lunes, 31 de enero de 2011

La muerte en la mirada




Entre el revuelo de mis vivencias,
entre los latidos de mi ayer:
¡hielo capeado, sustituyendo carencias,
congelando mis ansias de querer!

Y mientras la palabra se descuida,
negras aureolas coronan mis pensamientos,
¡Es la congoja que no termina,
la que rompe la madriguera de mis sentimientos!

¡El pasado en movimiento
como arena movediza,
que en un vaivén fue carcomiendo,
a mi alma quebradiza!

El sinsentido estranguló los sentidos.
Lápidas mis manos y mis labios; el ánima in conmovido.
Decibelios de silencio ahogan mis latidos,
¡Mi vivir no es longilineo!

Sub umbra floreo: C.Bürk

La amante de libros



Marian se paseaba absorta, internada en la penumbra silenciosa, entre las estanterías de su biblioteca mientras observaba como las luces y las sombras escenificaban, devolvían o engullían las formas de sus libros. Conocía aquel lugar a tientas desde la A de Anderson hasta la Z de Zafón. Había memorizado todas sus adquisiciones con las que fue rellenando poco a poco sus estantes. Rodeada por esa enmudecida sabiduría llenaba sus horas de vida, alargándolas indefinidamente. La librería de Marian constituía el verdadero organismo que le dotaba de una experiencia mágica y duradera. Los libros, en especial los que trataban de otras obras de la literatura, eran el sustento de su existencia y desde hacía tiempo empezaron a sustituir sus propias ilusiones.

Marian caminaba lenta y detenidamente por la habitación. Le producía un placer extremo ver a sus sumisos “amantes” perfectamente colocados en el lugar que les correspondía. Pero aún había algo más, pues también los gozaba con sus cinco sentidos y a veces, incluso, con alguno más. Se deleitaba acariciándolos, como si fuera el rostro de un hombre, pasándoles la yema de su dedo índice, cual habilidosa pianista, por los gruesos lomos, aterciopelados algunos, agrietados los otros, forrados en un cuero intemporal. Cuando cerraba sus ojos podía adivinar con exactitud ante qué obra se hallaba. No sólo podía intuirlas, ya que sus olores a otros tiempos, sus aromas a imprenta fresca o a tinta extranjera, le daban la pista necesaria y le apaciguaban el alma.

Marian a menudo se apartaba de la luz solar para adentrarse en aquella cámara acorazada que contenía sus sueños entre las encuadernaciones. Sólo alguien como ella, harta de no encontrar la verdad por ninguna parte, podía llegar a disfrutar de alguna manera con sólo con un poco de sombra y otro poco de silencio.
Era una buena persona, tan noble, tan silenciosa, cerrada y amable como lo eran sus propios libros. Sus ediciones tenían el alma que no podía ver en las gentes, el espíritu de una certeza imaginaria, que entre sus acogedoras páginas, se tornaban verdades como templos.

Mientras Marian deambulaba, eligió unas cuantas novedades con calculado acierto. Los volvería a releer. Comenzaría con “El cuento número trece” de Diane Setterfield. Apiló siete de ellos, todos tenían algo en común con su alma, con su búsqueda imparable de la verdad entre las verdades: “La sombra del viento” y “Marina” de Ruiz Zafón, “La novela perdida de Lord Byron” de John Crowley, “El significado de la noche” de Michael Cox, y por último, “La ladrona de libros” de Markus Zusak. Los cogió en brazos dispuesta a engullir y explorar los cotos de sus ensoñaciones, las aleatorias vetas de su conocimiento, que como hijos caprichosos, revelaban algunos libros a sus lectores, dispuestos a tropezar con sus almas.

No se limitaba a leerlos: los devoraba con avidez como si de un gigante pastel de chocolate se tratara, con la única diferencia de que nunca se saciaba por muchas letras que compusieran su anhelado postre de tinta, papel y palabras.

Así comenzó a sumergirse en la lectura hasta llegar a otro mundo: ya no oía ni veía y su biblioteca se disipó en una niebla espesa como un fantasma. El tiempo y el recuerdo se descomponían y se desintegraban. El tiempo: tan sólo una imagen, de necio perfil, callado en el absurdo y material esquema de lo tangible, de luces y de noches; un rostro que se asoma por encima de la imaginación, pero ésta aun se eleva más, hasta verlo empequeñecido e insignificante como a un viajero desde una elevada montaña.

La imaginación de Marian levantaba ahora una nube de polvo invisible, que haría toser a los relojes del mundo, así como a las mentiras, que carraspearían avergonzadas. Entre aquellas moscas conservadas en ámbar, fósiles desterrados, cadáveres incorruptos en un bálsamo de hielo, que no eran sino las letras atrapadas entre la terrible blancura de las hojas abiertas, se hallaba la verdadera magia de lo eterno, el secreto inagotable, el perenne milagro: la tinta impresa sobre el papel.

Y sólo el silencio era entonces bienvenido. Marian le abrió el portal de su corazón para envolver naturalmente el ambiente de las historias que absorbía entre palabras dibujadas por la libertad, ésa que la invitaba a escoger a un nirvana a su medida. Ella flotaba entonces, a través del tiempo y del espacio, vencedora de sus tristezas y del embuste ajeno, ingrávida entre palabras impresas, en un vuelo impreciso hacia campos entusiastas, hasta las razones del corazón, sin buscar ni esperar los recónditos designios de la felicidad. Nadie podía impedir su emigración a otros mundos, la colisión magnánima de un mundo impuesto con el suyo, el buscado y del cual se creía merecedor el choque frontal de las dos orbes: la una forzosa y la otra libre. La primera, el precio total a pagar, el dote que exigía llevarse un Dios tal vez, por eludir su íntimo sino.
Una duda empañada por el destino, un destino empañado en dudas: las que la debatían entre el deber y la ensoñación, entre la apariencia y lo que suponía ser la exposición de su alma: caudal incontenible de fluyente ensoñación creativa.

Leer significa ver, y ver significa leer.
Sub umbra floreo: C.Bürk

viernes, 28 de enero de 2011

El reflejo de Dios



– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle? – Un amable profesional del bricolaje me sonrió tras el amplio mostrador de la tienda a la que entré.
– ¡Muy buenos días! Mire, quería saber cuántos espejos poseen ustedes en stock. Verá, necesitaría unos cien más o menos – se lo pedí muy segura de mí misma, sin dudar ni un sólo instante.
– Ahora mismo se lo miraremos, señorita. Ejem – carraspeó –. Si no es mucha indiscreción, ¿puedo saber para qué quiere tantos espejos y su finalidad? Tenemos muchas variantes y de tamaños muy distintos; de esta forma podría ayudarle mejor.
– Pues verá, los necesito para ver otros mundos – esperé expectante y con una media sonrisa en los labios la reacción del dependiente, que seguramente me tomaría por demente.

En efecto, el pobre hombre puso de inmediato cara de póquer y miró a ambos lados, como esperando ver aparecer a dos loqueros que me pusieran una camisa de fuerza. Le sonreí abiertamente y el hombre quedó en silencio, estupefacto, esperando mi explicación, no apartando sus ojos de una línea visual que debió de haber trazado a un centímetro por debajo de los míos, a saber por qué causa.

 – Es muy sencillo, puede venderme todos los que tenga almacenados sin importar la forma ni el tamaño. Cuánto más diversos sean, tanto mejor saldrá mi experimento.
– Pero señorita, ¿en qué consiste tal experimento? No me deje en ascuas, ande y cuéntemelo – se impacientó el amable dependiente, Ignacio (leí su nombre en una pequeña chapa que relucía sobre su camisa azul).
– Formaré un pentágono con esos espejos – le revelé.
– ¿Y entonces? – Siguió preguntándome impaciente.
– Entonces trazaré una línea sobre la que depositaré abiertos los espejos como libros, de dos en dos, formando ángulos en vez de la línea interior, de tal manera que los bordes de los espejos se toquen. Verificaré los ángulos que se formarán y los corregiré. Las líneas redibujadas se reflejarán de tal modo que formarán triángulos equiláteros.

El hombrezuelo me miraba absorto.
– Señorita, a decir verdad, no entiendo nada de lo que me ha dicho – estaba perplejo y confundido.
– Cerraré ligeramente los ángulos – proseguí –. Y reajustaré los cantos y también formaré cuadrados.
– Señorita, está usted como una cabra – se rió a modo de broma no queriendo ofenderme.

Me reí con él.
– Entonces me sentaré dentro y encenderé una vela para explorar su llama reflejada en todos sus ángulos, para verla curvarse y enderezarse en todas sus esquinas, ancestralmente, consciente de formar parte del misterio insondable, tenue y difuso que se hará patente, hasta iluminar la sombra de mi ignorancia y llegando a romper las tinieblas de mi incomprensión.
– ¿Y entonces? ¿Vendrá Dios a visitarle entre sus castillos de espejos? – Murmuró Ignacio mientras giraba la cabeza a ambos lados,  incrédulo.
– No, no exactamente – le seguí informando –. Se trata de buscar los ejes de simetría. Es un juego que trata de encontrar nuevas maravillas.
– ¡Vaya, quién lo hubiera dicho! Pero... ¿Y los mundos?, ¿Y Dios?

No dejaba de sonreír. Supuse que era debido a que no creía ni una sola palabra.
– Con los espejos haré todas las figuras platónicas y algunas que al propio Platón jamás se le hubiesen ocurrido.
– ¿Cómo sabe eso? – El hombre quiso interrumpirme.
– Lo ideé así. Lo único importante es saber que estaré jugando con espejos. ¿Sabía usted que la palabra inglesa “mirror” proviene de la palabra latina “miraris” y a la vez significa “asombrarse de” y que la palabra “milagro” deriva de “mirus”, que en latín significa “maravilloso”?
– ¿A dónde quiere llegar, señorita?
– Pues que si Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza... Podría ser que fuera literal e hiciera un gran espejo... ¡Vivo! y nos incluyera en él. Tal vez en realidad estamos del “otro lado”, y tal vez estemos “del revés”, y por ello entendamos todo mal.
El hombre ahora me miró con fijeza, compasivamente, pero yo estaba dispuesta a explicarle el resto de mi absurdo convencimiento.
– Estamos llegando a la parte difícil – continué –. La gente, el mundo, es gente y mundo de un espejo que Dios está sosteniendo. ¡Es tan evidente que hay que ser idiota para no darse cuenta!
– Oiga, oiga, señorita... – Quiso interrumpirme de nuevo, pero una sonrisa mía pareció calmarle, permitiéndome proseguir.
– Dios hizo al hombre a su imagen y las imágenes se reflejan en los espejos y los espejos le dan la vuelta a las cosas, de atrás hacia delante, o de izquierda a derecha. Las imágenes “son” sin ser materiales, así que, sumándolo todo, Dios es exactamente eso, lo que formaría un punto neutro entre ambas distancias: ¡reflejo y realidad! Dios mismo es el espejo, Él entonces nos pone a un lado del mismo y nos pide que le encontremos en nuestro propio reflejo, que nos las arreglemos para llegar allí y, evidentemente, quiere que seamos como Él. ¿Me está siguiendo? Se entiende, muy naturalmente, que mirándonos en su espejo Él nos ve a todos nosotros, pero nosotros no podemos hacer lo propio con Él; Dios tampoco puede observar nuestra propia imagen desde el otro lado del espejo, así de simple.
– ¿Simple? Me está usted enredando, señorita.
– Quiero decir que si una imagen reflejada no puede ver y nosotros no vemos a Dios que nos mira, tan sólo será entonces que nosotros somos meros reflejos, todo es un reflejo de lo real. Del lado de Dios existe todo lo imaginable para alcanzarnos; coexisten la bondad, la verdad, la humildad o la generosidad. Cuanto más uso hagamos de estos adjetivos, tanto más nos acercaremos a su lado. Sin embargo, desde “nuestro lado” existen demasiados agujeros negros en los que caemos al mínimo descuido y estos podrían llamarse “avaricia”, “egoísmo”, “crueldad”, “mentira” o “maldad”. Son de diversas profundidades y devoran nuestra imagen poco a poco y sin piedad.

Mientras le estaba explicando todo eso al paciente vendedor, éste había estado reuniendo los cien espejos y también los había empaquetado y precintado cuidadosamente.
– Son cuatro cientos treinta euros. ¿Y bien, desea algo más?

Desde luego era evidente que el pobre dependiente no deseaba seguir escuchándome ni prestar atención a tales disparates, optando por perderse en sus quehaceres antes de acabar por echarme a patadas de su establecimiento. Le tendí cinco billetes de cien y me entregó el cambio evitando mirarme, pero con cara sonriente.

– Antes de irse me gustaría decirle algo. Quizás no tenga mucho sentido, pues no he comprendido del todo su razonamiento. Si el espejo refleja fielmente la realidad, a ese Dios que está en el lado – digamos correcto y real – ¿Por qué no obtenemos en consecuencia una imagen reflejada que represente una unidad? ¿Por qué hay multitud de semi-dioses inconexos que mutilan esa imagen dando una interpretación falsa de lo auténtico, al cual se supone que debería ser reflejo fiel? De esta manera Dios, esa realidad, se convertirá en un puzzle desorganizado, resquebrajado y herido de muerte nada más intente mirarse en ese espejo, para que realidad y reflejo sean coherentes. Pero eso no es lo peor, señorita. Esos agujeros negros que menciona carcomerán las entrañas de los que pueblan “el otro lado”; crecerán y crecerán, expandiéndose sin dar tregua, aniquilando cada pequeño pigmento que forma la imagen reflejada. ¿Sabe lo que significa?
– ¡Dios!, me temo que sí.
– Llegará un momento en el que tan sólo la oscuridad se refleje en el “otro lado”. Ello significará el fin de la existencia de Dios, o que Él ya no deseará ser reflejado, alejándose del espejo y desapareciendo por completo. Que le vaya bien con el experimento, señorita filósofa. No se desanime, tan sólo soy un maestro del bricolaje.
– ¡Pero que entiende demasiado de espejos!

SUB UMBRA FLOREO: C.Bürk

¿Qué sabemos de verdad acerca de los espejos?

 

¿Qué sabemos de verdad acerca de los espejos?

by cburk Email

Desde siempre estos objetos han fascinado a poetas, filósofos y literatos y claro está, también a mí. La figura del espejo es una de las preferidas para muchos escritores. En La condesa sangrienta, la autora Alejandra Pizarnik nos muestra un texto maravilloso llamado El espejo de la melancolía en el que asocia este objeto al alma melancólica, relacionando el contemplarse y el desdoblarse con esa enfermedad del s. XVI en la que el sujeto afectado sufría una tristeza profunda a causa de ese fluido humano que era el desencanto.

¿Pero qué es lo que sabemos acerca de éstos hoy ya tan anodinos objetos, que en otros tiempos representaban lo mágico, el otro ángulo de posibles mundos ocultos?
Posiblemente no nos percataríamos de su enorme necesidad, hasta que faltaran en nuestro día a día. ¿Cómo conduciríamos nuestro vehículo sin echar un vistazo al espejo retrovisor? ¿Qué haríamos si de pronto no tuviéramos modo alguno de comprobar nuestro aspecto en su reflejo siempre tan fiel a la verdad?

¿Veritas y vanitas a un tiempo real?
El espejo actualiza infatigablemente nuestra imagen a la fracción de segundos, la que tarda la luz en rebotar en su superficie y que a su vez, genera un desfase temporal de unas milésimas de segundo y nos hace recordar así la imposibilidad de atrapar de manera absoluta al tiempo presente. Pero la imagen llega retardada de modo impercibible a nuestros ojos, con lo cual creemos que la imagen es precisa. Si a la dificultad de los espejos de reflejar de manera precisa el tiempo real, le sumásemos la figura de un pausado reloj de arena parecería que estuviésemos filosofeándo acerca de un enigma digno de la poética de Borges.

Existió una exposición acerca de ésta temática, concretamente en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. El expositor fué Martín Bonadeo, que nos dijo al respecto: "En la exposición, el espectador podrá caminar hacia un foco de luz situado en el fondo de la sala y allí una cámara de video lo tomará en un plano medio. Esta imagen será proyectada “en tiempo real” sobre un reloj de arena aromatizada con naftalina. El tiempo pasará, la arena correrá y la imagen proyectada se desvanecerá y se perderá como rayos de luz que atraviesan el vidrio del reloj de arena."Con lo cual nos hace ver que la arena que era tiempo, se transfigura en un espejo que desintegra la imagen reflejada. El tiempo corroe la imagen, la apariencia y su representación.

No sé si alguien de vosotros sabe cómo se fabrican los espejos, en todo caso os lo explicaré: como base se toma un cristal. Se calienta sílice ( es uno de los componentes de la arena) hasta que se funda completamente y luego, una vez endurecido, flota en una piscina de mercurio. Al vidrio destinado a convertirse en espejo se le aplica nitrato de plata por una cara, luego pasa por un proceso de secado y al final se le pone pintura oscura para que no se raye ni transparente la plata. Ésta técnica se ha usado desde 1507.

El invento causó tal “locura” en Italia que hasta se impuso la pena de muerte a quién revelara el secreto de su fabricación. Tal vez fue ahí dónde comenzó la fascinación que aún hoy en día ejercen sobre algunos de nosotros: pensemos en los siete años de mala suerte que nos tocan vivir de romper alguno, recordemos a los cuentos: la madrastra de Blancanieves, consultando a su espejo quién era la más bella del reino, a Bella que le sostuvo el espejo mágico a la Bestia. Los vampiros...El misterio de los espejos, siempre permanecerá insondable, aúnque el tiempo pase y poseamos muchos métodos para "reflejarnos"

...A los espejos no habrá quién los entienda: colocan la derecha a la izquierda, las cosas al revés.
La fuente de misterios que ocultan, es y será inagotable..
Sub umbra floreo: C.Bürk

miércoles, 26 de enero de 2011

Claudia Bürk en Les 7 Llunes Magiques


El pasado 25 de enero, he tenido una nueva oportunidad de intervenir en el programa radiofónico Les 7 Llunes Maguiques. En esta ocasión el tema de la noche fue "Vida después de la muerte".

Programa de radio se emite por FM y por internet, en directo todos los martes a las 20 horas. www.radiosilenci.cat

Los viernes a las 24h (0h sábados) se repite el programa para todos aquellos que el martes no lo hayan podido escuchar en www.onacodinenca.cat

Correo electrónico del programa:
 radiosetllunes@gmail.com 
"LES 7 LLUNES MÀGIQUES"

Como siempre, podrás escuchar el programa directamente desde este blog.

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sábado, 22 de enero de 2011

Resurrección



Argentaba pálida la rosa
queriendo ser flor y no otra cosa,
su color apagado, su sueño perdido
lloraba al alba, ausente de rocío.

Desecha, antes de poder ser flor,
sostuvo del necio la cruz,
sucumbía a un inmenso dolor
de rodillas, sumisa, en ausencia de luz.

Dios a la rosa señaló iracundo
con dedo inflexible, con semblante sombrío:
¡la obligó a calmar las brasas del mundo!
Luego, mató al calor y ella casi pereció de frío.

Temblando, ella a Dios preguntó sin candor:
¿Por qué me das muerte si tú eres amor
y dime, por qué me das sombra si tú eres mi luz querida
y si deseas mi noche, por qué sigo viva?

Pero Dios no la escuchó y de ella se apartó.

“¡Ten valor!” Le susurró entonces un ángel del cielo
que yo seré tu defensa, calmaré tu duelo
y seré tu guía.

Por siempre florece tranquila
que yo enterraré tus condenas
te liberaré de tus cadenas,
te despojaré de todo tu dolor:
¡Que aunque el mundo no quiera,
tú fuiste, eres y siempre serás flor!

    Sub umbra floreo: C.Bürk

viernes, 21 de enero de 2011

El hombre privilegiado





Para ser grande, sé entero: nada
tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa.
Pon cuanto eres
en lo mínimo que hagas,
por eso la luna brilla toda
en cada lago, porque alta vive.
Fernando Pessoa

El carácter del hombre es su destino.
Heráclito

“Martínez es un tío privilegiado”. Aquella frase se estaba pronunciando a mi alrededor sin saber a cuento de qué venía. Formaba parte de la amena conversación entre unos operarios que se habían reunido a pocos metros de mí, para contarse sus tertulias y anécdotas y estos adquirían entre sí la completa connivencia cuando les tocaba el turno a las pequeñas críticas, mientras que los hombres almorzaban, zampándose unos considerables bocadillos de jamón y de chorizo, sin prestar demasiada atención a sus relojes.

Y yo, que no tenía nada que hacer más que no perderles de vista, debido al protocolo que exigía mi propia labor, me quedé meditando durante un largo rato acerca de aquel enunciado:
Imaginé que Martínez era un tipo con “niveau”, con caché, poseedor de ciertas ventajas solventes, un tío con suerte, un hombre con buena reputación, tal vez. Eso supuse. ¿O lo suponían ellos? Para todo el mundo eso eran privilegios evidentes.
Ser un individuo aventajado, opulento, distinguido, diferenciado, reconocido, destacado y qué sé yo cuántos sinónimos más, se me ocurrían para definir más o menos el término: ser un privilegiado.

¿Para mí qué significaban realmente esos garantes? Mientras me lo estaba preguntando, ya estaba encontrando en mí el significado de aquellos vocablos, el que realmente tenían a mi modo de ver:
Un tío privilegiado, en realidad, no era alguien con suerte o que nadara en la abundancia, ¡no señor!: para mí era alguien capaz, porque creía que lo era. No llega a perder la perspectiva en un intento de ser. ¡Es! Alguien que era aquello que creía ser, que era lo que decía ser. Un hombre humilde, un inteligente observador de sí mismo. ¡Era eso, sin duda! Alguien capaz de “mirar” sus propias reacciones, su sentir y su pesar, su errar y hasta sus más ocultados gazapos y que era consciente al cien por cien que ninguna de esas condiciones o circunstancias podía cambiar ni un sólo ápice de su valentía, viabilidad o capacidad.

¡Un tipo valioso, tanto, como él mismo se estipulara!
Que vale lo que decide valer: no se compara con nadie porque sabe que siempre hay alguien que le supera, pero que no significa para él que éste sea superior. Es humilde, pues se valora por lo que es y por lo que ya tiene; sabe perdonarse sus propios errores y dedica toda su capacidad y tiempo a ser él mismo, plenamente y de la mejor forma posible; a lo que ya es por sí mismo y lo demás le trae sin cuidado.

Privilegiado: aquél que comprende que los problemas, temores, desasosiegos y los instantes dificultosos, no dependen tan sólo de las circunstancias o de la mala suerte que le ha tocado vivir, sino de la actitud que él mismo adopta ante tales sucesos y hechos.

¡Sale bien parado aunque los acontecimientos sucedan de modo contrario a lo que espera!
Comprende que no hay mejor médico para todos sus males, que la ilusión y la esperanza.
Optimiza su vida, se muestra curioso y sensible, valora apasionado las ideas y proyectos de sus semejantes.
Al cambiar sus pensamientos, reorienta su destino.
Las diversidades conviven plácidamente con su individualidad.
Tampoco pierde la perspectiva buscando ser más rico, más admirado, querido o idolatrado. ¡No centra su atención en agrandar lo prosaico!
Lo heroico es, para él, agradecer las pequeñas cosas.

Sabe que él mismo es luz y sombra, grandeza y miseria. Asume su debilidad, sus vergüenzas y sus infortunios. Su vida es un viaje: hacia sí mismo. Él es un pasajero de la vida, con un destino definido y preciso: su paz interior a través del autoconocimiento.
Un viaje divertido, su vida, que realiza ligero de equipaje, mientras que por el trayecto que va recorriendo ama, abraza, sonríe, perdona, ¡se entrega! Y se da a sus semejantes.
Se convierte en lo que desea ser, lo que ya es, y no pierde su energía en modificarse sino en conocerse y comprenderse mejor.

¡Se percata de que el ruiseñor no canta porque está contento sino que está contento porque canta!

Sabe darse a todos aquellos que cruzan su camino, sin distinción. ¡En “dar” está su recompensa!
Sabe que nadie es superior al otro. Pero entiende que el gran problema del malvado es que es tonto de remate, pues se priva a sí mismo de la mayor de las felicidades: la entrega.
¡Y si en algo fuera superior un hombre a otro, tan sólo lo sería en su bondad!

El hombre privilegiado siempre acaba aprendiendo de la adversidad. Sabe que es un privilegiado por haber vivido una vida llena de dificultades.
¡Ante las dificultades, sale a la luz su virtud!
Toma caminos atrevidos en medio de sus desgracias; con serenidad, ecuanimidad y confianza en sí, en aquello “que es”, “lo que está”, llamándolo Dios o ley divina pues sabe que existe una armonía cósmica se somete valiente a la vida.
Comprende también que, en realidad, se mueve sobre un gran escenario: la vida. Y en todo momento interpreta (¿si?) una obra teatral: a veces cómica, otras trágica, pero siempre está actuando con el único fin de aprenderse y conocerse, sopesando sus reflejos y reacciones.

No hay nada seguro bajo el sol: eso lo sabe un hombre privilegiado muy bien, y convive en paz con la incertidumbre e inseguridad que genera la vida como natural consecuencia de la aventura que representa; no tomando nada demasiado en serio.

Todo es como es: la vida, las personas y el mundo.
Ni se estresa ese hombre, ni se agota por controlar las cosas: ¡Se entrega a ellas! Sabe que todo va bien. Todo es como debe ser. Todo está bien, desde siempre.

Sabe que el hombre es Dios por el pensamiento y corre en pos de buscar las maravillas que encierra lo cotidiano, lo que a veces llamamos incluso lo vulgar.
Todo, así entiende; es cuestión de aprender, de ver a través de la pupila del alma. Ve en la vida el mejor regalo posible, el más extraordinario, desde luego.

Sabe que él es tan bueno, como lo mejor que él ha llegado a hacer en su vida.

Vive para los demás para así vivir para sí.
Impregna su mirada de amor, siempre de amor.
De paz, empatía y perdón. Usa gafas de reflexión y de sosiego.
Hace aquello que teme, sin dilación ni duda.
Es el “Pigmalión” de sí mismo, creándose constantemente de nuevo, mediante la propia aceptación.

¡Quiere y se deja querer!
No teme disfrutar, ni reír, ni divertirse demasiado. Es feliz porque desea serlo, porque es consciente de que lo está siendo.

¿El fracaso? ¡No existe realmente, sólo en la mente de los que se consideran fracasados!
El suyo: una nueva oportunidad, una valoración peyorativa de sí mismo.

El privilegiado, en definitiva, es el que vive plenamente su vida como el regalo que es y deja vivir a los demás la suya.

Pensé todo aquello, ante esa palabra: PRIVILEGIO.

Pensé si es que Martínez era así.

Sonreí.
Probablemente no era del todo así y Martínez sería un tipo que conducía un gran deportivo colorado, que jugaba con el elevalunas eléctrico mientras amainaba la velocidad para que le vieran en esa buena compañía femenina que había sabido escoger, debido a sus refinados gustos.
Seguramente Martínez era un tío con una cuenta bancaria en Suiza y que jamás tenía problemas para llegar a fin de mes.

Lo supuse, viniendo de la locución pronunciada por aquellos hombres humildes y trabajadores, que veían, seguramente, en aquella clase de índoles todas las virtudes vitales “in summum”.

¡Todavía tuve que sonreír más!

Sus bocadillos ya habían desaparecido en sus agrietadas manos para adentrarse en sus estómagos, proporcionándoles la energía necesaria para terminar aquel trabajo que se les avecinaba durante la jornada.

Me conciencié entonces, de lo mucho que quería a esas gentes, a todas las gentes: por lo que eran, representaban y pensaban; y es tan valioso como el resto de opiniones ajenas.

También comencé a divertirme en mis adentros: ¡Qué suerte tenía yo también! Qué suerte poder realizar aquel trabajo que me permitía llevar un disfraz que, aparentemente, evocaba distancia, autoridad, desprecio a veces y otras, desvalorización. ¡Y lo poco que había de eso en mi corazón!

Qué poco de ese gran amor que sentía por las personas dejaba verse a trasluz de mi antifaz... pero de qué modo me permitía éste, la observación.
¡Cómo disfrutaba actuando y jugando! Nunca quería dejar de hacerlo, pensé.

Tantas reflexiones me habían abierto el apetito a mí también y dejé de darle vueltas al tema para comerme un par de tersas y sanas manzanas.

lunes, 17 de enero de 2011

Entrevista a Carlos Soriano (Fotógrafo y colaborador del equipo de investigación de misterio CLAVE7


Entrevista a Carlos Soriano (Fotógrafo y colaborador del equipo de investigación de misterio CLAVE7
Por Claudia Bürk
Nota: Carlos es además el administrador de mi blog y de mi página web.

¡Háblanos un poco de ti, Carlos, para empezar!
Nací un verano de 1976 en Tenerife. Por lo que se ve ya notaba que empezaba el calorcito.  Estudié Administración Comercial en el I.E.S. Cesar Manrique. No puedo decir que fuera un buen estudiante. Siempre despunté más en ciencias y letras que en números. Si, toda una contradicción. Trabajé durante doce años en la administración de una empresa local, dedicada al ramo alimenticio.
Soy un apasionado de la astronomía, de la antropología, de la arqueología, de la zoología. Pero como es lógico, el que mucho abarca…
Hace relativamente poco tiempo que he salido “al mundo” en cuanto al misterio se refiere. Actualmente participo en un programa de radio que se emite cada semana, En los Límites de La Realidad, “hijo predilecto” del grupo de investigación Clave7, al que pertenezco.
¿Desde cuándo te vienes interesando por el mundo del misterio y de los enigmas? ¿Y cuando comenzaste a dedicarte profesionalmente al tema?
Creo que me interesaron los misterios desde que tengo uso de razón. Soy un forofo de la Ciencia Ficción y me empape de pequeño de películas clásicas en blanco y negro, muchas de ellas rodadas en los años 50. Ni que decir tiene por tanto que mi enigma favorito es el fenómeno OVNI. Solo que mi familia no poseía un gran poder adquisitivo y por tanto no pude conseguir publicaciones hasta bien entrado en la adolescencia. El primer libro que leí fue El Misterio de UMMO, de Antonio Ribera, que tuve que devolver sin haberlo terminado a aquel amigo que me lo prestó. Tenía unos 10 años. Aun conservo el primer magazine que pude comprarme titulado Biblioteca de lo Desconocido. Un libreto tamaño folio, pero de escasas hojas, por supuesto sobre OVNI. Luego empecé a coleccionar recortes de prensa sobre todo lo relacionado con este tema. Más tarde llegaron los libros, ediciones de bolsillo siempre. Y casi sin darme cuenta… descubrí la radio.
No puedo decir que me dedique profesionalmente a esto. No es una profesión. Es más bien una filosofía de vida. Una forma de concebir este universo, el que vemos y los que no. Formo parte del grupo de investigación Clave7 desde hace algo más de un año. Hasta entonces no era otra cosa que un “ratón de biblioteca”. Datos, datos y más datos. Hasta que me cansé de “que me lo contaran” y decidí experimentarlo yo.
¿Qué es exactamente CLAVE7? ¿Cuáles son tus ocupaciones y responsabilidades en el grupo?
Clave7 es un equipo multidisciplinar que se dedica a la investigación y divulgación de todo tipo de fenomenología llamada paranormal. Estamos en trámites de legalizarlo bajo el nombre la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicologías Clave7, en sus siglas S.A.I.P., en recuerdo a la figura del investigador icono de nuestra tierra, Paco Padrón, quien fundó una sociedad bajo el mismo nombre en los años 70.
Clave7 es investigación crítica y totalmente alejada de cualquier fanatismo. No nos gustan los extremos. Sabemos que muchos son los sucesos que antaño se sumaban al saco sin fondo de lo paranormal y que hoy aparece en los libros de ciencia como algo perfectamente posible y cotidiano. Para ello nos desplazamos allá donde nos soliciten o donde el misterio nos llame. Si existe una causa paranormal, lo contaremos. Y si no es así, también lo contaremos. Nuestra misión es descubrir que hay detrás de estos fenómenos, tengan o no tengan explicación.
Pero en la más pura esencia, Clave7 es una familia. Somos un grupo humano y eso se refleja en todo lo que hacemos. En el trato con los testigos, con los colaboradores y amigos. Y también en la radio. En nuestro programa “En Los Límites de La Realidad” tratamos de contar de una forma muy llana, muy sencilla, muy cercana, todos aquellos temas que hayan hecho alguna vez mella en la curiosidad humana.
Y no puedo dejar de lado a nuestra “niña bonita”. La Revista Digital Clave7, de edición bimensual, en la que tenemos la suerte de contar con numerosos investigadores y divulgadores de toda materia: Ufología y fenómenos paranormales, leyendas, personajes históricos, ciencias, medicinas alternativas, enigmas del pasado…
En cuanto a mi cometido, puedo resumir diciendo que soy muy inquieto. Soy el fotógrafo del grupo, además de redactor y administrador de nuestro blog. Redactor y documentalista también de nuestro programa de radio, en el que participo además como comentarista cada semana. Redactor, editor y maquetista de nuestra revista digital. Y administro también los grupos y páginas que tenemos en las redes sociales más conocidas, que usamos para estar en contacto con los colaboradores, lectores y oyentes, con lo que una de mis funciones es también la publicidad.
¿Cómo crees tú que se ve la etiqueta de “Divulgador de misterio” desde fuera de vuestro entorno? ¿Y como se ve desde dentro?
Han cambiado mucho las cosas desde que me empecé a interesar por estos temas. En estos momentos esa “etiqueta”, como bien dices, está muy usada. Denostada en algunos círculos, me atrevería a decir. Y al mismo tiempo parece ser un rango que cualquiera puede esgrimir como estandarte. Llevo poco tiempo en el ámbito de la divulgación, y no creo ser el más indicado para decir esto. Pero no por saber escribir o por tener la posibilidad de hablar frente a un micrófono, uno se convierte automáticamente en un “divulgador”. La otra conocida etiqueta de “mundo del misterio” ha vendido mucho de un tiempo a esta parte y alguno hay que la ha utilizado para, simplemente, hacer dinero. Tanto aquellos que la han usado en pos a unos supuestos fenómenos paranormales, como los otros que la han usado para desacreditar el “trabajo” de los primeros.
Me consta que vuestro blog y programa de radio CLAVE7 son consultados y escuchados por miles de usuarios en internet. ¿Cómo valoras eso?
Mucha es la gente que se hace preguntas. Mucha es la gente que cree que existe otra posibilidad, otra forma de interpretar la realidad, siempre relativa. Mucha y por fortuna, es la gente que siente curiosidad como nosotros.
Por tanto se trata de una ecuación simple: si conseguimos satisfacer su curiosidad, es que algo estamos haciendo bien. Procuramos que nuestro blog y nuestro programa estén alejados de dogma alguno. Solo contamos lo que se cuenta, planteamos nuestras teorías e invitamos a nuestros lectores y oyentes a que piensen por sí mismos. No nos creemos poseedores de verdad alguna, más allá de nuestras propias convicciones fundamentadas, eso sí, por vivencias personales. En mi caso, pese a la más que posible arrogancia de alguno de mis comentarios, siempre dejaré bien claro la diferencia que existe entre lo que “creo” y lo que realmente se.
¿Consultas y escuchas, aunque sea ocasionalmente a otros programas o grupos de misterio? ¿Qué opinas del resto de la oferta radiofónica acerca del misterio y los enigmas? Me refiero a todas las emisiones de ámbito regional y, por supuesto, también a los podcasts.

Amo la radio. Creo que con eso contesto parte de la pregunta. Claro que escucho a otros compañeros de las ondas. Como en cualquier ámbito hay de todo en la viña del señor, pero hay gente muy buena, que hace muy buen trabajo. Gente a la que, si he de ser sincero, envidio sanamente. Y no me refiero únicamente a los grandes. Tanto en radio como en medios escritos, existen buenos y anónimos investigadores y comunicadores con criterio propio y que tienen mucho que contar.

Me consta que poco a poco la competencia aumenta, con respecto a las organizaciones  y grupos que se dedican a la investigación del misterio. ¿Te preocupa?
Nuestra filosofía, la cual lógicamente comparto, es que “Todos estamos en el mismo barco”. Por tanto no hay competencia o por lo menos no la buscamos. Hemos compartido alguna de nuestras investigaciones con otros grupos y lo hemos hecho de buen grado. La mayor parte de los grupos, como el nuestro, están autofinanciados. Nosotros nos lo guisamos, nosotros nos lo comemos. Pero compartimos nuestros datos con todos aquellos que, con buena fe, compartan los suyos. Nuestro afán es investigar, saber, experimentar y contar lo que descubramos. Si somos discretos con nuestras investigaciones, es porque así nos lo han solicitado los mismos testigos. Algo que para nosotros es sagrado. En ocasiones un testigo se acaba convirtiendo en un amigo que se atreve a sincerarse contigo y contarte una experiencia que no contaría jamás a otro.
¿Crees que la crisis afectará también a los divulgadores del misterio?
Cuando te digo autofinanciado supongo que te puedes hacer una idea. Pero el que tiene ganas sigue con crisis o sin ella.  Aunque con toda esta historia de la regulación de la parrilla radiofónica muchas serán las emisoras que lo tendrán difícil, sobre todo las pequeñas.
En otra instancia tenemos internet. Un mundo con muchas posibilidades y del que ya muchos tiran para abaratar costes.
¿Es cierto, que existe mucha competitividad en éstos ámbitos? Si es así, ¿Por qué razón sucede, según tu opinión?
En radio, todos queremos que se nos escuchen. En medios escritos, todos queremos que se nos lea. Esto es perfectamente lícito, siempre que sean lícitos los medios que uses para conseguir audiencia o lectores. Está claro que si tu programa está en televisión o en radio, de cierta difusión, su estancia en la parrilla dependerá de tus televidentes o radioyentes. Y los medios escrito igual. El afanarse por contar un poco más de lo que el otro cuenta es bueno, puesto que hace que cada uno se esfuerce un poco más. Pero una cosa es “contar” misterios y otra muy distinta es “venderlos”.
¿Existe algún tema que esté en el punto de mira en estos momentos por los investigadores de la materia? ¿Existe una ética de confidencialidad entre vosotros?
Si existe una ética. Está claro que una investigación es de quien la realice. Los datos son de quien los obtiene. Pero en este terreno hay desalmados como en cualquier otro.
Existen tantos temas en el punto de mira como investigadores haya que se interesen por ellos. Pero se ha puesto de moda la investigación llamada parapsicológica. Ni que decir tiene que la parapsicología no está recogida en España como ciencia, más que como alguna asignatura, derivada generalmente de la psiquiatría o psicología, como la experimentación en los fenómenos de la percepción extrasensorial. Y soy consciente de ello, aun cuando forme parte de un grupo que se dedica justo a eso. Pero es curioso como la investigación de “casas encantadas” le ha ganado terreno al fenómeno OVNI en los últimos años.
Carlos, haciendo un balance del año 2010 y con la distancia que otorga el nuevo año, ¿qué mejoras aportarías a la divulgación del misterio en general? ¿Crees que es una buena idea ligar las diversas teorías un poco más hacía conceptos más científicos? ¿Y cómo usarías esas mejoras para el grupo CLAVE7?
No me atrevería a proponer mejoras. Solo sé cómo me gusta verlo a mí. Y me gusta comprobar cómo algunas ramas de la ciencia, como es la física, está teniendo que buscar otra forma de interpretar lo que descubre, fuera de las pizarras llenas de formulas. Y como bien dijo alguien alguna vez, no puede avanzar una ciencia si no avanzan todas las demás.
Hubo un tiempo, no hace demasiado, en el que ciencia y lo que ahora llamamos paraciencia, iban de la mano. Alguien decidió erróneamente qué era lo posible y qué no. No creo que la ciencia traiga todas las respuestas pero lo pretende, como debería ser. Del mismo modo no creo que las respuestas vengan el mundo paranormal. Si ambas miran en diferente dirección jamás aclararemos nada. El que se usen aparatos técnicos para la investigación de fenómenos paranormales es una clara prueba de ello.
Un consejo si acaso. Tratar de ser conscientes de la diferencia que existe entre lo que uno simplemente cree y aquello que realmente sabe. Porque para creer basta con que te lo cuenten. Para saber hay que vivirlo.
¿Cómo ves estos temas en el futuro? ¿Ves la divulgación y la investigación del misterio en buenas manos? ¿Crees que la mitomanía disminuirá en comparación con la actualidad?
Todo es un ciclo. Todo se repite. Así como la pleamar es proporcional a la bajamar. No sé exactamente porque, pero así parece ser. Hubo un auge allá por los años 70 y 80 de estos temas en España. Algo ocurrió en los 90 que se convirtió en un tema casi tabú. Luego llegó el siglo XXI y todo volvió a resurgir. En fin, no quiero ser agorero.
Por otro lado, no sé hasta qué punto está o no en buenas manos. Lo que sí está claro es que el tiempo pone a cada quien en el sitio que le corresponde.
Y por último, y dándote las gracias por tu tiempo, ¿crees que es posible que algún día la fe y la ciencia hagan las paces? ¿Existirá una fusión de ambas cosas?
Si. Aunque más que una fusión, debería complementarse. Hace no más de 200 años un naturalista francés esgrimió como un arma la archiconocida afirmación de que “Las piedras no pueden caer del cielo, porque en el cielo no hay piedras”.  Es más, toda la Academia de Ciencias francesa del siglo XIX estaba convencida de lo mismo. Hoy todos sabemos, más o menos, qué es un meteorito.
Del mismo modo se creía era una leyenda la existencia de cefalópodos gigantes en el mar y la evidencia, casi por casualidad, vino a demostrar que el Architeuthis puede llegar a medir 19 metros de largo.
Fe y ciencia. Igual en eso se base la teoría de unificación que ya buscaba Einstein.
Pero no habrá consenso mientras los que “creen” no sean capaces de aceptar la posibilidad de una explicación empírica, ni los científicos acepten que su misión es investigar la posibilidad un fenómeno, por extraño, ilógico o irracional que parezca a primera vista.

viernes, 14 de enero de 2011

La leyenda de Withlit (Relato extraido del libro "Desde el penúltimo rincón de mi espejo" de Claudia Bürk)

 

La leyenda de Withlit (Relato extraido del libro "Desde el penúltimo rincón de mi espejo" de Claudia Bürk)

Cuenta una antigua leyenda, que en un siglo sin nombre, en unas tierras sin tiempo, sin ley y sin rey ni reglas, una joven muchacha, llamada Withlit, enalteció una nación entera con los siete nombres del pecado, antes de que tuviera lugar la gran rebelión de los cielos, y el mundo y el espacio cambiaran sus estructuras para siempre.

También se cuenta que nada se conserva escrito sobre ella entre las crónicas de los antiguos mundos, ni en los libros de los soberanos, ni de los místicos. Sólo unos pocos recuerdan su nebulosa historia, que sobrevive en unas parcas e intrépidas bocas. Quizás, el mundo no recuerde su nombre ni su saga, quizás la memoria del hombre la haya olvidado casi por completo, pero Withlit todavía acecha en la oscuridad de los tiempos del mundo y del universo; paciente y taciturna, aguarda en la penumbra del desencanto y de las confusiones humanas actuales, los corazones de los hombres libidinosos, lujuriosos, libertinos y embusteros.

A muchos años luz, quizás desde que los justos morasen la tierra actual y los hombres descubrieran en sí sus conciencias e imbuyesen en las generaciones venideras la inspiración de la justicia, de la moral y del conocimiento espiritual, en tierras inmemorables, una joven virgen, perspicaz y extraordinariamente inteligente habitó el soberano pueblo de Ashlat.
Withlit, así se rememora, significaba “lirio blanco” en el idioma de aquellas gentes arcaicas.

La boca de la joven jamás pronunció una negligencia en sus respuestas, así cuentan.
De semblante sereno, nunca osó bajar sus ojos ante los desafíos de sus semejantes. No habitó cólera en ninguna de sus réplicas y su alma lucífera parecía continuamente sumergida en intensas meditaciones acerca de la justicias y de las injusticias, llegando con su corazón al fondo de las almas nobles o reas, y con sus sentidos, al origen de los pecados del hombre, que nadie hasta entonces había advertido como tales. Ella, tenaz como un topo en la profunda oscuridad de la tierra, llegaba hasta lo más hondo de las almas. Como una báscula, sopesaba el lastre de las culpas humanas; como una balanza títere, que temblaba antes de medir el peso exacto, penetraba con su mirada hasta el fondo de los quebrantados, calculando sus actos.
Sus veredictos eran aceptados con gran humildad y respeto por todos los aldeanos, y antes de pronunciar sentencia, Withlit sumergía su frente en aguas gélidas, luego ocultaba su rostro retraído entre ambas manos para meditar con serenidad acerca del fuego y de la pasión, de la debilidad o la necesidad, desesperación o frialdad con la que habían sido injuriados y ultrajados los actos ajenos, reconociendo en los delitos el dolor o el impulso que corrompían cualquier acción humana.
Paciente y humilde levantaba sus cristalinos ojos hacia los malhechores, interrogándolos acerca de su conciencia (dicen, que fue ella quién le dio nombre a ese escozor en el alma tras una acción injusta). Pocas veces eran incapaces de reconocer sus culpas ante la límpida mirada de la muchacha, que dejaba a sus corazones atónitos. Y al toparse con tanta pureza, la negrura de sus vísceras caía como plomo pesado a los pies de la joven.
También se recuerda que aquellas mismas gentes, tras haberse visto reflejadas en los ojos de Withlit, perseguían en silencio sus huellas para besarlas en clandestinidad. Cabizbajos, estaban dispuestos a aceptar cualquier condena que Withlit les impusiera, como si de una sentencia dictada por la boca de un Dios se tratara. Una Deidad que le había dado alas a aquella chica y que desde su dulce orgullo por aceptar la delegación de su poder, había derivado su sabia capacidad juiciosa en una criatura humana, para que Withlit interviniera en los destinos de los justos y de los injustos, tomando su alma las mil formas de su divinidad invisible.
Pronto aquella nación entera la nombró la persona más justa de todos los tiempos y la proclamaron jueza del mundo.

Poco tiempo después de que Withlit hubiera cumplido los veinte años, un joven pecador fue arrestado por el pueblo y llevado ante la joven para que pronunciara su justo veredicto para el caso. Se le acusaba de haber cometido los siete pecados mortales, proclamados y reconocidos por la joven y por su pueblo. Sin levantar la mirada de un gran pergamino comenzó a leer la acusación que pesaba sobre el muchacho:

– Siete veces eres culpable, siete veces eludiste al Dios de la templanza y otras siete el cometido de servir a la vida. Has sido injusto a sabiendas y te has condenado ti mismo a las tinieblas, escuchando a tu conciencia.

Tan pronto hubo hablado, el joven, cuyo nombre era Baphomet, se incorporó desde sus rodillas y corrió a abrazar a la joven, para luego inclinarse ceremonioso ante ella hasta el suelo, mientras se aferraba al borde de su blanca vestimenta de juez, en señal de sumisión y de súplica.
– OH, señora mía, he caminado en círculos, confuso ante las reacciones del mundo y ahora me hallo suplicando ante sus pies. ¡OH, liberadme de mi voluntad para no caer en la tentación, si eso está en su poder, porque todo obrar es confuso y servir al mundo y a nuestro Dios será mi liberación y así siempre le estaré agradecida, mi gran señora!

Withlit, profundamente conmovida, se inclinó sobre el muchacho y tocó con dedos temblorosos los asustados labios de Baphomet, sellándolos con su gesto. Entonces, sus ojos se encontraron con una infinita sintonía de emociones. Contemplaron al unísono – así lo deseó interpretar la muchacha –, en sus adentros, un firmamento eminente y jamás imaginado, infinitas estrellas saltaban juntas en sus corazones y veían emerger desde sus almas como fuegos artificiales, blancos y luminosos, del fondo de su constelación descubierta en ese instante, para apagarse de nuevo en la profundidad de sus entrañas, brincando hasta sus pupilas, asimilando al instante que estaban hechos el uno para el otro.
En aquel mismo instante, desapareció del interior de la joven cualquier capacidad de respuesta. Sin poder tomar aliento, aturdida y confusa, tan sólo logró permanecer acurrucada sobre el suelo, aferrándose a los latidos del corazón de aquel pecador infeliz. En ese justo lugar yacieron abrazados, ante los atónitos ojos de los aldeanos, sin importarles ninguna reacción.
Estos no consiguieron sacarse su asombro ante tan desacostumbrado comportamiento por parte de Withlit, comenzando primero a murmurar – para seguidamente gritar – con tal de protestar violentamente contra la falta de juicio y ponderación de la muchacha.
– ¡Es un asesino sanguinario! – Vociferaron los hombres.
– Su cuerpo merece ser devorado por los chacales del bosque – gritaron las mujeres.
– ¡Cortémosle la cabeza! – Se pusieron finalmente todos de acuerdo.

Un rotundo y angustioso “no” resonó por los aires hasta hacerse el silencio. Withlit se incorporó iracunda, con el rostro ensombrecido y, por unos instantes, se hizo un silencio cargado de estupefacción. Un absoluto mutismo había sido de pronto tan profundo y aterrador como los gritos que las gentes habían protagonizado pocos instantes antes.


La muchacha temblaba de rabia mientras miraba los rostros del gentío en busca de comprensión. Luego les advirtió serena:
– Este hombre no es diferente a ninguno de nosotros en cuanto a la exigencia y necesidad de amor. Sois vosotros los que me habéis proclamado jueza del mundo, y nunca (hasta el momento) me opuse al cometido que por vosotros me fue impuesto. Jamás habéis tenido en cuenta mis propias necesidades. Nadie cuestionó los deseos de mi corazón. Pero a partir de este momento, reclamo mi derecho a hacer lo que mi voluntad verdaderamente desea. No quiero retener el destino de ningún ser humano nunca más, pues yo he forzado los designios ajenos y sobre mí recae la verdadera culpa.

Uno de los presentes la interrumpió bramando:
– ¡No podrás concluir el espíritu de una ley! ¿Verdaderamente osas vulnerar tu deber, tu sagrado cometido, que hemos estado forjando cuidadosamente y que está ligado a ti y que afianza toda tu alma?
– ¡Cállate, ignorante! – Le ordenó enfurecida Withlit –. Dios encendió en todos nosotros el libre albedrío con el aliento de su boca, exhortándonos hacia su faz. Llevo años arrebatando el destino a otros, pero hoy he visto con claridad que un hombre verdaderamente justo, no puede convertir a otro en un animal de carga. Juzgar los pecados del hombre únicamente es cosa de Dioses. A partir de este instante, deseo mi libertad y la exención de todo el mundo para así poder errar como nos plazca y vivir nuestras vidas con la libertad que otorgan las equivocaciones. Todas las acciones, sean nobles o mezquinas, engendran un profundo significado que todos ignoramos, con excepción de los Dioses. El que verdaderamente desea vivir sin culpa, no puede compartir el destino de los demás, ni tomar parte de las obras ajenas. No se puede depender del placer que da el justo juicio entrometiéndonos en las culpas ajenas. Yo era una parte de ese círculo errante que ha citado este joven pecador, la eterna cadena de la aniquilación y de la salvación. Y hoy me libero de mi cargo, lo aceptéis o no.
– La pasión la ha cegado – escuchó murmurar a otra joven –. Ese maldito pecador le ha robado la razón.
– Debemos hacerla entrar en su sano juicio antes de que sea demasiado tarde, está deslumbrada por ese demonio – los comentarios de los perturbados presentes, no cesaban.


Pero Withlit ya había tomado su propia decisión:
– Sólo el amor nos hace humanos de verdad – quiso explicarles – sólo él, libre de toda culpa. Esta noche podré alcanzar las estrellas con mis labios y ahuyentaré la luna con los latidos de mi corazón. ¡Levántate, Baphomet y camina conmigo hacia la equidad suprema del amor verdadero! Yo te liberaré de tus cadenas con un beso de eterno amor. ¡Ámame tú también y sentirás como tu conciencia se vaciará de todo lastre!

Las palabras de la muchacha cobraron alas y volaron como un halcón de fuertes garras hasta las mentes de los espectadores boquiabiertos y estupefactos, cuyo número crecía por momentos, mientras los aires se espesaban con gritos y exhortaciones. La cólera había ido creciendo en los corazones de aquellas gentes decepcionadas, dispuestas a cualquier reprimenda para hacer entrar a su venerada jueza en razón.
– Hoy premiaré las faltas de un hombre con amor en lugar de someterle a un castigo, ¿me oís? Ya expié todos los delitos del mundo. ¡Dejadme libre, maldita sea!
Mientras Withlit reivindicaba su renuncia, Baphomet besó el polvo que cubría los pies de su enamorada. Lo que la joven no logró ver en aquel instante fue el malicioso brillo que destellaban los ojos del muchacho, cabizbajo, mientras sonreía triunfante para sí mismo.
Si juzgar era cosa de Dioses, ¿a qué asuntos se dedicarían los diablos?, se cuestionaban los aldeanos mientras la noche caía sobre los campos, dibujando y ladeando sombras sobre los parajes. La paciencia de todos estaba agotada y de sus bocas vocingleras brotaba rabia pura, y unidos en un tajante arrebato de ira, se abalanzaron a gritos sobre los dos muchachos – fundidos ya en un abrazo – dispuestos a atentar contra los destinos de ambos.
De pronto, un estruendo ensordecedor hizo temblar la tierra y los cielos. Los montes desprendieron fuego e inmensas llamas engulleron los campos, mientras que un olor azufrado, pestilente y espeso, un hedor que no procedía de las tierras de aquel mundo, humeaba en forma de nieblas espesas, robando el aliento al aterrorizado gentío.
– ¡Por los Dioses de Ashlat! ¡Es el fin del mundo! – Vociferaron asustados.

Un viento infernal azotó los árboles y los montes y un chillido diabólico y estridente engulló la atmósfera, haciendo estallar los tímpanos de los hombres, que gritaban de dolor y de padecimiento. Llamas vacilantes se precipitaron sobre el pueblo entero como fieras depredadoras.
De repente se hizo la calma: en la primera profundidad del paraje ya no se escuchó más que un débil susurro remoto, y en la segunda, reinaba el silencio como si aquel mundo hubiera quedado bajo la superficie del mar, gélido e inmóvil.
Las piedras y la tierra desprendían humo, quedando reducidas en su mitad a cenizas oscuras, y en la rigidez del silencio se escuchaban unas risas infernales, que, en tercera instancia, resonaban más hondas bajo la tierra que en el propio reino de los demonios. Luego, un grito agudo, chirrió desde las profundidades de la tierra.
El terror y la oscuridad reinantes entumecieron la sangre de los pocos supervivientes de aquel Apocalipsis intemporal. Lo que habían divisado fluía dividido en pequeños retazos obscuros hacia sus sentidos, suspendiéndose sobre sus corazones. De esa inmensa negrura debían salir al encuentro de un ambiente destruido, que había cambiado para siempre, acogiéndoles un mundo de terror.

En el agudo horizonte, una luna menguaba y otra aparecía redonda en sucesión de la anterior.

Cuentan, que el tiempo hasta aquel instante había permanecido dormido en un lejano rincón del universo; mudo como un estanque fosco y liso, y que fue a partir de entonces cuando comenzó a instaurarse en los mundos.

El tiempo volcó entonces sus lapsos sobre Ashlat y desde allí conquistó las lunas y los mundos venideros para toda la eternidad.

Desde el fondo de los abismos, una voz seguía gritando en un rapto de cólera. Palabras injuriosas estaban asfixiando la libertad de una joven cautiva, retenida en los infiernos: entre los reinos de Baphomet.
Withlit – en efecto – cegada por la pasión y el deseo que ella se había afanado en llamar amor, había caído en la oscura trampa: Baphomet, desde hacía miles de lunas, era uno de los demonios más poderosos del antiguo mundo, en el linaje de los Barghwah, unos hostiles y sanguinarios diablos que habitaban el universo desde sus comienzos. La joven se había dejado seducir confiada, ofuscada por su gracia diablesca, cegada por la chispeante luz que emanaban los ojos de Baphomet y ahora no podía escapar.


Así la muchacha yacía desnuda entre las llamas del infierno. Una despiadada bestia la había desprovisto de su virginidad en un cruel, sádico e insufrible duelo cuerpo a cuerpo. Clavó los brazos de la chica con estacas de fuego al suelo, dejándola rota, deshecha y convertida en sombra entre sombras, para así impedir que se escapara y recuperara el don divino: la ecuanimidad de los humanos.
Baphomet, burlón y victorioso, esparció perfume y sándalo sobre el cuerpo de Withlit, coronando sus cabellos con lirios blancos. El amargo llanto de la muchacha resbaló por la ausencia de alma de aquel demonio, que esbozaba una socarrona sonrisa.

– ¿No deseabas que te poseyera, amada mía? – Risas, cánticos y júbilo atravesaron ahora el fondo de la tierra, haciéndose audible en la superficie del mundo.

Pero entonces, de repente, la joven levantó decidida el brazo hacia la faz del diablo, mostrándole a éste el contenido de la palma de su mano, dónde lucía una marca de fuego cuyos símbolos y misteriosas grafías de poder, escritos con los signos de las llamas y en la lengua de los ángeles – que ni siquiera conocían los demonios ni los súcubos del gran infierno – resultaron ser tan acaudaladas que hicieron retroceder a Baphomet entre aullidos virulentos. Aquel extraño dibujo tatuado en la mano de la chica, en la que rezaban las iniciales y los números:

I.G.V.I.I.R. 8 121 +++

había hecho flaquear al ser más poderoso de los submundos de espanto, cegándolo para toda la eternidad.
En realidad, se trataba de una protección angelical procedente de su estirpe.
Baphomet, preñado por su nueva mirada blanquecina, se vio apresado por un fiero enemigo que le impedía ver sus tan anheladas posesiones como hasta aquel preciso instante. Withlit, aquella muchacha a la que consideraba un mero objeto al que osó comprar con su falsa mirada (repleta de odio, en realidad, por aquella esencia cristalina tan sana, precoz y vulnerable que desprendía la joven), tenía tanta vida escondida en su interior que consiguió, tras un descomunal esfuerzo, liberarse de las ataduras endemoniadas. Withlit buscaba inútil y desesperadamente la salida del infierno, mientras Baphomet se ahogaba en su nuevo y desconocido mundo de lágrimas: lágrimas que brotaban de sus ciegos ojos, lágrimas de autocompasión, lágrimas que aniquilaban las llamas y el fuego que hasta entonces le habían dado cobijo. Su lenta muerte se produjo sin lucha alguna, paralizado e inmovilizado por la debilidad que sentía. Con su último suspiro, el agua dulce que recorría aquellos parajes salió disparada hacia el exterior, empujada por una renovada energía en forma de salvaje corriente que no entendía de obstáculos, de grutas infernales, ni de cárceles extinguidas por la lucha entre el fuego y el agua.
Withlit fue arrastrada por ese torrente acuífero hacia su antiguo y anhelado mundo. Debía regresar a su poblado y relatar los hechos tal y como ocurrieron. Tenía que hacerles saber a los aldeanos que fue víctima de un poderoso hechizo. Debía solicitar el perdón de su pueblo, deseaba saldar sus culpas. Y entonces comenzó a entender, así lo quiso interpretar, que el amor era cosa de los demonios y no de los justos Dioses como había pensado equivocadamente.
Maldijo entonces al amor con el fuego y la furia de los infiernos para toda la eternidad, tomando entre sus manos el cetro diabólico (que yacía indefenso a su lado) perteneciente a Baphomet, como símbolo imperecedero de su odio y para que todo el mundo reconociera su paso por los infiernos, su dolor y su corazón destrozado.
Y así se abrió camino hacia Ashlat.
Finalmente, exhausta, hambrienta y sedienta, alcanzó su lejano pueblo tras tres lunas de camino, dispuesta a recuperar el cargo que, desvergonzada, había despreciado y rechazado por culpa de una engañosa ilusión. Ahora que conocía todas las culpas, tal vez sabría sopesarlas como una mujer verdaderamente justa y reanudar así sus funciones como jueza suprema de Ashlat y del mundo, pues entre los muros de la verdad, tras la vergüenza y su paso por el infierno, quizás quedaría garantizada la ecuanimidad, pudiendo cumplir así, más firme que nunca y de ahora en adelante, con los preceptos de la justicia.

Pero cuál fue su sorpresa, cuando al llegar a su pueblo se encontró con la mayoría de las casas devastadas y en ruinas. Al divisar el primer aldeano con el que topó, ella se lanzó a hacerle una profunda reverencia y dijo:
– He vuelto a casa hondamente avergonzada y arrepentida de mi grave error.

Al reconocerla el hombre, lanzó un grito ahogado y colérico e hizo venir al resto de las gentes a su encuentro.
– ¡Maldita traidora! – Espetó –. Tú eres la responsable de la gran rebelión de los cielos y de la tierra. Por tu culpa, tu única culpa, han muerto muchos hombres justos, nuestras tierras fueron destruidas, el hambre y la miseria se han instaurado en Ashlat y para colmo, ahora existe el tiempo, que, como un despiadado celador, vigila nuestros actos haciéndonos envejecer para entregarnos finalmente a una muerte sin tregua. Mereces el peor castigo, aquél que se escapa de las percepciones humanas. ¡Azotadla hasta que le brote la sangre y luego arrancadle el corazón y lanzadlo a los abismos de donde ha salido! Que así se justifique nuestra sentencia para satisfacer una justa venganza. – Ordenó a los otros.

Withlit observó atónita a los hombres que antes la habían enaltecido y venerado y sin hacer preguntas, se entregó deliberadamente a su trágico destino. Ningún aldeano fue capaz de aprender de las enseñanzas entregadas por la joven antes de ser cautivada por la sinrazón de los entes diabólicos. Se guiaron por el “ojo por ojo”, por el odio, la venganza, la destrucción y la podredumbre. Withlit era la única que sabía que errar era de humanos, no de demonios. Pero nadie estaba dispuesto a escucharla.

Uno de los hombres fue elegido para llevar a cabo aquella sentencia de muerte: dicen, que cuando éste tomo el cuchillo, su mano temblorosa no le obedeció. Sin embargo, la imploración y la expectante mirada de los otros le penetraron de tal manera que acabó llevando a cabo lo que le habían ordenado. Sacó así el corazón del pecho de la joven infeliz y se cuenta, que éste aún latía entre las manos de aquel verdugo. Cuando le encomendaron arrojarlo hacia un oscuro abismo de una montaña, quedó sepultado para toda la eternidad, sin descomponerse ni pudrirse. Alrededor de él, una extraña energía se concentró en aquel lugar, dando a luz un cuerpo perfectamente reconocible, esculpido en las frías y duras rocas que protegían el último halo de vida de Withlit: sus eternos latidos siguen resonando en los oídos de muchos hombres, que actualmente aún son víctimas de su despiadado “bom-bom”. Cada vez que alguno de ellos jura falsas promesas de amor, o trata de engatusar a alguna joven ingenua con fines deshonestos, escucha en sus adentros el sonido infernal y desgarrador del corazón latente de Withlit, hasta reventársele los tímpanos. La sangre expulsada a través de los oídos de esos hombres se desliza lentamente hacia la “Montaña del Corazón Imperecedero” – montaña bautizada con ese nombre tras el milagro de la vida en la propia muerte –, alimentando la esencia de Withlit para que pueda seguir cumpliendo con su misión. Las mujeres, agradecidas al saber que alguien velaba por ellas, ascendían a la montaña cada mes y permanecían allí cuantos días durase su periodo, empleando en ello sus últimas energías y aliento para depositar sobre ese corazón la sangre que salía de sus propias entrañas. De este modo, Withlit se fortalecía infinitamente para no extinguirse jamás.

Cuenta así esta olvidada leyenda, que una dama blanca deambula las noches de luna llena por los montes de un país nórdico, cuyo nombre no recuerdo, sosteniendo en su mano su propio corazón ensangrentado y gritando el nombre de Satanás.
Su nombre apenas es recordado, puede que definitivamente acabe cayendo en el olvido, pero su historia existió, podéis creerme, en alguna parte de un antiguo mundo, hace miles y miles de lunas.

Sub umbra floreo: C.Bürk

A Alberto, por su educación, simpatía y templanza.