martes, 26 de julio de 2011

Otra noche más escribiéndole a X.

S
i el amor es la narración de una trama, he de buscar en pie los pre-textos: las sogas con que debo de atar el nudo que otorga el sentido, el por qué, el hacia dónde: el foco narrativo puesto en la sordera justificada de tus ojos. Es la percepción de mi subjetividad quien alumbra el escenario para dar un efecto ahora, una transición aquí, la ilusión destacada a la izquierda y al fondo, junto a la tradicional ventana de lluvia en alborada.
Hoy así te escribo una vez más, arrojando las cartas que me restan sobre tu mesa: de nuevo te expondré mi corazón entre líneas escritas, mientras apuesto mi eterno par de dos contra tu quinto de ases. Frente a ti tienes quién haya podido ser yo: nadie.. y sin embargo quién te admira desde la distancia más lejana, esa que no es mesura de los kilómetros sino de la imposibilidad que de ti me separa.
Reconozco que al haberte inventado por el corazón, vi una esperanza en el absurdo. Observa así, que bajo éstas letras se halla mi naturaleza y ningún afán conmina mis palabras, más que el aprecio y el amor sincero al referirte las obras entregadas desde mi corazón.


En nombre del verbo justifico la blasfemia de nombrar mi amor. Doy nombre a lo inombrable. ¡Ábrase el cielo al final de la frase!
Tu mirada hermética abre las puertas de mí laberinto. Me llevas a correr tras la fantasía, y en espiral caer por el terrible pozo que conduce al reinado de las maravillas. Es locura la voz del tiempo en mis adentros: sucumbir de amor. Tener visiones. Escuchar a los susurros de las nubes. Imaginar mundos. Hablar por boca de las quimeras. Ignorar hacia dónde me lleva el planteamiento de mi amor imaginado. Sucumbir al grito desesperado de la palabra pendiente, ignorarla, abandonarla.....
Lo que me resulta inverosímil es la vida, por ello intento hacer verosímil la ficción. Carezco de la disciplina necesaria para darle sentido a la palabra; es ella quien me otorga el rumbo. Me resulta imposible nombrar el compás de las cosas, pues es complejidad el instante, tridimensional la red que me sujeta al terrible y bello embrujo de lo onírico. Palabras araña, muerden, lamen la flor de la criatura que soy.
Y no soy la que soy...
Mi razón por escribirte en la clandestinidad de un mundo inventado, es abandonar la crisálida que me oprime y que me roba el brillo lunar día a día, al tener que ceñirme entre las apariencias que debo mostrar al mundo.
Si no fuera por quién debo ser, sería la que soy entre estas cartas: paloma cruzando su ventana que aleteando le aliviara las fatigas. Sería jinete que le guiaría sin extraviarse a través de todo laberinto. Armada reina, defensora de tu inocencia y de tu frente. Pudiera ser tu ejército en contra de las calamidades, de tus dolores y tristezas y en un solo segundo transformarme en el oasis dónde tus desvelos encuentren el alivio. Te amaría como en el mundo no se ha amado. Sería tu fiel compañera en la adversidad y en la rutina, cómplice imperiosa en las fronteras, regalándote mi voz, mi alma, mi vida….
Sin embargo, existes solo en mi imaginación por el fin de mis días.

Quisiera que sintieras cuánto te amo desde mi mundo y cuánto es mi respeto por la fuerza y la decisión con las que vives allá lejos en la otra realidad. Te lo mencionaré en cada una de mis cartas, pero sé bien que la palabra no basta si no halla eco en la sustancia del acto.
Rezo así en soledad, pegada a mí la imposibilidad; frente común para las manos en plegaria por quien apenas voy a ser, frente común en visión por mí mucho amor en ofrenda. Prístina luz seré, a penas expuesta ante los ojos de los otros…

Privilegiada, sin embargo,  por saberte cerca de tanto en tanto en mi mundo, beso tus atavíos (de ser quien eres, de tu fortaleza y la pasión que entraña tu voz) mientras tu esencia me roza y te paseas a mi lado invisible, haciendo que mi espíritu y ánima vuelvan en si, a la mayor de las intensidades. A penas un soplo soy en tu presencia de quién debo ser: la que tú sabrás ver si mantienes tus sentidos despiertos, si tu mirada vuelve a rozar la mía tan pronto como resulte posible….

La soledad es el cobijo de mis letras. Soy ser de cartografía silente, y no elegí serlo, fue la selección natural: sólo respondo a mi naturaleza, sin posibilidad de huir de ella pues sería huir de mi sombra en el bosque de nunca jamás.
Vengo de los mundos del reino de la metáfora, luz del incidente, artificio para dar vuelta a la realidad y mostrar el revés, que no siempre es trágica la comedia. Siempre es último el aliento inscripto en la llamada. Soy mujer de palabra y de tareas impuestas por los demás. Cumplo en virtud de la cruz que me toca llevar a cuestas, torpe caigo de rodillas antes de llegar a la cima de la ola; desde la altura me arrojo en espuma por borrar la huella de un pasado,en la arena de mi historia. Arena de fiesta brava en mar embravecido.


Yo no soy yo. A mí no se me ocurriría nunca decir todo esto; yo soy la de las mil apariencias; yo nada más represento, soy un papel donde se inscriben las letras de una tal C. ; ojalá fuera yo la que soy entre estas palabras y ser entendida en mi plenitud sin exigencias. Sin embargo es mi nombre mero vuelo de la coincidencia. Empleo la dialéctica de los sentidos, la clave de sol donde resuena el ritmo de mi corazón. Sin dualidad, sin opuestos a cuyo linde referir mis sentimientos, me expongo a ti de esta manera.

A estas cartas les faltará su respuesta. Sin embargo nada sé de esto que escribo, en la vida real, porque nunca antes la había referido mi esencia; soy simple relatora de mi estrecha percepción. Y si esa voz no es la tuya, no importa, pues entonces tal vez sea la llamada de en eco desde el canto de las quimeras.
Quizás resulten absurdas mis palabras, molesta mi incógnita.
Ruego tu indulgencia si tal fuere la impresión; debes tomar por cierta mi palabra en lienzo blanco, como bandera de veracidad. Tú eres quien la dirige, en su ritmo me inscribo, sin advenimientos a los cuales no he sido convocada. Es cosa de comprender naturalezas, la mía consta de un puñado de palabras: es cuanto he podido ofrecer sin faltar al dictado de mi sangre y sin por ello causar ofensa. Ruego a las musas por que mi palabra no te resulte infamia, pues he pasado mil y un vidas para contemplar sentimientos purísimos como los que me conminan a relatarte sin pudor y sin miedo y sin afán.

Quede pues la palabra empeñada y el alma atenta a los murmullos del amor a la distancia, querido X.

Desde Nunca Jamás y en recorrido hasta Siempre.
Con absoluto respeto y estima,
bajo tus pies, en la sima del volcán, te adora:
C.

domingo, 24 de julio de 2011

Entrevista a Claudia Bürk por "Própera Parada: Cultura"

Con su primera novela de ficción Claudia Bürk juega con soltura ha contarnos una historia sobre una mujer maltratada que tiene una divina misión, en la que los sentimientos afloran entre misticismo, sensualidad y enigmas fascinantes, con un desenlace soberbio.

¿Por qué nueve ventanas y no cualquier otro número?

Sencillamente y en primer lugar porque es un número de “ventanas” que han existido realmente en mi entorno laboral. Fueron nueve monitores de seguridad que me rodearon al igual que existen en el ámbito laboral de Jeanne. He querido dejar alunas cosas íntegramente reales, fue mi particular “juego” con las palabras. Eso sí, el lector anónimo no sabrá qué y qué no lo es. Algunas personas cercanas a mí sí. Hay también en las descripciones mucha sutileza y una gran proporción de simbolismo, así como contenido cifrado, que no por ello influye en la fluidez e intriga al leer. Se puede pasar completamente de todo ello, no fijarse en los detalles y entretenerse perfectamente con la lectura. Hay metáfora muy elaborada en el libro, pero si no te percatas de ella, no porque esté, te pierdes nada de lo que pretendo transmitir. También escogí el número nueve porque representa muchas cosas filosóficas que considero importantes. Simboliza la serpiente mordiéndose la cola, símbolo alquímico denominado “Uroboros”, que en las prácticas alquimias, expresa la unidad de todas las cosas, las materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino que cambian de forma en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación, al igual que representa la infinitud. Tiene que ver con la «fabricación del oro», el sentido real y oculto de esa práctica. Recordemos también los nueve círculos del infierno de Dante. Nada de lo que escriba o elija al escribir, ya sea el título de algo o contenido lo dejo al azar. Mi padre siempre me decía que yo siempre albergaba segundas intenciones en todo y tenía razón. ¿Qué tiene que ver entonces el número nueve con la novela? Muchísimo. Pues la protagonista de la misma, Jeanne, aprende a “fabricar oro” con las malas experiencias, renace renovada. Asocio el número nueve al Uroboros y éste, a la inmortalidad. También ella pasa literalmente por los nueve círculos de infierno narrados por Dante Alighieri en “La Divina Comedia”, mi obra favorita por excelencia.
Todo esto se ve más claro al finalizar el libro.

sábado, 16 de julio de 2011

Tertulia de eminencias


Tertulia de eminencias

«Yo vengo gastando mi tesoro en calderilla para los hombres», le confesó la Vida a la Fe.
“Yo con tu caderilla les voy vendiendo agua a orillas de un río” contestó ésta, mientras guiñó un ojo a la Esperanza que sentada a su diestra, asintió con la cabeza, estando de acuerdo. Sonrieron los tres.
“Ah, pues yo procuro taparles el río con mis manos” se jactó el Miedo.
“Ejem” carraspeó el Entusiasmo. “Yo les hago correr y dar vueltas a ciegas” añadió este, aplaudiéndose a sí mismo.
“Bien hecho. ¡Bien hecho!” vociferó la Avaricia que estaba ciega, “tanto ejercicio les dará sed y nuevas aguas que comprar.” Pero al poco de hablar ésta se atragantó con las palabras y no paró de toser, tambaleándose.
Y la Ira que era otra tramposa, le tendió la zancadilla y la otra cayó al suelo.
“¡Yo no les miento! ¡Yo no les engaño!, gritó más alto que nadie la Sensatez que tenía ojos de loca.
“Sin embargo, eres una ladrona que roba su asombro” la remató la Locura, poniendo ojitos de sabia.

“Qué hastío tener que manejar palabras para malentenderme con los hombres” se quejaba la Metáfora al hablar con la Poesía. Y ésta se sacó mordazas y antifaces de los bolsillos y se los ofreció a la otra a cambio de un beso.

Y vino el Amor, que pudo poco más que ser sentido, como a lo lejos.
Y vino el Tiempo a saludarlo, fugaz, cediéndose el paso el uno al otro.

Y vino la Muerte, que pudo poco más que ser mortal, como a lo lejos, entre tinieblas y habló:
“Yo, sin embargo, soy la única sincera. Pues cuando vosotros os retiráis a descansar, fatigosos de tanto engatusar a los hombres, yo voy y los despierto a ellos para contarles todos vuestros embustes.”
Y el Amor que la escuchó embelesado, avanzó para detenerse ante ella, el uno frente a la otra, y le dio su mano.
“Adiós” les dijeron entonces a los otros cogidos de la mano. Y salieron camino de la noche, de espaldas, dándole puertas al universo, enmarcando los cielos, se fueron riendo.

Y la Muerte; así se supo más tarde, se hizo amante del Amor por puro miedo a ser vencida.
Y compra y bebe la Muerte el agua del miedo. Y bebe y compra a orillas de un río.

Sub umbra floreo: C.Bürk

lunes, 11 de julio de 2011

Artículo acerca de los Multiversos para la próxima Revista Nº 8 de Digital Clave7‏, en exclusiva.




Este artículo lo escribí en exclusiva para la Revista Nº8 Digital de CLAVE7 (Todos los derechos reservados). (Aparecerá en dicha revista en el mes de agosto)

De Multiversos y otras teorías acerca de la Realidad

¿Son las ideas acerca de los universos o mundos paralelos mera especulación de algunos físicos actuales? Por ahora así lo pensamos y yo me encuentro entre los que así “ven” y catalogan a la Realidad.
Sin embargo hay quién afirma que los Multiversos (así su definición entre los físicos y aficionados físicos) no son sólo un producto de la ciencia ficción: los otros universos pueden ser consecuencia directa de las últimas observaciones cosmológicas. El universo parece tener un tamaño infinito, según las últimas pruebas de luz emitida al espacio. De ser así, cualquier especulación puede ser real. Afirman así algunos científicos contemporáneos que más allá del alcance de nuestros medios técnicos hay regiones pertenecientes al espacio no tan sólo idénticos al nuestro, sino con constantes físicas diferentes a las conocidas y constatadas por la ciencia. Yo personalmente estoy muy en sintonía con esta última posibilidad, menos con el universo infinito. De eso hablaré luego.
Esas regiones concretas formarían así  tipos de universos paralelos. Los científicos pueden incluso calcular cómo de lejos están estos universos, en promedio.
Nos dicen así que lo más lejano que podemos observar está a la distancia que la luz haya podido recorrer durante aprox. 14.000 millones de años transcurridos desde que comenzó la expansión del universo tras del Big Bang. La “materia” visible más distante, se halla actualmente a unos 4 x 1026 metros de nuestra galaxia, (distancia que define nuestro universo observable) llamado también por los físicos “volumen de Hubble” o en término simple “nuestro universo”. Más allá de esa distancia, especulan los físicos, pueden existir otros universos que ellos dividen en cuatro niveles. Y sin especificar demasiado cada uno de ellos, señalo que el cuatro sería el más sofisticado y extraño de todos. ¿Pero no es extraña toda la realidad?
El gran desafío de la física moderna es unificar la relatividad general y la teoría cuántica de campos, lo cual, desde luego, sería crucial para las definiciones acerca de ese cuarto nivel de Realidad. Estoy totalmente convencida, que muy pronto seremos capaces de descubrir una estructura matemática que concuerde exactamente con todo nuestro universo. Llegará el tiempo en el cual nos toparemos con un límite a la irrazonable eficacia de las matemáticas y nos veremos obligados a olvidar el nivel de universo actualmente aceptado.
El físico Max Tegmark está convencido de que la naturaleza no desperdicia nada. El se atreve a definir la Realidad como una compleja ecuación matemática. Y pienso que está en lo cierto.
Todavía hay muchísimos físicos cuánticos que se oponen a esta posibilidad de Realidad, alegando precisamente que los Multiversos “serían un desperdicio natural” o bien que son raros y extravagantes. También argumentan que estás teorías no resistirían “la navaja de Occam” (principio de parsimonia; por favor ruego que lo consultéis para comprender mejor lo que os trato de explicar ya que no quiero perderme entre definiciones).
Sin embargo, pienso la refutación de la rareza es ornamental y no científica, y tan sólo adquiere su sentido dentro de una perspectiva aristotélica. ¿Y qué si no? Cuando nos cuestionamos  la realidad, ¿no sabemos ya que toda respuesta será impactante y extravagante?
Desde muy pequeña he percibido a la realidad como parte de otra realidad, he sentido que mi “yo” formaba parte de otros “yoes”, lo que hizo precisamente interesarme por la Realidad que me rodeaba y otros percibían, a veces, muy distinta a mi propia percepción. Eso me llevó a la cuántica y desde ella, junto a la intuición que la evolución me confirió (como a todos) para la física cotidiana, a interesarme por los Multiversos, la teoría de cuerdas y los “Doppelgänger”* a la edad de nueve o diez años. Siempre me aventuré más allá del mundo cotidiano, donde todos deberíamos esperar que todas las cosas se nos antojen raras.
* Doppelgänger es una palabra alemana adoptada por los físicos, que define en una sola palabra a “nuestros dobles” en otra realidad. Palabra única sólo en éste idioma. (Curiosidad añadida)
Como inflación se define a una extensión de la teoría del big bang y ataría muchos de sus cabos sueltos, como por qué razón el universo es tan grande, uniforme y plano. El calificativo “caótico” para la “inflación” se refiere a lo ocurrido en las escalas más grandes. La mayoría de los físicos están de acuerdo entonces que el espacio en su totalidad se está estirando y continuará haciéndolo eternamente. Otros opinan que  algunas regiones del espacio dejan de crecer y forman burbujas definidas, como las de gas dentro de una hogaza de pan en el horno, surgiendo así una cantidad infinita de estas burbujas. Cada una se convierte de este modo en un Multiverso.
Sin embargo, personalmente creo posible otra teoría. No soy física, no soy experta, pero sí me he ocupado la mayor parte de mi tiempo libre vital en la resolución metafísica de la cuestión.
Los físicos Steinhardt y Turok proponen otros modelos de universos paralelos distintos a los de Tegmark, que incluyen una segunda membrana tridimensional que es literalmente paralela a la nuestra, pero a diferencia de las otras propuestas, estos universos están desplazados a una dimensión más elevada (véase George Musser, “Been There, Done That”, Scientific American, marzo de 2002). Estos universos paralelos no serían entonces universo aparte, ya que interactuarían con el nuestro, dentro del nuestro.
Y esta es también mi idea y propuesta. El universo, así he ideado, también como otros científicos a la escala de Einstein, es finito. Hay que empezar por este planteamiento. En 2003 la Agencia Espacial Estadounidense y la Universidad de Ciudad del Cabo llevaron a término unos experimentos y dedujeron con ellos que el Universo es finito y posee forma de balón de fútbol. ¿Euclides no tenía razón, y el espacio no se expandirá hasta el infinito? Hopkins dice "el Universo es infinito en un espacio finito". Y el planteamiento no está nada mal.
Y ahí va mi propia teoría de Realidad: opino que el Universo no es estático, sino que debe expandirse o contraerse. Me lo indicó el hecho de que ciertos expertos en la materia indicaron que estas ondas radiactivas enviadas al espacio no podrían ser emitidas si el cosmos fuera infinito, pues sería imposible registrarlas por su inmensidad. Asimismo pienso que vivimos, en efecto, en uno de los Multiversos de Realidad, como si en conjunto de un abanico se tratase, que, formando muchas láminas (mundos) se hallan en uno solo. El telón de fondo es un Multiverso finito. Pienso, como Tegmark, que toda Realidad es una estructura matemática. La velocidad de la luz, considerada la constante física por excelencia, podría así ser completamente distinta a la que conocemos. Eso haría posible que esos mundos paralelos no precisaran de ninguna lejanía física conocida (Tegmark que afirma que a 4 x 1028 metros de nuestra galaxia se hallaría el Nivel 1 de multiverso) y que se hallaran delante de nuestras narices. Estamos de acuerdo que si algo viaja a la velocidad de la luz, se convierte en luz. Pero (y ya sé que es un planteamiento imposible, considerada una superstición, pero debe hacerse de una vez por todas), ¿y si esa velocidad se supera con creces? ¿Y si los 300000 km/seg no es constante en otras realidades? Leí que se realizó un experimento en el cual los investigadores manipularon un vapor con átomos irradiados por láser, lo que causó un pulso que se propagó a una velocidad 300 veces superior a la de la luz. De hecho, la impresión que dio es que el pulso ‘salió de la cámara antes siquiera de haber entrado en ella’.
¿Entra así en conflicto la teoría de la relatividad de Einstein? El especificó que nada podía viajar más rápido que la velocidad de la luz. Así uno de los investigadores del curioso proyecto señala, empero, que su demostración no contradice la teoría de Einstein. Se supone que nada con masa puede viajar más rápido que la luz, y en efecto, los pulsos de las ondas producidas no contienen masa. Pero aún así, considero muy interesante lo que se logró con esa investigación.
Quizás otros mundos estarían formados con constantes físicas muy diferentes, pero pudieran formar otros entornos como el nuestro dentro de nuestra propia realidad. Quizás esos mundos, al girar a esa velocidad su materia, desaparecen ante nuestros propios ojos, fundiéndose en nuestra realidad.
Esta es mi idea. La defiendo desde 1986. Cierto es que solo sé que no sé nada. No afirmo nada, pero hago el planteamiento desde mi humilde estructura cerebral que poco sabe comprender, que no lo que observa detenidamente. Lo que está claro que la materia esconde muchos secretos y que deberíamos maravillarnos ante la existencia, profundamente.

Sub umbra floreo: C. Bürk




domingo, 3 de julio de 2011

“Existen mundos paralelos en los cuales existimos a un mismo “tiempo” By Claudia Bürk

(Programa de radio en el que hablé del proyecto Scole y le la superación de la velocidad de la luz, por si os apetece escucharlo también)

“Existen mundos paralelos en los cuales existimos a un mismo “tiempo”
                                    By Claudia Bürk


Nos dice H.P. Lovecraft en su relato “La Tumba”: “es una desgracia que el común de la humanidad sea demasiado estrecha de miras para sopesar con calma e inteligencia ciertos fenómenos aislados que subyacen más allá de su experiencia común, y que son vistos y sentidos tan solo por algunas personas psíquicamente más sensibles”.

Lovecraft hace muchas otras alusiones en sus relatos acerca de lo que considera “real”.
“Realidad” es también la única palabra que debería ir entrecomillada…
 A riesgo de convertirme en teórica, me he dedicado la mayor parte de mi tiempo a pensar la “realidad” a y “de” fondo, esa que va un paso más allá de lo vano, de lo fraudulento que nos venden los medios de comunicación. Se trata de dar ese paso que solicitaba Platón al mundo de las ideas pero con un sólo pie. Quise “trabajar” la realidad pero, -con cuidado-, no dejando de ser parte de ella.
Por este mismo motivo me fui de una ocupación a otra, de una ciencia a la siguiente, por esta misma inquietud comencé a escribir (en éste idioma que no es el mío) para así acabar de convertirme en novelista. La novela es permisiva. Era la única manera de darle rienda suelta a lo que percibía desde “mi realidad” y que no podía compartir delibera ni gratuitamente con los otros. Porque las afirmaciones gratuitas, sin el respaldo de lo probado no son serias.
Pronto me di cuenta que la “realidad” no era lo que leía o me contaban, percibí cosas que no podían ser explicadas a priori por los otros. Aprendí a callar. Luego, -primero por omisión y luego por acción-, me conciencié. Hice, al comenzar a leer y escribir muy pronto un arma con las palabras y la acción y comencé a  utilizarlas para recuperar el terreno perdido desde la punta del enredo.
Más tarde busqué las respuestas en la física cuántica. Supe que ahí estaban muchas de ellas. Y que aquello que yo percibía como “realidad” podía explicarse.
La realidad estaba escondida en cada una de las situaciones vividas y sobre todas las cosas en “mi” realidad, que era mi capacidad de visión proyectada al exterior. Esta capacidad de discernimiento es nuestra verdad y la única verdad es la realidad. Pero no existe verdad para nosotros si dejamos que  la manipulen groseramente.
Desde bien pequeña observé que al presentárseme diferentes situaciones en las cuales debía decidir, se me adelantaban las consecuencias. Como si fueran una visión. Tanto era así, que me atrevía a tomar decisiones muy arriesgadas, adelantándome a las consecuencias. Siempre he tenido la sensación de no tan solo estar existiendo en el “aquí” o en el “ahora”, sino que mi “yo” en este mundo era la proyección de otro de mis “yos” en otras realidades. Cuando allá en los años 80 estudiaba física en un colegio alemán, me senté en primera fila para no perderme detalle. Aun recuerdo cómo el profesor se enojaba cuando traté de debatirle las teorías. Era férrea defensora de la teoría de cuerdas por aquel entonces, y los alemanes en los 80 no querían ni oírla nombrar. Un día ese profesor me puso de patitas en la calle. Y fuimos a parar al tema de los mundos paralelos. Le expliqué a mi estimado catedrático, -tal y como os lo explicaré ahora a vosotros-, que la velocidad de la luz podía ser superada, que no era una constante absoluta como ellos se creían. Si lo era, aquí en nuestra realidad. Pero, existían otras realidades dentro de ésta misma, dónde esa velocidad es superior y eso hacía que desaparecieran en nuestra misma realidad, mostrándose intangibles e invisibles.
El profe se puso furioso. ¿Vosotros también?
Bien, pues dejadme que continúe explicando como lo hice entonces:
Vivimos a la vez en múltiples universos, inalcanzables entre sí, divididos por las leyes físicas (porque la velocidad de la luz, como dije, es mucho mayor que la luz que nos permitiría verlos) y que rigen su naturaleza. Existimos muchas veces, a la vez (¿os acordáis de matrix?). Y nos proyectamos de una realidad a la otra. El mundo más allá de las partículas que conocemos puede ser mucho más amplio y desde luego distinto de lo que imaginamos.
¿Qué dicen los neurólogos? Ellos nos explican como, en realidad, nuestro proceso de asimilación de lo real nos llega al cerebro en forma de bites y así obtenemos lo esencial.  Luego, el cerebro lo vuelve a codificar por segunda vez, para situar lo que percibimos en un contexto. A continuación lo contrarestamos con la imprecisa memoria para situar las cosas en el tiempo. Una vez aquí, el cerebro lo compara con sensaciones anteriores. Al final de este recorrido, obtenemos nuestra impresión de lo que es “real” y afirmamos algo como tal.
¿Pero hay realmente alguien que puede creer lo que percibe y asentar cátedra sobre ello? La respuesta es claramente NO.
La naturaleza multiplica los universos, le dije a mi profesor de física. A continuación recuerdo como uno de mis compañeros de clase me preguntó: “¿Quieres decir que existen distintas dimensiones?” A lo cual le contesté: “Si, existen muchas dimensiones, pero no estoy hablando de dimensiones, no puedes explicar esta idea así. La gente suele hablar de “diferentes dimensiones” como “diferentes realidades” y no es lo mismo. “Imagínate estar situado sobre un enorme campo de fútbol”, le continué diciendo, “Bien, pues tu dedo meñique sería una partícula que pudiera “percibir” ahí la quinta dimensión siendo el campo de fútbol el átomo”. Solo a nivel muy muy pequeño, sería posible percibir una quinta dimensión, por ejemplo. Tal como estaban las dimensiones comprimidas tras el Big Bang (todo quedó comprimido). Cuando más comprimida es la materia, tanto y más amplias son las dimensiones. ¿Ves como cuando hablo de “mundos paralelos” no hablo de “dimensiones paralelas”? No es un concepto correcto.
Continué explicando en clase, que seguramente todos nosotros teníamos dobles en esas otras realidades. Les dije a mis compañeros que se leyeran “Más allá del muro del sueño” de Lovecraft, que tal vez les ayudaría a entenderme a mí y a mis afirmaciones.
Lovecraft ya insinúa en sus relatos ideas similares a las mías. Las apariciones fantasmóricas, que creemos espectros, ciertamente pueden darse y la explicación es tan sencilla como que su materia gira a mayor velocidad de la luz, lo cual los mantiene en “su mundo”. Cuando logran que sus materias vibren a la velocidad de la luz de “nuestro mundo” es decir, al vórtice de 300.000 km/seg. Se nos aparecen aquí y pueden, al volver a girar su materia más deprisa, desaparecer literalmente delante de nuestros ojos. La misma teoría la aplicaría para las parafonías o psicofonías. Las psicoimágenes. No son más que manifestaciones de esos otros “mundos” interpuestos como en un abanico con el nuestro. Señores investigadores, ¿por qué no os atrevéis a dar respuestas? Sinesio Darnell ya lo hizo, él está conmigo: “la existencia es multidimensional”, así dice. Aunque no es correcto afirmarlo con la palabra “dimensional” como acabo de explicarlo, sé perfectamente lo que quiso decir.
Como ya existimos en “otras partes” es por tanto imposible morir. De ahí que obtenemos voces de supuestos difuntos, o imágenes de “fallecidos” ( enfocamos una cámara de video a un televisor. La salida de esa cámara la conectamos al televisor. Iniciamos la grabación y ese “onda” que se forma entre la cámara y el monitor nos aportará fogonazos de luz. Entonces se obtienen muchas veces imágenes de rostros o siluetas) Pues, señores investigadores, ¿qué pensáis que son?
Yo os doy mi idea: son las captaciones de esos “otros mundos” paralelos. Por tanto, dejaros de cosas paranormales, porque no lo son. La física tarde o temprano nos dará la respuesta.
Gracias a Dios, hoy ya no estoy sola con mis ideas, ya no estoy en el colegio y ya no me ponen en la puerta por hablar lo que otros no digieren. Ahora hay físicos que, por ellos solitos, han llegado a mi misma conclusión, como lo es Max Tegmark. Os sugiero que lo busquéis por Internet, así sabréis más.
No importa cuantas batallas se pierdan tratando de imponer LA VERDAD que percibimos. No vivimos festejando victorias sino superando derrotas.
Hace unos años, hice una apuesta con un físico cuántico; dije que en menos de treinta años se hallaría constancia de otros mundos. Y en menos de treinta años la ciencia habrá reconocido que la velocidad de la luz, al igual que otras constantes físicas, no lo son en realidad, no en “esta realidad”. Y que eso explicaba el caos a nivel microatómico y el aparente orden en el macrocosmos. Veremos, pues, qué pasará.
 Para mí es más importante recuperar la verdad acerca de mis percepciones de la infancia, que no surgirá de adelantados ni esclarecidos.
Ser parte de la realidad implica vivirla y transformarla, como poco, ser conciente de mi capacidad para transmutarla. Cuando uno se conciencia de esta responsabilidad, te obligas a trabajar con el día a día y no con los argumentos de la realidad que te imponen los otros desde su ángulo de visión, sino con los hechos coyunturales que tienes al alcance. Y como decía El Che : “seamos realistas, busquemos lo imposible”.
Sub umbra floreo: C.Bürk


viernes, 1 de julio de 2011

La soledad más amarga.


La soledad más amarga.

Clara deseaba escuchar el crujido de las hojas secas que divisaba desde la ventana. La oscuridad de la habitación le comprimía todos los sentimientos.
Una tupida niebla que estremecía el ocaso, no la dejaba saber cómo dormía el horizonte rojo sobre los viñedos.
Empezaba a llover. Una rana, con la languidez de un monstruo, saltó desde la verja de la pérgola al pozo cubierto de hiedra.
Toda aquella indiferencia, una huida infinita e inevitable, que siempre aparecía en momentos idénticos, se había convertido para ella en una pesadilla.
Nunca supo como lanzarse a amar sin revivir el terrible pasado. No podía ni siquiera intentarlo: sentía terror. Susurrar palabras de amor y que de ella se burlasen, al son del tiempo y del despertar al verse envuelta en soledad y pena.
Recordó su vida. Siempre repleta de fantasmas. De niña había creído en ellos. Pasada la adolescencia fingía creer en ellos. Y ahora, a su edad, se convirtió en uno de ellos.
Sus sueños se habían despedazado a dentelladas; las garras de un lobo hambriento de su ingenuidad, habían jironado todo su ser.
Cada pieza de ella misma, era una emoción asesinada, profanada y destronada. Estaba muerta por dentro, no podía resucitar…
Sobre una hoja blanca escribió con la tinta de su corazón:

“Es tan elevada mi agonía,
que abandono mi escondite llorando,
y una puerta, se me hace montaña.

Es tan hondo mi dolor,
que de intentar alcanzar una salida,
no hallo la montaña que pueda izarme.

Es tan profunda mi aflicción,
que de tanto mendigar la ínfima luz,
mis ilusiones mermaron por completo.

Es tan oscura mi pena,
que tras ambicionar el albor,
sólo la noche se empeña a dar cuerpo a mis latidos.

Es tan inmensa mi duda,
que no existirá certeza,
que reemplaza el amor escamoteado.

Es tanta mi tristeza,
que lo remoto se vuelve nada,
el cielo, horizonte vacío;
llama de la verdad, embuste.

Todo faro, luz sin vida.”
Levantó la vista y miró a través de la ventana. Siempre quedaban las ventanas. Ella y ellas. Y mirando por los ventanales, las palabras venían a poseerla.
Eran las palabras sus pertenencias y ésas eran palabras.

Como nada poseía, porque le resultaba imposible otorgarles realidad, las nombró y creó sus existencias: eran su hambre y su sed de realidad.

Todo cuanto le dejaron eran las palabras: su herencia y su condena.
Con ellas se preparaba, se dirigía, se consumía y se destruía.
Ellas eran su ausencia particular. Como una muerte interna, una ausencia autónoma y discreta, hecha de lenguaje. El silencio de las cosas era su horror, era el vértigo en el estado más puro.

Y permanecería incansable en el mundo, en la búsqueda de la verdad, para que sus palabras nacieran, del mismo silencio que entrega un cuadro o una laguna.

Con palabras hacía su mundo, con ella misma, un barco llevándola.
Su lucha no había hecho más que comenzar: tratando de penitenciar un pecado, que ni tan siquiera había cometido. Afanando expresar las profundas experiencias humanas, arrancándoles su silencio, otorgándoles la luz.
Surgían colores que alteraban los paisajes haciéndolos bellos.
Una paloma blanca reposaba en un banco de la alameda, cacareaba, cruzando un camino que la hubiera llevado a ninguna parte. La rana monstruo se detuvo a mirarla.

Clara seguía mirando por la ventana, tan sólo cubierta con unos primitivos rayos de luz que se colaban peleando con la oscuridad.

Parecía trágicamente ansiosa. Rota, como una muñeca de trapo, que habían lanzado a la basura. Recorrió a puntillas la casa que la contuvo y volvió ante la ventana, echando vaho por la boca, respirando como lo era para los otros natural, se concienció de su condición de fantasma. Tal y como ellos insisten en volver a los lugares en los cuales fueron mortales, así volvía Clara una y otra vez sobre las situaciones que la mortificaban. Todo era cuestión de condición propia.

Nadie podía quedarse a su lado decidiendo romper el maleficio.

Lo segundo o tercero peor de todo, era que siempre le cupo la duda de si los fantasmas nacen siéndolo sin conversión anterior. En su afán por ser una niña buena nunca hubo doble intención, solo la cuestión de su naturaleza, que tuvo su precio al cabo de un tiempo. Desde que tuvo uso de razón, todos sus esfuerzos consistían en obedecer las expectativas de los demás, todos sus esfuerzos diarios, en atender los deseos ajenos, entregarse a las obligaciones que le imponían y ella se imponía. Acarreando con todo como buena "buenista". Sintió que el mismísimo diablo le tomaba el pelo y jugaba a futbol con su corazón.

Cuando algo se buscaba, en alguna parte, en el oscuro laberinto del amor, siempre quedaba alguien llorando con el llanto del poeta muerto.

El mundo,- así lo intuía-, estaba ya tan solo a pocos pasos de una eternidad de silencio.

Entre unos labios insurrectos, las ideas morían sin ver la luz del alba, sin poder deambular por el ocaso; sucumbían palabras jamás recalcadas: boca que había sido cerrada por el mundo, hasta dejar una hilera de dientes apretados unos contra otros, en un rasgo desconfiado, en una sonrisa irónica, que reemplazaba para siempre una carcajada abierta en la emoción de lo verdadero y puro.

Alma díscola, que se sentía como ayer, con la añadidura del desengaño.

Mente, otra vez, estigma de Caín.

Onezca inquietud que la oprimía, pero que dejaba sobrevivir los microbios de su sensibilidad, que infestaban su animo y contaminan el último resquicio de la impuesta impasibilidad, y que como gotas se destilaban hasta las manos, para escribir y no dejar de hacerlo, hasta evaporarse hasta otras mentes, como gotas perladas, como gotas de ácido,-qué sabía ya ella-.
Es la ansía de la comunicación, escribía disparatadamente, porque no había modo mas epítrope, de decir con las manos, todo eso de lo que su boca, sus pechos, sus ojos, ni su corazón se veían capaces.

Por fin la madrugada de un iniciado día escandía un rojo llameante sobre el paisaje. Los pensamientos en Clara fermentaban silenciosos como fiemo que humea fétido, se diluían con la visión de cosas bellas en su impenetrable imaginación, tan cercana a todos, tan palpitante y tan inaccesible.

Había recibido el deseo de un hombre al que amaba, le había producido un cosquilleo de alas de mariposa; temblores de placer, habían hecho tambalear las columnas de sus muslos, hasta ese momento, guardianes de su templo de amor, alejado de esos misteriosos y obscenos callejones sin salida de los lobos.

Ahora, llorando, buscaba sus besos en la nada. Se detuvo a mirar la rana, luego vio como la paloma blanca se había colada por la ventana. Tumbada sobre uno de los bancos de madera que limitan el lar, la rana monstruo la miraba con ojos fríos de reptil: tan gélidos, como la superficie de su corazón que ocultaba las llamas del interior.

Tuvo ansias de besarla.

De las pupilas de Clara saltaban ahora relámpagos, que se cobijaban en el sagrado territorio de sus sentimientos más íntimos.
El viento sopló desde los bosques donde se posaban las brujas, no conseguía interrumpir el negro ritual de su alma.
La paloma blanca se había dormido, cobijando su cabecita entre sus grandes alas.
La rana monstruo brincaba desencantada hacía el desencanto de Clara. Ella y la rana se besaron, mostrando ambos su naturaleza dual, cual anfibios. Y ambos, bien acompañados por la soledad más amarga, principiaron un hechizo.

Sub umbra floreo:
C.Bürk