viernes, 20 de diciembre de 2013

La privaticación de la Fuerza Bruta


Quisiera con este escrito expresar mi opinión acerca de la nueva regulación que impone el PP para los Vigilantes de Seguridad para con ello detener e identificar en plena calle. El Congreso ha dado el martes pasado el visto bueno al proyecto de Ley de Seguridad Privada, que será enviado al Senado con extrañas novedades, como lo es la posibilidad de que los vigilantes privados puedan, naturalmente con la autorización pertinente, identificar y detener en la vía pública. Esto último, debería quedarnos claro a todos (si es que conocemos nuestros derechos y obligaciones como ciudadanos) que cualquier ciudadano a pie puede detener. Muchos lo ignoran y es triste. Ya se sabe aquello de “la ignorancia no excusa la ley”…

Ahora, a ocho meses después de que el Gobierno aprobara el primer borrador de esta ley, el texto ha sido debatido por la Comisión de Interior del Congreso, que con competencia legislativa plena y a falta de la votación, ha sido remitido al Senado para su puesta en firme.

A PSOE e izquierda Plural no le gusta; ven en la propuesta una preocupante “ruptura” de la concepción de la seguridad pública atribuida como siempre ha sido a las fuerzas de seguridad del estado.

A la hora de justificar esta nueva regulación, el ministro ha alegado que “ayudará a facilitar el crecimiento económico de España" (jajaja) y ha destacado la importancia que tiene este sector para la economía (servicios, igual a pasta gansa). Ha recordado que la seguridad privada agrupa a 1.500 empresas, da empleo a 85.000 personas y el año pasado facturó 3.215 millones de euros, como para no ponersele los dientes largos con la que está cayendo, y cuando todo el mundo quiere poner su cazo.

Hasta aquí los hechos.

En mi opinión, quieren ahora que la seguridad únicamente sea para quién se la pueda pagar. Quieren una Policía barata, se ve venir. ¿Y para qué muy formada? ¡Naaaa! ¡No les hace falta! Otra vuelta de tuerca más de nuestro maravilloso gobierno. Zorros cuidando de gallinas. Con esto no quiero decir que entre los de mi gremio no estemos formados y algunos, con creces más preparados que la propia Policía. Sólo que si ésto es así, en todos los casos, y digo todos por mi propia experiencia, es porque ese vigilante en particular se ha esforzado en obtener una buena formación.

Sin pretender alardear y que sirva sólo de patrón, me voy a poner a mí misma de ejemplo: poseo todas las T.I.P. con excepción de Guarda forestal. Me preparé para opositar como Vigilante de Explosivos, Escolta Privado (especializada en violencia de género) (en ambos ámbitos estuve activa) y por último como Detective Privado aunque esa T.I.P no la obtuve. Tengo estas T.I.P, sin embargo jamás en una empresa me han preguntado por ellas, al no ser que ejerciera según demanda. Tampoco se han valorado mi licencia de arma que siempre mantuve en vigor, ni nadie ha visto mi colección de diplomas que se pudren en una caja bajo mi cama. Entre ellas no falta ninguna especialidad; creo que no me quedó ni un solo curso o especialidad por hacer. ¿Le ha importado a alguien? ¡Jamás! Nunca se ha demandado.

Tampoco mis conocimientos de idiomas, ni mucho menos alguien sabe que la Guardia Civil me hizo desfilar un día 12 de octubre para darme una mención honorífica como Vigilante de Explosivos por una actuación y que este hecho sólo se ha dado una vez en la historia de vigilantes, ya que fuimos otro compañero y yo lo que se hallaron “en el ajo”. ¿Alguien le ha interesado este asunto a la hora de contratarme? No. (Bueno, a mí los honores tampoco me van mucho; sobre el diploma en cuestión penden pálidas telarañas, y sobre todos los demás descansa tranquilamente el polvo, enseñoreado allí desde tiempo. Me la sudan los títulos, menciones y honores...

Pero volviendo "al ajo", del mismo modo que no importó un señor comino mi formación a nadie (pues las empresas son monstruos "ganapasta") tampoco importa mi antigüedad, ni la experiencia (desde el campo del Barça hasta la escolta de personalidades) ni que me atracaran en dos ocasiones, ni que detuviera a personas, tuviera juicios sin que se me pagaran esas horas (todo por amor a la profesión) y que en algunos centros comerciales, haciendo mi trabajo correctamente, deteniendo y detectando robos con agudeza, los clientes me dijeran “déjalo marchar, no queremos líos”. Cuando la que tenía la decisión era yo como profesional. Porque si una cosa la tengo clara es la ejecución de mi trabajo y mis obligaciones. Para eso hay que estar formado y actualizarse en leyes.

Pero a lo que iba: parece ser que todos los vigilantes nos echan a un mismo saco. Y escuchas tras tu espalda “mira, otra segurata”. Y te callas porque lo último que harías es alarde de algo y piensas “si tú supieras”…

¿Por qué las cosas son así? Porque tanto clientes como empresas, y el estado, lo permite. Nadie valora nada más que el precio por el servicio realizado. Las empresas no preguntan, muy pocas lo hacen; cuando menos molestas mejor. No valoran lo que tienes, lo que puedes hacer o lo que no. Pues indistintamente a la formación que tengas, algunos vigilantes no sirven para según qué servicios y para otro sí y viceversa. Para detectar eso, sería esencial examinar las capacidades de cada individuo y no echar a todos al mismo bote, como ya dije.

De ahí y con todo, que, en efecto, haya personajes en mi profesión que no sólo no están formados sino que son peligrosos. Van por ahí como una suerte de Rambo “in person”, sin modales y con aires. Y luego nos extraña que nos llamen de todo. Y como estos días atrás, aparezcan por ahí mil y un chistes sobre lo tontos e inútiles que nos creen.

Pues no, señores, porque en ésta profesión hay de todo: profesionales como la copa de un pino y de los otros. Pero para diferenciar el trigo de la paja se debe mirar al individuo y no al colectivo.

Para mala fortuna mía y como postdata; aquí comentaré también mi "mala pata" por haber nacido mujer: en dos ocasiones me han rechazado, alegando que "necesitaban un hombre fornido y fuerte"- Uno de esos clientes era una pajarraca en celo que precisaba un macho en la puerta de su zapatería y la otra, un cliente potente de una multinacional química -tras hacer yo toda la formación y saber éste que yo era mujer, le pidió a la empresa en la que yo entonces prestaba servicio que "no quería una mujer. No me sirve. Mandarme un tío." Nunca denuncié estos hechos. Por evitarme problemas. Al igual que tampoco he denunciado los acosos de mandos intermedios, las "putaditas" y los machismos continuados. Si tuviera un poco más de mala baba, otro gallo habría cantado. Sólo a modo de anécdota...

Pero volviendo al tiesto:
¿Estamos preparados para estas nuevas labores que nos tocan? Algunos sí, otros en absoluto. Personalmente no me hace ninguna gracia. No porque no esté preparada, que sí, sino, no, porque sigo teniendo un salario miserable. Y porque soy mujer. Y por tanto, no me ven capaz. Tampoco; porque mi convenio da risa. Y no, porque yo no quiero ser quien haga el trabajo sucio de un gobierno que pretende acojonar al pueblo con la fuerza bruta, además de otros asuntos como soltar a psicópatas asesinos a diestra y siniestra.

Si a lo que se avecina, también nos van a dar la presunción de la veracidad, no me extrañe que todos se acaben largando de este país y spain con lo different que ahora realmente es, sea el desierto del Sáhara. El monopolio de la fuerza ahora privatizado. ¿Quién da más?

Pasaremos a ser Policías Privados, ¡aaahh qué biennn! Pero como se intuye, por un salario aun más bajo si cabe.

Poco a poco se le ha ido dando cada vez más competencias policiales al sector privado, y en vez de destinar el dinero público a crear más plazas de policía, dotarles de más formación y medios, el estado pagará a empresas privadas, que como toda multinacional que se precie y chupa del Ibex, buscan su pleno beneficio. Y sin lugar a dudas, con ésta nueva ley impuesta, vamos camino de convertir a España en un Estado policial privado, como alguien ha dicho por ahí muy bien: una especie de mezcla de 1984 de Orwell y la Detroit de Robocop…Y lo de Orwell es que lo venía venir…

La revista "El Jueves" ya nos ha dedicado una portada ésta semana con un gran "Seguratas al Poder". No sé si reírme o llorar, pues nunca nos habían dado tanto protagonismo. 

Hasta ahora jamás he hablado de esta profesión mía y menos dando opinión haciendo uso de mis otras profesiones, la de escribana, y la de traductora. Pero hoy lo creí necesario, ya que me han llovido las preguntas por privado. Por si las moscas, dejo claro aquí al final que estoy muy contenta actualmente con la empresa para la que trabajo y con los puestos que desempeño; no vaya a malinterpretarse la cosa…

No obstante, aquí tenéis, pues, mi opinión.

Sub umbra floreo: c.bürk

jueves, 19 de diciembre de 2013

Todos somos la estrella de nuestras vidas


Afronta cada día como único. Vívelo como una fiesta. Sé perennemente aquello que quieras ser, vive desde ya como aquel que eres destinado a ser. Se tú, como dicen, ese cambio que esperas ver en los otros y en el mundo. La felicidad no es una suerte, es un ejercicio, es quererla en cada momento. No desesperes en los momentos dificultosos, afróntalos en la esperanza de que acabaran. Nada, ninguna desdicha se prolonga, no es el estado natural del ni para el hombre. Sonríe mucho. Pues aquellos que han sufrido, sonríen más, porque han aprendido a afrontar el dolor con sonrisas. Ama cada instante. Ama a “buenos” y “malos”.

Muchas veces lo que tú llamas “maldad” es la confusión y la máscara del que sufre. El Amor es la respuesta a todas las preguntas y a todos los problemas. El amor viene a recordar lo que el saber nos hizo olvidar.

Todos somos la estrella de nuestra propia vida. Cuanto nos sucede es extraordinario. Cuentan las buenas y las malas experiencias. Todo es bueno. Es nuestro punto de enfoque sobre las cosas que las hace buenas o malas. Suerte o desgracia, depende de nuestra actitud ante los sucesos. Todo es experiencia. Porque “Vida” es el ítem de la “experiencia”, no al revés. Venimos a experimentar y lo llamamos “vivir”. La cosa no consiste únicamente en superar obstáculos. Se trata de cómo manejamos las situaciones en sí.

Para entender lo experimentado, hace falta prepararse conscientemente. Hay que analizar simultáneamente todo lo que se vive como visto desde fuera de nosotros, al instante, con frivolidad; pese a que la emoción del instante nos embauque. Es un entrenamiento, un aprendizaje. Por ello, al menos una vez al día deberíamos atrevernos a saltar alegremente “al otro lado del espejo”, tal y como lo hacía Alicia en el país de las maravillas, para ganar visión sobre lo enteros que somos…

Ayuda pensar que lo que estemos viviendo es una función de teatro, una representación. Nada es tan serio como parece. Ayuda pensar, que nos vemos actuar desde una gran butaca, sentados al fondo. Cuando comencemos a conocernos de ésta manera observando nuestras emociones en cada acto representado, las cosas fluirán, logrando cualquier objetivo. Recordemos ser lo que soñamos ser. Nunca menos. Y mientras experimentemos por estos lares, recordemos ser amables, bondadosos con todos aquellos con los que nos crucemos. Hombres, animales y entorno. Porque al final, los otros no recordarán de nosotros la belleza o los rasgos; será nuestra amabilidad la que evocarán en sí. Por ello, se humilde; no te crezcas intimidando a otros. Es un absurdo contrasentido. Sé cómodo para los otros. Actúa de tal manera que todos confíen en ti. Se siempre aquello que esperas ver en los demás. Se tú el cambio.

No demos tanta importancia a nuestra corporalidad. Todos somos diferentes y venimos al mundo en formas distintas. Y eso deberíamos celebrarlo con alegría cada día, en vez de compararnos o cambiarnos en un quirófano. El cuerpo que ocupamos aquí es una casa temporal y como digo, debemos cuidarla y celebrar nuestras diferencias, sin obsesiones. Nuestras diferencias nos hacen únicos. Está bien que “nos maquillemos” y nos pongamos máscaras, pero a veces es bueno prescindir de todos esos artificios que nos ocultan para atisbar el cráneo que tenemos debajo…

Nuestro cuerpo no es más que el templo que aquí nos sostiene. Lo que te llega a través de los sentidos puede ser sabiamente empleado para transcender. Podemos usarlo como escalera. Pero si permanecemos en ello, nos abrumará la insustancialidad y lo efímero. Abracemos la vida al completo: usando las formas lo justo, encaminándonos mediante el desapego a alcanzar lo que no tiene forma; donde se hallan la Verdad y el Bien.

Cuando lleguemos al final de nuestra representación, nos percataremos de que nada era tan importante, nada tan grave, nada tan necesario como parecía. Fuimos la estrella de nuestra vida. Hicimos, por tanto brillar a los otros en nuestra cercanía. Y recordaremos de pronto que el Amor fue todo lo importante que teníamos que aprender y que nos vino a recordar lo que el Saber nos había hecho olvidar.

Algún día, todos moriremos y nada de lo que hayamos tenido o dejado, hecho o dejado de hacer aquí importará ya nada ni habrá importado jamás. Salvo ese amor que hayamos entregado por el mundo. Pues en cada acto de amor y entrega por los otros o el mundo, late el cambio. La metamorfosis a un mundo mejor. Ese será el fruto que hayamos dado aquí. Los demás merecen la mejor persona que podemos ser. Nunca es tarde para ser aquel que estamos destinados a ser.

Seamos por todo ello, cada uno de nosotros una pequeña partícula que formará el mundo de mañana.

A tí, Víctor Berrocal, por estar muy cerca del verdadero secreto de la vida.

Sub Umbra Floreo: c.bürk

martes, 17 de diciembre de 2013

NIVEA me ha devuelto la confianza en las cremas.

Mis cremas bajo la flor de navidad :-)
Demasiado a menudo nos encontramos ante campañas publicitarias que nos prometen efectos increíbles y milagrosos con el uso de sus cremas. No obstante, y eso se sabe, los cosméticos poseen efectos limitados que, si bien pueden ayudarnos a atenuar algunos aspectos de la piel, sus resultados no consiguen ser prodigiosos. Tras probar muchas cremas distintas, muchas de ellas de coste elevado, teniendo que hacer un verdadero sacrificio a la hora de adquirirlas, me he vuelto a pasar a una gama de cremas −que con total sinceridad− me parece la mejor de todas. Estoy hablando de NIVEA. De joven ya la había usado y me funcionaba genial. Seguía usando desde siempre su maravilloso Bodymilk. Ahora, tras muchos experimentos he vuelto a topar con NIVEA, ésta vez con su nueva gama Cellular Anti-Age. Contiene extractos de magnolia, se sabe que realmente es un potentísimo antioxidante. 

También sé que NIVEA incluye la lanolina (se encuentra en la lana de oveja) en sus cremas. Y la lanolina es un protector tremendo para la piel. Y he dicho, en la lana de la oveja, porque esquilando ovejas no se daña al animal, además resulta necesario para éste. NIVEA no experimenta con animales y ese es un factor muy grande que tengo en cuenta, ya que soy vegana al 100%. NIVEA tampoco presume de ello, ni presume de efectos que luego son mentira. El anuncio de Cellular Anti-Age habla de una regeneración celular a nivel más profundo, un nuevo comportamiento joven de las células y esto, he de decirlo, es verdad, porque lo estoy experimentando absolutamente. Puedo dar fe y mi palabra que desde hace aproximadamente dos meses que vengo usando la gama (crema de noche, crema de día y contorno de ojos) mi piel está reaccionando de manera casi espectacular, o sea que en cierto modo sí que había una crema milagrosa y era ésta. 

Me siento la piel mucho más elástica, hidratada, como cuando estaba en la veintena. También está más luminosa y las pequeñas arruguitas que ya tenía se han ido, a penas resultan visibles. Cumpliré 43 años en enero y siempre me he cuidado mucho la piel y eso se nota. Hasta los treinta venía usando NIVEA Q10 y no me extrañaría que de ahí, mi piel se ha mantenido tan fantástica. Siento el tiempo perdido con otras cremas, el dinero perdido por las falsas promesas. No volveré a cambiar de crema, ya que he encontrado lo que buscaba, porque funciona, ¡funciona de verdad! Ahora sólo espero que NIVEA amplíe la gama y quizás saque al mercado también el serum de la gama, mascarilla, tónico y limpiadora. ¡Más ya no se podría pedir!
He escrito este artículo libremente, pues cuando recomiendo algo es porque de verdad lo he comprobado así. Cuando descubro algo que es verdad, me gusta recomendarlo y comentarlo. Esto no es publicidad, es mi recomendación, pues surge de mi absoluta conformidad con ésta crema.

Además, nunca olvidaré a un señor mayor que era vecino mío, que a sus 83 años tenía la piel como un señor de 40. Un día, no pudiéndome resistir, le pregunté (es que soy una curiosa) que qué hacía para tener una piel así, si es que era genético y me contestó “Niña, yo cada noche y cada mañana tras lavarme la cara con agua y jabón me doy crema NIVEA, la del bote azul, la de toda la vida”. Creo que me desveló un gran secreto que todos deberíamos conocer.

Claudia Bürk

lunes, 16 de diciembre de 2013

Tenemos lo que hemos pedido.


Como soy una persona que siempre ve el “Bien” en las situaciones malas, convencida que toda imperfección conlleva el progreso al Bien, quería decir algo respecto a esta (supuesta) “crisis” que estamos atravesando. Para el caso, da igual que haya sido provocada a propósito por la “Elite” de nuevos ricos, que desean convertirnos en una panda de idiotizados robots, con toda prepotencia. 

Da lo mismo que nos hayan esclavizado con el consumo, de manera astuta durante treinta años, para ahora quitarnos todos los caramelos, en la esperanza de vernos amargar para conseguir vejados dóciles que sólo sirvan a sus groserías y caprichos. Da lo mismo que ambicionen tener el mundo en sus manos, pues el mundo ambiciona estar en manos de los inocentes… Y el mundo es quién manda. Por suerte y gracias a todo esto, despertamos por fin a la realidad. 

Es ahora cuando quizás puede esperarse otra vez algo grande de nosotros, los supuestos insignificantes. Nos han hecho creer que al trabajar como burros y consumir como animales, seremos como ellos. Nos han vendido motos de todo tipo: la de la vivienda digna, la de la democracia y el poder sobre nuestro voto y resultó que sólo éramos convidados de piedra. Que no tan sólo no probábamos bocado, sino que nos hemos endeudado pagándoles el festín a toda esa pobre gente rica. 

No es que me esté declarando profundamente anti monárquica, anti “escalas sociales”, anti “sangre azul”, es que me declaro anti sistema hasta los higadillos: sistema insensible y podrido de desfachatez, antihumano, anti vida y anti natural. Y que conste, que nunca antes he dado mi opinión a esto. Pero hoy me sale… Como iba diciendo, tenéis que sonreír y levantar la cabeza. 

Pues es tiempo de creatividad e ingenio. Mirad la literatura, mirad el cine, la pintura, el arte español y cómo éste está atravesando, gracias a la crisis, el mejor momento creativo (ni qué decir tiene el progreso creativo del cine nacional). La reducción de posibilidades y destacamientos hacen aflorar nuestro ingenio como nunca y crea maestros y obras maestras. Nos hemos pasado treinta años pensando que tener es ser, que ser es decorarse con títulos y carreras universitarias. 

Hemos creído que hacer cosas sonrojantes es glamour y noveau. ¡Se me encoge el páncreas! Dicho así por mi boca, parece que fuimos sólo títeres quijotescos en un circo de pijos. Títeres de esos que se abren paso a codazos a la vida y a su vez lo fuimos también. Pero es la verdad. En ésta ceporra sociedad de formas y apariencias, ásperamente realista, dónde hemos estado fingiendo una tranquilidad que no sentíamos, el optimismo es ahora deber moral. 

¿Qué coño suicidio? ¡Es lo que quieren! Que tras deshauciarnos, nos tiremos por la ventana…¡Y un señor comino se coman! Hemingway dijo que el coraje no era otra cosa que gracia bajo presión (yo añado “bajo opresión”). No vamos a darles el gusto a ese hato de sangriazulados imbéciles. Vamos a enviarlos a todos a freír panteras. ¿Cómo? Preguntádmelo en privado, que tengo un plan… ¡Tamaño desafío! A veces las mejores estrategias no se hallan en profundidad, sino que flotan en las superficies. La última palabra y penúltima acción la tenemos nosotros. No culpemos solo a esos otros, ya que, reconozcámoslo, siempre hemos sido dados a loar la burricie y lo superficial. 

Este país nuestro, que ha tildado a su mejor y más coherente personaje literario de loco, (pronto nombrará quizás a Belén Esteban ministra de cultura)….Y no sabe todavía que en el Quijote tenía una biblia escrita con el humor del mejor ingeniero social de todos los tiempos… Y en vistas de estos tiempos que corren ahora y amén de que andamos necesitados de consejos y esperanza, no estaría de más volver a leer tal obra. Y antes de que la prudencia me quiera secar las palabras, termino estos pensamientos con un advertimiento: el fin del mundo que no vino y todavía queda por venir. Ah, ¿Qué ya no lo creéis ya así? Pues entonces tendremos que volver a buscar otra fecha que nos sirva de excusa para no dejar los hábitos milenarios que nos cristalizan los corazones, y hacer que lo solucione todo el apocalipsis por nosotros. ¡Aupa! Bromas aparte: yo confío en el despertar, en que, al igual que a mí ya no os satisfagan los imperativos de las titulitis, la presión de tener que ser alguien y demostrarlo, la de las apariencias ni de la pasividad contraria.

Sub umbra floreo: c.bürk 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Céntimos de gloria.

En el mundo existen leyes deplorables. Leyes lerdas y ceporras. Descendientes de miles de normas enfrentadas que nos hacen a todos ser como somos. Un ejército de botellas de leche enfilado. Todos iguales. Obedeciendo a las leyes tácticas de la apariencia.

Tanto representas, tanto eres. Bocas, manos, caras sonrientes, narices estiradas como un rifle, apuntando despiadadamente contra nuestra libertad de ser quienes somos sin que se nos reconozca. 

¿Por qué razón contrariamos impunemente nuestra naturaleza? ¿No es realmente terrible que lo mejor de nosotros es aquello que no somos? Hemos dejado nuestra más íntima verdad, sepultada en las apariencias, en el “querer parecer”, en vez de “ser”, en anestesiar, en encerrar con mil cerrojos nuestros anhelos reales. Nos escondemos de la vida, hasta anularla. Arrojamos nuestra vida a los perros y nos somos conscientes cómo estos la devoran. Nada tiene que ver la vida que estamos viviendo en la actualidad con la remota sed de verdad y de amor con el que vinimos a este mundo antaño. Hemos dejado que humillen nuestra naturaleza. 

Nos imponen nuestros valores, nuestro estilo de vida. La vida se reduce a trabajar para pagar las apariencias en las que nos envolvemos, las máscaras que llevamos porque sin ellas, pensamos que no somos nadie.

El sentimiento de estafa es cada vez más fuerte, se me ciñe al cuello como la soga de un ahorcado, asfixiando poco a poco. Poco a poco, suavecito, como ahorcarían las plumas.

Veo a tres jóvenes caminar. Con la solvencia propia de quienes se saben inalcanzables. Botellas de leche. Simetría. Caminan como una sinfonía. Música. Tiesas y compuestas. ¡A Dios gracias! Teclas blancas del piano. Conscientes de los enredos estéticos producidos por los pliegues de sus faldas. Los ojos de mapache. Extensiones de pestañas y tetas de silicona. Dinero. Ha costado dinero. El valor del “ser” invertido en unos centímetros de pechuga, que hubiera bastado para comprarse un coche. ¿Y ese vestido de no sé quién? No es un vestido es dinero. Que compra la apariencia y con ella, las almas. 

Tras una nube de perfume caro las miradas se le clavan en mis años. Mis ojos no fueron tras ellas, sino desde ellas a un lugar mejor, con lo que parecía ser, en parte, hacía lo invisible y junto a eso, iba mi vida, tan precaria que casi era la de los muertos. En mis ojos se encendieron destellos que no guardaban relación alguna con la luz. Pobre de mí. Afortunada de mí. Cada época moldea nuestra apariencia. A su manera. 

A un metro de mis manos, mi amado finge no estarlas viendo, con el rabillo de sus ojos afilados como flechas. Agacha la mirada. ¿De verdad es razonable la renuncia? Como si las jóvenes en flor no fueran cosa de este mundo. Se frota las manos y sonríe. Su sonrisa se burla de mis años. Al fin y al cabo solo son diez años o tal vez esté viéndome a cada repaso como era antes. Antes. Antes no había estigmas. Antes no estaban los michelines, al fin y al cabo son de mí sólo un puñado de grasa torpemente acumulada por mi sano apetito por los gusanitos de cacahuete, como si eso fuera más importante que mis sentimientos. Y lo era. 

Al lado de las tres blancas notas musicales yo desafinaba como un bemol oxidado.

Por llevarse unos céntimos de gloria. 

No nos conocemos. Pero poco importa. Siempre nos topamos con ese cajón que debemos abrir y en el que encontramos la prueba de que un día Dios nos otorgó la dicha hasta extremos insólitos. Todos tenemos un álbum de esas dichas y también de las dificultades dentro del corazón. Ver tus vivencias como una foto mal enfocada, mientras el tiempo como un verdugo te da con un mazo en la testa. En ésta ceporra sociedad de formas y apariencias, ásperamente realista, conviene fingir una tranquilidad que no se siente, el optimismo es deber moral. Pero dan ganas de reservar un viaje rumbo a “Tomar por el culo”. Dicen que es muy exótico…

Casi todo el sufrimiento viene de una resistencia a lo inevitable. Y vivir lo es. Y amar lo es. Envejecer lo es…Y tantas otras cosas que terminan en “ir” y “ar” y en “er”. Temo estar desfasada y no darme cuenta. Pero la discrepancia no viene de la mano del miedo, sino de mi actitud anacrónica que intenta representar un porte que no es el mío. Un agradar a los otros: tropel de jueces despiadados; comité de gaiteros sedientos de sangre ajena. Juzgan mis ojos de dulce becerra, que viste pantalones de seda y se los baja hasta los tobillos ante cualquier agravio. Y con ese coeficiente que tienen tan alto, me catalogan, me encasillan, me encuadran y etiquetan: “Frágil. Manipulable. Dominable. Maleable. Dócil. Sumisa. Mansa.” Vedla: volver la otra mejilla es su marca registrada. Ella se busca el santo guantazo”. Santo y con causa. Y la causa nos libera de nuestras culpas. Nosotros, pasiegos e imponentes, dioses y diosas olmecas, dictamos su sentencia: “pardilla con aires de desamparo a la que podemos escupir sin que se inmute. Objeto a mancillar con todas nuestras mazmorras internas. 

Catapultable con mierda sin miramiento. 

Bocas, manos, palabras escritas como un rifle, apuntando despiadadamente contra mi libertad de ser quién soy sin que se me reconozca. Me citan versos de la biblia, como hace el diablo cuando busca alcanzar sus objetivos. Por llevarse unos céntimos de gloria. 

“La raíz, Claudia. Tu raíz.” La raíz echó tallos que juegan al despiste. Troncos y ramas que cambian el disfraz y los colores; prueban al pobre, pobrecito borrego que osa comerse las hojas. Sin embargo, la raíz, la verdadera y auténtica, permanece incólume, más pujante que nunca.

Gloria. Gloria. Céntimos de gloria.

Las sombras de los jueces se alargan sobre mis huesos de porcelana china. Sus obscuridades juegan a pillarme desprevenida. El sol ha dejado de perseguir sus estelas. Y en medio de todo eso queda mi absurdo empeño por parecer culpable. Porque sí. Para darles el gusto. Sündenbock, lo llaman en mi tierra. Rehúyo las coartadas: eso está muy claro. No soy yo la que se deja equivocar, son ellos, cayendo en una trampa. En su propia trampa. 

Sub umbra floreo: c.bürk

sábado, 7 de diciembre de 2013

En ocasiones veo pijos.


En ocasiones veo pijos. Si, pijos entre negritos del África. En fotografías de reportajes de solidaridad en revistas de moda y de glamour. A veces. Muchas veces… Y no sé si ustedes también los ven o debería hacérmelo mirar.
Y pienso en qué pocas pistas de la condición humana se obtienen realmente de unas simples fotografías. Aún así algunos se empeñan en dejarse captar en ciertos ambientes para así favorecer a su imagen y dar que hablar de lo generosos y lo buenos que son, cuando en realidad sus corazones son más duros que el más puro cemento Portland y los puños se abren menos que la cárcel de Alcatraz…Empero, no cesan en su empeño por parecer solidarios y fraternos.


Aquí quisiera nombrar un solo ejemplo entre los muchos que se ven, quizás digno de ser mencionado: este año leí en una revistilla del corazón que la duquesa de Alba donó veinte euros a una oenegé para mitigar el hambre. ¡Veinte Leuracos! ¡Virgen Santa! Vale, al menos lo hizo y a ése lanzamiento le anotamos un punto… (Mencionaré de paso, que la revistica estuvo a un tris de nominar a la duquesa para beata en el vaticano). Ayyys, y es que abrir el puño y hablar de solidaridad para un pijo es lo que es y llega hasta dónde llega. Dar, pero sin pasarse. Todo dentro de un orden…

Así de una larga parte a ésta parte flamante, vengo observando reportajes tipo “entrevista documentada” con sus fotografías correspondientes de pijos entre negritos en África. Se trata de ciertos famosillos del tuntún empeñados en aumentar su halo de santurrones con fines publicitarios, como lo llegan a ser ciertos futbolistas, modelos, tenistas, actrices o pijas de cuna con mamás más pijas si cabe y un largo etcétera de especímenes similares. Van haciéndose las fotos de rigor con una tribu de niños negritos del África como accesorio del instante.


Entre éstos se les ve destacar como un farol en la oscuridad. Aparecen en escena, rodeados de niñitos desnutridos; ellos megaguays con sus sonrisas esculpidas a base de carillas de porcelana, sus manicuras perfectas, el pintalabios Chanel sobre el morro siliconado y un largo sinfín de detalles contrarrestados. Es risible pensar que uno de esos pijales haga realmente una labor humanitaria viéndoles de esa guisa. Así abren sus puertas a un lavado de imagen gracias a la gestión de sus agentes. ¡Y fijaros bien en estos reportajes fotográficos de marras!: en el 100% de los casos vienen acompañados de las super frases megasuperguays, o seaaaa, filosóficas con tufo altruista del pijorro en escena:

“Mi vida ha cambiado totalmente tras ver a estos niños. Aquí cuando los chavales se te acercan con su sonrisa, o sea, puedes sentir como nada más te ha llenado tanto. Su energía y gratitud fueron infinitos. ¡Qué chachi!”

Justo tras esto, el articulista señala mediante un cuadradito el atuendo llevado a escena por el alma solidaria, para la ocasión perfecta, al parecer, en medio de los famélicos. Lo que puede leerse a modo de sugerencia baratita para el bolsillo de cualquier pijín al uso como : “Paula viste zapatos de Christian Loubotin (3400€), sueter de Dior * (ver explicación a éste asterisco al pie de página de éste escrito) (5000€) y para ésta ocasión eligió pantalón de Armani (4200€). La peinó y maquilló Gato, maquillador de Maybeline New York y lleva esmalte de uñas de la casa Dior (200€ el frasquito).”

¡Porque ahí es “na”!


Así que nada mejor que representar dicho panorama subido a esos taconazos de aguja Loubotin, cuando quizás un atuendo rollo safari digno de ser abatido por un cazador, sería lo más apropiado.

No obstante, cierta pija a la moral tontolina de Hollywood, ha llegado, en realidad a África como llega la iglesia Católica; no para salvar a nadie. Ella vino para hacerles sentir culpables de su pobreza y de su hambruna. Porque un pijo, lo que se dice un buen pijo, nunca cesa en su empeño de ser pijo y demostrarlo.

El “menos es más” les suena en verdad a Chino Mandarín pero la cosa es hablar de la humildad de los negros a los negros. ¡Al loro! O sea, la megapija del momento, con su show televisivo y mamá reconstruida al completo por caucho fino, también ha venido hace poco a las Áfricas a dejarse fotografiar, soltando sus ideas tremebundas al respecto. "Yo pensé que la crisis estaba sólo en África", soltó pestañeando rímel carísimo.Otra pija que se le parece, pero con unos añitos más soltó lo siguiente por su boquita "estirá" (ojo, estas perlas dialécticas no me las invento, fueron dichas y están "demode"): "A los ricos les afecta más la crisis que a los pobres, porque el pobre de siempre está acostumbrado"

Ella, por moderna solidaridad, decidió subastar su fondo de armario para dárselo a las monjitas. No se sabe con acierto, si lo que iba a entregar era el dinero recaudado o las prendas "usásss". Y como dijo alguien por ahí, de ser los modelazos de alta costura, en algún convento estarán a buen recaudo para cuando la otra pija de la que hablo, decida meterse a monja.



Esta otra, de la que iba contando, se abraza pegajosa con cara sonriente a los desnutridos cuerpecillos, pero cuando cesan los clicks de las cámaras fotográficas, corre a pedir un tisú húmedo para limpiarse las manos. Ya se sabe qué tantas clases de enfermedades transmiten esos tercermundistas. Acabada la hazaña, le faltó tiempo de salir corriendo para alojarse en el Rizz (sí, si, también está en África, rodeado de lujo, como todo oasis que se precie). Una lucha encarnizada por alcanzar el puesto Número uno de pijos solidarios. Mejor y más vistosa que cualquier frikez al uso, tira del comodín que nunca falla. “He cambiado. Me he convertido. Quizás me meta a monja. En mi bolso llevo un espray con agua bendita.” ¡Cacho cabrona! ¿Pretendes acaso quitarte los pecados de la suntuosidad a golpe de flis? O sea, mejor llevarías el espray de pimienta, (vale, no sirve para exorcizar) pero por si te van a dar el palo con ese peluco en la muñeca…

A todo eso ella dice a golpe de pestañas enmarcadas con rímel de la casa Chanel:

“Aquí he aprendido que los verdaderos valores no son la apariencia ni lo que poseemos, sino lo que compartimos. Me lo enseñaron éstas tribus que aún no teniendo nada, reparten lo poco que tienen y son muuy felices. O sea.” La frasecita aparece a modo pie de página dónde la pija muestra cómo quién no quiere la cosa un moreno casi tan negro como esos negros, con la camisa “remangá” deja relucir el Rolex Oster Perpetual (o cómo demonios se diga o escriba) mencionado, como si de un accesorio de los chinos se tratara.

Apelando así al aforismo “eres lo que aparentas” tal vez cuele para algunos ignorantes, pero a mí no me la da. ¡Ay, qué momentos más duros ha venido a pasar a África! Así lo hace constatar en la entrevista, dónde como quién no lo pretende, hay otra foto con dos nenitas negritas y desdentadas cuyas ropitas de harapos rojos armonizan casualmente con el pintalabios Dior de la adinerada con halo de santa, que ahora se confiesa católica devota. ¡Ay, con su mamá tan lejos y sin cobertura, osssssea…!

“Que cualquier sociedad cambie depende de nuestra generosidad, de nuestra capacidad de renuncia” remata −cuál patadón en los cojones de todo bicho pensante− para finalizar la muy lagarta con los dedos temblándole de la ansiedad, seguramente por no poder quemar la tarjeta de crédito en medio de la nada africana. Algún pajarillo me ha dicho que ella subvencionó a la oenegé “Rosarios para la vida” todos esos rosarios que, en un arrebato de brillantez de ideas, se enviaron a Filipinas. Quizás para que las víctimas del tifón se hagan sopitas con ellos, recen por el hijo de Ortega Cano o se ahorquen directamente.

La realidad paralela de ésta pájara se desmontó en los primeros minutos tras volver a Miami, dónde un encuentro, cara a cara con Karl Lagerfeld, le hizo olvidar cualquier propósito de austeridad y se tiró de cabeza a comprarse modelitos de alta costura como si no hubiera un mañana. Y es que, tras tanto esfuerzo, tantísimo sacrificio, ¡por Dior!, (la susodicha tras un giro de manos en lo alto puso cara de sobreesfuerzo propia de una levantadora de peso checa). ¡Ya!, es que “una se merece un capricho en compensación”...

Si, en ocasiones veo pijos entre africanos. No sé…

¿Es grave, doctor?

*El corrector, que es listísimo me quiso cambiar la palabra “Dior” por “Dios”…

Sub umbra floreo: c.bürk

domingo, 1 de diciembre de 2013

Prólogo del nuevo libro de relatos "Detrás de la mirilla"



Portada diseñada y realizada por Ricardo Muñoz

Prólogo para mi nuevo libro de relatos "A través de la mirilla"
«Escribir la vida íntima del mundo y de los otros, es también buscar ese lenguaje de la intimidad de los otros –mucho mejor alejado de una misma esa trascendencia escondida en diálogos oídos en la tienda de la esquina, o en conversaciones con la gente corriente de cualquier lugar.                                                                                                                             
Una es una presente de la picaresca en el mundo.                                                      
Una asiste como simple espectadora a los aspectos más desagradables de la realidad: a todo lo hipócrita. Paralelamente, emparejada con el análisis de las pasiones que hacen del vivir la existencia. Y por fortuna también cómo subversiva observadora de todo lo noble, de lo precioso o de lo más prosaico.                                                                                      
Anegada a conciencia en esa naturalidad cotidiana a la que a menudo hacemos el vacío, por vulgar, trato de descubrir en mis relatos algunos de los aspectos más corrientes del mundo. También entrañándome en algunas de esas cosas a las que nunca idealizaríamos. Tal vez porque creo que la claridad es la respuesta más sincera para las culpas y las vergüenzas                      
Nacen así las vicisitudes del argumento de cada relato; a menudo arraigados con su esencialidad en los detalles menudos. Me gusta así contar historias en virtud de lo inconfeso, dar aliciente moral a los dilemas humanos más crudos y narrar aunque sea con desgarro lo que es a menudo visto como vergonzoso.                                                                                             
Lo aquí relatado redime del vivir sin culpa, sin juicios, desde ídolos de barro. De estas páginas, de todo cuanto escribo y escribiré emerge por tanto una mujer aplicada a una sola tarea: guardar la memoria de ciertas vivencias humanas generales. Tal y cómo lo haría una invisible convidada a la escena de un crimen: describiéndolo sin modificar un ápice del mismo. Con mirada imparcial: buscando hacer sin concesiones a la impresión personal, a cara descubierta y en estado puro de las cosas. Lo que está por decir es infinito. Me duele el silencio de este mundo que en su dicotomía, con todas sus excrecencias trascendentales claridad/oscuridadcontinúe dirimiéndose rumbo a los malentendidos, a la desavenencia de sus habitantes.                                              
Así me hice escritora porque siempre he pensado que entender a los libros era la mejor manera de hacerlo con el mundo, de modo que cuando apartemos la vista de las hojas, lo real se torne materia interpretable. Que todo texto sea incluso más claro que lo sucedido. Ya que, justo en eso, reside el tremendo poder de la literatura: que la realidad siga, por fin, a la expresión».

Sub umbra floreo: C. Bürk

                                                   
                                      Dibujo ideado por Claudia Bürk y realizado por Ricardo Muñoz

domingo, 24 de noviembre de 2013

Die wirkliche Welt ist so fern wie ein Zitat

Die wirkliche Welt ist so fern wie ein Zitat. Aber es ist eine laute Welt, auch eine stille Welt in der Gespräche stattfinden oder Ereignisse su denen nur eine oder zwei Seelen Zugang haben.  Weil sonst wohmöglich alles gleich im Lebensnebel untergeght. ..Deshalb sind Schriftsteller so notwendig. Sie sind diejehnige die den Griff nach der sprechenden Kleinigkeit wagen. Autoren sind Meisterdetektive die ohne Ehrgeiz an allen Tatorten und Orten der Welt ihre Nase haben um darüber su schreiben was heimlich passiert, um den Dingen ihre Seele zu beschreiben. Sie ordnen die Welt, aber lassen alles Geschehene, alle Dinge unberührt. Es geht ihnen, wie gesagt, nur um diese Seele aller Sachen. Ein Schriftsteller muss mit eleganten Vorstössen ins Herz del Dunkelheit der Ereignisse eindringen, dort mit Geistesblizen alles in Worte fassen. Jedes Wort zählt. Jeder Satz ist ein klares Bild, mit vielen Nebensächlichkeiten die eigentlich alles wichtig machen, da sie das Geschilderte wesendlich ändern können. Ein „writer“ ist derjehnige der für andere träumt. Er hat Antennen für alle Dinge die unabsichtlich vorrübergehen.

Sub umbra floreo: C.Bürk

sábado, 16 de noviembre de 2013

Esclavos de nuestras emociones



Somos el producto de nuestras emociones. Por ente, nuestra realidad lo es. Los publicistas lo saben bien: en qué modo nos empuja una determinada melodía frenética al consumo con idéntica “música” en el alma. Cómo, por ejemplo, el color naranja hace que se grabe en nuestro subconsciente el agradable murmullo de unos neumáticos, la grava y la lluvia caída. Al reproducirnos las condiciones para que una determinada emoción surja, pretenden despertarnos los deseos por tal o cual producto. Y funciona. No es raro que entonces, como robots inducidos, sin quererlo reconocer, acabemos comprando ese coche con el que nos han hecho recordar la seguridad que Papá nos daba en nuestra infancia o cuyo anuncio nos hizo sentir independientes y hasta poderosos. 

Nuestros deseos, las frustraciones, los recuerdos, lo que imaginamos se halla a la deriva y condiciona todas nuestras palabras así como cualquier decisión o acción que emprendamos.  Podemos ser inteligentes como látigos; aun así no escaparemos de lo que sentimos.La realidad que estamos viviendo –exceptuando las intermitencias breves en las que estamos viviendo sin estar condicionados− es la suma de nuestros anhelos no logrados, de recuerdos e impulsos, en realidad, bastante primarios.

Y esa realidad que todos creemos conocer, en éste plano que ocupamos, es un motor cuyo ruido es la suma de cerebros, que entre todo y todos se engaña. Cosa que ocurre todo el tiempo. Toujours. 

Basta con pararse y observarse a uno mismo al obrar u hablar: ¿Por qué razón real hemos dicho o hecho aquello o aquello otro? Nosotros mismos nos sorprenderemos ante nuestras razones. Pues todo o casi todo –de analizarse- parte de una emoción narcisista. Así rechazamos a aquel o a aquella porque nos hace recordar nuestra propia pequeñez, porque ante esa persona nos afloran los complejos. La rechazamos por envidia o celos. Emociones y más emociones toman nuestras decisiones, en realidad. Así haremos eso, o aquello otro por ver aumentar nuestro estatus, por el “qué dirán” o “qué pensarán”, por la esclavitud de la apariencia. Por parecer más cultos, más guapos y altos, por ser mejor que los otros y por comparación. Y así seguir enganchados a una larguísima cadena de pequeñas vanidades y emociones negras que nos toman la delantera. Vanas apariencias que nos ocultan con las máscaras que vamos comprando a lo largo de nuestras vidas a cambio de nuestra real y libre identidad. Una pena.

Pues tan sólo una pequeña minoría es capaz, muy de tanto en tanto (lo llaman inteligencia emocional; lo sabemos) de obrar libre de la esclavitud de los deseos y caprichos del ego. De sobreponerse con cabeza a los instintos y hacer y decir lo que realmente les conviene por su beneficio y el del mundo y de los otros.

Sub umbra floreo: C. Bürk.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Tres almas y un billón.


Pronto ya no sabremos hasta dónde la avidez recaudatoria es capaz de llegar: he aquí las manos vacías de éste mendigo a la espera de cualquier moneda, que por pequeña que sea, le saque de su miseria por unos míseros instantes de mordiscos contra algo comestible. He aquí un alma que simboliza una vergüenza que esconder. He aquí unos ojos que jamás vieron mil euros juntos en su vida. Los mismos mil euros que se le reclaman por pedir en las calles para subsistir en este mundo en que los grandes saqueadores le han dejado desamparado. Mil euros que ni tiene ni tendrá jamás. Pedirle peras al olmo. O sencillamente peras a un peral raquítico al que le han retirado el agua sin piedad. Los alcaldes no tienen corazón. Encajan bien en el conjunto gubernamental inclemente. Persiguen a los pobres con multas, solo por eso, por ser pobres. Estrujan lo inestrujable; matando más que mata el tabaco o el cáncer.        
Crecen los mastodónticos casinos, mientras mueren los pobres y se multipliquen los viciosos, los zalameros y puteros.
A esta alma que vemos aquí, en apuros, se le pretende multar al igual que millones de pobres más, que extienden sus manos en las calles por no tener más remedio, porque unas cuantas sanguijuelas de las altas esferas les han condenado a su atroz situación. Un negocio redondo, el de los políticos: el de forzar al indefenso a infringir reglas impuestas con fines recaudatorios. Entre eso y ver cada día a más almas expulsadas de la sociedad empujadas a la miseria, desahuciados y sin trabajo, uno empieza a sospechar que a lo que aspiran los gobiernos es a despojar al mundo de los de abajo. Quizás con el objetivo de que sólo queden vivos sus pijos votantes, a los que se sumen un puñado de indiferentes y otro de ignaros. El espíritu totalitario se huele en el aire, apesta, nos roba el aire, nos pone la soga al cuello. Riámonos de Hitler, de Franco o de Stalin. Los sablistas de ahora no son menos crueles, menos dictadores, con la única diferencia de que, por ahora, aun no les ha dado por gasearnos ni fusilarnos, esto es, que recurren a la estrategia de cocer a la rana en el agua, calentándola poco a poco, para que no salte. Todo cae bajo la sombra de lo ambiguo, al ritmo que corren los sobres del soborno, muriendo este invierno a la par, miles de almas como este pobre hombre en las calles heladas.
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Esta niña se cubre el rostro. Siente en si las vergüenzas de los otros y las hace suyas. Podría llamarse Keira, podían haber abusado de ella. Un familiar quizás. Lo que agrava el asunto. Keira, es demasiado joven para haber vivido tanto y comprenderlo. Keira se siente sucia. Siente que ya no puede confiar en los más cercanos. Se siente responsable de lo ocurrido. Nadie advierte su cicatriz ni la sombra en sus ojos al mirarla. No hay ayuda para Keira, ni amigos ni psiquiatras. Keira acaba ubicada en un burdel de Bangladesh. 

A millones de Keiras les obligan a diario a prostituirse no habiendo alcanzado ni los catorce años. Las fuerzan a tomar esteroides (lo mismo que le dan al ganado para engordarlo), para que así resulten más saludables pese al hambre para los clientes hambrientos de otra clase de carne. Cuando sus cuerpos destrozados dejan de generar ganancias, mueren desatendidas mientras sus huesos al fin descansan de la dignidad que la vida les negó. En miles de ciudades se hallan Keiras niñas y adolescentes que se ven obligadas a mantener relaciones sexuales con multitud de puercos (me cuesta llamarlos “hombres” aunque los “puercos” son más hombres…) por jornada. Son vendidas por sus familias. 

Otras muchas Keiras las tenemos muy a menudo muy cerca de nosotros. Son Asuntas. Acaban asesinadas por quienes se supone, les protegen. Son niñas violadas por sus profesores, por sus tíos, por quién menos se espera. Son privadas de su derecho de ser almas en un cuerpo frágil y todavía pequeño. Son Malalas a las que persiguen por querer ejercer el derecho a la educación. Malala Yousafzai, empero, devuelve la esperanza a muchas otras niñas con su lucha diaria de ejercer su derecho de estudiar. Una niña mucho más adulta que los ítem. Miles de niñas ponen en peligro sus vidas a diario por ejercer sus derechos. Miles de mujeres y niñas sufren violencia doméstica y extrema, acaban con un tiro en la cabeza, pero sin sobrevivir como fue la suerte de Malala. Trabajan en condiciones de servidumbre y explotación. Malala es ahora ejemplo de valentía. Una niña con una bala en la cabeza que ya no teme levantar la voz…¿Qué pasa, sin embargo, con aquellas almas que ni tan siquiera pudieron ni pueden defenderse? 

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Demasiado a menudo, el hombre me recuerda al animal que es. Pensando que, quizás, los animales reúnan más rasgos humanos que muchos de los hombres. Cada día el hombre mata billones de almas encarnadas en cuerpos de animales, bien sea para que les sirvan de alimento o como diversión. Encierra a estas almas en jaulas apretadas, les hace sostenerse en ellas sobre patas sangrantes. Los exhibe bajo latigazos en espectáculos. Comercia con ellos, seleccionando a tales almas por razas, color, tamaño y demás características puramente físicas. Obligados así a un lento crepitar en la sombra de lo no advertido, por cotidiano.
Son almas explotadas, vistos como cosas y no como seres igualitarios. Como estoy diciendo: almas en un cuerpo, en el cual al igual que nosotros, han venido a interpretar esta realidad a su manera. El hombre actúa como jaurías. Apalea, tortura y mata por diversión porque se ha creído su papel de ser superior al resto de seres. Porque está convencido de ser la especie dominante. Cree que los otros seres existen como provisión. Pero todas las almas deberíamos ser espejo de las otras almas, indistintamente de qué envoltorio ocupen. La virtud de la empatía no debería limitarnos sólo a los de nuestra especie. A los animales se les ha sobreentendido, sin entenderlos nunca. Pocos hechos, suman tantos como los asesinatos diarios de estos seres; el holocausto de la industria cárnica. El desangramiento en vivo de las vacas, reses y cerdos para que la carne se ablande a causa de las hormonas segregadas por el miedo y el terror. 

Aprobamos leyes para la protección animal. Y si bien ahora es delito matar a nuestro perro de una patada –para el caso de que eso sea probado; pues que yo sepa aun no existen criminólogos que investiguen el asesinato de animales –no lo es para aquellos que dejan crepitar a los pollos en medio de otros mil, apretujados sobre diez metros cuadrados. Ni lo es para los que llevan esos pollos recién salidos de la eclosión a los mercadillos en cajas, para luego acabar a capricho en manos de una torpe criatura que lo aplastará sin querer, entiéndase, como cualquier juguete al uso. Por no hablar de los cerdos, que a menudo se comen los unos a los otros por aburrimiento, recluidos a oscuras cárceles en las que maceran entre sus propias heces y los cadáveres de sus compañeros a la espera del tiro de gracia. Si bien a unos los acariciamos, a los otros les tenemos puesto el sambenito de la hamburguesa o de chorizo que acabará siendo. Bon apetit!

Sub umbra floreo: C. Bürk

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Gracias. Eskerrik asko. Merci. Thank you. Dankeschön. Obrigado. Spassiva. Shukram. Arikato. Kitos.A tod@s aquellos que hacen de su vida una lucha perenne para amortiguar las vidas de estas almas afectadas en el mundo. A ellos mi agradecimiento con éste escrito.

Claudia Bürk