jueves, 23 de junio de 2011

"Las Nueve ventanas de Jeanne Bardèot" en TV con Violan Muñóz

Aquí tenéis a Violant Muñoz hablando en TV acerca de mi novela "Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot" (Abril 2011) hoy por fin podemos verlo.


Podréis ver el resto de intervenciones televisivas de Violan Muñóz Genovés en su blog:

martes, 21 de junio de 2011

Carta a ti, X hoy a 21 de junio 2011



Adorado X,

A veces, después de haber terminado alguna epístola dirigida a ti, me siento como si te hubiera rozado... Aquello que con mis palabras te he retratado puedo tocar cual caricia, pudo resultar verdadero como el roce de unos dedos, pero en algún lugar de mi texto se perdió aquella huella que con mis sentimientos quise conservar. Y es que el lenguaje escrito puede resultar rico y complejo, pero comparado con el lenguaje utilizado por las emociones acaba siendo mísero. Yo siento, percibo, observo, descubro, experimento, olfateo, huelo, comparo, disfruto, sufro, razono, anhelo, sueño, me emociono, río, me entristezco, imagino, creo, vivo y amo. Y podría seguir, ¿verdad? Las sensaciones por ti, sin embargo, vienen cocinadas como un potaje improvisado del cual no acaba casi nunca por conocer la totalidad de los ingredientes utilizados. Mi cerebro coordina, razona, asocia, recuerda... 

Mi cuerpo, a través de los sentidos, me conecta con tu mundo allá lejos en el otro mundo y faculta a mi sensibilidad para evaluar las percepciones. El corazón absorbió cada información acerca de ti y la ha transferido al campo de las emociones para que puedan dar respuesta día a día a mi alma ... 

Mis frases serán más o menos hermosas según consigan plasmar con mayor o menor acierto aquello que bulle dentro de mí. No creas que siempre me resulta fácil: a veces me estoy un buen rato aquí en “el otro lado”, de otra forma las palabras jamás ganarían la partida a las realidades del corazón. Escribirte es un sorprendente modo de comunicarme conmigo misma y a la vez contigo, anclado en mi mundo. Aquí me limito a intentar transmitir la pureza de lo que siento. Escribo mostrándome, como si la pantalla  fuera un espejo que refleja mi esencia, y leyendo lo escrito voy aprendiendo a encontrarme. Descubro como soy la ama de mi texto: angelicales figuras pintadas de sensibilidad, amor y lindeza trato de lanzar al éter para alcanzarte. En la cola de mis palomas mensajeras se puede divisar una figura borrosa, que probablemente vuela con ocultas intenciones, y marcando la retaguardia vienen dos mágicos querubines pincelados por mi fantasía con los colores de tus pupilas. Doce hadas existentes tan sólo en aquí, me traen las palabras y en su entrega me confieren el poder de esmaltarlas con el fulgor de mis sentimientos...

Y sueño con ello... Y en el despertar de mis fantasías me digo que quizás sí, pero que puede que no. Mas sino tampoco importa mucho, pues si mis odas no me han sido regaladas entonces surgieron de mí. De mí... Por mí y para ti escribo y si yo solo te profeso mi corazón, será como la fuerza de un mundo- la magia del “otro lado”- y con su graciosa tersura podré agraciar sin complejos mi amor por ti.
Inquieta e imparable, busco una palabra tras otra, corriendo tras la frase perfecta, con la que poder llegar a expresar cuanto necesito revelarte.

Trato de esculpir frenéticamente la conjunción entre la vida y las apariencias, el alma de las cosas y sus meras conjeturas. Ardo en deseos de acercarme a las verdades con una llamarada de encanto y otra de espanto, pues siempre es más fácil quedar en el refugio de las apariencias, las cobijas cómodas que exhalan vida, pero también, encierran la muerte: la incapacidad de atreverme  a
Ser quien soy.

Deseo anunciar con la sílaba las oscuridades y los destellos del alma, evocar las erratas malditas, las instalaciones del desencanto, que ni mucho menos, nos
condenan.
Hondamente, mí espíritu feroz transita la alquimia de la existencia. Me nombro viajera del desconocimiento, trato de arrojarme a los mundos ajenos, mientras
te invito al mío en silencio.

En exquisita convulsión, arranco palabras al aire, como impulsos flotantes, como cometas resplandecientes, que al punto, mueren en el éter, ornadas con el espíritu de lo efímero y de lo eterno, que únicamente alcanzan su inmortalidad tras sucumbir en mi boca. Tal vez pueda llegar ese día en que la poesía se haga lenguaje, un nuevo tiempo, en que se convoquen los grandes y los pequeños deseos diseminados en los versos, reunidos de súbito en las almas, en las verdades y en un par de ojos, los mismos que tanto alababan en la frenética ausencia de todos los sueños. 
Onezca inquietud que en mí oprime, pero que deja sobrevivir los microbios de la sensibilidad, que infestan el animo y contaminan el último resquicio de la impuesta impasibilidad, y que como gotas se destilan hasta las manos, para escribirte y no dejar de hacerlo, hasta evaporarse hasta tu mente, como gotas perladas, como gotas de ácido,-qué se yo-.
Es la ansía de comunicarme con tu corazón, escribir disparatadamente, porque no hay modo mas epítrope, de decir con las palabras, todo eso de lo que mi boca, mis pechos, mis ojos, ni mi corazón se ven capaces. 
Ésta noche, en la suavidad del ocaso me apodero de tu nombre, carente de eco. Te sueño de nuevo, compulsivamente; mientras hago de tu eminente existencia mi himno que ahora enmudece a mis latidos que recitan tu nombre con la fuerza de un tambor.
¡Morador de lo eterno; me ofrece cobijo tu efervescencia, imperecedera sentencia de mi sino!
Agitados estigmas marcaron mi pasado y ahora tú abrasas cada huella de mis ayeres.
Te llevo en mí, como un tesoro robado, amándote en mis quimeras sin cesar.
Sorbos de barro se liberan de las arenillas,
De sufridos y remotos tiempos, mientras tú muerdes mi vida, con cada palabra que esculpes y me regalas desde mi imaginación.

Y sangra mi corazón, dispersando tu hallazgo. Sumisa, silente mi alma: entre lamentos, negaciones y rechazos te haces goce y sueño.

¡OH ven a desatar mis ataduras, a descansar en mi cansancio, a trenzar los extremos de mi mundo, a liberarme hacía tus brillos!
Es la ansía de comunicarme con tu corazón inventado, escribir disparatadamente, porque no hay modo mas epítrope, de decir con las palabras, todo eso de lo que mi boca, mis pechos, mis ojos, ni mi corazón se ven capaces.
Ven a susurrarme que existes…
Incierta para el mundo pero sinceramente real y tuya,
C.

lunes, 20 de junio de 2011

Acerca del destino y de la vida.


Existe el destino, la fatalidad y el azar; lo imprevisible y, por otro lado, lo que ya está determinado. Entonces como hay azar y como hay destino, filosofemos". (Séneca)
"Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino" (Carl Jung)


Creo firmemente en un destino de todas las cosas y existencias.

Sólo consigo llenar esos vasos que me dan de beber, que calman mi sed, con ésta convicción, junto con la esperanza de la eternidad. Con el sentido de resonancia con el universo exterior.
Últimamente, y más teniendo en cuenta los últimos acontecimientos de mi vida, me ha dado por reflexionar profundamente acerca de la casuística: la vida no es azar; ¡todos y todo tiene un destino! He creído posible llamar destino a todo aquello que se escapa a mis posibilidades y limita mi poder ante la vida. Cada día comprendo mejor, debido a una alineación de pequeños sucesos, grandes dolores y otras vivencias, que algo muy poderoso me está conduciendo, cogiéndome de la mano. Ahora comienzo a comprender, paso a paso, la necesidad de los acontecimientos pasados que me están conduciendo a una situación actual que parece ser el punto clave de mi existencia.

Schopenhauer decía que únicamente el destino baraja las cartas, pero nosotros seríamos los que las jugábamos...
¡Juguemos!
Pero por mucho que lo hagamos, no existirán perdidas ni ganancias casuales. Todo viene de algo y se dirige hacia alguna parte. La ciencia, inteligente y razonadamente, busca el "por qué" de los fenómenos que nos rodean. Hay explicaciones para todos los fenómenos naturales, para el milagro de la germinación de una semilla, para la gestación de la vida física, para el rumbo de los ríos hacia el mar, para las nubes que se agrupan y luego se disuelven en gotas de lluvia. (No obstante recordemos que la física nunca tiene parámetros idénticos por los que regirnos.)

Pero cuando se topa con el misterio insondable, cuando faltan todas las explicaciones, y cuando es exigua nuestra comprensión, se prefiere la recurrir a la muletilla de la casualidad inestable, antes que conceder la presencia latente de una ley causal que aún debemos desentrañar.

Es posible que últimamente haya dejado de lado cualquier otra teoría y me incline únicamente por la teoría de causa-efecto, todo lo que hacemos tiene sus consecuencias, y todas nuestras elecciones sus repercusiones ¿Pero qué hace realmente que escojamos una decisión y no otra? ¿Es una resolución autónoma o ya estaba predestinado? ¿Cuánto llega a convergir realmente el ser humano su vida?

Las respuestas aparecen claramente: si viviéramos en un desorden cósmico, donde los acontecimientos siguen la única ley de la casualidad, la ciencia y el arte -por no mencionar a las religiones- se reducirían a las "cábalas" necesarias para rasguñar alguna parte de la fortuna que la vida distribuye volublemente. Y ante los fracasos, nunca buscaríamos una responsabilidad personal: la vida es cruel y la casualidad un sin sentido, los culpables de la situación, mientras la conciencia humana se enquistaría más y más en la disculpa de la impotencia ante un destino inexistente.

Machado dijo:"caminante no hay camino, se hace camino al andar".
Y si, en efecto, así es. Pero todo en el fondo conduce a un Karma, destino y a la causalidad.
Quizás escojamos antes de llegar a la existencia, quizás nosotros mismos tracemos nuestros caminos mucho antes de ser conscientes de estar recorriéndolos.
Creer en algo superior que guía, acompaña y nos hace andar lo desandado nuevamente. Una forma de aprendizaje de la que nadie está exento. Causas y efectos que nos sorprendan; nos dejan sin respuesta (aparente). Creo en una intensa hermandad entre átomos, entre el universo y su causa.
Un Karma que indefectiblemente debamos atravesar para perfeccionarnos.

Si no fuera así; nuestro paso por este mundo ¿no sería un sin sentido?
No me resigno a pensar que seamos marionetas en manos del azar. La vida no "huele" a accidente regido por la suerte de las coincidencias.
Todos sabemos en qué grado formamos parte de una sociedad consumista y materialista, desencantada de cuanto nos rodea. Y eso hace creer a muchos, que nuestra vida es un mero accidente, que no importan las decisiones ni las acciones, pues en última instancia todo es casualidad. Esta visión no solo es peligrosa sino antinatural y autodestructiva. Muchos individuos, en especial nuestros jóvenes se han vuelto "nihilistas", no obstante necesitados de creer. Así afloran los tarotistas, chamanes o el esoterismo. El individuo de hoy en día niega cualquier finalidad o significado trascendente de su existencia. De ahí que se está orientando la vida a saciar el propio interés y no el interés común.
¿Realmente estamos aquí solo para trabajar y consumir o divertirnos? Rotundamente NO. Estemos atentos: solo aquel que busca entre las señales que la divina providencia nos deja día tras día, sabrá que todo forma parte de un inmenso y entramado significado. Amigos: ¡la existencia tiene un propósito, por mucho que a veces no sepamos identificarlo! Alejaros de creer que no tenemos ningún control sobre nuestra existencia; esa actitud solo refuerza nuestro victicismo. No huyamos más de nosotros mismos, evadiéndonos en las banalidades para evitar el miedo al vacío. ¡No existe ningún vacío! Mientras sigamos creyendo que nuestra vida no depende de nosotros mismos, seguiremos eludiendo cualquier responsabilidad real sobre la existencia. Y mientras sigamos pensando "esto sólo es un accidente" nos seguiremos marginando de cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a: ¿por qué y para qué vivimos? La respuesta la tenéis todos, solo hace falta enfrentarse a la pregunta con las agallas suficientes.

Como decía Gregory Norris: el caos es el orden que todavía no comprendemos.
Nos ciega el egocentrismo y entonces nos preguntamos " por qué" ocurren las cosas cuando deberíamos preguntarnos "para qué" ocurren. Ese "por qué" es totalmente absurdo. Sólo fomenta sentirnos víctimas. Sin embargo, "para qué" hace que veamos las situaciones como una oportunidad y así podemos de paso ejercitar el músculo de la responsabilidad. Una actitud eficiente, constructiva e inteligente. ¿No os parece? Intuyamos el aprendizaje  subyacente en cualquier situación, por dolorosa o desgraciada que esta parezca.
Es cierto que la vida nos sorprende demasiadas veces. Y la verdadera vida no es otra cosa que ese largo camino que emprendemos, aún antes de nacer. Si, a veces la magia de un instante de euforia se transforma, en un segundo, en algo inesperado, incierto; algo que nos toca con su varita y cambia nuestros planes, nuestros proyectos.
Caemos entonces en la autocompasión, en buscar la culpa de nuestros males en factores externos, sumando a los propios defectos de falta de voluntad, indiferencia y cobardía psicológica, la disculpa fácil de un "mundo malo, cruel y sin sentido", contra el que el hombre nada puede hacer.
Y nos derrumbamos, culpando a Dios y a la existencia, porque las cosas no han funcionado cómo nosotros nos empeñábamos.
¿Pero qué es lo que mueve al mundo y a las personas realmente en estos vaivenes? ¿Quién digita nuestro camino y hacia dónde?

Desde cada religión y creencia les adjudicamos distintos nombres: Dios; Energía Divina; causalidad, destino, albur...
Lo cierto es que, aunque pensemos que nosotros podemos dar un giro deciento ochenta grados a situaciones por las que no queremos pasar; ocurre demasiadas veces que las situaciones se hacen inevitables.
¿Vivir el día a día sería la solución? ¿Carpe Diem?
Me pregunto, como tantos de nosotros que hacer para mejorar la calidad en nuestro azar. Hay mil respuestas; mil libros de autoayuda, pero no siempre nos dan una respuesta.
La angustia y el miedo que originan tener que enfrentarse a ciertas realidades bruscas, han hecho que las personas comparen la vida con un juego de azar: nada puede estar relacionado con nada, todo es una simple casualidad, donde algunos salen triunfantes y otros perdedores. Y así, en esta "lotería de la vida", apostamos cada mañana por nuestra suerte y lloramos por las noches cuando la fortuna no nos ha querido favorecer.

¿Acaso alguna vez no pensamos porqué reiteramos hechos que ya nos han hecho mal? ¿Por qué circunstancias, aparecen como ya vivenciadas en algún momento de nuestro caminar en esta tierra?
Venimos con una Misión, todos y cada uno de nosotros, solo tenemos que buscar en nuestro interior y encontrarla.

Cambiar el concepto de casualidad por el de causalidad, mucho más certero y comprobable en la Naturaleza entera. Un juego de causas y efectos iría, pues, relacionando los hechos de modo que la existencia sería una larga cadena, donde cada eslabón tiene su sentido propio y de unión, tanto con el eslabón que le precede como con el que le sigue.
El invisible reino de las conexiones solo puede intuirse y comprenderse con los corazones, desde la actitud humilde y servicial con los otros. Mientras sigamos resistiéndonos a la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que nos tocan por orden natural o bien por haberlas cocreado con nuestras acciones, pensamientos o decisiones. ¡No existen las coincidencias! Tan solo la ilusión de que así sea. Los budistas siempre lo supieron: cada uno de nosotros recibe “lo que da” o bien lo que nos toca por mandatos divinos con el fin de aprender (aquí estoy con el cristianismo), lo que elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victicismo.
Amigos: ¡no es fácil vivir! ¡Pero sí que vale la pena intentarlo!

Sub umbra floreo: C. Bürk


¿Tienen alma los animales?


Si tiene alma un japonés, ¿por qué no la ha de tener mi gato?
Es muy difícil establecer algún tipo de diálogo con los japoneses, viven muy lejos y tienen un idioma muy difícil. Con nuestro gato nos entendemos perfectamente.
¿Tiene alma Zapatero? ¿Ibarretxe y Leire Pajín la tienen?
Antes de poder decir si tienen alma los animales nos surge la pregunta si tienen sentimientos. Personalmente creo que los sentimientos y el alma van de la mano y recorren el mismo camino.

Los animales también tienen emociones y tienen alma, como todas las cosas que tienen vida y os diré por qué lo pienso. El alma es la misma en todas las criaturas vivientes, aunque el cuerpo de cada una es diferente, decía Hipócrates. Recordemos también todo lo que opinó San Francisco de Asís acerca de los animales.
En cuarenta años que llevo de vida, no he visto nunca a un gatito enganchar a un bebé humano vivo con cinta adhesiva al quitamiedos de una autopista. Tampoco he visto a ningún gato divertirse prendiéndole fuego a una persona. Nunca he ido de excursión al desierto y me he encontrado un niño al que unos perros han dejado atado a un estaca, sin comida ni agua, para causarle una dolorosa muerte en el calor sofocante del desierto. Nunca he visto que un gallo forzara a dos humanos a luchar en un ring con cuchillas en los pies mientras los gallos hacen apuestas sobre cuál morirá primero. No he visto a ningún cachorro de perro meter a ocho niños en un saco y ahogarlos en el río. Tampoco he visto a ningún águila apuntar con un rifle a un hombre desarmado. Ni que un oso mate a una persona sólo para colgar su cabeza en la pared de su cueva. Y hasta el día de hoy, nunca he visto a una paloma conducir su coche por la calle para atropellar a toda persona que paseara alrededor de un parque.

Dejad que os cuente lo que sí he visto. He visto a mis gatos dormir cerca de mí para darme calor cuando estaba enferma. He visto a mi perrita inquieta cuando yo estaba triste.La he visto hacerme gracias sólo para obligarme a sonreir. He visto a una gata entrar corriendo en una casa en llamas no una, ni dos, sino seis veces para salvar a sus gatitos, lo que a punto estuvo de costarle la vida. He visto a un hurón sacar a un gatito asustado de un profundo agujero en el suelo. He visto a un perro ir a buscar a
otro perro para conseguirle la atención médica que necesitaba. He visto a un perro al que le encanta saltar sobre la gente abstenerse de hacerlo conmigo cuando me lesioné la espalda. Otros han visto a dos delfines llorar. Lo mismo a los elefantes.He visto a perritos que gemían toda la noche cuando los separaban de su madre. He visto a un perro alejar a rastras a un niño del fuego.Y otro perro velar la tumba de su querido amo, que tras fallecer no se quería retirar de esa tumba y se dejaba morir de hambre por no abandonar a su dueño.

Éstas son sólo unas pocas de las cosas que he visto. Mencionarlas todas me llevaría mucho tiempo y creo que ya habéis entendido lo que quiero decir. En cuanto a lo del alma... Bien, es mi humilde
opinión que si tienes emociones, cualquier tipo de emociones, es que tienes alma. Casualmente, el papa de la Iglesia Católica Romana declaró recientemente que él también lo cree así.

Claro está que no puedo demostrar que los animales tengan alma. Pero a fin de cuentas, tampoco puedo demostrar que tú o yo la tengamos. Y para todos aquellos que creéis firmemente que los animales no tienen alma - pues, supongo que si realmente existe un cielo, lo más probable es que a vosotros os toque limpiar cajas de arena...

Sub umbra floreo: C. Bürk

sábado, 18 de junio de 2011

Desde el diario de Marianne Schneider ( Fragmento extraído de mi nueva novela “Segunda voz” ® )

Desde el diario de Marianne Schneider ( Fragmento extraído de mi nueva novela “Segunda voz” ® )

                                  (Imágen que habla muchísimo de mi nueva novela, donde una niña y un sacerdote    son  protagonistas)

Me encantaba leer desnuda.

Y asimismo, me encantaba rumiar la cualidad de mi retiro, mientras mi alma resistía todos los ataques de los relojes.
Porque ésa, era la única forma de convertirme en lo que realmente era.
Normalmente, un inmenso fatalismo, llevaba toda la vida protegiéndome de las aflicciones y de la amargura.
Utilizaba distintos disfraces para que a nadie se le ocurriera ponerme en evidencia, ya que mi natural reticencia daba carta blanca en lo tocante a mi personalidad.
Pero nadie tenía ni la menor idea de cuál podía ser mi verdadero carácter.
Podía ser cínica como nadie, con un fino sentido de la ironía más intencionada.

Amaba los inventos de mí imaginación, eran mi propia fontaine lumineuse. Y en el fondo de mi corazón, aunque pretendiera creer otra cosa, tan sólo amaba lo ilusorio.
Y hoy lo confieso, atestiguo, -a mí perversa manera-, alardeo mi amor a las rendijas, admito mi necesidad casi patológica de esconderme, de cuánto me llegan a gustar las máscaras.
De manera que sí, que cuando se me presenta la oportunidad de una nueva ocultación, una oportunidad de oro para agazaparme sin que nadie me “vea” tras el impenetrable disfraz de sumisa e ingenua fémina acariciable.
Me encantaba renquear por la vida envuelta en la armadura de mí disfraz de ingenua.

Pero voy a decirlo: la diferencia entre ponerse una máscara,-lo que siempre es una ocasión de libertad-,y, la que le obliguen a una a ponérsela, ¡es la misma que hay entre un refugio y una cárcel!

Por mucho que sonriera, siempre había una cierta amargura escondida en las comisuras de mi boca, y mis ojos tristes traicionaban un irónico je ne sais quoi.
¡Toda mi desesperación soterrada, toda la tristeza y desesperanza de la que me alejaban los libros, afloraban a la superficie de mi rostro, burbujeaban en mis ojos y cubrían mi faz como un velo!

La trivialidad del mundo daba patadas a mis ensoñaciones, dejándolas disolutas y corrompidas, porque mi mente era el inescrutable escenario de combate entre mí moral y la frialdad del intelecto.

A veces- así podía suponerse-, mi  espíritu estaba compuesto únicamente por lenguaje. El alma entera parecía estar hecha de palabras, de algo tan sólido y también volátil como los vocablos puestos en boca de la existencia.
Cuando alguien osaba emplear las palabras  “correr”, “pasar” o “fluir”, cualquier otro sinónimo de fugacidad, me ponía a la defensiva.
Fui alguien que reaccionaba con exageración ante las palabras, como si éstas fueran mucho más importantes que las cosas tangibles que la rodeaban.
Si alguien se hubiera osado a  comprenderme, se hubiera atrevido a desproveerme de la insolencia, tan sólo le hubiera hecho falta la magia de las palabras.
Sermoneaba acerca de la dictadura de la falsa libertad, acerca de las palabras mal empleadas, de las invisibles catacumbas del lenguaje profanado y de la luz inalcanzable en la época actual de la poesía.
Era una obsesa, avara y adicta a los léxicos, a la que- una palabra inadecuada- hacía más daño que una puñalada.

De tanto en tanto sentía la necesidad de arrancarme a mordiscos esa carita de adorable, y presentarme ante mí misma como la criatura que me constaba ser,
me daba por desarroparme, descobijarme de todo,
y leer desnuda,
mientras una lenta acumulación de significados acababa por condensar el aire, haciéndome descender en picado hacia los parajes brumosos de mi imaginación, para seguidamente emprender un vuelo directo hacía los giros más trágicos de mi pasado.
Entre mis manos un libro de Byron. Cumbres borrascosas; mientras que inmersa en una oscuridad de vocablos, llegaba a imaginar lo más insólito, -como envuelta en una nube nocturna y aparentemente ingrávida, suspendida en una bóveda celeste, me disolvía en el éter.

Entonces me envolvían sensaciones funestas,- mientras solía yacer así, aparatada de todo, a solas conmigo misma,
-desnuda en la nada- ,
mientras la realidad se esforzaba por acumularse entorno a mí, como una niebla mefítica.
Y ahí estaba yo, regresada de entre los muertos y de entre los vivos, con una gran dosis de vapor emocional en mis entrañas;
desnuda, leyendo,
y -cabía suponer, en el nirvana o en el infierno, contorsionándome sobre una alfombra de piel.          ¡Era mágico!
Anhelante de que ÉL se presentara ante mí, como un suplicante, llevando en su mano una rosa roja sin tallo, para colocar humildemente el capullo en el hueco de mí ombligo, como si de una ofrenda se tratara.

Y si, lo admitía: yo le esperaba, y lo seguiría haciendo toda mi vida:
leyendo desnuda,
escudriñada sobre el suelo, prácticamente catatónica, sin máscaras, despojada de todos los disfraces, sucumba a las tardes vacías y a las noches solitarias, para que ÉL me viera como realmente soy desde su ignorada estancia.


viernes, 10 de junio de 2011

Carta para Ti. (10 de junio de 2011)


Carta para Ti. (10 de junio de 2011)  
(“QUIEN NO VIVE PARA SERVIR, NO SIRVE PARA VIVIR")
Quisiera escribirte para así abrirte lo más oculto de mi ser. El propósito de estas cartas no será otro que tratar de llegar a ti a través de la verdad más profunda.
 Para la cuadrada lógica del mundo, resultaría inconcebible que yo dedicara mis horas y minutos a ti, a una historia de amor tan claramente imposible e inexistente. Mi razón sería considerada una absurda pérdida de tiempo, que siguiera dejando las puertas abiertas a mi corazón para que continuara jugando a amar una quimera, sería considerado de cuerdos. Vivimos en un mundo donde cada vez más los sueños son tachados fácilmente de utopías y descartados por su irracionalidad.
Vivimos en un mundo lleno de deprimentes realidades y en nuestra decadencia las ilusiones acaban disfrazándose de ilusorias ridiculeces, y en nuestra ruina las soluciones justas y normales terminan alejándose tanto que tienden a parecer locuras. Llamamos “loco” al soñador y al justiciero lo condenamos por hipócrita. Centrado y equilibrado será el hombre que sigue las pautas marcadas sin protestar, ( yo lo hago día a día, año tras año)  y al que se aprovecha de los preceptos del juego terminamos admirándolo por poderoso. Toleramos a los que se hunden en la rendición y miramos mal al que se rebela. ¿Qué clase de mundo tenemos?
Soñar no puede ser malo. Incluso cuando nuestras fantasías son irrealizables, si su vivencia nos produce bienestar, no debemos descartarlas. ¿Qué mal podemos hacer soñando? A los demás es evidente que ninguno. ¿Y a nosotros mismos? Podríamos intentar ser un poco tradicionales y afirmar que “siempre y cuando toquemos de pies en el suelo no será perjudicial...”. ¿Pero, no te parece una solemne bobada? Los más apasionantes sueños nos elevan, nos llevan volando hacia las nubes.
Allí y solo allí los ángeles de la gloria nos acariciarán con un poco de su magia, con un mucho de su ilusión.

Y te pregunto: ¿ Tú crees en los ángeles?................

¿Cómo vamos a conseguir  maravillas si nos pegamos como lapas a la real Tierra?
No, querido, aunque en la vida real escondo íntegramente mi verdadera forma de ser, yo pienso seguir soñando. Hoy tomo y seguiré tomando este amor platónico como uno de los más bellos sueños que nunca tuve y seguiré agarrada a él mientras su magnánima belleza siga despertando en mí unos tan maravillosos sentimientos. Y si continúa agasajando tan dulcemente mi sensibilidad, entonces durante un tiempo incalculable seguiré vistiendo mi corazón con el dorado atuendo de este increíble enamoramiento. Dorado por su refulgente irradiación, dorado por agradecimiento al hada que lo permitió, dorado como lisonja a ti que lo financió.

En la vida real yo cumplo estrictamente con mis deberes, soy políticamente correcta. Me alaban por las cualidades que supuestamente debo poseer. Muchos me consideran. Otros premian mis esfuerzos y mi constancia. Y sin embargo, amado mío, nadie conoce mí corazón.
Quisiera ponerlo a la vista de todos, empero, no es posible: todas las personas queremos que la luz que colocamos tras la puerta esté en el centro de la sala, enfrente a todos...Pero al igual que los otros, yo permanezco en las sombras, cumpliendo con mis deberes.
Yo ignoro lo que me espera, pero desearía estar con el corazón abierto: no tener miedo por poner mi brazo sobre el hombro de alguien, hasta que me lo corten. No temer hacer algo que nadie antes hizo, hasta que me hieran (una vez más). Déjame ser ingenua, querido, porque la inocencia es todo lo que en este instante tengo para darte.

Con lo escrito resulta evidente mi consideración final sobre el uso de mi tiempo para seguir amándote. Creo sinceramente que con mi apuesta continuadora no voy a malgastar nada. El tiempo raramente se pierde, y menos aún cuando depende de nuestra voluntad su destino. Pasarán, semanas, meses, puede que incluso años, y al final, cuando mi vida empiece a inclinarse hacia el olvido, cuando pueda o quiera archivarte con mis recuerdos más queridos, estoy segura de que puedo afirmar con rotunda convicción que no voy a arrepentirme de haberte querido, de haberte admirado en absoluto anonimato y silencio. De haberte entregado mi corazón desde las quimeras.
 Y tú, y a lo mejor la mayoría de la gente, si un día llegaras a conocer mi verdadera historia, podrás creer que es un despropósito gastar ilusiones en algo que se intuye tan notoriamente como improbable. Podrás comprender todos mis motivos: la historia que escondo es triste; soy superviviente de acechos que a muchos habrían anegado por completo. Ya ves que a menudo lo insinúo.
Has de saber que en mi concepción hacía ti no cabe la idea de gastar ni la de perder. Pase lo que pase no voy a derrochar mi tiempo en este sueño, lo voy a invertir. Será una extraña inversión, sin contrato alguno que ofrezca unas mínimas garantías, sin ni tan siquiera una expectativa manifiesta de conseguir los más básicos intereses del mercado amoroso.
No me querrás,  no podré alcanzarte, no podré a lo mejor ni siquiera verte y hablarte, pero ahora mismo tengo muy claro que en la cuenta de este amor no correspondido estoy abriendo un depósito tan acaudalado en sentimientos, en sensaciones, en pensamientos y en vivencias quiméricas  que pocas personas podrían decir hoy mismo que en estos campos se sienten más ricos que yo. Así, será esta, mi inversión, un poco anormal, pero no tengo la menor duda de que para mi condición humana, para mi querida esencia de eterna soñadora, será un muy rentable negocio.
¿Y qué decir de ti? ¡Que hermosos tus ojos! ¡Qué hermosas tus manos! ¡Que hermoso tú gesto al fruncir el ceño! Ningún anillo que adorne tus dedos… ¡Qué ojos, si, que ojos  esos ojos tuyos, los que Dios te ha otorgado! En ellos me pierdo al mirarte desde lejos, dejo de ser yo misma…Son el cristal en el que ahora  vivo.
Cuando te imagino, dejo de ser cualquier cosa de las que soy para querer convertirme en el aire que respiras, en tu sombra…Callo, porque tus palabras se convierten en las mías…Ni tan siquiera respiro, solo dejo que el presente se llene de ti, para después de unos escasos minutos morirme de añoranza..
¡Cuanta falta me hacías! Y sin embargo qué imposible pasarás por mi vida.
Eres todo cuanto sueño, cuanto he soñado siempre; el ideal absoluto.
Sueño con volverte a presenciar; sólo eso ya lo es todo--
Incierta para el mundo pero sinceramente tuya,
C.

jueves, 2 de junio de 2011

Carta a X. (01 de junio de 2011)


Muy soñado X:

Hasta aquí llega mi voz, y es un gusto indecible mantener tu presencia tras las letras (y mis cartas tratan justo de no-decir, creo yo, así, en creencia, en acto de fe…) A las mil y una noches de cuentas no llego: cuando es monólogo, el amor sigue siendo amor, y es correcto así, porque 200 años con sus muchos días y noches te han sido ofrendadas a través de tú silencio y, sobre todo, por intermediación de la ternura en prisma que te intuyo, en contemplación de los márgenes de oficio que tu dignidad ha tenido a bien permitirme admirar. Sírvete pues a recibir mi agradecimiento por aportar la tinta a los días y a las noches de mí vida, desde hace siglos y por ahora en adelante y hasta siempre.
Que la estrella que muestra mí camino lo llene con tu luz.

Es pecado la desdicha, y de los mayores. Por ello no me quejo.

La pantalla en blanco murmura ante mi, murmura en mis venas, en mis sueños. Tú mismo eres mi amor por las letras, mí amor por las cosas. A través de tu existencia siento el goce de escribir palabras, contar mis anhelos y penas entre estas cartas, porque, a veces una puede vivir rodeada de un montón de personas e igualmente sentirse sola, es como si una hablara diferente…
A veces la soledad me rodea y la pantalla en blanco se transforma en tus oídos que escuchan, tus manos extendidas, murmuras ante mí, murmuras en mi sangre, en mi corazón abierto a la espera de una carta que conteste todas las mías.

Mi alma trata de vivir sin tu cuerpo. Mi sangre fluye sin tus venas. En ti conozco lo eterno que es el tiempo. Y el tiempo ya ha muerto con los siglos.
Criatura maldita soy.

Mi amor es fuerte y sin embargo, el más humilde de entre los sentimientos. En mí duras el tiempo exacto, para tornarte inolvidable.
Sobre mis labios aletea infinita tu caricia pura.
¿Hoy? Hoy tengo una cita con la nada; en un lugar sin destino...

Hoy me hallo en un remanso donde doy un paso sobre lo andado, que no es mucho ni poco, pero sí intenso, muy sentido y entregado. Y tú bien sabes, amado mío, lo mucho que he debido dejar en prenda por dichas intensidades… Hoy te añoro más que nunca mientras el miedo a no volverte a tener existente me sigue todos los pasos. Sílaba a sílaba te nombro sin nombrarte, hora tras hora y día tras día, en el trabajo de agotar las palabras, extinguiéndolas al último día de vida.
Cultivo de espejos te muestro, sobre la fértil tierra de mis ensueños. ¿Qué quieres tú que yo sea para ti? Pinta la pregunta al fresco en el viento. Y seguro hay más de un reflejo que ha de responderte a la llamada del descanso en pecho abierto. En mí, resonará tu pregunta y los cristales de azogue abrirán su grieta, como blanca y sencilla flor de nube.

Es difícil, amado X, no pensarte a cada momento, pues bufa mi vibración, oculta en el segundo frágil de tus ausencias, intruso demonio del deseo profundo por hallarte de nuevo, fugado entre el tamiz de mis recuerdos, que de esperanza no son, y menos aún de realismo.
En mis palabras te pongo un signo que nunca termina de expresar la figuración de mi realidad. Me resulta arduo, dada la longevidad de mis antiguos asuntos del alma, ponderar cuáles animaciones de la imaginación es digno de cultivo y cuáles a menester arrancar, cual mala hierba.

Por imaginario entiendo ahora el corpus de sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos, y ese “algo” que tú me das, los cuales van con-formando mi esquema de universo interior. Y es que de pronto, en estos tiempos de observar la entraña de mi psique, me percibo indefensa en el vacío. No es indefensa la palabra que mejor alaba mi nueva circunstancia íntima, no es; se trata más bien de un estado sobre el cual no alcanza la poca luz de mi razonamiento. Y todo es la consecuencia del amor.
Y todo es la consecuencia de tener el alma de otro mundo.

Siempre he buscado las intensidades, no por juicio, es simplemente de esta manera como ha sido, sin mi consentimiento, por condición de naturaleza propia. Y ahora me sorprendo con la idea de inventarme los delirios, en deseo por hallar materia prima para estrujar, disertar, añadir postizos y adornos; pues en "mi anterior vida" ha sido de intensidades que he labrado mis palabras, pero sometida siempre a imágenes externas, cierto es.

Pero en este ejercicio de convocar la vacuidad he vaciado los referentes de casi todos mis ensueños, ya no como algo que se me impone, sino por voluntad: ¡jamás vas a volver!

No es sueño lo que sueño. Noto, entonces, que de modo instintivo, mi alma deshecha sin conmiseración cualquier brote de pretensión; y no es sencillo, querido X, pues si bien desbrozo el mal de la tristeza, también entiendo que nada puedo cosechar en el absurdo empeño por amarte.
Si tú eres brillo pleno, yo a través de las letras llegaré al éxtasis pleno de mí travesura de amor.

Ante tu ausencia guardo silencio, aguanto la respiración casi, guardo incluso el pensamiento, para que desde tu mundo no sospeches de mí fragilidad por amarte: estoy en pecado mortal por adorarte, por lo indecible de mi expresión en lejanía. En bien del amor y por la compañía de su ausencia en mi mirada; ¡ruego en esta fría distancia que a ambos nos separa porque en tu silencio descifras a mis sentimientos! Sueño con que me mires de verdad… Que llegues a mí y a mí mundo, desde el derecho, al revés, del arriba, al abajo, de igual modo que lo haría un sueño encontrado en un espejo. Yo no podré acercarme a ti jamás: debo renegar de ese cielo que  guardas en tus ojos, como un ángel caído… Y en el vértigo de mi caída, perder mí mayor ilusión: deberé mantenerme lejos de ti. Dios así lo quiere. ¡Soy ser desterrado!

Ya te he enviado más de trescientas cartas desde aquí. X, sé que es mucho lo que digo, y sé que quizás no te suene a nada. Pero yo he sentido la llamada de vaciar mi alma frente a tu fortaleza, incluso frente a tu indiferencia, pues de recibirla, no habrá modo de defenderme, ni tampoco querré hacerlo. Sólo sé que debo vaciar aquí el sentimiento que en mí inflamas, que me doblega; la dicha que me llena con solo saber que existes: lejos de mi tiempo, lejos yo en otro mundo.
Querido X, es mucho lo que he guardado en el alma, y sin embargo es tan miserable lo que puedo expresar al respecto. Miserables son mis palabras. Pálidas migas de pan a las que he confiado el resguardo de mi ruta, ¡inocente de mí!… 
Las palabras no siempre son suficientes. Decirte, por último que con cada segundo que se agota sin tenerte cerca, mí tiempo muere por ti y no hay manera de regresar.
El sentido de culpa es tu ausencia, pero sepas que mi amor es incoloro, disuelto tal vez e intangible, pero pesa; es mudo y está agazapado en un rincón en espera de que el tiempo ordene. X mío: vendo un pedazo de mi alma (claro que no toda y sin destinatario) para que tenga su don y poder expresarme como tú lo haces; que mis letras sean transporte y pueda sentir lo que quiero decirte torpemente con mis garabatos; te quiero decir que te estimo aún en ausencia.

Toma, pues estas letras en gratitud por tu respirar, por existir... ¡Lejos, lejos!
La aurora da tu nombre y es siempre reivindicación de la luz en medio de las tiniebla.
Esencia soy, perfumada en terciopelo y gasa de seda, traje de carnaval confeccionado a talla, hilado a ocasión del viento. Ya sabes, no es para ti, es para Nadie mi palabra tibia.

Es que anoche he pre-sentido tu tacto sobre mis dedos. Y no soy yo quien habla, es la voz de Isis en caligrafía por el lienzo de oscura sábana la noche. ¿Lo ves?: soy contradicción: materia imperfecta la grafía que a Nadie signa.

¿Qué quieres tú que yo sea? Así rezan mis pesadillas al dios eterno: Amiga, Poetisa, Hermana: unidad de mí: ¿qué quieres que yo sea, qué quieres y por qué es mi cerebro un eco de la misma inclinación? Sombra soy del Reino de las blancas Dualidades. Ser o no ser. Y basta un parpadeo para ingresar en los dominios de tu reino. No soy. Sólo amo. No soy. Amo. Amo, luego: existo. ¡Te amo!
Quede pues la palabra empeñada y el alma atenta a los murmullos del amor a la distancia, querido X.
Desde Nunca Jamás y en recorrido hasta Siempre, desde la sima del volcán:
C.