miércoles, 29 de febrero de 2012

A X, en la noche. (Furtivamente adorado Àngel)



A X, en la noche. (Furtivamente adorado Àngel):


De llegar a ti mis cartas, (cosa que dudo; yo no dispongo de medios; (más de lo que invento mediante una sencilla ecuación de lógicas) te preguntarás porqué me tomo la molestia de escribirte con estas palabras, metáfora en su mayoría. Buscarás los motivos de mí actitud al redactarte así. Se lo preguntarás a tu lógica y ésta no sabrá contestarte. Y es cierto: no hay motivo alguno por el cual dedicar a ti mis líneas (¿acaso divisorias, frontera entre tu reino y el mío?), mí tiempo, mis temblores y con ello ponerme en sumo peligro.. Todo es tan sólo obra de la emoción. Fina y cristalina, sin expectativa; (¡con el corazón en blanco estoy!), sin otro interés que la posibilidad de mirarte de frente a través de los vocablos. No sin tristeza, resumo entre éstas líneas minutos de congoja; de saber y aceptar el requerimiento del tiempo por permanecer anónima para el amor, ¡para MI amor!

Acepto y aguardo sin reproches ni exigencias, la NADA a cambio…pues también sé, que tal no es el camino dictado por la sabiduría.


Quizás sea éste mí único recurso de proponer un encuentro: escribiéndote y esperando una contestación tuya de ninguna parte. Y crear así una tierra de nadie, que a ninguno pertenece; puerto neutral dónde anclar mí fantasía.

Si yo fuera otra y tú otro, pienso; yo te miraría a los ojos de la única forma que quisiera mirarte, que en mucho llamas la atención de mí ser más profundo; sin embargo la realidad es un plomo, dónde no puede ser prenda mi corazón de tan preciada imagen: pues no dejas de ser ilusión sin sustento, y no me corresponde en esa realidad de mercurio inventar figuraciones donde no hay ni habrá jamás seña segura de recíproco interés, el cual por nada del mundo me es dado averiguar, por prudencia y respeto por ti y para mí. Así va la sensatez marcando el segundero.

Empero, mí alma recibe sus impresiones del entorno, pero es, sobre todo, el dialecto interno quien me dicta la sentencia respecto de lo que ha de ser juzgado en prudencia o en fantasía. Y es bien cierto que arduo, y en mayoría infructífero, desear a capricho controlar los fenómenos de la realidad y aun aquellos que atañen al artificio del ser humano. No es dado a una mortal simple e ignorante, como yo, augurar las certezas, y no debiera, pues, ser de mi tormento el acontecimiento ni su resultado; apenas me es dado, con mucho esfuerzo de concentración, vivir en plenitud la experiencia del instante, guardar las energías de luminosidad blanca para atravesar la noche oscura de todas mis tristezas…
Sucumbo a la pena de lo que la intimidad no nombra, de lo que el secreto guarda para evitar el riesgo o la amenaza. Y es que tras el viento de cualquier tragedia no queda más remedio que silenciar el corazón, ocultar la verdadera identidad, con tal de no desvelar la herida, la inteligencia, la veraz manera de pensar, para nunca más volver a ser lesionada a causa de haber pensado.

Prisionera de la desgracia de mi suerte, me convertí en la vigía de mi soledad y de mi decadencia. Prisionera al mismo tiempo de los frutos de mi observación, de ver a los demás ante la autodefensa hacía su reconocimiento, esa forma que tienen todos de no dar importancia a lo que todos vamos sabiendo que la tiene, esa propensión a que el olvido y el disimulo de uno mismo sea la mejor manera de no ser conscientes de lo que verdaderamente nos pasa.


Sin salida seremos parte del montón, robots manejados por un mundo hóstil, con nuestra conciencia cerrada a la humanidad, nuestra más férrea enemiga. Nuestra mente será para todos inpenetrable como una roca y para nosotros la cadena perpetua.

Con las consecuencias del orgullo, maligna soledad habremos conseguido. ¿Habremos entonces llegado lejos en un mundo incierto? Los años habrán pasado sin amortiguar en nosostros esta sensación amenazadora, la cual es tolerable sólo para aquellos que tienen la virtud de soñar y escaparse del veneno mortal que es la vida.

La sensibilidad que del adverso mundo nos volcaría hacia el mundo de los sueños, nos fortalecería al alejarse el acoso de la melancolía de nuestro horizonte vespertino…¿Pero quienes se enbarcan en semejante aventura, querido Àngel?

Nadie arriesga. Y los pocos que apostamos por el ensueño, nos vemos obligados a hacerlo en secreto y a escondidas, porque el temor a las mudanzas de la vida es demasiado poderoso.


Por ello, amado X, al hacerte llegar estas letras, me siento como si me apartara de todo. Son el atrevimiento de mi alma: a espaldas incluso de los árboles y de las nubes. Es subirme a un escenario, cuando todos los espectadores se han ido, mientras paso al otro lado del telón. Y estás ahí, Àngel (mío), dueño de una vida oculta, -la mía al soñar - con los ojos cerrados, silencioso, observando mi secreto del que nadie sabe nada, solamente tú.

Entonces te hago hermanar con mi alma y con mi destino también, a través de las palabras. Mientras al leerme sientas ya no pertenecer enteramente al orden de lo real sino al de la imaginación, moviéndote entre conjeturas, preguntándote porqué esa que crees que te escribe, no parece la que es en tu realidad, entre estos párrafos.

Ésa que se halla en el filo de caer hacía donde no se puede volver; ésa que te quiere como jamás se ha querido en este mundo, se inclina ante ti con el corazón a tus pies:
C.

Dos cartas seguidas a X: Àngel, Àngel, ...¡Àngel!





Dos cartas seguidas a X: Àngel, Àngel, ...¡Àngel!


Mi razón por escribirle en la clandestinidad es abandonar la crisálida que me oprime y que me roba el brillo lunar día a día, al tener que ceñirme entre las apariencias que debo mostrar al mundo y también a ti de tanto en tanto.

Si no fuera por quién debo ser, sería la que soy entre estas cartas: paloma cruzando tu ventana que aleteando te aliviaría las fatigas. Sería jinete que te guiaría sin extraviarse a través de todo laberinto. Armada reina, defensora de tu inocencia y de tu frente. Pudiera ser tu ejército en contra de las calamidades, de tus dolores y tristezas y en un solo segundo transformarme en el oasis dónde tus desvelos encuentren el alivio. Te amaría como en el mundo no se ha amado. Sería tu fiel compañera en la adversidad y en la rutina, cómplice imperiosa en las fronteras, regalándote mi voz, mi alma, mi vida….


Quisiera que sintieras cuánto te admiro y cuánto es mi respeto por la fuerza y la decisión con las que vives. Te lo mencionaré en cada una de mis cartas, pero sé bien que la palabra no basta si no halla eco en la sustancia del acto. Empero, comprendo que jamás podré hablarte de esto a la luz del sol; jamás ni una sola palabra. Condenada estoy ante tus ojos a permanecer en la cúpula crisálida de mi mutismo encantador e impuesto por el protocolo.

Rezo así en soledad, pegada a mí la imposibilidad; frente común para las manos en plegaria por quien apenas voy a ser, frente común en visión por mí mucho amor en ofrenda. Prístina luz seré, a penas expuesta ante tus ojos…


Privilegiada por saberte cerca de tanto en tanto, beso tus atavíos (de ser quien eres, de tu fortaleza y la pasión que entraña tu voz) mientras tu esencia me roza y tú te paseas a mi lado, haciendo que mi espíritu y ánima vuelvan en si, a la mayor de las intensidades. A penas un soplo soy en tu presencia de quién debo ser: la que sabrás ver si mantiene sus sentidos despiertos, si tu mirada vuelve a rozar la mía tan pronto como resulte posible….

La “otra” que soy yo, la que ves, es aquella que baja los ojos, la que abre al compás de la renuncia los ojos. La que ahora quiere vivir lo más tranquila posible, aprovechándose de estar viva sin ser vista. Esa, sin embargo, sabe que lo único que tiene asegurado es la muerte. Es la que cada noche, a punto de dormirse, te siente como un puñetazo en el corazón: la reclamas desde alguna parte y entonces ella corre a escribirte, para poder llegar a la vida.

Yo, que también soy esa, a pesar de ese otro nombre que me pusieron, paradójicamente soy de lágrima fácil, aúnque procuro ocultarlo. No es lo que está ante mis ojos lo que me hace llorar, sino lo imaginado, lo que en realidad no me ataña. Y en esta inferioridad de condiciones, aspiro vagamente a la felicidad.



A tontas y a locas, cuando te pienso, Àngel (mío), entonces soy feliz. Entonces…habito en el país de las maravillas: llena de vida, repleta de dicha, todo me llena y nada me falta. Pero una voz, que lo ordena todo en mí, me insinúa: “Si aspiras a vivir de verdad, deja que mueran las palabras. En ti ellas sustituyen al calor, al mundo, a las vivencias.”


Claudia muere de hambre, porque solo ve naturalezas muertas muy bien dibujadas, pero nadie le ofrece de comer: un bocado no es de veras un banquete. Saber la composición del agua no le va a quitar su sed; deshojar la rosa y comprobar la inserción de los pétalos y del polen no le explica su sencilla majestad perfumada.

Claudia se adentra en la vida, como si se adentrara en el amor, se esfuerza con suavidad para comprender….El peligro de la palabra, X, es muy grande. Claudia las recoge todas para ti. Ellas son su única fortuna. Claudia se deja hipnotizar e embaucar por ellas, las interpone entre la vida y ella misma, hasta que la deslumbran y la ciegan ante la realidad.



Sin embargo, - que grande es su contradicción-, que sabe, bien lo sabe- que la música no es partitura. Las olas no son el mar. Que las cosas no están ahí para que ella las traduzca.



El amor hacía ti, X, me quita la palabra y los velos, me arranca la ropa y corro a esconderme avergonzada...


Claudia comprendió que cuando el amor (hacía tu persona) se instaló en su corazón, no hubo ya cambio alguno que pudiera apaciguarla. Cuando estás ausente te añora, si estás presente, ella arde en la hoguera del mismo amor.

Si es de noche, ella monta guardia al lado de tu lecho mediante la imaginación; si es de día, persigue la noche. Cuando ella, que soy yo, te sentimos cerca, nos sentimos torpes,lo somos entonces realmente, temorosas de desperdiciar un solo segundo sin mirarte, con el terrible presagio en el alma, que ese tiempo no va a durar mucho.


Como alguien que cree huir de su destino, cumplo el que es mi destino verdadero: amándote como jamás se ha amado en este mundo.

Con absoluto respeto y estima,

bajo tus pies,tu semblante y decisión, en la sima del volcán, te adora:
C.

Siempre a ti



Siempre a ti

Mientras te hallé,
el tiempo se detuvo a medio instante;
todo el tiempo del mundo demorado en tus ojos,
y el amor me llamó y no pude desobedecer…
Tu voz ordenó mis latidos,
se alzaron mis emociones al vuelo imperecedero,
mandaron tus ojos,
el mirar de los míos.
Y yo pronuncié la eternidad de la palabra “amor”.


En el nirvana de tu mirada
me pierdo sin estar perdida,
hallo el instante sin fin,
el tiempo para soñarte sin media.
Al universo de tus ojos,
sucumbo con miles de sentidos,
hacía la paz de tu alma,
se tuerce la mía.


En ti el sabor a vida y a sueños,
todo cuanto anhelo.
Hueles a ternura y a paraíso,
a sosiego y a amor..
Mis palabras se estremecen
al contacto de tu semblante.
Mis letras se inclinan
hasta rimar con tu existencia,
tallando al amor como una gema preciosa.

Sin remedio alguno te amo desde siempre…..

Sub umbra floreo: C. Bürk

lunes, 27 de febrero de 2012

La cara oculta de la Lolita de Nabokov


Mi protesta contra el abuso infantil. Escrito en enlace siguiente:
http://claudiaburkfalcon.blogspot.com/2010/10/de-eso-no-se-habla.html



Mi protesta contra el abuso infantil. Extracto de mi escrito “De eso No se Habla”.


1.Un retazo de luna brilla en el firmamento como una hoja de acero. No, no es la luna. Es la hoja de un cuchillo. No hay luna. Ninguna noche. Yo quiero verla. Pero ella no está. No está para mí. Estoy asustada de lo que soy. Toda presencia es vaga e irreal. Cada vez que él viene mis manos se tensan, se vuelven inconmesurablemente duras y fuertes como garras, como hojas de acero. Y cada vez que él viene, la luna se escapa. No quiere mirar. Vendrá ésta vez y otra vez y otra. Lo hace. Y es morir. Y es morirme. Pero la muerte me olvida al momento de morir. El viene desde todas partes, por todas partes. Me roba la carne, me encarcela.

Se mete en mi cuerpo, en el pensamiento. Viene y se queda a ocupar el territorio del adorable cuerpo de la niña. Es el cuerpo de los poco fuertes. El de los menos fuertes.
Porque el mal viene desde él, está en mí, a las puertas de mi cuerpo, - la entrada del infierno-,contra mi piel de niña moribunda. No existen las palabras. El silencio expresa mi vergüenza y su orgullo. Una vergüenza es la que me une a todos los principios, comienzos de muerte, por tener que vivir la vida cuando ya no estoy en mí. Lo que queda es petreo, pertrificada respiro en el interior de una espesura sin acceso alguno para nadie.

Cuando se me ve, no se puede mirar. La mirada está proscrita. Nadie debe mirarme. Desde el momento que se me ve, no se debe mirar. Sus besos sobre el cuerpo me hacen llorar, pero nunca lloro. El ruido de una persiana golpea el silencio, próximo, tan cercano que quiero dormir en el sonido, para marcharme. Pero él toma mi cuerpo en ese ruido. Los golpes de la celosía son dolores. Otra vez lo hace. Y otra. Lo hace en la untuosidad de mi sangre, hasta que muera todo mi cuerpo. Cierro los ojos y pienso: lo tengo por costumbre. Costumbre. Lo que es costumbre ya no puede doler. Yo tengo nueve años. Y he aprendido que todos los días comienzan con las puestas de sol. No hay mañanas. Es mentira. No hay día ni luz. Mueren rotos, como mis años. Él está sobre mi cuerpo. Él pesa. Y yo muero. Y al morir, los olores del caramelo me llegan a la nariz. Y llegan los algodones dulces, las almendras garrapiñadas.Los caramelos son amargos. Las risas de otros niños, me llegan, y huelen a palomitas de maiz. Él me dice que quiere hacerlo. Yo no digo nada. Él lo hace. Y le dice que sólo ella, ella, ella. Ella también está sola. Pero no dice con qué. Yo ya no oigo. Ni oigo la risa ni la risa a mí. Tengo nueve años. Y el rostro destruido. Llevo largas trenzas delante de mi cuerpo. Mañana me las cortaré. Todo en un solo gesto: el cabello, el asco, la vergüenza de ser quien soy.

2.El abismo esta a un paso de mis pies. Las ventanas siguen abiertas sobre los precipicios. El abismo, me llama, se encuentra virgen para mis sentidos, que son heridas todos. Me emborracha el vértigo, me mareo, siento la llamada. Debo decidirme de una buena vez por todas, a lanzarme para planear por esos tibios aires, con estas alas que él ve como brazos, con estas plumas que él ve como ropas, con ese halo que él ve cuerpo; se me ocurre de pronto que lo mejor que puedo hacer en este momento, es abrir de una vez mis ojos para escapar de este extraño sueño. Y al hacerlo, ya no se encuentra frente a mí ese monstruoso precipicio: ha mutado; es un lecho. Me acoje con manos de seda.

Estoy cayendo mansamente en el vacío. Ya nada duele. El golpe tampoco duele.

3.(Dadme sangre y papel, os aseguro que tras unos bocetos de sombras chinescas, os demostraré que hay crueldades que dejan marca incluso en lo más profundo de un suspiro… Aun cuando este es inocente y no sabe lo que es la malicia.)

Es tu nombre,(mi) Ángel


Es tu nombre,(mi) Ángel

(Todas las cartas a X fueron tuyas y serán para ti)

Esperado Ángel,

Ayer te miré, pero ha sido hoy cuando te he visto. Tal y como eres. Y todos los nombres que te puse en el pasado, de pronto solo tienen el tuyo. Amar es el antónimo a ser ciego. Cupido no lleva vendas. Me detuve a sondear tus pupilas, deleitándome, mientras tú insospechadamente hablabas de cosas más importantes. Llevabas mundos en los ojos. En ellos vi el comienzo de todas mis primaveras. Mis razonamientos, irracionales tantas veces, no acompasados con el mundo de hoy, se infiltran entre tus ojos imposibles. El amor no consiste en pedir, solo en ofrecer, de ahí que el amor sea acaso una vía de conocimiento superior a la razón.Una persona sin sueños está muerta, muerta en vida, pero siempre podrá resucitar, tener esperanzas en los propios ensueños, modificar la realidad imaginando. Yo elegí soñarte y así elegí la vida.

He dedidido que me llena soñarte, que eso me basta, que suple cualquier necesidad, cualquier urgencia de ternura...Que lo eres todo par mi desde siempre, de ahora en adelante y para siempre.

Poco importa que no te viera en el mundo hasta hace poco.

Quiero que sepas sentir la verdad de mi existir, la verdadera esencia de mi ser, que sepas todo lo que yo daría por ti, de que entiendas que nunca te dejaré aún sin tenerte, aún sin que me des nada a cambio, ni siquiera me hacen falta tus palabras, no necesito verte, no ncesito más de ti que tu existencia. No dejaré de quererte, lo verás, verás como voy a consagrar a ti mi vida, mis necesidades, mi futuro, mis sueños y que a partir de ahora, te pertenezco aqui en el mundo y también entre estas cartas y todos los mundos posibles. Quiero regalarte mi vida. Quiero, a partir de ahora ser tuya. Jámas, y lo juro por Dios, ningún hombre volverá a besarme, a tocarme. Jamás. Quiero vivir así y morir soñándote, eso es todo. No pido más. No necesito nada de ti, nada...
Eres el más especial de entre los seres humanos, algo esencial, algo que me hace sentir vibrar cada vez más, sentir y ver todo con la verdad, aceptar la beldad de las cosas, aceptar el fulgor de mi amor por ti, aceptar el destino como venga. Me das fuerza, me lo das todo.

Amor que nunca será mío, pero yo si suyo.....amor enredado en una espiral sin final y sin pensar en tener inicio ni final, todo es algo de entender para saber, de presenciar para sentir, no hay nada que yo haga más que estar a tu lado sin estarlo en cuerpo y si en alma, de entregarte mi ser y que hagas lo que quieras de mi...o no hagas nada. Porque te esperaré en un mundo paralelo, dónde todo sueño caerá sobre mi con la ternura de miles de tus besos.

Te protegeré desde la lejanía cuando más lo necesites, veré tus logros a través de los años que ahora quedan por delante, abrazaré tu calido cuerpo que tiembla en la más pura tempestad de mis sueños, en mis sueños solamente allí, te arrullaré con mis palabras, palabras hechas promesas, promesas de cariño y de amor, amor inconcluso que, con el dolor de mi alma, puede que nunca entenderás pero del que si sabrías, de leer estas cartas.
Te amo con la sensación ferviente de mi corazón al latir por la vida...al son de la única verdad que hay para mí...Y eso es el sentimiento viviente que hay hacia ti...


Ángel (mío): tantas cartas a ti, llegan hoy en una sola.Y nunca las habrás leído. Sin embargo,escribo en la esperanza que un día lo hagas, ahora que todas las veces que te nombré, forman un solo nombre.Lo que trato de hacerte llegar con mis palabras, son más, mucho más que simples cartas: son desesperados mensajes; grtios desde mí alma que en la realidad cotidiana son sofocados por el silencio de mí apariencia impuesta por y para los demás. Quizás para ti todo esto no es más que el acto de una chalada ... Todo es un tremendo "quizás"... Hoy te hablaré un poco de mí, pues solamente tú, a través de ésta "travesura" vas a conocerme como jamás me daría a conocer a quienes me creen conocer.

Demasiado a menudo me siento como un pájaro que tiene las patas atadas con una larga cuerda..Cuando estoy entre la multidud, permanezco escondida. Mi mente entonces procura zafarse y volar a tierras lejanas..Me subo a la cima de una montaña..¡Es delicioso sentirme libre de cuanto no es auténtico e imaginar que estoy viviendo de manera sencilla y directa.
Estos días estoy silenciosa, pensativa; hay muchas cosas nuevas en mi alma. Quisiera darles forma, pero mis manos no consiguen ponerse a la altura de mí imaginación.
Durante años he vivido escondiéndome del mundo. Lo único que mí corazón sabía era amar la vida, por dura que se presentara. Durante esos años he vivido con un hambre inmenso, una enorme sed por algo que no conseguía identificar: era la voluntad de vislumbrar lo que estaba más allá de mí, más allá de la jaula que me contenía. Lo intenté de diversas maneras y ahora he hallado un camino seguro: recorrer los senderos de las palabras y llegar a ti, querido Ángel.

El alma busca el amor como el aire busca las alturas o los rios fluyen hacia el mar. Cuando la vida pesa, el único alivo es creer y confiar en el amor. Entonces, aun en las peores circunstancias, todo se vuelve más liviano y surgen melodías desde la oscuridad jamás imaginadas.
Amo a las personas más que nunca, querido querubin, aunque continúe sintiéndome sola y sabiendo que nadie va a conocerme jamás como soy, excepto tú.
A pesar de no poder ser quien soy, no he parado de amar a los demás.
Cuando notamos que nadie nos ama por aquello que verdaderamente somos, procuramos estar siempre ocupados y no damos vía libre a nuestro crecimiento interior porque intentamos controlarlo...

Ángel mío: me miras y no me ves, nunca podrás hacerlo. No te corresponde. Eso pensarías, de hacerlo. Pero no lo haces, lo pienso yo, sin desear que sea así. Menos, mucho menos me corresponde a mí enamorarme de ti. Te amo y me juego la vida; en razonamientos que, paradójicamente me ponen en peligro. Jamás lo sabrás. Y sin embargo lo evidencio en esta carta, pues no hay mejor forma de esconder un secreto que ponerlo a la vista de todo el mundo.

Dos orillas, unidas por la misma agua. Pero dos orillas, tú y yo. No conozco nada más de ti que tus ojos y tu nombre de querubín, tú de mí muy poco. Sólo ves mis cifras. Eres el imperativo de mi urgencia. ¡Tantas vidas sin ti y en esta, más lejano que una estrella! Eres el sueño incumplido de todas mis existencias. Apareces en todas ellas, intocable; el tiempo no tiene prisa en juntarnos. El tiempo no es una distancia ni una dimensión, es dueño y señor de mi alma. Te hace pasar a mi lado,nos junta en un mismo espacio y el tiempo, es quién te imposibilita a su antojo. Te he buscado en cada palabra, he escrito más de cuatrocientas cartas, creyendo conocer tu nombre. X te he llamado al no hallarte en el mundo. Y ahora que puedo pronunciar tu nombre, debo hacerlo en silencio.

Ángel (mío), ¡los sucedáneos del amor han sido demasiado numerosos en mis vidas, desangelados como la sacarina, amargos los caramelos.

Mis brazos extiendo hacía ti, en absoluta soledad y entre absurdos deshago recuerdos con recuerdos recientes (tu nombre; tus ojos), miedos con más miedos, mientras que mi esperanza por alcanzarte habría de ser más ciega que mi fe.

Recibe así cuanto pueda darte, no menos que mi corazón,

tuya por siempre sin que tú lo sepas,
C.

sábado, 25 de febrero de 2012

Pot cast de mi intervención ayer por la noche en Radio Clave7


Ya tenéis disponible el audio en pot cast con mi intervención de la madrugada de hoy con Radio Clave7 Santa Cruz de Tenerife. Os recomiendo escuchar todo el programa, no obstante mi intervención la tenéis a partir del minuto 69. Podéis avanzar fácilmente en el mismo audio.

¡Espero que lo disfrutéis!
Ir a descargar

viernes, 24 de febrero de 2012

Claudia Bürk en Clave7

Esta noche, en directo mi intervención en el programa de radio, Clave7. ¡No os lo perdáis! Aquí el cartel que anuncia el evento dónde encontraréis dos enlaces para seguir el evento totalmente en directo y online. Recordad: es a las 00:00 horas de la noche de hoy, viernes, día 24 de febrero. (En Canarias desde donde se emite, las 23:00 horas) Hablaré acerca de las señales, ante, in y post mortem que podamos recibir de nuestros seres queridos y fallecidos.
¡Os espero!

martes, 21 de febrero de 2012

domingo, 19 de febrero de 2012

Nueva novela a la vista...



Ya es cosa conocida que Claudia Bürk va más allá e inventa géneros literarios nunca propuestos, como ya demostró en sus dos libros anteriores. “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot” es, desde luego, una novela del todo inclasificable, de principio y sobre todo de fin. El estilo de Claudia cumple, sin embargo con dos requisitos: son letras bucólicas, vintages y siempre descriptivas. Pero lo que más la define es sin duda alguna que nunca queda claro hacía dónde nos va a conducir, creando de esta forma un suspense blindado a las adivinaciones. La autora no se ciñe al corsé de los géneros, ello queda latente como una silenciosa protesta, disfrutando al 100% de su libertad creativa. Sus escritos aprovechan el gusto por el misterio, pues palabras para describirlos precisamente no le faltan. Prueba a endulzar al mundo con matices retro, tiñéndolo de sentimientos. Abraza situaciones imposibles de describir. Y como declara haber hecho en este nuevo trabajo, que consumatum est, y del cual esperamos poder disfrutar muy pronto, ha roto todos sus tópicos y encasillamientos. Ofrece de pronto un trabajo más hitchcockiano, con una pizca de Poe, otra de Stephen King, pero sin aproximarse realmente a ninguno de ellos. Elementos kafkianos como en su "Metamorfosis" también juegan un papel importante en este trabajo. Esta vez encierra a muy pocos personajes en un pequeño escenario, con la tensión in crescendo a base de detalles que enredan al lector y sin que este adivine ni una sola escena venidera. Un trabajo mucho más realista que su trabajo anterior, donde el suspense y la fina ironía cómica es ahora el perfume incuestionable. 

“Las letras son mi armadura”, declara Claudia y sin duda el mejor guerrero es el que vuelve sin miedo a una nueva batalla. 

En cosa de tan solo un mes, la autora ha sido capaz de escribir compulsivamente una novela corta de matices nunca ofrecidos por ella, hasta el momento. 

“Me dejé conducir por musas que se hallan más allá del espejo”, confiesa esta vez como si fuera lo más lógico del mundo. "Con la obra "El retrato de Arthur Gordon Pym" que Charles Dickens en su día dejó inacabado, ocurrió algo muy parecido: fue un médium quien mejor la concluyó,conducido por quién tuvo la idea inicial, pero que ya no disponía de manos en este mundo para sostener la pluma, tres años después de su muerte...” Desde luego queda claro que quién vaya nadando en el río esperando ver peces, tarde o temprano nada con ellos. ¿Será lo que finalmente le ocurrió a Claudia? ¿O quizás su declaración sea una manera estudiada de omitir méritos? “Topé con un manuscrito de poco más de tres páginas de manera totalmente misteriosa y conducida. Se hallaba escondido en mi propia casa que adquirí hace ahora cosa de un año. Me ahorraré por el momento más detalles; ya habrá tiempo para explicaciones en cuando publique este trabajo. La cosa es que partiendo de eso, he creado cien páginas más. Creo que he cumplido con un encargo, dejándome guiar. Las letras parecían teclearse solas. De haber sido tan solo obra de mi mente, yo nunca habría sabido escribir una cosa así.” Claudia deja entreabierta una puerta al pasmo con sus declaraciones. Es bien sabido que no necesita de grandes estímulos para pasarse a otra vida con la imaginación. Y también es sabido que el misterio la rodea de pies a cabeza. Claudia es más de omitir que de alardear. Sabe hacerse la sueca, siendo alemana. Ella es políglota no tan solo de lenguas, sino también de sutilezas. 

Una vez más parece que quiera huir de lo impuesto, de las imposiciones comerciales a la hora de ofrecer un nuevo trabajo y también un poco de sí misma, volviéndose a hacer. Sin embargo, ha conseguido con el “boca en boca” reclutar toda una legión de lectores, y lo más osado: lectores difíciles de complacer empiezan a confesar, sin complejos, sus gustos por el género de ambientes enrarecidos, ofrecidos por Claudia. Todo ello ha logrado otro milagro: que novelas como las suyas, empiecen a contar con la aprobación de críticos exigentes, que hasta ahora, ninguneaban un género sin concretar, al que le podían acompañar ciertos estigmas. Ahora tan sólo falta que este nuevo trabajo se publique y eso −todos los sabemos− puede llevar bastante tiempo. Tendremos que tener paciencia. Valdrá la pena, sin duda alguna. 

Carlos Soriano
Webmaster de www.claudiaburkfalcon.blogspot.com

lunes, 13 de febrero de 2012

La Amante de Libros

Marian se paseaba absorta, internada en la penumbra silenciosa, entre las estanterías de su biblioteca mientras observaba como las luces y las sombras escenificaban, devolvían o engullían las formas de sus libros. Conocía aquel lugar a tientas desde la A de Anderson hasta la Z de Zafón. Había memorizado todas sus adquisiciones con las que fue rellenando poco a poco sus estantes. Rodeada por esa enmudecida sabiduría llenaba sus horas de vida, alargándolas indefinidamente. La librería de Marian constituía el verdadero organismo que le dotaba de una experiencia mágica y duradera. Los libros, en especial los que trataban de otras obras de la literatura, eran el sustento de su existencia y desde hacía tiempo empezaron a sustituir sus propias ilusiones.

Marian caminaba lenta y detenidamente por la habitación. Le producía un placer extremo ver a sus sumisos “amantes”
> perfectamente colocados en el lugar que les correspondía. Pero aún había algo más, pues también los gozaba con sus cinco sentidos y a veces, incluso, con alguno más. Se deleitaba acariciándolos, como si fuera el rostro de un hombre, pasándoles la yema de su dedo índice, cual habilidosa pianista, por los gruesos lomos, aterciopelados algunos, agrietados los otros, forrados en un cuero intemporal. Cuando cerraba sus ojos podía adivinar con exactitud ante qué libro se hallaba. No sólo podía intuirlos, ya que sus olores a otros tiempos, sus aromas a imprenta fresca o a tinta extranjera, le daban la pista necesaria y le apaciguaban el alma.

Marian a menudo se apartaba de la luz solar para adentrarse en aquella cámara acorazada que contenía sus sueños entre las encuadernaciones. Sólo alguien como ella, harta de no encontrar la verdad por ninguna parte, podía llegar a disfrutar de alguna manera con sólo con un poco de sombra y otro poco de silencio. Era una buena persona, tan noble, tan silenciosa, cerrada y amable como lo eran sus propios libros. Sus ediciones tenían el alma que no podía ver en las gentes, el espíritu de una certeza imaginaria, que entre sus acogedoras páginas, se tornaban verdades como templos.

Mientras Marian deambulaba eligió unas cuantas novedades con calculado acierto. Los volvería a releer. Comenzaría con “El Cuento
Número Trece” de Diane Setterfield. Apiló siete de ellos, todos tenían algo en común con su alma, con su búsqueda imparable de la
verdad entre las verdades: “La Sombra del Viento” y “Marina” de Ruiz Zafón, “La Novela Perdida de Lord Byron” de John Crowley, “El Significado de la Noche” de Michael Cox, y por último, “La Ladrona de Libros” de Markus Zusak. Los cogió en brazos dispuesta a engullir los cotos de sus ensoñaciones, las aleatorias vetas de su conocimiento, que como hijos caprichosos, revelaban algunos libros a sus lectores, dispuestos a tropezar con sus almas.

No se limitaba a leerlos: los devoraba con avidez como si de un gigante pastel de chocolate se tratara, con la única diferencia de
que nunca se saciaba por muchas letras que compusieran su anhelado postre de tinta, papel y palabras. Así comenzó a sumergirse en la lectura hasta llegar a otro mundo: ya no oía ni veía y su biblioteca se disipó en una niebla espesa como un fantasma. El tiempo y el recuerdo se descomponían y se desintegraban. El tiempo: tan sólo una imagen, de necio perfil, callado en el absurdo y material esquema de lo tangible, de luces y de noches; un rostro que se asoma por encima de la imaginación, pero ésta aún se eleva más, hasta verlo empequeñecido e insignificante como a un viajero desde una elevada montaña. La imaginación de Marian levantaba ahora una nube de polvo invisible, que haría toser a los relojes del mundo, así como a las mentiras, que carraspearían avergonzadas. Entre aquellas moscas conservadas en ámbar, fósiles desterrados, cadáveres incorruptos en un bálsamo de hielo, que no eran sino las letras atrapadas entre la terrible blancura de las hojas abiertas, se hallaba la verdadera magia de lo eterno, el secreto inagotable, el perenne milagro: la tinta impresa sobre el papel. Y sólo el silencio era entonces bienvenido. Marian le abrió el portal de su corazón para envolver naturalmente el ambiente de las historias que absorbía entre palabras dibujadas por la libertad, ésa que la invitaba a escoger a un nirvana a su medida. Ella flotaba entonces, a través del tiempo y del espacio, vencedora de sus tristezas y del embuste ajeno, ingrávida entre palabras impresas, en un vuelo impreciso hacia campos entusiastas, hasta las razones del corazón, sin buscar ni esperar los recónditos designios de la felicidad. Nadie podía impedir su emigración a otros mundos, la colisión magnánima de un mundo impuesto con el suyo, el buscado y del cual se creía merecedor el choque frontal de las dos orbes: la una forzosa y la otra libre era el precio total a pagar, el dote que exigía llevarse un Dios tal vez, por eludir su íntimo sino. Una duda empañada por el destino, un destino empañado en dudas: las que la debatían entre el deber y la ensoñación, entre la apariencia y lo que suponía ser la exposición de su alma: caudal incontenible de fluyente ensoñación creativa.

Leer significa ver, y ver significa leer.
Claudia Bürk

Fue "Relato de la semana" en la web narrador.es el 21-02-2008

La Verdadera Saga de Loreley

Dice una vieja saga alemana que hubo una vez una joven virgen llamada Lore, que era hija de un noble caballero cuyo castillo se elevaba sobre una peña llamada Ley, a orillas del Rhin. Un joven, guapo y apuesto caballero se había fijado en la joven Lore por aquel entonces…

Lore, siempre solidaria, siempre dispuesta a ayudar, de corazón transparente y bueno, acudía por costumbre cada mañana a orillas del Rhin a peinarse los cabellos dorados mientras los pescadores extendían sus redes para pescar. Cuando Lore cantaba, las olas del Rhin se calmaban, tan dulce, tan limpio, lánguido y melancólico era el sonido de su voz. Y al terminar sus canciones, los pescadores hallaban sus redes llenas de peces y entre ellos rumoreaban que era debido a los cánticos de Lore. Gozaba de buena acogida entre los pescadores, y la gente del pueblo ansiaba la cercanía de la criatura.

El apuesto y joven caballero ansiaba tener a Lore en sus brazos para gozar en realidad, solamente de su instinto carnal y acudió a su padre en petición de su mano. Ya estaba fijado el día del enlace, cuando el joven caballero decidió por última vez navegar por el Rhin hacia el sur. Así se lo hizo saber a Lore. Mientras Lore comenzó con los preparativos de la boda, el caballero vio a orillas del Rhin a otras jóvenes muchachas que le atraían. Y en brazos de ellas se olvidó de Lore, de su virginal belleza, de su amor verdadero y de la boda.

El caballero no en vano, tenía fama de mujeriego e infiel.

Lore esperaba paciente sobre la peña mirando hacia el Rhin, y lo hizo cada día hasta el día de la boda donde se hallaba de pie vestida de blanco, mientras el viento le sacudía el velo… Vislumbraba un barco y decía: “Padre, padre, ese debe ser mi amado”. Pero descubrió que su amado no se hallaba en el interior de ese barco.

Al llegar la tarde otro barco llegaba desde el sur y Lore que no había perdido la esperanza, de nuevo gritaba: “Padre, oh, padre, ese sí, ese debe ser mi amado”.Y su corazón latía deprisa. De nuevo descubrió que su amado no llegaba.

Al llegar la noche, Lore seguía sobre su peña con la mirada fija sobre las olas del Rhin y vio un tercer barco navegar en su dirección. Y exclamó llena de temor: “Oh padre, es él… mi amado”. Pero no era su caballero, sino sólo un pobre pescador. El dolor y la desesperación se apoderaron de Lore y se arrancó el velo y la corona de lirios blancos que habían adornado su larga y rubia cabellera y la tiró hacia las olas del Rhin, maldiciendo a su amado hasta la eternidad.

Al darse cuenta de sus palabras llenas de odio, no pudiendo soportar ese presente, ni a sí misma, se tiró desde la peña Ley hacia las profundidades del Rhin, donde murió ahogada. Su cuerpo nunca fue encontrado. Dicen, que mil rayos salieron del cielo y destruyeron el castillo del pobre padre de Lore entre llamas, rayos y truenos. Y el viejo caballero murió quemado.

Un siglo más tarde un joven muchacho, hijo único de un poderoso conde navegaba a orillas de la peña Ley, cuando escuchó una lánguida y dulce melodía que parecía atraerle irremediablemente. Desde lejos veía brillar destellos de oro sobre la peña Ley. Cuando se hubo acercado lo suficiente, pudo ver la silueta de una joven de cabellos largos y dorados, peinándoselos al sol del atardecer. Comenzó a sentir una poderosa atracción hacia la joven y mandó a los navegantes anclar el barco a orillas del Ley.

Cuando el joven quiso desde la barca poner el pie sobre una roca, éste resbaló y cayó al Rhin ahogándose. Al llegar dicha noticia al conde, padre del joven, mandó detener y matar a la joven seductora vista sentada sobre la peña. Pero al llegar el barco portador de la orden de dicha detención, una gran ola comenzó a tambalearlos y se dice que el Rhin se los engulló. Fue entonces cuando se decía que aquella chica vista era en realidad una bruja. Intentaban capturarla y todos morían ahogados.

Siglo tras siglo docenas de barcos naufragaban al hallarse cerca de la peña Ley y nadie encontraba ninguna explicación.
Se dice que unos años mas tarde un joven cuyo corazón sufría por no ser correspondido, se hallaba sobre la peña Ley para poner fin a su vida, cuando al tirase de cabeza de pronto fue elevado por una criatura mitad mujer, mitad pez, que le salvó de las profundidades, mientras cantaba: “Padre, oh, padre que le lleven tus caballos a la orilla, oh, Neptuno, que yo soy tu niña… Loreley, Loreley…”

Y desde entonces se sabe que Lore al haberse ahogado, y habiéndose convertido en sirena vengativa, ahogando a todos aquellos que se quedaban prendados de su brillo, engañosa belleza que había comenzado a usar para engañar a los superficiales como fue su amado, cual Undine, que no encontró su paz hasta salvar a un hombre que sufría por amor como ella había sufrido. A partir de entonces se convirtió en Loreley. Dicen que ya nunca más se volvió a ver a orillas del Rhin, pero alguna vez cuando está a punto de anochecer, se escucha el canto de la sirena que murió por amor.

También hay quien afirma, que Loreley al salvar a aquél joven enamorado de la muerte, se liberó de su hechizo y volvió a la vida. Dicen que desde el frió rió Rhin de Alemania, nadó hacía el cálido mar mediterráneo y que a orillas, aún estaba viviendo una joven hasta hoy en día, que se sumergía en muchas apariencias distintas, no pudiendo del todo dejar de engañar a los hombres con su brillo y astucia.

Seduciéndolos hasta hallarlos arrodillados ante ella. Y cuando le hacían finalmente promesas de matrimonio, los dejaba plantados ante el altar… Dicen que una vez al mes, cuando la luna se halla sobre el mar donde ella habita, Loreley se sumerge en el mediterráneo y entonces vuelve a ser mitad mujer, mitad pez, desprendiéndose por una noche de cualquier posible apariencia que da a conocer a sus cercanos…

Espero que os haya gustado mi historia, sólo es mi versión sobre esta leyenda que me contaba mi abuela de pequeña, Loreley… Un día “se suicidó por amor”.Ya no pudo ser la misma. Murió, pero volvió de la muerte. Volvió de las profundidades del Rhin en forma de Sirena, que lleva los hombres al naufragio. Los ciega con su brillo. Sólo ven su brillante cabellera dorada al sol, pero no ven que ya no es mujer, tiene cola de pez…Ya no es la misma.

(Sub umbra floreo)

Fué "Relato de la semana" en la web narrador.es el 20-09-2007