jueves, 27 de junio de 2013

Mi siempre amado

Mi siempre amado :

Ésta noche, la realidad se mezcla con cualquier cuento por inventar, se llena mi corazón de docenas de recuerdos, me evado entre las sombras que el aroma de tu nombre deja en el aire de mi estancia vacía.

¿Dónde estás? 

Necesito escucharte pronto, verte ante mí, para que esa voz, esa presencia que riega mis sentimientos, me recuerde quién soy, para que me hable susurrando, para que me idiotice en la insensatez de todo lo te escribo mediante estas cartas y callo ante la realidad. Saber que no voy a verte, ni mañana, ni al día siguiente, me llena todos los momentos que deberían ser plenos de vacíos, y sólo me sirve tu recuerdo, para recordarme a mí misma, que ni siquiera la ausencia de tu voz, la imposibilidad de hallarte ante mí, me impide soñarte.

En tu nombre pude descubrir un mar, o una hilera de montañas que te cobijan, cuando he estado a punto de mirarte; elevados montes te separaron de mí y de mi corazón. Tan sólo al leer las letras de tu nombre, dichas en voz alta por mis sentidos a todas horas, todos los puntos cardinales de mi imaginación, escalan hacía ti, para asomarse a tus ojos.

Mañana…será un “mañana” sin ti, otra vez entre tantas otras veces que ya pasaron. Los colores del cielo, sé que mañana, querrán esconderse tras las nubes, querrán jugar con formas caprichosas en este sentimiento tan mío; y otra vez estaré lejos viéndolos en su pura esencia. Tu lejanía no conseguirá engañarme, y me hablará en silencio del misterio de la vida, del Apocalipsis de la tristeza, de la soledad de los días que no estabas en mi vida, y de todos esos días que no puedes ni podrás estarlo; de todo lo que esconde tu sonrisa, del tiempo que se para cuando te sueño.

Tú, Fernan, eres el reflejo de mis gestos y de mis sonrisas. Tú eres la declaración de amor que me hace escribir. Veo la dimensión de mis versos en tu mirada, el peso de mis sentimientos en tu silencio, (Cuanto duele, lo que no me dices…) la pasión de mi piel en un conformarse con el mero roce de la brisa que te envuelve, que se ha quedado al lado del paso del tiempo ignorando los minutos que le han dado forma al pasado. Pasado enlazando al presente y germinando como las increíbles pupilas de tus ojos...hacia el futuro, que en ti y tratándose de ti, siempre es presente. 

Te declaro mi amor, por la reacción de mi piel al pensarte, por conseguir que pierda la noción del tiempo en pasado, presente y futuro, cuando tus ojos traduzcan mis sentimientos desde las palabras escritas, por los surcos de urgencia que mis ojos dejan en todo lo que miran, buscándote.

No sé si soy capaz de hacer una declaración de amor en unas palabras, no sé si he llegado alguna vez a ti, porque son tan solo unas pocas letras. Preferiría, ya lo imaginarás, poder decírtelo todo en una mirada al tenerte cerca, en un gesto, en el silencio completo que me deja tu ausencia y que además no duele porque me llena, y en la plenitud total que me atrapa cuando estoy junto a ti con mi imaginación. Sí, una declaración de amor digo...porque el amor es una declaración de gestos que refleja la felicidad surgida desde el otro. Empero, lejos ignoras todos mis movimientos.

Lágrimas de emoción llenan mis ojos en este instante, provocadas por sentirte ante mí al escribirte. Entre estas cartas, esconderé mi alma, toda mi verdad, de modo que acabarás conociéndome mejor que nadie. Te quiero y sin embargo, tenerte cerca no puedo, y aún así te traduzco en medio de un mundo salpicado de engaños y prisas en el que siempre me esperas con calma sin saberlo, amor, sin saberlo... Pero mañana, como otros ayeres que pasaron, no podrá ser. Tu recuerdo nace eterno en mí sin morir jamás; empiezo a morir de amor cuando empiezo a comprender que no me ves…Mi corazón ha intuido que desde el principio que tu amor germina en el horizonte de otra mirada. Y entre suspiro y suspiro enredado en la brisa de tu nombre, nace, el dolor de amarte sin permiso. Las respuestas empiezan a llenar tus silencios. Las llamas de mi amor, se han quedado enredadas en estas letras llorando lágrimas de soledad. Mis palabras no querían atreverse a decirte “te quiero” y luego acabaron adueñándose de mi voluntad, para gritártelo al escribirlas.

Mañana no estaré en este mundo….Pero yo siempre estaré en esa parte del horizonte que sonríe cuando ve tu felicidad, y llora cuando las lágrimas ponen nombre de olvido a un amor no correspondido por el destino. Sin olvidarte, amor, sin olvidarte jamás.

Viviendo, muriendo y esperando con tu nombre en mi boca, tus pupilas tatuadas en las mías, con el más profundo amor del que soy capaz,

Claudia

viernes, 14 de junio de 2013

A El.

Te quiero, quizás, desde siempre. Te he soñado desde que existo. Nunca he querido a nadie más que a ti; he tratado de hacerlo, te busqué en otras personas, para distraerme de ti, para solamente soñarte. Traté de buscarte en cada huella...
Tengo tantas cosas que decirte, tantos sentimientos que sentir, tanto que me ahogo en ellos mismos sin encontrar un rescate... ¡Por Dios; cómo te amo!

Tanto, que duele como jamás comprendí que pudiera doler un dolor. Qué dulce es el sufrimiento al amar. Tanto, que me callo con el silencio de las estrellas.

Un día, hace muchas existencias atrás, mis dedos conocieron la puerta de tu pecho, y supieron alcanzar las nubes que se ocultan tras tu velo de púdica ternura, allá donde sólo existen tus puros latidos.

Por ello, te conozco en la luz y a oscuras. En tus escondites todos, te hallo sin pretenderlo así. No hay culpa. No hay dolor. No hay defecto ni esquinas. Todo es tu alma; nuestras almas reencontrándose.
Te sueño y eso me basta. Soñé que serías inalcanzable como la luna. Mi corazón siempre ha sido tuyo. 


Durante toda mi vida –ésta vida-  he cometido el estúpido error de buscarme en un espejo que reflejaba los horrores de mi niñez. Yo, consciente o no, he atraído a personas que me dañaban debido a lo que me ocurrió.

Ahora soy libre, comencé a serlo hace ya semanas, pero ahora soy, al fin, completamente libre, libre en ti, Fernando.
Te protegeré desde la lejanía cuando más lo necesites, veré tus logros, tus fracasos, tus miedos y tus alegrías y todo ello lo amo y amaré a través de los años que ahora quedan por delante. Abrazaré tu cálido cuerpo que tiembla en la más pura tempestad de mis sueños, en mis sueños solamente allí, te arrullaré con mis  palabras, palabras hechas promesas, promesas de cariño y de amor, amor inconcluso que, con el dolor de mi alma, puede que no sepamos a dónde nos conduce...
Te amo con la sensación ferviente de mi corazón al latir por la vida...al son de la única verdad que hay para mí...y eso es el sentimiento viviente que hay hacia ti...
Lo eres todo para mí.


Quiero correr hacía ti para decirte que cuando estás ausente, aún estas en mi; ese gozo extremo sin un pensamiento impuro que empañe lo que siento. Que en mis íntimos rincones, te pertenezco toda: límite extraño, entre el corazón que se consume y risueño fulgor carnal. La sangre en mis adentros, de recuerdos habla, del pozo ciego de mis venas que acuna tu nombre. 
Cuando al fin esté tu lado, no tan solo estaré a tu lado: caminaré lisa por el tiempo, en ti germinaré;  las llagas del pasado explotarán, los espacios se ampliarán...


Por instantes fosforece el mundo. Por otros, sorda de amor, ciega de esencia, el aroma de las ausencias es la sangre que me intoxica. Enmohecen mis dudas; el tiempo devasta mis venas. Me llaman desde la otra orilla: el agua brota, plagada de respuestas, me tienta. La muerte tiene forma de paloma; el aire se detiene y la acaricia. Veo blancas sus plumas.


El tiempo edifica labios y muros, y es ya pregunta a mi pregunta. Lo suplantas. El tiempo eres tú. ¿Qué sería
tu mirada, si no la morada, la puerta, los batientes, el cerrojo abierto a la claridad del día? Te quiero y mientras te quiero, muero. Vivo….Vivo….

Ruego a Dios que te encuentre en tus tristezas, en tus confusiones y entre esas soledades que tanto frecuentas, que te comprenda como yo deseo hacerlo y como yo te hallo a cada instante, a través de toda distancia y tiempo, sin retenerte.

Los negros y obscuros ojos del universo me miran apenados, confundiéndome con una estrella fugaz, cuyo paso tan solo es un parpadeo en la inmensidad del espacio, mientras una blanca rosa marchita sin remedio, al son de mi propia vida, mientras estalla en la nada y emprende otro destino, junto al intenso deseo por volver a verte. Porque tú y yo, no nos veremos por primera vez: será una de tantas veces.



Tuya sin condición, quién te espera sin espera

Tuya contra los vientos y las mareas del tiempo,
C.


A Fernando Vázquez, con el valor que dan los sentimientos.

sábado, 1 de junio de 2013

Castiga a los que tienen envidia haciéndoles bien.





De repente, un día dejas de hacer lo que hacías o lo haces escondida del mundo: escribes y dejas pudrir tus escritos en un rancio cajón. Lo haces sólo para ti…Te quedas en tu abismo, brillando para las cucarachas.

Cuándo desde bien pequeño te pusieron la zancadilla cada vez que destacabas sobre el resto, pronto aprendiste que la conformidad, “la uniformidad” y llevar un disfraz de igualdad es el proceso por medio del cual los miembros de tu grupo social te harán cambiar los pensamientos, tus decisiones y todo tu comportamiento con tal de hacerte encajar con la opinión de la mayoría. Hasta te avergonzarás de tu creatividad con tal que nadie te ponga en escena.

Si calzas zapatos distintos y transparentes, por nada del mundo bailes en presencia de los envidiosos, podrían dejarte cojo.
 
Muchas veces, seres humanos excepcionales toman caminos trillados por los que transitan la mayoría de los necios con tal de no ser boicoteados. Evitan sobresalir a toda costa. Esconden sus cualidades, las pisotean, con tal de resultar creíble y aceptado.

Formamos parte de una sociedad (por no hablar de “éste país”…) en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajeno.  Pese a las comillas que empleo; voy a decir bien alto que en España los creativos  y brillantes son pasto de ratas disgustadas, que harán todo lo posible para hacerte caer de morros y romperte la crisma. 

La envidia no hace más que poner el foco sobre las propias carencias. Y desde luego hace falta muy poca imaginación para inventarse motivos y lanzarse a criticar a alguien para así matar a su miserable baja autoestima. Mucho mejor haría ése en mirarse a sí mismo y preguntarse si no convertir la envidia en estímulo de auto mejora. Pero muy pocos son capaz de mirar dónde les pica. Existe un verdadero mal en el mundo y es el desconocimiento de sí mismos. Pero lo peor no es eso; es que tampoco somos capaces de la necesaria auto crítica; la que nos haga evolucionar. Debería saberse que las decepciones nos abren a nuevos retos. Y que ver a alguien brillar, nos puede empujar a lograr lo propio. Debería comprenderse que cometer errores y equivocarse no es motivo de vergüenza, sino de adquirir cualidades. Aquellos que destacan, han cometido muchísimos errores y los han reconocido. Es por ello que me gusta alabar la imperfección.

Es la luz, no la oscuridad en alguien, la que a los otros atemoriza. Si brillas, pronto serás hombre muerto. Por todo ello, la triste costumbre de algunos de nosotros de encogernos, de hacernos pequeños, con tal de que los otros no se sientan inseguros cerca nuestro.
Pero llega un momento en que te arrancas las máscaras que te han obligado a llevar y las lanzas al fuego y te juras a ti mismo, que antes de volver a ser otro te quedas solo por el resto de tu vida. Las personas brillantes, casi siempre están muy solas…

I-VI- MMXIII
(Sub umbra floreo: C. Bürk)