Es un relato precioso. Me ha encantado. ¡Cuánta sensibilidad, humanidad, imaginación y belleza, destilan esas palabras!

    Isa*

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