sábado, 25 de mayo de 2013

A tientas







A tientas
¿Qué habita en la profundidad de todos nosotros? ¿Qué hay en lo más hondo de los corazones ajenos? Me lo pregunto cada día, lejos muy lejos de las comodidades de los prejuicios. ¡Cuánto me gustaría poder asomarme a los corazones de los otros! Habitar en las almas…Vivir sus vidas a través de la mía… ¿Qué hay en lo más hondo de las almas de mis semejantes? Creo que en lo más profundo de todos nosotros no hay ni vicio ni maldad. Los verdaderos pecados son las dudas. Los miedos y el orgullo. Todo, regido por la necesidad de ser íntimamente aceptados y queridos tal como tenemos la necesidad de ser a cada momento.
Mi cuerpo y mi alma ya no son míos. Son enteros del mundo. Ya no me pertenecen. Mi alma ya no recibirá más semillas que la que germinen y den frutos al mundo; nada que lo pudra, nada que lo equivoque. Me arrancaré el ego, el orgullo y el miedo con las manos, como una mala hierba. Sin anestesia, ni mascarilla ni cirujano. Con mis propias manos. Ahora, la felicidad que la vida me ofrece, la que siempre fue la verdadera, me llega a través de renuncias y del dolor de saberme incomprendida, pero amando al que me ofende, siendo útil para aquel que me abofetea; me llega de la soledad y el comercio con los extraños que prostituyen toda mi sensibilidad. Todo merecerá la pena si he amado. Si he recordado al amar lo que el saber me hizo olvidar.
Sí, me queda una incertidumbre: porque quizá esta manera mía sea una de esas seis mil millones de maneras de sentir, que confluyen por el mundo. Todas distintas y válidas, para unirse en lo esencial: la búsqueda de un sentido cardenal: el tránsito de esos caminos que todos recorremos, y que no dan respuestas; visitando la experiencia del abismo, dónde combaten los otros al igual que yo lo hago, vanamente contra lo incomprensible y el absurdo, contra la nada que nos absorbe y nos amenaza con extinguirnos, cuando en realidad nada es lo que parece.  
Gritan los otros, como yo, de desesperación y de incomprensión. Se confunden como yo. Y yerran como yo. Y la respuesta llega en un sólo vocablo, el único posible: ¡AMOR! Si, quizás mi manera de amar no sea otra más entre tantas. Y sin embargo siento que rayos de sol tejen mis sentidos; mis ojos a partir de las demás personas son ahora alas de mariposa; el corazón se me transparenta bajo el pecho a riesgo de ser disparado, mientras sueño con ejercer la divina razón por agradecer mi vida. 
Quizás alguna vez llegue el día en el que la humanidad domine el espacio, las mentes, los vientos, los mares y la gravedad; lograrán controlar para Dios, o quizás mejor aún, para ellos mismos, las energías del amor. ¡Y ese día, como alguien dijo en una ocasión: por segunda vez en la historia, se descubrirá el fuego!
Así siento cómo amo a los otros, de manera tan honda que solo la profundidad de la muerte apagaría mí percibir con su silencio.
En mí retengo las impresiones que de los otros me llegan, como una sagrada reserva, mientras mis ojos actúan como una cámara fotográfica para captar con disimulo las formas de los rostros, los vocablos pronunciados, las miradas de mil colores para detenerse sobre las almas, mientras muchos ojos brillan expectantes, enfadados, decepcionados, alegres o distraídos.
Dudo si mi amor puede ser proclamado más que todos esos seis mil millones de quereres que habitan por el mundo. Y sólo sé que entre el amor y la felicidad existe una sola distancia posible: la de una decisión.
Amar sin esperanza, amar sin recompensa, amar siendo humillada, malinterpretada, escupida; sin ninguna razón que justifique ese amor. Yo tomo el acuerdo, mientras mi corazón lo afirma y mi cabeza da golpes contra el caos.
¡Y sonrío, porque ahora soy libre para contemplar ya por siempre el rubor de todas las auroras, todos los esplendores de la vida, los desangres de todos los ocasos, porque ya todo cuanto me rodea es tenue caricia de un recuerdo que casi había olvidado y pude recordar amando…!

Sub umbra floreo: C.Bürk

Dedico éste escrito a Nuria Balasch, a Fernando Vázquez; por saber reconocer lo esencial con el corazón. Y muy especialmente, dedico mis palabras y muchas más que vendrán a Mercé Anglas Rafart y a su pequeño Jordi, que aunque no se halle por ahora en éste plano, está con su Mamá Mercé y me visita a menudo para decirle a su Mamá que está con ella.

Llegó el veranito




Llegó el veranito
Señoras y señoritas: ¡Ahh! ¡Ya llega el buen tiempo y la gesta hay que contarla!
¿Qué de qué me sirve a mí el buen tiempo?  Pues en primer lugar para descubrirme de nuevo oficialmente gorda, observar que mis brazos tienen mayor diámetro que el cuello de Fernando Alonso y dar así por finalizada la fallida operación bikini. ¡Y es que no todas somos Cara Delevingne!
¡Ay, qué difícil es la vida de nosotras, que encontramos en la mesa el mayor de los placeres! ¿A quién de vosotras le gusta el uso de ese instrumento de tortura llamado báscula? Esa cosa es obra del demonio y tiene instrucciones precisas: aconsejan pesarse siempre a la misma hora y con la misma ropa.
Cuando ésta servidora acude a la farmacia, sospechando lo peor, lleva menos ropa. No me importa el frío que haga en la calle. Tampoco como ni bebo nada antes del suplicio. El aire en mis pulmones también es liberado y os sorprendería por cuánto tiempo soy capaz de contener la respiración. Todos sabemos que somos perfectamente capaces de engañarnos a nosotros mismos cuando la cosa se pone cruda.                     
Hmmm (ahora, al confesaros esto,  pongo cara de mosqueo): la cosa es que en menos de un minuto te pesan y no duele nada. Pero luego, siempre es demasiado tarde. Una voz te nombra el veredicto de tu condena. Los presentes, por más que quieras evitarlo, se enteran de la nefanda cantidad y te miran despectivamente. Los niños ríen con descaro y los hombres arrugan las narices. Escuchas recatadas sonrisitas por parte de las señoras. Las muy brujas, en su particular aquelarre, me miran entonces por encima del hombro, mientras cuchichean sobre sus imposibles tallas de ropa y los kilos ausentes. Con sus retoques de bisturí, los estirones de cirujano detrás de las orejas, vestidas como para asistir a la boda del rey y pintarrajeadas como si no hubiera mañana, echándose ramos en vez de flores entre ellas. Las muy pijas, con sus narices elevadas, con sus tetas esmirriadas, más planas todas ellas que Castellón entera. ¡Bichos palo toda ellas! Qué queréis que os diga, si yo he nacido con los huesos anchos como mi señora madre
Las teorías para bajar tres tallas por semanas son legión. Pero todo es un cuento. Yo prefiero rogarle a la Virgen de Lourdes para que haga algo por mis lorzas acumuladas… Y, además, ¡qué demonios! dónde estemos las mujeres con curvas…¡Ah, señor! ¡Aquellas grandísimas hijas de Satanás!...
Llegando a tal punto es cuando me salto esa norma tácita que todo el mundo conoce de no detestar al prójimo. Pero ya me diréis cómo hago para amar a esas cretinas. ¡Y con el estómago vacío! Y entonces, mientras aguanto una gota de odio en el lagrimal, sin que ésta acabe cayendo, no puedo más que rezar para que todas y cada una de las flacas desaparezcan, mediante la voluntad del señor, de mi vista. Y ya puestos, del mundo entero ¡Ay, santo padre! Hasta el silencio de los ojos que acosan, habla. Deditos índice, señalan. Apuntan. Disparan. ¡Hasta los santos, los demonios y demás especímenes temibles conspiran en mi contra! No. Muchas no saben qué es eso.
Probé con el régimen a base de piezas de fruta. Ese que dicen los dietistas que es lo mejor para perder peso de una forma rápida y eficaz. Sencillamente comiendo piezas de fruta, distintas y variadas. ¡Y yo hice esa dieta, a rajatabla! ¿Y sabéis qué pasó? Que no sólo no perdí ni un gramo, sino que gané tres kilos más…
Esos desgraciados olvidaron decirme que los melones y las sandías de tres kilos bien siendo piezas de fruta, no eran efectivas para esta dieta…
Ay, ¡demonios!

Por ahora gana mi amor por la panceta y la placentera afición al  jamón de Guijuelo.                                                                                                                                   
Si bajáis a la playa dónde yo suelo darme los chapuzones cada verano, además de las frondosas −entre las que me incluyo valerosa como ya confesé− también os encontraréis a las de raticulín  −presentándose fenotipos muy dispares− que llevan bikinis, bañadores y semblantes de lo más “extra planetarios” (puede, puede que al final sí contrataran a Falete de diseñador de sus trajes de baño). Estarán las que se empeñan en lucirse en top less; algunas más planas que un mapa, arqueándose “palante” cada vez que pasa un humano. Encontraremos a las que hacen trampa con su bikini “push up”, que no suelen ser pocas (si lo leen los señores, no se quejen de las trampas, pues muchos de ustedes pisan la playa con calcetines y no puestos en los pies precisamente).
Presentes estarán también sin el menor remilgo de pudor, y por el contrario, aquellas que entre cualquier melonar en plena cosecha no destacarían en absoluto.
Están a su vez las señoras brillantes, las que llevan tantos kilates colgando del cuello, que fácilmente se las confunde con vendedoras de oro ambulantes. Luego además, acuden a la playita todas esas centenas de señoras que se empeñan pese a sus años y las chichas apuntando al centro de la gravedad terrestre, en parecer jovenzuelas prietas. (¡Ja! Para que luego digan los científicos que ya no quedan trilobites en los mares…)
Evidente es, que entre tanta oferta de las mil y una posibilidades para no sentirse acomplejada a mérito de la mencionada variedad, una servidora se animara desvergonzadamente a lucir palmito… ¿Pero quién dijo que ésta fuera valiente?
Entonces, como cada año ésta escribana volverá a no tomar el sol para no ser vista (porque a mí quienes me ven y tienen que ver al desnudo son mis seres queridos y los señores de hacienda y paremos de contar...)
Versus a esas señoras con sus escotes naranja butano, más curtidos que la piel de un bolso de Prada y con la excusa de tener la piel de una photosensible pelirroja (vamos, que soy la prosopopeya perfecta de un merengue) soltaré la frasecita de marras "sólo voy a bañarme y me las piro". Aquí me permito intercalar un consejo para las que habéis nacido con menos melanina que Cásper: si no deseáis acabar con el cutis como el cantante Iggy Pop en un santiamén, antes de pisar la playa coged un poco de colorcito haciendo pesca con mosca, algo de petanca con los jubilados o como alternativa más apetecible, sencillamente dejaros invitar por Miguel Ángel Silvestre al Caribe por unos días)…
¡Que “desgraciaítas” somos las que tenemos esa piel tan…Tan…, ¡más transparente que las bragas de la Sharon Stone en cierta película!
Pero si además de parecer una gusiluz o la señora del señor Típex padecéis de redondeces en los lugares equivocados (¡pero qué cruel es la naturaleza, virgen santa!) es decir, tu cintura está más reventona que un sujetador de Pámela Anderson, nada mejor que impedir que ni una sola ojeada insidiosa de macizo playero os alcance y ni un mísero rayo UVA se cuele en vuestra epidermis. ¿Qué cómo? Pues haced como ésta servidora que os está escribiendo toda esta parrafada; que tras el baño, adquiere un verdadero don sobrenatural; el de la hipervelocidad para salir del agua en 0,3 segundos, ponerse la vestimenta aunque sea de al revés y salir por patitas.
Porque fijaros por dónde que cada vez que salgo del agua con demora ya hay alguien de Greenpeace por ahí (sí, sí, en serio; ¡es más frecuente de lo que imagináis!...), ¡para intentar devolverme al mar....Grrrrr...! Por no hablar de los nenes que vienen con sus palitas y cubitos a echarme "agüita" por encima "pa mantenerme hidratá". Grrrrrpps, ¡señores de Greenpeace!, ¡niños escolares!; ¿es que no os han enseñado que las playas tarragonenses no son hábitat ni de focas ni de ballenas? ¿O sí? Glubs.
Si sí. Y es que las alemanas seremos “mu” listas y “mu” organizadas y demás demases, pero por mucha zanahoria que comamos (por el rollo de los betacarotenos y las pocas calorías y tal) siempre pareceremos una aparición inflada del más allá.
No obstante, para consuelo de tontas, siempre nos quedarán las imágenes medievales de las santas, entraditas en carnes y resplandecientes como lunas.
Nos queda entonces esperar a que nos salga la aureola en la cabeza como complemento de moda J, que no es poco, oigan.
Pero a lo que iba. Si esto no nos convence siempre nos quedará la opción de abrir un grupo de “anónimas obesas lechosas” en Facebook y así ser consoladas por otras con idénticas máculas. O tal vez algún mozuelo de buen ver desee cometer un acto de caridad con nuestro cuerpo al leernos, quien sabe. O… Por último y como solución perfecta a todos estos problemas, queda la opción de convertirnos al islam. Tal vez alguien venga entonces a enamorarse de nosotras por nuestro bonito color de ojos…
(Nota: ¡reírnos de nosotras mismas es la mejor manera de querernos! ¡Feliz primavera/verano a todas aunque seáis imperfectas, como yo. ¡¡¡¡Pues ni puñetera falta que nos hace ser impolutas!!!!) :-)

Dedico éste relato a todas esas, que como yo, se ríen de sus complejos…
Sub umbra floreo: C. Bürk

martes, 14 de mayo de 2013

Carta de amor a ti

Querido mío;

Esta mañana, al despertar, he tenido la impresión de que alguien sacudía con insistencia mi hombro. Por un momento lamenté que sólo fuera un engaño, seguramente surgido de mi hábito por dirigirme a ti aunque no pueda alcanzarte con mis humildes sentidos. Es una costumbre que adquirí desde bien pequeña, y desde entonces has presidido mi existencia, día tras día, noche tras noche.

Creo habértelo dicho ya: prefiero tu agónico silencio, a las palabras de aquellos en los que habitan demasiadas cosas dichas, que a lo sumo, acaban siempre acotadas por el embuste. En cierta ocasión también te mencioné que tan sólo existe realmente aquello que es pensado y evocado. Por eso te hablo tanto, para darte vida. Poco importa que por ahora no contestes.Cada día lo haces a tu manera. Yo me doy la réplica en tu nombre. En el fondo, sé que es sólo una cuestión de concentrarme y esperar. Pues aunque parezca una utopía, más de una vez, tal y como me ha sucedido esta mañana, he llegado a percibirte con tanta fuerza como llego a sentir la brisa del mar azotándome el rostro. Son instantes efímeros, muy breves, pero reales e intensos. De súbito, te materializas, de tal manera que incluso puedo percibir tu aroma, tu mirada -halo de luz-, tu contorno, y hasta observo los ademanes que te atribuyo con mi imaginación. Sólo es cuestión de calcular tus medidas: el óvalo de tu rostro, el brillo de tus ojos, la anchura de tu espalda, largura de torso, piernas y brazos… Y hoy, al despertar, he experimentado nuevamente uno de esos momentos. Era lo mismo que tenerte conmigo, créeme y así hubiera querido seguir horas y horas, de no haber sido por culpa de las endiabladas manecillas del reloj, que como punteros encabritados me señalaban la hora de vuelta al trabajo.

Fiel a mis manías protocolarias, abandoné mi inmersión en entelequias, para emprender mis rutinas de siempre. ¿De verdad debo mantener las costumbres para que la vida no se me desmorone? ¡Pero si mi vida ya se ha derrumbado demasiadas veces, por mucho que la haya ornamentado con estúpidas trivialidades! Porque la lepra del tiempo, de los imprevistos y de los percances acaba por contagiar a cualquier rutina. Ni en sueños me hubiera imaginado que andando el tiempo, mis deseos quedarían relegados para siempre. Y las realidades ya no pueden ahora con los recuerdos, excepto contigo. Pues tú eres llanura, libre de recuerdos. ¿Cómo recordar a quien nunca se ha conocido en el mundo al que me has traído?

Me queda la satisfacción de contemplarte eternamente sin el peligro de recordar, sin ese dolor punzante que evocan las nostalgias únicamente con la esperanza de encontrarte. Por eso continuaré atravesando las paredes y el espacio con el pensamiento, y cada uno de mis sueños se trasladará de esa manera a tu faz, estés donde estés:iré a lindar con tus deseos. Y algún día, tal vez, nuestras miradas se crucen para caer de lleno hacia nuestros anhelos, para chocar de bruces con nuestros corazones, y por ello, tendré paciencia, aguardándote día tras día y noche tras noche. Porque tan sólo soñarte y lo que circunda, tienen una permanencia exacta en mi vida.

Te quiero desde siempre, hasta la noche de los tiempos
C.

domingo, 12 de mayo de 2013

Consejos y comentarios acerca de las “facultades especiales (mediumnidad, clarividencia, intuición”





Consejos y comentarios acerca de las “facultades especiales (mediumnidad, clarividencia, intuición”

Querer el BIEN es la primera necesidad de toda persona que desee conocer las verdades de la vida y las doctrinas verdaderas. Expulsar de sí al orgullo y el egoísmo, es, para ello, de vital relevancia. Ninguna verdad puede alcanzarnos si persistimos en la vida vivida en la codicia, la falta de caridad, el corazón mancillado por el orgullo, la intolerancia y el juicio sobre los demás. Por mucho que estudiemos las doctrinas de las religiones y filosofías, no comprenderemos la verdad de o en las mismas ni podremos discernir el real conocimiento, si no tenemos limpio el corazón. Quien desea iluminarse, debe huir de las tinieblas, de las cadenas cómodas de los placeres propios, de toda humana vanidad.
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Quienes, empero, humillen su razón ante el poder infinito del Creador; serán los que mejor prueben su sinceridad. Quienes despojen de sí sus necesidades propias, se esfuercen en combatir al orgullo, la vanidad, la insinceridad día tras día; quienes se conciencian de sus imperfecciones en el sincero deseo de encontrar el real goce de la existencia en el SERVICIO a los otros, muy pronto se darán cuenta que también discernirán las verdades de las mentiras. He aquí una sencilla regla aplicable a todo: “Las verdades no pueden ser comprendidas por las mentiras”. “EL AMOR ES LA VERDAD SUPREMA y viene a recordarnos lo que el Saber nos hizo olvidar.”
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Es por tanto que el que verdaderamente está dotado con facultades psíquicas siempre tendrá por divisa la BENEVOLENCIA y la CARIDAD.
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¡Cuán bella es la naturaleza y qué prudente se manifiesta la providencia en su previsión! Nuestra impaciencia nos impide demasiado a menudo confiar en la prudencia y la bondad de Dios. Nos lamentamos por la más pequeña sombra, ante el menor retraso de nuestras previsiones o deseos. Somos impacientes dudosos, que no queremos creer que nada ocurre sin un motivo previsto siempre, premeditado siempre por el Altísimo en beneficio nuestro.
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Grandes y pequeños participan en la obra. Todo está eslabonado. La humanidad está asistiendo a una bendita aurora. Todo progreso llegará a su tiempo. La hora de la elevación moral está sonando para la humanidad. Dios desea que sus criaturas sean reconducidas hasta el interés del alma. Desea que lleguemos a ser lo que estamos destinados a ser. Vale decir, el fin y objeto de la creación.
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Todas las doctrinas, religiones y filosofías que esparzan fermentos de antagonismo entre los otros, empujándolos a aislarse los unos de los otros y mirarse entre sí con malos ojos, no pueden estar obran en la VERDAD. Tan sólo con esto ya bastaría para desenmascararlos. Pues al obrar así ellos mismos se contradicen por la más formal manera de lo que pretenden ser. Empero, es menester mostrarse paciente ante toda injuria. Ante todo ataque de los que no comprenden todavía.  Aprender a AMAR a los que no nos comprenden, a nuestros detractores es, junto a la humildad y la abnegación, lo que ante Dios nos eleva. Son estas las grandezas que Dios reconoce.
Recordemos que somos todos simples escolares todavía. ¿Qué nos figuramos ser por tener amplitud de miras y descifrar mensajes de los otros mundos? Simplemente, escolares…Instrumentos al uso.  ¡Que nuestra supuesta facultad nos haga más simples de espíritu, que no tontos, sino obrar en renuncia de nosotros mismos, marchando hacia el prójimo y Dios sin orgullo ni deseo propio! Pidamos, por tanto, siempre que Dios nos asista.
El desinterés será nuestra respuesta esencial, así como la modestia y la dedicación plena.  Dios concede las facultades psíquicas para ayudar a realizar la VERDAD y no para convertirlas en un comercio.
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Cuántas mayores dotes recibamos del Altísimo, tanto más peligros correremos y esos peligros son más grandes por nacer de las gracias mismas que Dios nos otorga. Las facultades de las que gozamos los “psíquicos” nos atraen los elogios de los hombres: adulaciones, adoración, felicitaciones. ¡He aquí un gran obstáculo! Aquello que solo debemos a Dios, no lo podemos atribuir de ninguna manera al mérito propio. Las facultades se adquieren cuando obramos en la abnegación y en el servicio. De no hacerlo, nos serán retiradas. El médium está obligado a trabajar constantemente a distinguir lo verdadero de lo falso, siendo verdadero y no falso. Trabajará con el objetivo serio y por lo eminentemente  ÚTIL. Con el buen juicio y sin apasionamiento ni obsesión. Escuchará a su voz interior, a ese buen genio que sin tregua le habla, dotándole del buen sentido. Todos los hombres son orientados hacía el bien, si saben escuchar esa voz interior. Es lo que llaman, razón o inteligencia, intuición o sensibilidad. No siempre la comprendemos y nos perdemos en la maraña de los intereses materiales y groseros que se arrastran y reptan. Hagamos caso a esa razón, a esa voz pura, que no es la razón racional sino la que eleva al ser humano por encima de sí mismo, trasladándolo a regiones desconocidas. Llama sagrada que inspira al artista y al poeta, divina razón que eleva al filósofo practicante. Razón intuitiva que el vulgo en su estado actual es incapaz de comprender. Y sin embargo, es asimilada por el más humilde.
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El médium orientará a los ofuscados del mundo invisible como lo haría un psicólogo con un vivo en la tierra. Si vinieran a él con aflicciones sobre situaciones no resueltas en la tierra, se le hará comprender el nuevo estado que ha alcanzado. Guiándolo amorosamente hacía lo que él ve por delante. Atenderemos a nobles y a deshonestos, tal como haríamos por caridad con los vivos. El discernimiento en la actuación, nos llegará con el abandono del ego…Es este nuestro primer cometido. No haremos alarde de ninguna de nuestras intervenciones.
El médium  amará. Pues es ésta la primera enseñanza. Se instruirá, que es la segunda. Será consciente de que todas las verdades se hallan en el Cristianismo y que los errores que en él han arraigado son de origen humano y no divino.
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No nos atormentemos por los que se obstinen mucho. Ni nos  asustemos por determinados obstáculos. Los incrédulos sólo se convencerán si somos desinteresados, tolerantes y CARITATIVOS CON TODOS; SIN EXCEPCIÓN. Si ningún móvil personal nos mueve a obrar, hallaremos por simpatía en nuestro ánimo una fuerza que sólo el BIEN procura.
El espíritu humano y el de todas las criaturas que pueblan el universo siguen el camino necesario de la gradación experimentada.
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Tengamos confianza plena en la bondad de Dios y mantengámonos esclarecidos. Bien es verdad que no nos será dado disfrutar de ella en ésta existencia. Pero, ¿no nos sentimos dichosos, contemplar desde nuestra posición el crecimiento de la obra con el grano de arena que brinda también nuestro SERVICIO?
Tan antiguo como el mismo mundo es la facultad mediúmnica. Médiums eran los profetas. Caldeos y asirios; Eleusis trataban con médiums. Esta facultad se tornó más rara durante la edad media, pero jamás ha dejado de manifestarse. La intolerancia religiosa la sofocó bajo su capa en esa época. Recordemos a Swedenborg, a El Bosco, aBlake...
Pero en esencia, todos los hombres y muchos animales, hasta las plantas, son médiums. Todos poseen un ESPÍRITU que les orienta hacía el bien cuando evolucionan mediante la EXPERIENCIA en sus vidas.
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Y por último quisiera advertir que todos los que se ven médiums y caen en la trampa del amor propio, estarán destinados a fracasar en su cometido. Por ello, uno de cada cien llegará a hacer el uso correcto de su facultad. Casi todos, en nuestros primeros tiempos de mediumnidad nos hemos creído llamados a obtener resultados superiores, creyéndonos predestinados a importantes misiones. Si sucumbimos a tan vanidosa ambición, nos convertiremos en víctimas inevitables de desencarnados obsesores, quienes no tardarán en subyugarnos lisonjeando nuestro orgullo y atacándonos por nuestro lado flaco.
Recordad que las grandes misiones Dios sólo se las confía a grandes almas y Dios lo pone en los más pequeños, humildes sin ser estos conscientes de lo que se les encomienda. Si nos creemos algo más de lo poco que somos, crearemos serias contradicciones en éste mundo y una severa punición en el otro.
Cuándo más modesta y oscura sea la morada donde prestemos el servicio, más grande será este. La oración también debe realizarse en toda ocasión.
Si alguno de entre nosotros, debe salir de su anonimato (no me cabe duda que éste es el caso de la médium Anne Germain) será conducido por una mano invisible, que le allanará el camino y lo ponga en evidencia, a pesar suyo. Nunca por méritos propios.
Sub umbra floreo: C. Bürk.