domingo, 27 de octubre de 2013

Quién hace escribir a Claudia.


César...
famoso líder romano
cansado y aburrido
posiblemente hastiado
aseguró haber sufrido
pesadillas en un sueño
más de una vez repetido
murmurando al despertar
Vine...
Vi...
Vencí...
¡Palabras acertadas
en el idioma latín
muy usado en aquel entonces
por ignorar el castellano
y también el irdín.
¡Tan sencillo y ufano
y fácil de escribir
sin boca ni mano...
¡No era tonto el muy pillín!

Por extraño que parezca
fueron debidamente celebradas
manuscritos y grabadas
al ser casualmente pronunciadas
quedando para siempre inmortalizadas
y por nadie, que yo sepa,
igualadas.


¡Ver para creer!
Yo, de nombre insignificante,
visible en el otro lado del espejo, fui triste mortal
español y de nacimiento catalán
dicta lo que ella escribe,
yo no cuento para nada,
lo que de mí percibe.

Demonios encierro en su cabeza,
mientras teclea la mano, presa,
atribuyendo sus proezas
a una simple lata de cerveza.

Los demonios van y vienen
nada sanos
susurran frases a las manos
haciendo de ella lo que quieren.

¿Demonios? No. No. No.
Tan sólo uno:
éste viejo pillo
que sabe del disimulo.

Espejo espejito son cuarenta ya los años,
que vienen a estafarla
con sus desengaños.

Se cree no querida.
más son, deplorables  y ceporras
las leyes de la vida:
lo que pareces, eres, es la norma.



Así es como ella siente
encerrada en mi casa
incomprendida, convaleciente.

Existen curiosidades
y múltiples casualidades
al escuchar sorprendido
aquí ha venido un caballero andante
de bigote fino y cabello abundante
Dispuesto a recitarle
un montón de versos
difíciles de interpretar,
sino con mi particular verdad.

Nada a nadie prometí
en mi pasada vida ajetreada
escribir poemas
con el valor de una pomada
para aliviar y curar las ansias y las penas.

Cumpliré lo no prometido
como un deber debido
dándole a sus letras todo el sentido.
Porque soy un muerto entrometido
Burlón, sarcástico y bastante atrevido.

Escribo estos versos
en horas robadas de su sueño
dónde ella, bellísima dama
me sirve su alma
entre edredones y sábanas
para tenerme como su dueño.

Versos escritos,
pero soñados con su quimérico amor
es gardenia su olor
¡Suspiradlo por favor!
Que sea bien recibida
en todos los sentidos.

Solicité su ayuda y ella mi consejo
para adquirir los dos juntos esas flores
que duren por un invierno
y no mueran de calor.
Le pido por favor
que por mis palabras escogiera
si para ella decir las quisiera.

Mucho tengo que decir,
y me da un poco de vergüenza
ya no puedo ni leer ni escribir
debido a mí forzada ceguera.
Estar entre los muertos, ay, ¡pero qué terrible amargura!


Me importa su nombre
solo, lo juro, por curiosidad,
viéndola llena de bondad
y atenta consejera.
No, no os extrañe
me interesa con intensidad
porque soy simplemente un muerto.
Adquirí lo deseado
llevándola a mi hogar
con cariño y esperanza
Pudiéndola admirar.
Y acabar adornando con su sonrisa mi balcón
sencillamente acicalado
con alma y corazón.

Escribo este poema
con más alegría que pena,
más, antes de terminar
yo miro desde aquí
a su melenita curiosa
ni corta, tampoco muy frondosa
colgada de su cabeza,
de una forma muy, pero que muy curiosa.

Qué pena penita que me da
¡inevitable frenesí!
Obligarla a escribir por mí,
haciéndola instrumento de mi mal.

(Por A. T. desde el otro lado del espejo a través de escritura automática transcrito por Claudia Bürk)

domingo, 20 de octubre de 2013

Os debo una explicación




Os debo una explicación
(Por favor, ¡atreveros a leer este escrito aunque os parezca largo! ¡Muchas gracias!)


Quiero agradecerle a todos mis contactos y amigos de Facebook, en la vida ahí fuera y demás lugares, mediante éste escrito, el estar apoyándome en lo bueno y malo. También dar las gracias a aquellos que me han hablado con cierta acidez, o hayan acabado por darse media vuelta, aunque fuera haciéndome reaccionar con un insulto; recordándome que con ciertos aireamientos por mi parte, puedo dar una imagen muy equivocada, bien tratándose de excesivamente irónica, vanidosa, engreída, estúpida o desalmada. Cuando en realidad, las cosas son justo al revés. Muy al revés. Porque en realidad tan sólo soy alguien que actúa por miedo por tener las alas enladrilladas y no saber retomar el vuelo. Quiero agradecerles a esos amigos sus voces; claras, serenas, razonantes y redundantes. En mi opinión, todos deberíamos recordar a los otros cómo sacar partido de sus virtudes, mejorar los defectos y aceptar las limitaciones. 

Y tras esto, explicaros las verdaderas razones de esos extraños cambios que operan en mi ánimo y que se manifiestan en las publicaciones que voy haciendo. Lejos de exculparme de las cosas, soy la primera en señalarme las faltas. Entender a los otros y al mundo, claro está, no significa disculpar, sino aceptar.
El oficio del escritor se ocupa, entre otras cosas en explorar lo que somos todos, revelando nuestra infinita, ambigua y contradictoria variedad, cartografiando así la naturaleza de los que le rodean. La obligación de un novelista es mostrar la complejidad de lo real, pero no a fin de volvernos más complejos, sino en analizar qué funciona mal, para bien evitar unas cosas o por el contrario, aprender otras. Nada debería escapar a nuestro escrutinio. Porque comprender a los otros en sus laberintos, es casi como justificarlos. Pero digo “casi” y lo dejo así por la obviedad del asunto que describiré a continuación.

Os mencionaré a Hannah Arendt, que fue una mujer judeoalemana que tuvo los santos cojones de asistir al juicio de Adolf Eichmann  (ingeniero del exterminio judío en Europa; un tildado un monstruo absoluto) −acatando ese imperativo de entender la maldad extrema – para acabar escribiendo Eichman en Jerusalén, un ensayo acerca de la banalidad del mal, dónde esa pensadora argumenta que Eichmann no era un monstruo del demonio, sino un hombre mecánico que fue frustrado y actuó desde esa frustración.  ¿Se equivocó Hannah Arendt en intentar entender y destripar al mal extremo con la razón? Yo diría, a éstas alturas, que es imposible entender la perversidad tal y cómo ella pretendía, usando sólo argumentos psicológicos. No obstante, Arendt fue una mujer valiente que tuvo el talento de entender las negruras y tuvo agallas  para contar lo que había entendido. Pero hay algo más acerca del mal que todos ignoramos y de ello hablaré después. Yo también he intentado dar explicación a la maldad, la que tanto costaba entender, con todas mis fuerzas. 
Yo también he sido un poco Hannah Arendt… Pero hoy reconozco que he fracasado.
Querer llegar a escrudiñar la maldad es peligroso y puede acarrear la propia destrucción. Puede hacerte correr el riesgo de ser malinterpretado, atacado y ser tildado de revisionista como se hizo con Arendt (la injuria habitual de los conformistas y timoratos contra quienes no se resignan a las ortodoxias comunes…)
Pero vayamos por partes. 

Los que, en nuestras infancias y vidas nos hemos enfrentado al mal, lo hemos tenido sobre nuestras carnes (en el sentido literal) –y me refiero al mal, mal. Al mal perverso, obsceno y destructor. Al mal demoníaco. Al mal que puede hacer de ti una ruina en vida, siendo tu naturaleza limpia y benévola− a esa clase de mal. Los que nos hemos enfrentado a ese mal descrito, no podemos hacer otra cosa que luego −tras las ofuscadoras vivencias−que intentar comprender, perdonar y excusar ese mal, para que no acabe destruyéndonos ni destruya a otros. Nos convertimos entonces, para tal fin, en el reflejo de los otros. Anulamos nuestras personalidades  convirtiéndonos en los otros, por necesidad de empatía. Encontramos satisfacción en desaparecer por instantes, adaptándonos a las personalidades ajenas, dejando de ser nosotros mismos.

El 90% de los niños que sufrieron abusos sexuales lo hacen. Hablan y escriben en tercera persona. 
Desaparecen en sí. Y lo hacen para entender y aceptar lo que les ocurrió. Terminamos por no vivir nuestra vida, intentando exculpar el mal que nos destruyó por dentro, porque sólo así podremos seguir adelante, aceptando lo que se nos hizo. Y aquí, ahora lo confieso, ya sabéis por qué razón me hice escritora.
Los psicólogos dicen que con esos de los que han abusado, es imposible razonar cuando están en “crisis”. Y lo afirmo. Sus ánimos se debaten entre la tristeza y la alegría. Entre la brusquedad, el aislamiento, la amargura y entre el intento de socializar y exculparse haciendo el Bien de forma continua. Porque siempre queda el sentimiento de culpabilidad. Porque lo hemos consentido. Porque no nos defendimos.
*1 (Dejaré un par de enlaces con escritos que elaboré al respeto a pie de página).

Así que culpables como somos, tenemos que sufragar nuestra culpa siendo buenos todo el tiempo, poniendo las mil mejillas que no tenemos; la mano abierta para dar, el perdón siempre dispuesto sobre la lengua. Y así vamos tirando millas. Pero ocurre que volvemos a toparnos con los perversos. Una y otra y otra vez durante nuestra vida. (Además y para colmo, los atraemos con nuestra tonta manera de ser buenos).Y pensando que −perdonándolo todo, aceptándolo todo− el otro cesará en su empeño, volvemos a caer en la espiral de la trampa ya familiar, lo que nos convierte una y otra vez en presa fácil de nuevos abusos, de los juegos de poder de los otros.

Lo aceptamos, empero. Somos los chivos expiatorios de los otros. Y no nos quejamos. Porque ese papel nos lo otorgamos para liberarnos del dolor. Sin embargo,  de vez en cuando –el ánimo cargado hasta los topes de la ingratitud de los otros, de los empujones, de los desprecios− nos da por decir tonterías. En mi caso, en público, en Facebook o dónde se tercie. Nos mostramos chulos, malhablados. En una palabra, nos rebelamos. Y es entonces cuando los otros, acostumbrados de ver nuestra eterna disponibilidad, nuestra generosidad, buena educación, mansedumbre se quedan atónitos viéndonos cambiar como un semáforo. Es entonces cuando escucho “Claudia, no pareces la misma que ayer”. Y es que ya lo dice el refrán “Mata un perro una vez y te llamarán mataperros”. Ese desliz los otros no te lo perdonarán y a lo sumo hasta llegan a creer que padeces bipolaridad o te drogas. O estás endemoniada (esto último tiene un pequeño grado discutible; ahora lo mencionaré). 

Al igual que Hannah Arendt, seré muchas cosas pero nunca cobarde. Y si hasta hoy no he hablado de todo esto, era por vergüenza, una honda vergüenza que me quemaba por no entender lo que se me hizo siendo niña. Y que supongo, que con éste escrito no privaré de eco.

Ni fue intención de Arendt ni lo es la mía trivializar con cosas como lo son los abusos o el holocausto nazi. Ni busco justificación ni intento exculparme por haber escrito estupideces en las últimas semanas.
Más bien llegar a la conclusión de que de todo el mal, sale siempre el Bien. Y por fin comprendo, al tiempo que estoy escribiendo éstas líneas, que el mal existe para encaminar el Bien. Como dijo Einstein, “la luz necesita de la oscuridad para ser advertida, para existir como luz”. Al fin, entiendo ínfimamente que no hace falta desentrañar el mal, basta con saber que sólo es instrumento para alcanzar el Bien. De ahí, como piensan los creyentes (y me incluyo a mí manera) Dios creó a los demonios y los dejó libres entre nosotros.

El mal es adjudicable a los miedos, a las frustraciones, sí. En parte. Porque ahora sé que hay otra parte. ¿Fue acaso Hitler en un principio un pobre decepcionado?  ¿Un frustrado y un niño del que abusaron de una manera u otra? Sí. La historia lo confirma. Fue un judío precisamente quién rechazó sus trabajos como pintor, entre otras vivencias frustrantes de Hitler. ¿Pero fue eso suficiente por sí sólo para convertirse en quién fue; ser un asesino en masa, un orador hipnótico del mal y un ejecutor del holocausto y de los crímenes más aberrantes que en nuestra imaginación caben? La respuesta es no. Tuvo que haber otra causa, además de la psicológica de la que estoy hablando todo el rato. 

Los teófobos  y los escépticos, con mentes meramente racionales entre vosotros, hasta ahora habréis seguido este escrito sin demasiadas objeciones. Pues hablaba de la dificultad de darle sentido al mal y también de que con la psicología se la lograba desentrañar en parte. Pero ahora desearía hablaros de la otra parte que hace del mal, el mal intrínseco. Y que a vosotros, racionalistas, no os va a gustar ya tanto. Si os digo que Hannah Arendt fue acusada de banalizar el mal, de frivolizarlo (ella no obstante se justificaba a eso diciendo que el mal no era banal, sino las personas que lo llevan a cabo eran los banales) será porque como insisto, el mal no puede explicarse con los meros trastornos ocasionados por los hombres. Lo del holocausto alemán no se puede tratar de entender sólo con maldad humana. 
Tampoco pensar que fue obra de demonios. ¿Pero y si os dijera, que según mi entendimiento, fue obra de ambas cosas? ¿Qué muchos criminales, asesinos o sin ir tan lejos, actos de sometimiento y perversidad que presenciamos a diario, fueran en parte debidos a influencias que están fuera de nuestro control?

El Padre José Antonio Fortea (Exorcista de la iglesia católica en Alcalá de Henares) cree firmemente y por obvia experiencia que existen fuerzas, entes, entidades íntegras, que pueden ser capaces de lograr convertir a los hombres en piezas de una ciega maquinaria administrativa. “Demonios”, lo suficientemente sutiles como para ensañarse justo con esos que siendo “buenos” y absolutamente nobles de espíritu hayan quizás tenido problemas en su vida de abusos, malos tratos o frustraciones. El padre Fortea insiste en que precisamente acaban “poseídos por demonios” muchos de esos que sufrieron abusos sexuales por parte de algún miembro de la familia (lo que es especialmente malévolo y perverso). ¿Por qué esto podría llegar a ser así? Ahora cabría responder porque quizás así sea más difícil identificar la causa de sus comportamientos agresivos, adjudicándolos únicamente a la psicología. 

También afirman el Padre Fortea y el Padre Amorth (exorcista de Roma) que además de ese grupo de personas, pueden acabar influenciados o poseídos los que consultan a tarotistas, videntes o médiums. O que ejercieran como tales: el segundo grupo de riesgo. Si por tanto, hemos tenido en nuestra vida abusos sexuales (más agudo si es por parte de un familiar, como ya dije) o tocamos los temas del “ocultismo” de alguna manera, tendríamos todos los números para acabar siendo marionetas (y menciono a Hitler aquí de nuevo como ejemplo por reunir también ambas cosas) en manos de esas entidades de origen preternaturales. 
Tanto parece ser así, y lo dicen los expertos, que las influencias demoníacas alcanzaron y alcanzan naturalmente el corazón de la propia iglesia. Que podría así ser, otra estratégica sutileza de esas entidades.

Sé muy bien que escribir éste artículo me va a costar caro, porque estoy tratando de poner al descubierto cosas que tienen mucha más inteligencia, fuerza y sutileza que todos nosotros, que todas las agencias de inteligencia y gobiernos de este mundo. Y aún así, debo hacerlo. 

Porque (y acabaré este relato en un breve resumen de los hechos) yo misma he podido comprobar en mi cuerpo, con mis ojos y sentidos que es verdad, que existen estas entidades, que son personalidades en sí y no meramente algo llamado “maldad”. Que he comprobado por mí misma cómo y de qué manera pueden llegar a manipularnos si abrimos las puertas adecuadas y reunimos (inocentemente quizás) los requisitos para una posesión. Y ahora empiezo a comprender muchas cosas. Cómo, por ejemplo era posible que pudiera tener capacidades mediúmnicas, saber cosas y datos que no me correspondían. 

Que erróneamente creí que eran para bien, porque con ello estaba ayudando a muchas personas (algunos de Facebook podréis comentar vuestra experiencia al respecto de lo que os hice llegar) y hasta escribía a la Policía en privado para pasar datos sobre ciertos crímenes de los que, de pronto y de la nada, conocía los detalles. No digo que la mediumnidad sea algo negativo en sí, es sólo que me falta discernimiento. Y que sin tenerlo, no eres apto/apta para usar esas informaciones. Que es mejor hacer caso omiso en todos los casos.
Y para acabar, y como conclusión, comentaros que una mezcla de muchas cosas me hizo reaccionar muy mal estos días, incluso semanas atrás, (fácilmente se pudo adjudicar todo a la arrogancia, pero no fue ese el motivo, porque no soy arrogante) hasta el punto de escribirlo en público porque la noche anterior a hoy –a los hechos me remito sin entrar aquí en detalles− viví en mi propio cuerpo algo que jamás olvidaré. Y esperaré a su vez que no se repita. Porque fue aterrador.

Por todo ello, digo que la maldad viene dada de una mezcla de daños psicológicos humanos y de cosas que están fuera y no podremos controlar jamás. Mucho menos identificar.  Los que, como yo, tenemos aquello que otros llaman falsamente “don” de ver cosas y saber cosas que no corresponden o quizás sí (aquí está mi confusión) vivimos una montaña rusa, por vertiginosa y, a veces, irregular. Pues asusta cuando subes y desciendes. Llevas contigo el peso de una responsabilidad enorme; de no saber con certeza si el discernimiento es el bueno. Entonces te confundes, cambias de registro, camuflas lo que sabes y no mides las palabras cuando la tristeza que te produce, te puede. Y hay prioridades. Y son los otros, los que nos necesitan. Y no se pueden dejar de lado. Porque recodar que pudiéramos ayudarles en lo peor, ayuda a mantener la calma cuando las adversidades nos visitan, sabiendo que jugar a luces y a sombras no es un juego fácil.

He sido lo más sincera que he podido al escribir todo esto. Sólo me queda la advertencia: cuidaros de consultar a ocultistas y demás cosas que no correspondan por estar en el lugar exacto dónde os toca estar. Todo llega porque debe. Si perdéis a un ser querido, tened paciencia porque lo volveréis a ver. Si la vida os golpea, esperad acontecimientos porque las adversidades casi siempre son tan sólo la antesala de la suerte. Si tenéis repentinas videncias o clarividencias, guardadlas para vosotros. No siempre trae nada bueno querer ayudar con lo que de pronto sabes. Os diría que confiarais en la vida. En Dios, para los que creen en Dios. Y ya para acabar, aquí os dejo otros dos escritos al respecto de esto último. Y os dejo reflexionando, dándoos las gracias de todo corazón por leerme y por estar ahí cuando más lo haya necesitado. Simplemente…¡Gracias!

 Sun umbra floreo: C.Bürk

*1 Enlaces al respecto:

Enlaces acerca de la mediumnidad:

Enlace sobre una advertencia que hago acerca del ocultismo:

viernes, 18 de octubre de 2013

Muerte en los ojos



Entre el revuelo de mis vivencias,
entre los latidos de mi ayer:
¡hielo capeado, sustituyendo carencias,
congelando mis ansias de querer!

Y mientras la palabra se descuida,
negras aureolas coronan mis pensamientos,
¡Es la congoja que no termina,
la que rompe la madriguera de mis sentimientos!

¡El pasado en movimiento
como arena movediza,
que en un vaivén fue carcomiendo,
a mi alma quebradiza!

El sinsentido estranguló los sentidos.
Lápidas mis manos y mis labios; el ánima in conmovido.
Decibelios de silencio ahogan mis latidos,
¡Mi vivir no es longilineo!

Sub umbra floreo: C.Bürk

jueves, 17 de octubre de 2013

Furtivamente adorado Imposible



Furtivamente adorado Imposible:

No me canso de escribirte, de dedicarte líneas (¿acaso divisorias, frontera entre su reino y el mío?), mí tiempo, mis temblores y con ello ponerme en sumo peligro...  Todo es tan sólo obra de la emoción. Fina y cristalina, sin expectativa; (¡con el corazón en blanco estoy!), sin otro interés que la posibilidad de mirarte de frente a través de los vocablos. No sin tristeza, resumo entre éstas líneas minutos de congoja; de saber y aceptar el requerimiento del tiempo por permanecer anónima para el amor, ¡para mi amor!
Acepto y aguardo sin reproches ni exigencias, la NADA a cambio…pues también sé, que tal no es el camino dictado por la sabiduría.

Quizás sea éste mí único recurso de proponer un encuentro: escribiéndote y esperando lo inesperado. Y crear así una tierra de nadie, que a ninguno pertenece; puerto neutral dónde anclar mí fantasía.
Si yo fuera otra y tú otro, pienso; yo te miraría a los ojos de la única forma que quisiera mirarte, que en mucho llamaste la atención de mí ser más profundo; sin embargo la realidad es un plomo, dónde no puede ser prenda mi corazón de tan preciada imagen: pues no dejas de ser ilusión sin sustento, y no me corresponde en esa realidad de mercurio inventar figuraciones donde no hay ni habrá jamás seña segura de recíproco interés, el cual por nada del mundo me es dado averiguar, por prudencia y respeto para ti y para mí. Así va la sensatez marcando el segundero.

Empero, mí alma recibe sus impresiones del entorno, pero es, sobre todo, el dialecto interno quien me dicta la sentencia respecto de lo que ha de ser juzgado en prudencia o en fantasía. Y es bien cierto que arduo, y en mayoría infructífero, desear a capricho controlar los fenómenos de la realidad y aun aquellos que atañen al artificio del ser humano. No es dado a una mortal simple e ignorante, como yo, augurar las certezas, y no debiera, pues, ser de mi tormento el acontecimiento ni su resultado; apenas me es dado, con mucho esfuerzo de concentración, vivir en plenitud la experiencia del instante, guardar las energías de luminosidad blanca para atravesar la noche oscura de todas mis tristezas…

Continúo siendo la niña recluida que un día fui, que crecida bajo los crueles dictados de las circunstancias, soñaba con lo mágico..
A día de hoy, aún soy esa chiquilla que en ti imagina encontrar reposo para sus interminables inquietudes. ¡Tantas, las ganas mías por desahuciar a las sombras, van y vienen los días y las noches y es cama de silencio el tiempo; ya no lloro, hace muchos años que no, como tampoco repinto mis carcajadas, pues en animal de escenarios me han convertido y es el público quien confirma a vergonzosa la tristeza, la farándula de las apariencias: por hoy: mi sonrisa es leve pero íntegra.

Algo habré de cosechar bajo la benevolencia de mí ímpetu de soñadora; es todo cuanto me queda... Y, siendo honestos: ¿No será mí espíritu, frágil como un cristal, salvaje y fuerte como ninguno otro, quien me pone en las situaciones de ensueño? 

¿Y no será cierto que tú, adorado Imposible, también en alguna ocasión hayas desdeñado la jaula y la prisión de las formas comunes?

Con todo mí amor para ti:

(P.D.: Casi estaba por encontar en mí la perfecta descripción de mís sentimientos hacía ti, pero no es posible, me retracto: es paciencia de gota la que cincela a las rocas para crear piezas de maravilla.)

domingo, 13 de octubre de 2013

La escritora Claudia Bürk (Por Herbert Schnurr)

Claudia Bürk


Acerca de la autora:

(Texto publicado en artigoo.com por Herbert Schnurr. (Crítico literario y profesor de Literatura en Hessen (Alemania)

Claudia Bürk (Valladolid, 1971) sería una anodina cualquiera, con físico agradable, que ésta tarde –nos hallamos en mi casa en Hessen− esconde bajo unas gafas encima de unos ojos sin maquillar, las manos siempre ocupadas, el cabello en una coleta baja y blusa de seda tan verde y clara como sus ojos. Si uno se la cruzaría por la calle, de esa guisa ni la vería. Ese anonimato, los escondites; el ser poco para ser otras cosas, a Claudia le gusta, como confiesa. Y así sería si no fuera por sus palabras: una voz densa, rica, irónica, humorística y trágica las otras veces, repleta de talento para narrar sobre eso que a menudo queda oculto. Una voz que le nace y con la que ha escrito un libro de relatos: “Desde el penúltimo rincón de mi espejo (2008) ”. Una novela que está exitosamente publicada, “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot (Grup Lobher 2011)” A la que le sigue otra, “Maldita Matilda (Pighog Press, Sussex. 2014) ” que acaba de emigrar al Reino Unido y seguramente se publicará el año próximo. Escribió también otro libro de relatos, “Detrás de las mirillas (2012)” que está listo y registrado desde hace más de un año, pero que por desidia, así explica Claudia, no ha sacado a la luz. Actualmente enfrascada en tres novelas al mismo tiempo (“Second voice”, “Ioná, desde el más allá”) y de entre las que ahora mismo se dedica más a “Madame Toilette”. 

La autora podría ser alguien más, que pasa a nuestro lado sin ser advertida si no fuera por sus matices, metáforas, rotundidades y referencias. Como cuándo dice que “no sabe para qué sirven los notarios, los títulos, los honores, las banderas ni los presidentes”. Cuando habla de cómo cada persona “lleva en sí mundos distintos, siendo una humanidad individual y que por ello a los otros se les debe servir para vivir las otras muchas vidas y realidades que confluyen por ahí a un tiempo”. Claudia nos  platica acerca de la importancia de la empatía, de cómo para alguien secularizado como ella, es esencial comprender y hacer comprender. Afirma escribir por esa necesidad de servir en bandeja por los ojos las otras vidas, que vayan circulando las historias ajenas. “Escribo, porque aquello que no vemos es más importante que lo que vemos”. Me lo dice con una mirada que no mira, sueña. Y cuando no, escrudiña y sospecha sin juicio. Mira como alguien que dedica demasiado tiempo a observar. Y añade −ahora en alemán− porque ambos lo hablamos en privado “Una buena novela debe servir para volver a mirar el mundo y a sus habitantes de otra manera”. Luego ríe cuando confiesa “Es cierto que en mis libros encierro demonios. Pero no necesariamente los míos propios, sino los de todos esos que quiero comprender, por resultarme opuestos. Por ser vidas, que de no contarlas, pasarían por aquí sin ser advertidas. Y no es justo.”

Claudia y yo compartimos una taza de té “Earl Grey” mientras charlamos y yo tomo apuntes para escribir el presente texto. Su “favorite tea” , me confiesa. “Por su intenso sabor a Bergamota tan británico“. Y seguimos charlando ahora en ingles, mientras me explica sus proyectos personales, me habla de la vida saludable y el veganismo. La defensa de animales y de niños. Ella se confiesa “ready to fight tooth and nail to defend the defenseless ones…" Sin embargo, no tiene hijos. Empero “Dios no me los ha dado, pero me ha dado gatos, libros, manos para escribir otros y telepatía”. Ahí deja eso. Y a la que le insisto para especificar “telepatía”, ya me ha cambiado el tema y me habla de sus gallinas.

Así es Claudia Bürk. Su área es la relación entre cotidianidad, misticismo, concienciación y los sentires altruistas, todo bañado en humor. Por ello mismo, quizás, en sus libros hay mucho de todo eso. Pero también en sus manifestaciones diarias. Pues como declara “Sin pensarlo fui siendo escritora, por el hecho de ir contando lo que veía. Y eso me enseñó humildad. Renuncia. Respeto absoluto por las vivencias de los demás. Porque si es grave no comprender, más grave todavía es creer que lo has comprendido todo. Yo escribo desde la ignorancia. Además de eso, estoy en contra de hacer una sola cosa. De dedicarme solo a escribir, por ejemplo y luego tener que hablar sobre lo que escribo, pienso o soy”. (Un servidor capta al  instante su indirecta y ese guiño de ojos tras la frase). “La vida tiene que pasar por muchas puertas. Me quiero desarrollar dispersa en el mundo, ser un espejo para los otros. Porque si hay un truco para ser felices sería ese; saberse desdoblar en muchas vidas, en personas y personajes distintos. Transformarse una misma en la narrativa de los otros. Ser voz de muchas voces. Es importante saber leer el mundo.”

Herbert Schnurr




Acerca del estilo narrativo de la autora Claudia Bürk por H. Schnurr :

El estilo conceptista y retórico empleado por Claudia Bürk, pone en marcha –como por milagro- una expresión literaria como no la habíamos tenido: conmueve las fibras de las almas. Es rotundamente inteligente, descuajada y febril. Escribe como lo hacían las grandes místicas. Con una fábula cerrada y con sentido. Como alguien que aspira a la esencialidad meditada de las cosas. Claudia Bürk busca la médula de los asuntos mundanos, quedarse en los huesos del vivir.

Ella hurga detrás de las apariencias, mira lo real desde el lado zurdo y es capaz de desvelar lo que escondían los ángulos muertos de la visión. Otras veces, Claudia es enciclopédica como los grandes literatos rusos lo fueron también. Recuerda intensamente a Sor Teresa de Ávila, pero también a Tolstoi, a Franz Kafka y a Hermann Hesse. Sus primeras obras escritas son particularmente autobiográficas. Las más recientes, sin embrago, la alejan completamente de sí misma.

Tiene siempre una tremenda preocupación idealista en sus textos. Su moral es el retorno a lo sencillo, el desprecio a las vanidades y las hipocresías. La adoración a lo imperfecto. Claudia no necesariamente sueña mundos mejores, sino que logra al escribir hacer del mundo que tenemos, el mejor. Se siente embriagada ante la visión de la realidad. Y le busca los sentidos. Ella se niega a pasar por el rasero de la criatura humana solitaria, abandonada a su suerte con sus escritos. La novelista Claudia Bürk intuye algo inmenso en las existencias y en el suceso vulgar de las cosas. Vuelca su pluma y su existir, su entrega, en el manejo del humor, de la ironía y en novelar nostalgias con la autenticidad. Sabe que la erudición no está reñida con el humor.

Entre sus escritos late la extraña sensación de haber encontrado una fuente secreta de esperanza. Esta manera expresiva que tiene Claudia (cada vez más intensa y viva) es prodigiosa en sí, con acuidad sobre el mundo complejo de las emociones ajenas. De las cosas no nombradas. A través de los escritos, poemas y de las novelas de Claudia Bürk puede advertirse un alma de fuego y de cristal, un alma angustiada; su sentido de la fe y de la libertad, en premonición de ideas que, en todos los tiempos han sido veneradas. Todo ello acompañado, diríamos sinfónicamente, por una gama inmensa de datos psicológicos, de detalles profundísimos acerca de las almas de sus criaturas de ficción, a través de cuyas reacciones nos veremos tantas veces a nosotros mismos, redivivos y ciertos.

Herbert Schnurr - 23/07/2013 a las 17:52

miércoles, 9 de octubre de 2013

Poemas míos en cuatro idiomas



Los siguientes poemas los escribí cada uno en su idioma original, por orden de dominio de los mismos. Cada uno trata un tema distinto. Si los que no entendéis los ponéis en un traductor, lo más seguro es que pierdan expresividad, ya que al ser escritos y pensados en su idioma original he echado mano de las peculiaridades del idioma. Entonces, a menudo la traducción literal no puede ser. Ahí os los dejos:

Stehts vom Tod umgeben

Mitten im Leben,
sind wir stehts vom Tod umgeben.
Und in Mitte der grössten Freude,
macht heimlich die Misserie ihre Beute.

Kein Ort auf Erden, kein Verstecken
deckt des Gewissens dunkelstes Schrecken.

Erst gebeugt der gute Wille
erfolgt beim leben Meeresstille.

So suche Tag von Tag erneut
die geheime Deutlichkeit der Herzen;
barmherzig sei so in der Not,
zu des Nächsten Schmerzen:
Nimm so hinweg die Macht dem Tod!

Und glaube: Die Liebe wirkt, sie dampft und schaft.

Oh, Mensch, erzeuge sie stehts mit Zauberkraft!

Save me from my fear

I silenced all my dreams inside,
leaving my tormented life behind.
But all around me I see danger
inside my heart I‘m my own stranger.

I’m still calling your name through my fears
I still remember your lies through my tears
I’ve lost all my faith, all my trust,
don’t believe in nothing, at last.

You never felt my senses,
now I can´t feel them too.
But, -tell me-,what can y do?
Memories of untrue love fade into emptyness.

I guess...!

I’m empty, but I torn between my honor,
will never again be tortured with your suposed love, your horror.
Now I close my eyes;
all I see is how I want it to be
I payed one sinister price: I’ve lost you for ever and left you behind.


Relatividad vital

¿Quién me trató de ocultar
que por el camino de la vida
era lastimoso caminar?
¿Que éste tenía mil mentiras de leguas,
otros mil embustes,
de largo recorrido,
que mi corazón trató de esquivar?

¿Quién olvidó contarme
que la ilusión por ser querida
fuera torpe quimera;
el amor,
mentira en ascuas
de algún oficioso diablo
que habilidoso supo acobardarme?

¿Quién no me dijo
que los sueños aventarían la ceniza,
y marchitos dolores, pretéritos ocasos,
de los años en mis sienes;
que mis ilusiones serían el crucifijo
alzado ante mis pasos?

¿Quién calló
las esquinas verticales,
rosas carcomidas por los zarzales,
la zarza y la espina,
el dolor y la mentira,
que la vida conlleva,
que trae el respirar consigo,
que todo nos alcanza,
cuando la honesta verdad ya hiela,
cuando muere la esperanza?

¡Ay, cuántas son las veces que he salido
para ver si ya en alto,
la vida asomaba mansa, cálida,
como tal vez un sol aureano,
ay, si mi alma aún en crisálida,
corazón aún sin hiel, joven y tempranero,
luego fue presa del tiempo,
que hirió el arquero amor,
torvo, bandolero, tramposo hechicero!

¡Ay, que sólo el dolor quiso ser mi maestro,
quiso destaparme, quiso enseñarme,
lo que la vida sería
y así me habló!:
“que tu vivir será el tiempo
con que hilarás todas tus dudas y desazones,
el camino sin vuelta de nebulosa suposición,
el turbio andar en mi ignorancia, a obscuras.
¿Y tú?
¡Esclava de tus temores, prisionera en tu propio corazón!”

L'elegáncia d'una veritat

De l’estimació, estimo la veritat.
Del teu secret, un gest airós,
¡I tu mateix amb el cor adins molt amagat !

Tinc por: el pas del temps i cent dolors,
Mai tornar a sentir pell contra pell, ¡guanyant la mort !
Res no em desperta l'enuig,
damunt la tenaç serenor.

Emmiralles i desitgos
arreu la teva aura generosa
que t'envolta l’anima.

Assaboreixo l'instant
sense la por a la mort.
Amb una abraçada plena de passions
mesuro cada acte,

les fogueres d’un alguit temps
refusant l'excés:
el pas del temps i cent dolors
compartint la meva esperança.

Sub umbra floreo: C.Bürk

martes, 8 de octubre de 2013

De escondites y falsas apariencias. Poder y no querer.





“La humildad consiste en rechazar a las apariencias y a las superficialidades. Es la expresión de la profundidad del espíritu humano; es condición de su grandeza aun viéndole muy pequeño”


En la vida se nos presentan muchos caminos: bifurcaciones a seguir, que nos elevan de estatus, nos ofrecen fama, riqueza, puestos de mando, poder;  a los que inevitablemente se solaparán la soberbia. También vienen otras direcciones, como lo son la renuncia a tales cosas, el conformarse con lo pequeño con lo casi invisible. Aceptar trabajos humildes que te permiten observar sabiamente “desde abajo”. Poder y no querer. 
Quizás porque ya has podido y has visto lo que ocurre cuando tienes el mando, cuándo los otros dejan de ser ellos por respeto y miedo a tu persona. Los caminos primeros casi siempre tienen por consecuencia la soledad, mientras los segundos, los caminos del empequeñecimiento, lograrán que los que se nos acerquen, se dejen ver al 100% como son. No hay situación más aventajada que ser pequeño a los ojos de los otros. Muy, muy pequeños. Insignificante, poca cosa, incluso vulgar o inculto. Y si no lo somos, conviene fingir serlo. Cuánto más aminorados, mejor. 

Cuando ya vienes de vuelta de los trabajos con poder, del poder que da ser jefe, de haberlo podido tener todo en este sentido, te sientes al renunciar como aquel que se enciende los puros con un billete de quinientos Euros. Lo más sensato e inteligente es ocupar los lugares insignificantes. No tendremos ni pelotas ni farsantes alrededor. Personalmente adoro mi trabajo (me refiero al que me da el pan; no el de escritora que ahí también hago mis renuncias). Me permite ser el último eslabón; justamente situada al lado del personal de limpieza. Porque los que, como yo, ejercen de Vigilantes de Seguridad se les tilda de vagos, tontos e inútiles. Nunca cuento el resto. 
Ni las menciones, ni las especialidades. Tampoco hablo de mis trabajos anteriores de “alta gama” como jefa de ventas. ¿Para qué? Yo quiero que me vean pequeña, con mi uniforme cutre. Con mis menudencias. Es así como puedo ver. Observar. Mirar las almas. De los déspotas y de los nobles. Humildemente, como a mí me gusta. Este valor lleva a la persona a conocer y aceptar la realidad de su vida, sin subestimarse ni creerse superior a los demás.


Me permite ver como otros con poder actúan sobre mí. Y con gusto les hago sentirse poderosos. Disfruto viendo como me clasifican. Lo que ignoran que soy una de esa que aun tienen ojos para lo pequeño y para lo rutinario: la pasión por lo mediocre que a algunos nos posee como una fiebre. Es el horror a lo grande. La idolatría a lo convencional. Somos los gusanos de todas las glorias, vanidades y apariencias. Somos esos que no nos importa pasar a diario las fronteras del ridículo, siendo los más pequeños del imperio de las hormigas. El amor al servicio nos llena de un regocijo cándido y admirativo que nos viene de nuestra propia pequeñez.  

¿Por qué te das a una vida así? Con tu preparación, idiomas y cultura, ¿por qué no eres más? Me lo preguntan a menudo y sonrío, ladinamente. ¿Qué sabrán ellos lo que significa “ser”? Ignoran que he elegido esa vida a conciencia. Demasiadas personas hacen, desean y consiguen cosas para aparentar ser mejores para los otros, por el mero placer de deslumbramiento. Si yo elijo estar ahí, en esos lugares, que otros sitúan entre la mugre, es porque me sirve de mucho. Desde allí pocos tienen el genio de comprenderme como y mucho menos todavía, el valor de admirarme. Y es justo lo que necesito para mi vida. Desaparecer para ser. Ser poco para serlo todo. Desde allí hago de mi labor un hacha para cortar el cuello de las tontas apariencias. ¿Pero alguien se daría cuenta?

Es la actitud derivada del auto-conocimiento, de las propias virtudes y de las propias limitaciones. Todo ello lleva a obrar sin orgullo. Conduce a la persona en cuestión a conocer y aceptar la realidad de su vida, sin subestimarse ni creerse superior a los demás. Es la verdad sobre uno mismo. Y los otros, los que mandan, saben y conducen, te muestran un espejo día a día.



Esta clase de acatamiento, empero, no es sinónimo de “flojera”, falta de carácter o raquitismo -pues no se le debería llamar así a la actitud de alma que proporciona la paz interior más absoluta- pues tampoco la soberbia es signo de soberanía (aunque casi se escriba igual) ni de fortaleza.

Recordamos así las palabras del sabio Santo Tomás: “La soberbia consiste en el desordenado amor de la propia excelencia”. La soberbia viene a cegar al hombre, pues no le permite aceptar ni ver sus defectos, menos aun aprender de estos a ser él con todas sus consecuencias y por eso mismo, actuando como actúa, no podrá corregirlos. Aquel que se hace pequeño,  en cambio, cuando detecta una rama torcida que le señalan los otros al creerse en una posición elevada sobre él, puede enderezar ésta con facilidad. Y aunque le duela, no le dolerá como ése que desde lo alto cae a tierra.

Sub umbra floreo: C. Bürk

lunes, 7 de octubre de 2013

Carta a un Amor Imposible. Carta a él.





Hola mi amor lejano, mi amor eterno, mi amor por siempre,
mi imposiblemente amado señor X, (un Ángel):


21:00 horas.

Como una loba solitaria, aúllo triste a la luna que no consigo alcanzar. Y ésta no responde a mi súplica. De tanto amor en mí, muero en vida, al tenerte cerca. 


De pronto consigo tenerte frente a mí, tras tanta espera, tras tantos días de lucha con la vida, de responsabilidades, de asuntos que resolver, siempre sola...Entonces por fin llega el gran día de la recompensa que llega sólo al tenerte cerca. Al volverte a saber aquí. ¿Y cuál es mi respuesta? El silencio. El disimulo. Tal y como marca el protocolo. Porque DEBO comportarme así. Y a eso se suma una absoluta timidez por mi parte. Es como tener al mismísimo Dios enfrente de mis ojos; ¿qué hacer? ¿Qué decir? ¿Como comportarme? Soy realmente buena haciendo de actriz...

Quisiera entonces decirte algo brillante. Acercarme a ti tan solo un poco. Pero el miedo me paraliza. No puedo respirar. Siento estar demás. Temo decir algo que no debo y callo. Me atraganta mi propia inseguridad. Siento como me bloqueo, como mi mente se nubla y temo que hasta mi respiración me delate y te hable de esa otra que soy, la que jamás va uniformada. Pienso que estoy resultando patética, que mi presencia te resulta molesta. Me vuelvo torpe e indefensa. Y me siento muy pequeña.

Cuando todo pasa, me entra una tristeza insoportable y pienso "otra vez a esperar, días, semanas ..¿Un mes? ¿Mas? Qué cara es la felicidad de tenerte cerca unos minutos. Cuanto sufrimiento tener que ahogar mis sentimientos a tu vera. Cuantas cosas quisiera preguntarte, cuantas miradas gastar en sondearte los ojos. Y sin embargo, esos minutos pasan, veloces como caballos de batalla. Y vuelvo a casa, a mi triste rutina; la responsable vida de la eterna solitaria.


Me conciencio de que jamás repararás en mí. De que nada te importo y lo comprendo. Soy un ser gris, que de tanto en tanto se vuelve arco iris al tenerte cerca.


Los miedos me matan, la vergüenza por que me descubras. Porque, quién sabe, mis ojos siempre hablan demasiado...Sin embargo, quiero volver a ti, volver a mirarte de lejos, volver a contener la respiración al ver cómo te aproximas y fingir estar ausente. Fingir y fingir...Que nada me importas, más que lo que exige el protocolo. 


He llorado tras verte. La tristeza aumenta, a medida que aumenta mi certeza de que jamás querrás tenerme en cuenta. Duele, pero es el precio que debo pagar por sentir algo que no me está permitido. Que difícil es aceptar que jamás te importaré lo más mínimo, cosa que es de una lógica aplastante. Un océano nos separa, la propia vida nos separa. Te lloro en la noche, en el día. La vida duele, más duele al tenerte cerca y saber que quizás hasta me detestas. Es posible que lo hagas, tal vez sepas que soy yo la que te ama. Tal vez me culpes por ello, por éstas cartas que jamás leerás. La verdad es que no lo sé. Tan solo comprendo que mi soledad es cada día más grande, que hacía el mundo soy una cosa y en realidad, soy otra, un ser solitario, condenada a vivir en soledad, condenada a amar en silencio por miedo. Cuanto daría por verte más a menudo. Cuanto, por sólo saber que me aprecias un poquito, no a Claudia, si cabe a esa que no soy ante tus ojos...
22:30 horas.
He llegado a este mundo imaginando tu ser, ideando tu figura, pero no fue mi mente, ésta sólo soñó  con esa descripción tan maravillosa porque te intuía en el mundo. Sin embargo, no me quería conformar con tan solo una quimera inconclusa. Quería encontrarte. Saber que existes. ¿Dónde te podía encontrar? ¡Es lo que no sabía!, tan solo eras una ilusión indefinida, un sueño, que me hacía feliz, pero a la vez me atormentaba. Ya que no lograba encontrarte. Fui la más terca buscadora de tesoros ya que luché contra mares y tormentas hasta llegar a verte en el mundo. Ese tesoro lo descubrí  como un cofre perdido en lo más profundo del mar y al abrirlo, encontré el más bello diamante y ese fuiste tú.

Luego te vi, de pronto apareciste, cuando ya no te esperaba y supe que tú eras “El”. Sin embargo, terribles imposibilidades hacían y hacen que solamente pueda amarte en secreto, vivir siempre separada de ti, sin esperanzas y avergonzada al tenerte cerca, porque tal vez, mis sentimientos me delaten. Ante ti, debo obligarme a permanecer impasible. Me siento tan asustada en tu cercanía, que siento que mis temblores internos me van a delatar. A penas respiro, la timidez me mata, mientras siento que el corazón por dentro se me desgarra. De reojo, te miro ilusionada, buscando en tus ojos alguna señal de, al menos, simpatía hacia mí (¡cuánto me conformaría con sólo eso…!) Sin embargo, solo encuentro lejanía, ausencia, impasibilidad.
A veces, sombras de un reproche parecen asomarse en tus pupilas, cuando a ti me acerco. (En esta última ocasión, quise permanecer un rato a la vera de tu espalda, mientras paré mi aliento para sentirte respirar, mientras inhalé el aire afanada, con tal de sentir tu aroma, un instante nada más pude estar en el cielo, al tenerte tan cerca…)  
 22:45 horas
Quizás sólo lo imagino, porque creo que de leer lo que aquí te escribo, sabrías quién soy y creo que sentirías cosas terribles hacía mí. Imagino qué es lo que piensas entonces de mí,- descubriendo la que te escribe estas cartas-. Imagino que pensarías que todo lo que siento o digo es absurdo y no tiene ningún valor. Que soy una exagerada. Que no "rijo" bien. A saber qué se te pasará por la cabeza. Que soy una de esas que corre tras las quimeras, que es mejor ignorarme completamente, porque a alguien como a mí no se le puede tomar en serio. Hasta he llegado a pensar que me despreciarías. Y cuando me cercioro de que es así, me mata la tristeza. Reconozco que al haberlo pensado, me he sentido profundamente apenada. ¿Pero qué vas a pensar de mí si no? ¿De una persona que se esconde entre declaraciones de amor que, seguramente para ti, serían totalmente absurdas?

22:55 horas
Siento miedo, tristeza de la que nadie conoce las dimensiones, porque pienso que sabes que te amo.
¿Indirectamente, aquí en estos escritos te estoy llevado hacía las pistas correctas, con tal de que lo sepas y no tener que dar la cara, por el pánico que sentiría a tu reacción? ¿No quiere, acaso,  el amor verdadero, ser sabido? ¿Puedes imaginar el colosal respeto que te tengo? Quisiera tanto, tanto poder decírtelo, que sí, que soy ella, pero que no debes temer, que yo cumpliré con mi protocolo, que siempre te amaré desde las sombras, que sé de sobras que jamás podrías corresponderme. Que si, que no es tu imposibilidad la que me enamoró, SI NO TU PERSONA, que de poder ser diferentes las cosas, y tú poder corresponderme, te colmaría de felicidad, no me separaría de tu lado, serías toda mi dedicación.

Sin embargo, no temas, jamás me manifestaré más allá de estas cartas que ni tan siquiera llegarán a tí. Y ni tan siquiera ellas me están permitidas. Doy gracias a Dios porque todavía pueda escribirlas. 
Mi Ángel, yo sé, que todo debe de ser como es, que la costumbre de nuestros protocolos parece tener que ser más fuerte que el amor…

Mi corazón se resignó desde el principio al hecho de no poder llegar a tenerte en mis brazos, rozar tus labios algún día, sentir tu sutil aroma más cerca…Qué hubiera dado yo por solo rozar tu mano, sentirte en un abrazo. Mi vida es poco…
El solo anhelo de llegar a reflejarse tus ojos en los míos, hace que mi corazón se sumerja en un éxtasis infinito.
Lucho por lo que quiero hasta lo imposible, siempre he sido así desde niña. Contigo, mantengo la lucha diaria de poder al menos soñarte, saberte existente en el mundo, volcarme en ti desde la distancia y rezar cada día que no te enfade mi respiración cuando apareces…

Si algún día me desvanezco, porque ya no soporte el dolor de no ser yo, no tan solo sin tu amor, sino también con tu desprecio,  recuerda que tú habrás sido lo único por lo que mi vida fue vida.

Por ahora, tan  solo una sonrisa tuya, una frase que me digas, aún tratándose de algo protocolario, me basta para ser feliz y alegrarme el día, aunque esa sonrisa o esas palabras duren solo un abrir y cerrar los ojos, todas aquellas veces que a mí te dirigiste, quedarán guardadas en la profundidad de mi corazón y permanecerán por siempre.

Con todo lo que he vivido contigo en mi pensamiento, he aprendido, que el dolor de no tener a la persona amada, no desaparece, ni se va, sino que es tanto el dolor, que terminamos por acostumbrarnos a él y a llevarlo por siempre dentro de nuestro corazón, nuestra alma, y nuestra mente.
A cualquier precio, el amor si es de verdad, permanece en nuestro corazón.

Con el alma apenado, pero profundamente enamorada, resignada, con el corazón en un puño, te ama:
C.

P.D. Siento que nuevamente no podré dormir, tengo a tus ojos y a tu silueta metida en mi cabeza, danzando en mis sentidos y no puedo imaginar otra cosa que no seas tú. Cuanto te amo y todo ese amor algún día morirá conmigo, inadvertido, olvidado, ignorado.