Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

El juego de la oca: ¿diversión o místico aprendizaje de la vida?

El juego de la oca: ¿diversión o místico aprendizaje de la vida?

Todo el Tablero del Juego de la Oca constituye una guía simbólica y encriptada del Camino de Santiago de ida y vuelta. Es curioso que algo tan sencillo como lo es un juego de mesa pueda ser substancia de teorías que nos lleven a principios místicos. Existen diversas hipótesis que ligan el juego de la oca con mensajes ocultos de la Orden Templaria. El juego sigue representado las casillas de Vuelta en Orden inverso, es decir que al doblar el tablero por la mitad o representado como sucede con el Disco de Phaistos (posible origen del juego), obtendríamos la representación de etapas y insignias asociados.

El juego consiste en una espiral o caracol y está dividido en 63 casillas. Las patas de la oca y también el caracol eran en la antigüedad símbolos de los amigos constructores, quienes alzaban las iglesias de estilo románico, siendo éstas las más admirables y enigmáticas, encargadas en su mayoría por los templarios.
Parece lógico pensar que los peregrinos seguían indicaciones naturales y que la migración de las ocas marcó un camino que seguía la Vía Láctea o el “Camino de las Estrellas”. Los más antiguos peregrinos aún no disponían de mapas y su mundo era hostil y lleno de acechos. Es muy frecuente que a lo largo del Camino se encontré el símbolo de la Pata de la Oca.

¿Iban los templarios entonces con un tablero del juego de la oca bajo el brazo? Seguramente os lo preguntaréis. Pues nada de eso: el juego era memorizado y ejercitado, de modo que no podía olvidarse. Siendo así guía infalible del camino para los INICIADOS. Cada casilla marcaba así una etapa o un inicio que se reconocía por las marcas que dejaban los compañeros constructores.
Resulta curiosísimo también que los templarios tenían prohibidos algunos juegos como los Dados o el Ajedrez. Sin embargo, el juego de la oca para ellos no era un juego, insisto, era una guía, el mapa del camino de Santiago que tan solo se convertía en juego para los INICIADOS.

La célebre exclamación “De oca en oca y tiro porque me toca” se liga ni más ni menos que a los antiguos egipcios, quienes utilizaban ya la expresión “de oca a oca” para referirse al tránsito inverso de la reencarnación desde la muerte, al nacimiento, pues la oca era la que transportaba el alma desde uno de los puntos, al otro. Para ellos, la oca era un animal sagrado que les recordaba su principio y final de vida. El alfa y omega de las cosas. En Egipto es dónde se han encontrado pinturas en las que del pecho de la momia del faraón salían estos animales.

Así cada una de las casillas en que está dividido éste juego, guarda una estrecha relación con las distintas etapas del Camino de Santiago, siendo así un mapa cifrado del mismo. De éste modo, los templarios marcaban lugares secretos o que servían de escondites. Es en realidad un complejo jeroglífico, donde los símbolos eran distinguidos por toda la orden, y que permitía de ese modo un entendimiento a todos los caballeros de dicha orden, aunque hablaran idiomas distintos.

Nadie actualmente conoce todo el significado real que se pretendió dar a cada casilla, pero desde luego analizar el juego con detenimiento, llega a ser un reto interesante. Algunos expertos remontan su origen al asedio de Troya, en el cual y según la leyenda, los guerreros de Grecia inventaron juegos similares para así soportar los tediosos días a los que se sometían. Así para algunos y según la opinión de éstos, el primer juego de la oca es el denominado “Disco de Phaistos”, una hélice de arcilla dividida en casillas por ambas caras con dibujos de aves grandes. El disco fue hallado en Creta (1908) y muchos expertos remontan su origen al 2000 a.C. Su creación se liga a Pelámides, hijo del rey de Eubea.

Es curioso el análisis de las casillas, como ya mencioné. Otro de los detalles relevantes que sustenta ésta teoría, hace referencia al gremio de los constructores. Éstos fueron aclamados por los templarios como “Compañeros Constructores”, colaborando en armonía en muchas ocasiones. Los símbolos personales de ésta sociedad eran el caracol y la pata de oca. El caracol tiene forma de espiral y ésta forma aparece precisamente incorporada en el tablero del juego en la casilla 42, así las cosas, el laberinto.

Así cito de ejemplo las casillas como pueden ser el pozo, el laberinto, la posada, o la muerte que serían lugares no seguros para la Orden del Temple. La casilla número 58 representa la muerte y el temple fue calumniado de venerar a Baphomet, que viene a ser “cabeza 58” (caput LVIII, para los expertos se trata del cráneo de María Magdalena). Aquellos hechos les costaron la persecución y condena de la Santa Inquisición. También me llama la atención que la casilla 58, la muerte, hace que el jugador sea enviado directamente al comienzo del juego. ¿Quizás nos traten de hablar de la reencarnación con ésta sencilla norma del juego? ¿Cuántos más mensajes ocultos existen en éste juego? Es así, que los caballeros templarios debían ir de oca en oca para alcanzar el objetivo. ¿Pero cuál?

Si osáis jugar al juego de la oca, recordad no abandonar nunca la partida, como tampoco debéis en la vida dejar a medias un deber o una tarea. El juego no es un juego de competición y puede ser terminado en soledad. El objetivo del juego es llegar el primero a la última casilla, pero el hecho de que alguien llegue antes que nosotros no significa que hayamos terminado. Hay que hacer su propio camino, enfrentarse a las dificultades, antes de alcanzar el edén. Como ya dije, la casilla 58 es para mí la más enigmática, pero tanto en el juego (¿Cómo en la vida real?) la muerte no es el final. Si osáis caer en ella, sencillamente debéis retroceder al número 1 y debéis volver a empezar. Quizás el juego de la oca contenga una sabiduría tan exacta, tan precisa que de comprenderla por completo tendríamos en nuestras manos las instrucciones y el mapa de la vida.

¡Feliz partida a todos! Y si algunos hacéis, como he decidido yo, el camino de Santiago, no dejéis de jugar alguna partida. Quién sabe: quizás el destino bese vuestra frente.

C.Bürk

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