miércoles, 30 de marzo de 2011

A la faz de la muerte (Relato basado en hechos reales)



 A la faz de la muerte  (Relato basado en hechos reales)

La noche que iba a tener por delante prometía, una vez más, ser tan rutinaria como las otras –esas que de tanto en tanto había ido soportando en el interior de aquel edificio a cambio de un salario–.
Lánguida, contemplé la blancura del techo, mientras la falta de lucidez iba tiñendo poco a poco los cristales que constituían la Entrada Principal, dando finalmente paso al crepúsculo que se colaba, decidido, por las rendijas de aquella puerta, obligándome a encender las luces.
Durante muchas de esas noches aprovechaba la soledad que me brindaba la Vigilancia para liberar mi melancolía, amarrada en mi interior, ocultada diestramente ante las presencias ajenas. Solía entonces dejarme caer en torno a un pozo profundo, cuidándome, eso sí, de no acabar sumergida en su fondo. Reventada de tristeza, solía recordar el asesinato de mi padre acontecido pocos meses atrás.
También lo hice esa noche.
Miré fijamente los Monitores de Seguridad, completamente absorta en mí. Sentí como una lágrima me abandonaba; tan sólo una, y se resbalaba suavemente por el rabillo de mi ojo.
Cuando optaba por revivir dicho suceso de aquel modo, mi rostro y mi cuerpo enteros quedaban inermes y petrificados. Toda mi presencia se transformaba en insípida, insustancial y sobrada.
Aquella lágrima en mi rostro era lo único que poseía movilidad en mi corpórea presencia.
Grité para mis adentros.
Seguí con la punta de mi dedo el camino de aquella lágrima. Lentamente. Era el amago de una auto-caricia, de las que seguramente tanto necesitaba desde hacía tiempo, pero que, ajenas, me eran denegadas día tras día.
Reprimí ese gesto a medio camino.
De pronto, me incorporé con brusquedad. Percibí como un violento carmín encendía mi rostro, despintándose casi al instante del tizne adquirido, devolviéndole a mi cara un color lechoso como solamente adquiría cuando yo percibía un hecho horroroso; la tensión embrutecida en atonía desconcertante.
Los vi claramente.
Se hallaban a pocos metros de mí y caminaban con pasos decididos hacia mi votiva ubicación: dos hombres que se me presentaban corpulentos, si el matiz devuelto por aquel monitor no me engañaba. Parecían acarrear en sus costados un arma de notables dimensiones. En mi mente comenzaron a aparecer las brumas, y algunas zonas de mi razonamiento quedaron devoradas por la niebla de la nada y del desconcierto.
La desesperación dio paso a la adrenalina, y danzaban juntas en mi cuerpo, formando una ceremonia aciaga y litúrgica.
Flotaba en el aire una amenaza distinta de cuantas había percibido hasta aquel entonces; una sensación fatal de mal agüero.
En mis ojos comenzó a arder el miedo a la muerte verdadera, a la que posiblemente ya estaba condenada.
Estaba asustada y angustiada.
Escuché como los dos individuos se detenían a un metro de mí: una puerta de cristal opaca nos separaba desafiante e imprecisa.
Mi propia adrenalina ya me había emborrachado por completo y, sin vacilar, desenfundé mi arma, amartillándola con un gesto de vitalidad casi salvaje.
De pronto me sentí fuerte y decidida.
En mi fondo se había anidado una oscura y diabólica ansiedad de acción y, quizás, el deseo de darle algún sentido a mi quebrada existencia a través de un posible y oportuno acto heroico.
Entre aquella bruma del Todo y de la Nada, mi propio destino me estaba curtiendo con el sol y el hielo de su transcurso.
Mantuve por fin el completo dominio de mí misma, mientras les escuchaba decir “Sejtschavic drasmetj strovsek”, lo que traduje gracias a mis escasas nociones de ruso como: “vayamos a por ella”.
La puerta se abrió de golpe. Seguidamente me apuntaron con sus armas, que ahora reconocí claramente como ametralladoras tipo Browning, ésas de 7,92 mm montadas coaxialmente con el cañón principal. Me detuve en la mirada vidriosa de aquellos hombres.
Los destellos rotos que devolvían maliciosos sus ojos, alcanzaron los míos: los suyos no pestañearon ni una sola vez, encerrados en el arisco pudor de aquellos que se saben malvados. El rostro de uno de ellos se había crispado en un aparatoso tic nervioso, al comenzar a presionar el gatillo de su ametralladora y alcanzarme una ráfaga de disparos en milésimos instantes de congelada eternidad.
Un agudo e indescriptible dolor escocía en mis entrañas y se mezclaba con mis pensamientos; cerraría los ojos definitivamente y desaparecería en aquel pozo cuyo fondo no habría querido descubrir nunca: el pozo sin fondo de la muerte.
Gemí y me retorcí por última vez, mientras pensaba en lo sola que se quedaría mi madre y que eso no iba a ser justo para ella.
Imaginé los proyectiles de esas potentes armas cruelmente enterrados en mi carne. De pronto mi cuerpo ya no obedecía a mis impulsos ordenados. Y flotando entre el conflicto por la estancia y el abandono, comencé a elevarme sobre mí misma, percibiendo que el aire pesaba menos que nunca.
Pensé que estaba adquiriendo el don de la cenestesia sabedora de todo, mediante la que ahora me movía. Alcancé una dimensión indecible, sin más ayuda que la de mi propia voluntad.
Me vi a mí misma desde arriba, como si toda yo fuera una íntegra fuente visionaria y de infinita parsimonia. Desde la altura alcanzada de medio metro, logré tocar mi propio cuerpo inerte; sin tener ya manos, ni tacto, como si toda yo ahora fuera también un ente sensorial: pura y desnuda aura, separada de mi cuerpo. Observé mis exhaustos restos yacientes en el suelo.
Reconocí a un agente de la Guardia Civil, el cual me había parecido ver patrullar en reiteradas ocasiones, dando vueltas en torno al edificio que traté de proteger.
Se inclinó sobre mí y comenzó a extender una gran lona de plástico por encima de mi cadáver: una lona que parecía abrazarme como si de una manta encubridora e infecunda se tratase.
Eso lo vi hacer en las películas, pensé.
El suelo a mi alrededor estaba cubierto por lóbregas charcas de sangre, oscuras y líquidas como la tinta de un calamar.
Comenzaron a llegar más Policías. Pude observar también a dos médicos confusos, que permanecieron surtos al margen de todo, en un mutismo hosco y taciturno.
Desde luego que ya sobraban, cavilé: a esas alturas tan sólo era necesaria la llegada de los forenses.
No comprendía ni yo misma por qué diablos –si yo estaba muerta, ¡muerta, maldita sea!– me hallaba de tan buen humor. ¡Prácticamente estaba risueña e increíblemente bien!, tal y como nunca me había sentido en vida. No me lo creía ni yo, pero pude decir que, ciertamente, la muerte –para mi sorpresa– era divertida.
Vislumbré solazada como la luna creciente encendía destellos de cristal y de plata sobre aquel bulto plastificado, que supuestamente había sido… ¡Yo!
Me costaba creerlo.
“Aquello” ya no tenía nada que ver conmigo. Estaba aquí, pero no podían saberlo. Todos –así intuí–, se convencerían de mi inexistencia. Era innato en los vivos. Se dejarían llevar poco a poco por la bruma del olvido, de mi fin, de la nada. Me relegarían de sus vidas: había finalizado en sus mentes. Pobres diablos, no comprendían nada allí abajo.
Pronto, el perfil de mi rostro perdería en ellos su definición. La niebla del olvido me devoraría en ellos, pese a todo lo que habría significado. Un poderoso frente; una batalla donde la verdad sobre la existencia se liberaría al combate colosal de la venerada materia.
La vida nos había mentido a todos, también a mí. Existía realmente un orden infinitesimal y comprensible, pero había que morir para asimilarlo.
Todos mis sentidos habían desaparecido, sepultándose en mi cuerpo ametrallado. Sin embargo, de algún modo las percepciones seguían en mí. Pero ahora era distinto. Ahora eran magnánimas: toda yo conservaba mi antigua voluntad. De hecho mi YO entero, consistía en mi voluntad.
¡Así que todo eso significaba estar muerta, hacer lo que se quería!
Pues desde luego, era estupendo, me figuré.
Deseé permanecer cerca de los que no me olvidarían tan rápidamente. Y para mi sorpresa, mi propio deseo me llevó junto a mi madre. Era imposible explicar con qué clase de rapidez me vi ante ella, casi al propio achaque del instante en que mi deseo había nacido en mí.
Así que todo el misterio era ése: la percepción sujeta a la materia y a nuestro cuerpo, eran un engaño del infinito.
Respecto al espacio y al tiempo, también había estado en lo cierto: ¡no existían!
Me situé al costado de mi madre, y opté por sentarme en el borde de su cama: para mi asombro, era posible. La observé durante largo rato y la sentí respirar y dormir plácidamente. Menos mal, pensé, aún no sabía nada. Hacía bien en apagar el móvil por las noches. Regresé junto a mi cadáver en una milésima de instante. Ya no comprendía lo que había sido el tiempo. Se me había olvidado por completo.
La muerte; así podría describirla, era como haber visto una película, la que fue la vida, desde una cómoda butaca. Y en realidad era consciente de que siempre había estado allí, que mi vida entera era una película proyectada desde mí misma. Yo había sido su creadora. Sabía a tientas que así era.
Y si la vida era como haber estado en el cine, también imaginé que se estaba perdiendo el tiempo absurdamente si “aquello”, lo que se denominaba “vivir”, no se hacía por diversión. Yo siempre que había acudido al cine lo había hecho por este motivo, cualquier otro era absurdo. Comprendía ahora también este concepto.
En realidad no habían existido las penumbras interiores. Nada de lo que nos había preocupado era real. Solamente nosotros mismos lo éramos, y no necesariamente con un cuerpo de añadido. El sufrimiento tampoco era cierto, ni los errores, ni tan siquiera los logros. Únicamente eran ciertos el humor y el amor, la alegría y las grandezas del alma. Aquí continuaban y aquí siempre se habían escondido. Ya les tocaría a los demás saberlo, pensé sonriendo.
Y en apenas unos segundos terrestres de mi eternidad, había ya adquirido una profunda conciencia de mi condición de muerta. Miré el mundo, el transcurso de ese tiempo –que así se definía a sí mismo, tenso y decidido– en la modorra de la convalecencia.
Sabedora de la inexistencia espacial y temporal, como lo era tras mi muerte, ordené a mi voluntad emplazarme a algunas de las situaciones vividas tiempo atrás. Tan pronto lo deseé, me hallé en la situación recordada: aquello resultaba como estar rebobinando una cinta de vídeo, conservada en el cosmos.
Así que también estaba asimilando que cada parte infinitesimal, cada suspiro, cada movimiento realizado y cada palabra pronunciada en vida, habían quedado registrados por una grabadora que osaba utilizar el infinito, Dios.
Regresé, sencillamente deseándolo, a uno de mis mejores momentos: me vi rodeada de niñas, hallándome en el centro de un círculo que habían formado en torno a mí. Mientras yo reía a carcajadas dando vueltas sobre mí misma, ellas cantaban una canción, mencionando las estrellas y los planetas. Estábamos jugando a mi juego favorito, del cual me hice inventora: jugábamos a ser el sol, la luna y las estrellas.
Me sentía feliz. Nos hallábamos en el centro del patio del convento de las monjas Clarisas, donde había ingresado a muy temprana edad.
Reconocí a algunas de las monjas, que tanto amor y cariño me habían prodigado.
Osé atravesar algunas otras situaciones prodigiosas de mi vida pasada. ¡Era tan fácil llegar allí, completamente sumergida en el euforizante estupor de saberme eterna!
Comprendí que tan sólo aquellas cosas vividas con el amor y la alegría eran las que verdaderamente habían importado. Diversifiqué que las restantes situaciones donde había atravesado instantes angustiosos, sufridos y martirizados, no habían existido realmente. Todo aquello quedaba apocadamente impreso sobre la pantalla de una película en proyección: la vida terrestre.
Mi soledad posterior, atravesada al final de mi vida, transcurrida entre un millón de soledades, había servido para encontrarme conmigo misma. Había sido muy afortunada. Gracias a aquello lo comprendí también.

Todo eso había constituido un gran aprendizaje, que me hizo comprender el verdadero valor del amor y de la felicidad.
Me acordé de una frase que solía decir en vida para justificar mis heridas: no se era consciente de la luz sin haber conocido antes la oscuridad.
Todo el conocimiento, todos los secretos de Dios y del Universo, parecían llegar a mí en oleadas a través del éter.
Volví del mundo anterior, transportada por el propio infinito, ordenado y preciso en sí mismo y opté por permanecer en los confines de la Nada, donde tan sólo deseaba una única cosa: encontrarme con mi padre.
Él había muerto de un modo muy oscuro, seis meses antes de mi propio fallecimiento. Mi vida ya no me había parecido lo mismo sin él. Sentía que no era capaz de superar aquella pérdida.
Ahora –pensé, en el lado opuesto de la vida– tenía que disponer de algún método para estar nuevamente junto a mi padre y comencé a concentrarme obstinada en su presencia. De pronto, entre aquel pantano de brumas que totalizaba el paisaje de la Nada, apareció entre el magma de las sombras su entera presencia. La Nada comenzó a diluirse sin dejar rastro, llenándolo todo con su ser.
Su aura me envolvió aferrada y luminosa. Ahora le sentía. Le olía. ¡Le veía!
Era él: mi querido padre, Franz. Su presencia se me presentaba infinitamente dulce, amorosa y liviana. Me envolvía cual luz indefinible y sin nombre. Debíamos de estar juntos en el cielo, calculé.
–Claudia, noch musst Du nicht hier sein. Weisst Du das? (Claudia, no te toca estar aquí, ¿lo sabes?) –Me musitó en alemán y con su tono de voz habitual.
–Ich glaube ich habe keine andere Wahl (Creo que no tengo opción) –repuse, mientras nuestras palabras pensadas a voluntad palpitaban al son del infinito.
–Debes volver, hija. ¡Vuelve y escribe y no dejes de hacerlo! Testifica lo que has visto por aquí. Habla del amor y de la alegría, insiste en tus escritos sobre su importancia. ¡Estámpales a tus lectores la esperanza en el alma! ¡Vuelve y hazlo así como te pido! Estoy muy orgulloso de ti, hija. Te quiero. Infinitamente, te quiero…
Los reflejos del éter brincaban en torno nuestro y comencé a sentir el manso flujo de su amor, que ardía en mis adentros sin límite ni agoto, diluido en lágrimas de una inagotable alegría, carcajeadas por el universo.
–Pero antes de irte, hija, ven conmigo. Veremos juntos como habría transcurrido tu entierro de haber tenido lugar. ¡Y quiero que te fijes en los pensamientos de los presentes! No hará falta que te diga cómo hacerlo. Es innato aquí para todos.
Enredada y envuelta en la protectora presencia paterna, floté junto a él sobre una iglesia y observé mi funeral. Un ataúd blanco atesoraba mi cuerpo magullado. Mi madre habría tenido que escogerlo, musité; sabía lo que el blanco significaba para mí.
–Fíjate, Claudia, que muchos de los que han venido no hubieran querido hacerlo. Observa y presta atención, porque cuando vuelvas sabrás qué intenciones albergan sobre ti en sus corazones. Observa a tu jefe, por ejemplo: está como ausente, repasando los gastos y déficit del pasado mes.
–Bueno, no me esperaba otra cosa –añadí.
–¿Quieres gastarle una buena broma y de paso poner en práctica tu poder cenestésico, aquí adquirido? Vas a hacer que desaparezca su agenda del bolsillo, reliquia indispensable para él.
Nos reímos mediante sonoras carcajadas que golpeaban los ecos del cosmos, los dos al mismo tiempo, ante semejante ocurrencia.
No podía dejar de señalar lo mucho que me divertía hallándome muerta.

–¡Ahora hija, concéntrate y penetra desde aquí en el luminoso misterio del movimiento; para insuflar las inertes esferas de la materia en tu percepción! ¡Hazlo despacio! 
Envarada y a la vez excitada, comencé a perder la conciencia en mí misma y arranqué un ligero temblor a la agenda en el interior de la chaqueta de mi jefe.
–¡Que no se de cuenta, Claudia, es indispensable si no el milagro se interrumpirá!
Hinqué mi voluntad en el alma y en el hueso de aquel objeto moviendo su esfera, hasta desprenderla. Advertí su forma, su peso y sus dimensiones. Me adentré en sus mismos átomos y finalmente logré moverla por el aire, haciéndola levitar. Sentí la pura tensión atómica de aquella sustancia, centré en aquel gesto todo mi empeño.
Enardecida y furiosa por haber presenciado la magnitud de la indiferencia de mi jefe ante mi muerte, hice aparecer la agenda sobre el suelo polvoriento de una pequeña población africana, a unos veinte mil kilómetros de distancia. Detenida y abierta, despertó la curiosidad de unos niños retozones, que la hojearon con asombro y curiosidad. No podía parar de reír, un tanto pasmada por mi éxito.
–Ahora hija, vuelve a tu vida. Haré que no olvides nada. Te estaré esperando aquí hasta que llegue tu hora –manifestó solemne mi padre.
Su frase, pronunciada con la voz imperiosa de un Adiós, resonaba en un ápice de reciedumbre fingida, que aún retumbó en mis oídos cuando desperté de sopetón en mi cama.
Lánguida, me froté los ojos y encendí la luz de mi habitación. El reloj marcaba las cinco de la madrugada. Solamente había estado soñando, más todo lo que percibí en aquel sueño, había quedado inscrito en mi mente para siempre.
En realidad, una buena parte de lo soñado había ocurrido realmente la noche anterior. Con la diferencia de que no me habían llegado a disparar: había conseguido escabullirme por la puerta.

Abrí el último cajón de mi mesita de noche y saqué mi cuaderno de “apuntes nocturnos” –como lo suelo llamar– y comencé a anotar detalladamente aquel sueño, que concluí con una última frase, envuelta en una extraña e indecible añoranza:
“Con la mirada nublada y el corazón liviano, puedo decir que siento en mí la infinita nostalgia por volver de nuevo a aquella hermosa estancia; aquel umbral de la misma Nada, confín flamante de amor. Lo más bello que jamás presencié: mi muerte.”


lunes, 21 de marzo de 2011

¡CONFIRMADO! 6 DE ABRIL, 20:00 HORAS: PRESENTACIÓN DE LA NOVELA LAS NUEVE VENTANAS DE JEANNE BARDÈOT


Apreciados amigos
La presentación correrá a cargo del consagrado escritor Rubén García Cebollero.

También contaremos con la actuación en directo de una bailarina de ballet del Liceo (Coordinada por Marimar Cuadras) y con Ricardo Muñoz (Ilustrador de la novela). Rox Martínez (Actriz) nos hará la lectura de un fragmento de la novela. 
Naturalmente yo estaré en el evento, dirigiendo el cierre del mismo.
A continuación quedan todos invitados a una copa de cava (¡O dos!). 

¡Os espero a todos! 
¡Hay sitio para todos y también para vuestros amigos o familiares!
Con muchísima ilusión os recibiremos y os firmaré mi libro en directo.
Claudia Bürk

lunes, 14 de marzo de 2011

Carta a X (15 de marzo de 2011)



Muy soñado X:
Lo que trato de hacerte llegar con mis palabras, son más, mucho más que simples cartas anónimas: son desesperados mensajes; grtios desde mi alma que en la realidad cotidiana son sofocados por el silencio de mí apariencia impuesta por y para los demás. Quizás para ti todo esto no es más que el acto de una chalada. Todo es un tremendo "quizás"...

Te has convertido en mi Todo recurrente, que grita ensordecedor en mis adentros, mientras mis labios permanecen en sombrío silencio.

Con la solemnidad de una sacerdotisa, que sirve a su único Dios, dejo que la ausencia de tu semblante me taladre el corazón, me recuerde que cada día que pasas lejos, es una oportunidad menos que me brindan los segundos, de tenerte conmigo.

Me duele no poderte hacer llegar lo que vivo a cada instante, me dueles en la piel y en las manos, en la boca, en los ojos que nunca ocultan mis sentires, en los poros que se ha quedado con las ganas de idearte más y más, en mis noches de insomnio dueles, y mis días que se repiten muertos uno a uno.

Hoy te hablaré un poco de mí, pues solamente tú, a tarvés de ésta "travesura" vas a conocerme como jamás me daría a conocer a quienes me conocen.

Me siento como un pájaro que tiene las patas atadas con una larga cuerda.Cuando estoy entre la multidud, permanezco escondida. Mi mente entonces procura zafarse y volar a tierras lejanas.Me subo a la cima de una montaña.¡Es delicioso sentirme libre de cuanto no es auténtico e imaginar que estoy viviendo de manera sencilla y directa!

Estos días estoy silenciosa, pensativa; hay muchas cosas nuevas en mí alma. Quisiera darles forma, pero mis manos no consiguen ponerse a la altura de mi imaginación.
Durante años he vivido escondiéndome del mundo. Lo único que mí corazón no sabía era amar la vida, por dura que se presentara. Durante esos años he vivido con un hambre inmenso, una enorme sed por algo que no conseguía identificar: era la voluntad de vislumbrar lo que estaba más allá de mí. Lo intenté de diversas maneras y ahora he hallado un camino seguro: recorrer los senderos de las palabras y llegar a ti, X.

El alma busca el amor como el aire busca las alturas o los rios fluyen hacia el mar. Cuando la vida pesa, el único alivo es creer y confiar en el amor. Entonces, aun en las peores circunstancias, todo se vuelve más liviano y surgen melodías desde la oscuridad jamás imaginadas.
Amo a las personas más que nunca, querido X, aunque continúe sintiéndome sola y sabiendo que nadie va a conocerme jamás como soy, excepto tú.
A pesar de no poder ser quien soy, no he parado de amar a los demás.
Cuando notamos que nadie nos ama por aquello que verdaderamente somos, procuramos estar siempre ocupados y no damos vía libre a nuestro crecimiento interior porque intentamos controlarlo...
Muchos me han dicho que me amaban, X: amaban mi servicialismo, mí belleza exterior y todas esas cosas prácticas que una mujer es capaz de dar. Pero nadie reparó en la profundidad de mí ánima.La vida es muy irónica: a menudo cuando intentamos ser delicados o tolerantes, ofendemos a los demás. Por ello me han exigido llevar el atavío que me hace ser quién aparento ser.

Sin embargo nunca me he mostrado como soy, por temor a ser reconocida. Así terminé aislándome voluntariamente.

Paradójicamente, la soledad me asusta.

Nadie sabe que siempre he usado el corazón de mí corazón y he visto el mundo a través de unos ojos siempre anegados por las lágrimas, ya fueran de alegría o tristeza.
Para vivir es preciso tener coraje. Para decir la verdad, también y por supuesto para darnos permiso de ser como somos.
El amor, querido X, es lo que más deseamos tener y dar para ser nosotros mismos. Sin embargo, nadie se da cuenta de que a todas horas está siendo ofrecido y rechazado.

Yo, venerado X, he sido una planta encerrada en la oscuridad que soñaba con la primavera.Me quebron todas las flores. Sin embargo, sé que la primavera me espera. Sé que el dolor fue necesario, pues en él las cosas tomaron forma y yo no hice más que esperar. Todo lo que hoy soy nació del dolor de ayer. Es ahora cuando el conocimiento oculto en mí aflora y mi pensamiento se convierte en flor nunca antes soñada. La vida, por muy dura, siempre parece darnos más de lo que creemos merecer…

Había aceptado no ser amada jamás y entonces terminé por transformarme en alguien imposible de amar…

Por suerte todas las montañas tienen su cima y en la mía estás tú, X....
Dicen por ahí que mis dedos siempre eligen el perímetro más alejado de la vista para traer a la cercanía lo que la lejanía guarda en sus bolsillos.

Pero debes entender que eso es mentira, que mi realidad es verdadera, mucho más que todos esos seres que pueblan el inmenso azul que nos separa, porque ellos son invisibles hasta alcanzar el verso que un poeta les regala en sus noches de insomnio y soledad..., y tú estás aquí, a pesar de que para los otros, tú estás allí, lejos, al otro lado; tan lejos como lo están los muertos, sin embargo en la profundidad de un océano misterioso e inabarcable, el frío no mata…

¡Pero qué sabrán ellos, los otros, enfrascados en sus colores monótonos de arcillas y tierra! Qué sabrán ellos de la magia de descifrar los minutos de una hora cómplice, si sus relojes son zombis caminando por el tiempo o meros mecanismos secuestradores de vida; qué sabrán ellos de las esencias que lleva en su núcleo todo el calor de una mirada, -¡La tuya! camuflada entre las impasibilidades-, si la maldicen al sentir su roce en las delicadas ropas materialistas, sin imaginar ni tan siquiera que para mí es el motor de los latidos de mí corazón…

Sin embargo, yo he visto la luz en tus ojos, y eso me ha impulsado a escribirte con la indolencia de a quien no le inquieta el silencio, que no hay distancia que de ti me separe, pues pinto en ese muro entre tu y yo efímeras palabras para que mis dedos, -pequeñas proyecciones de mí-, codifiquen leves poemas disfrazados de cartas, a las que tu pones tu existencia.

Sí, lo sé, lo sé….juego con la metáfora para deshacer espacios, azuzada por el placer de sentirme a tu lado en el verde mañanero o en la oscuridad templada por una luna llena en cualquier estación del año, o esas otras en las que el reloj tendría la obligación de pararse.

¡Ojalá me entendieras desde éste lado del espejo! ¡Ojalá comprendieras los motivos de mi dedicación al escribirte! Entendieras y comprendieras el motivo y la necesidad de hacerlo... Para así traerte a mi lado, como las otras veces estás sin estar, con el afán del que tiene en la letra el antídoto para disolver espacio y tiempo, con la seguridad de saber que tú estás al otro lado absorbiendo la esencia infinita de la palabra cuando abandona mis adentros.

Pero ni tan siquiera estoy segura si mis cartas te alcanzan….

Hoy es la circunstancia, otras veces, es situación el muro que separa nuestros presentes, desde sus tonalidades cambiantes con el vuelo de cualquier nube que viaje sobre ella; otras serán, como han sido, el tiempo convertido en lejanía, o el silencio engañoso que, a veces -sólo a veces-, juega a serlo también; pero siempre será la misma distancia, la misma que tu y yo diluimos en las entrelíneas de una carta, convertidos en protagonistas; mientras en otro mundo ajeno a mi corazón, se mide visualmente el espacio que de ti me separa.

Ya es de noche y el sueño solicita ser mi compañero por unas horas, pero no desearía terminar de escribirte... Por eso, esta vez, dejaré abierta esta carta, para que la continúe el silencio hablante de respuestas inmediatas….

Te saludo con reverencia y mi total respeto por tu luz en presencia,

desde el mundo de los vivos:

C.

Carta a X (14 de marzo 2011)


Mí siempre amado y anhelado X:

Mientras un día cualquiera, el menos sospechado, te hallé,
el tiempo se detuvo a medio instante; todo el tiempo del mundo quedó entonces demorado en tus ojos,
y el amor me llamó y no pude desobedecer…

Tu voz, desde aquél instante, ordenó mis latidos, se alzaron mis emociones al vuelo imperecedero, mandaron tus ojos el mirar de los míos.
Y yo pronuncié la eternidad de la palabra “amor”.En el nirvana de tu mirada desaparezco sin estar perdida, hallo el instante sin fin, el tiempo para soñarte sin medida.
Universo de tus ojos, sucumbo con miles de sentidos, hacía la paz de tu alma, se tuerce la mía.
En ti el sabor a vida y a sueños, todo cuanto anhelo. Hueles a ternura y a paraíso, a sosiego y a amor…
Mis palabras se estremecen al contacto de tu semblante. Mis letras se inclinan hasta rimar con tu existencia, tallando al amor como a una gema preciosa.
Sin remedio alguno te amé desde siempre…Sin tiempo, desde el otro mundo, el espacio reducido a la nada, tiempo y espacio pierden su poder en mi corazón, cuando cerca te tengo, o sencillamente te pieso, o cerca te imagino.

¿Mi vida? Se resume en dos partes: la una, la que hago ver a los demás, adoptando aquellos papeles que de mí exigen, cumpliendo con mi deber, siendo quien esperan que sea. La otra: quien realmente soy, quien ama sin condición a las personas, quién no teme el desprecio ni el castigo por querer a las personas y hacérselo saber.
Quien da su vida por los otros. La que te encontró a ti, para adorarte desde todos las distancias posibles y sentirse querida de esta manera, a través de su propio amor, proyectado al mundo,...
Y tal es el alboroto en mi alma, que mis letras cambian su estructura y se vuelven por ti poesia:

Entonces mi "Yo", te escribe; aparece acertadamente entre mis palabras extendidas, pero en terrible reducción de lo que realmente ansío hacerte llegar; difuso y limitado, en deflación, en minúscula, en lo que sobrevive a partir del choque con tu inquisidora alma.

Y confieso que te gritaría: ¡Mira el mundo con mis ojos que te saben ver, porque tú no sabes quién eres! ¡Mira el mundo en la infinita belleza que a mí me llega, mirándote, porque te amo! ¡Mírame a mí, cómo te busco entre las florecillas del campo; entre las espesuras de las zarzas, en el azul diáfano del aire, entre nacientes estrellas afiladas! ¡Y mírame también cómo me conforma el entresijo de mi quimera!
Pero también te vocifero: ¡Elige tu propia experiencia, sino de poesía, de magia y de mito, de vida intrínseca! ¡Sé libre a partir de mí!
Alguien dijo una vez que no existe el amor, sino las pruebas de amor, y la prueba de amor a aquel que amamos es dejarlo vivir libremente.
Te amo tanto, que renuncio a que me tengas en cuenta.
Mi amor por ti no es una simple tormenta emotiva, sino un proceso extraordinario y articulado, que nace desde la profundidad de mi alma.
Entre tú yo, media la distancia de las innumeras lenguas, de las incoherencias, de las imposibilidades y de las esperanzas nublas y foscas. Donde el sembrado de éstas, mis esperanzas, se ha esparcido, y sólo aclaró mi turbio horizonte, mi última visión hacía tu semblante.
Cada vez que he podido verte….:
¡Qué silencio tan exquisito! ¡Qué suave el destino! ¡Qué liviana y azulada inmensidad envuelven a mi mundo con tu cercanía reciente en mis ojos! ¡Estoy loca de contenta tan sólo con saber que volveré a verte, aunque nunca sé cuando será! Y de amor enloquecida turbamulta y hervorosa, te vuelvo a jurar amor eterno. Con el alma de rodillas y el corazón hacia ti en alza te diré y escribiré sempiternamente lo que no puede pronunciarte mi lengua: que hasta que deba comerme la tierra yo te amaré. Hasta ese día que yo muera, te reverenciaré.
Mi vida ahora es una flor, cuya miel eres tú…
Es tu mera existencia, el galardón y premio que a mí se me concede sin haberlo merecido.

Hasta dónde me lleven los sueños,
Tuya.

Con total sinceridad, con todo el amor que siento por ti

C.

domingo, 13 de marzo de 2011

Comentario de la propia autora acerca de su novela "Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot"

La realidad ha sido y está siendo cruda y dolorosa para Jeanne Bardèot, la protagonista de mi novela en “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”.Debido a esas circunstancias, su imaginación la salva del caos, invitándola a una dadiva más que extraordinaria.  La novela está ambientada, -al principio de la misma-, en la psique de su protagonista. Trato de familiarizar al lector con el alma de Jeanne, para así llegar a empatizar con ella íntimamente. Esto, (pese a llevarme unas cien páginas del libro y pudiendo resultar lento) fue necesario e intencionado para ir luego incrementando la tensión y el suspense, que no se pueden sentir con total intensidad sin conocer el interior de Jeanne previamente.

Definiría a mi libro como un maridaje entre la novela “El largo camino a casa” y la película “El laberinto del fauno”.

El lector no sabrá distinguir si la fantasía se vuelve realidad o viceversa. Eso no quiero dejarlo claro hasta el final del libro y aun así habrá que estar muy atentos a las palabras en el desenlace, porque esconden lo relevante poco antes de concluir.

Es una novela de inicio calmo, para ir gradualmente en aumento su suspense, acelerándose la tensión para entrar como un torbellino en un desenlace que puede llegar a sorprender. Ambientada en una literatura clásica, poética, no actual, que define mi estilo como escritora. Con la enérgica presencia de elementos fantásticos, psicológicos y filosóficos, que se contraponen en cierta manera con la terrible y dramática realidad vivida por la protagonista.

No es una novela religiosa, tampoco es relevante el tema angélico. Sólo es un reflejo en el espejo de su contenido. Lo realmente relevante es el mensaje que trato de dar: la imaginación puede ayudar a curar heridas que parecen imposibles de sanar. La novela trata de defender a aquellos que se evaden en las quimeras. La fantasía queda positivamente realzada. El libro es un elogio a la ensoñación.

El lector tendrá la sensación de hallarse en el particular universo de Jeanne, acongojarse con ella y emocionarse con sus emociones.

Dijo Gilbert Keith Chesterton una vez que una buena novela nos dice la verdad sobre su protagonista; pero una mala nos dice la verdad sobre su autor. Que cada uno de los lectores juzgue cuál de éstas opciones pudiera corresponderle a mi libro.

Por último, añadiría que desprejuiciadamente escribí lo que el corazón me dictó. Es una novela sutil, que se arriesga a sí misma hasta las últimas consecuencias.
 Claudia Bürk (Autora)

¡¡PRESENTACIÓN DE LA NOVELA LAS NUEVE VENTANAS DE JEANNE BARDÈOT!!

PRESENTACIÓN DE LA NOVELA DE CLAUDIA BÜRK 
"LAS NUEVE VENTANAS DE JEANNE BARDÈOT"
JUEVES 6 DE ABRIL
20:00 HORAS
SALA DE EXPOSICIONES Y EVENTOS CULTURALES OJE BARCELONA
CALLE DIPUTACIÓN, 429. ESQUINA CALLE CERDENYA

Firma de libros:
23 de abril en Sant Jordi en Barcelona. 
(Rambla Cataluña, frente a la puerta del Hotel Calderón)
4 de mayo, a las 19:00h en el Corte Inglés de Barcelona.
(Puerta del Ángel)

jueves, 10 de marzo de 2011

Otra carta más a X


Amado X.:

Hoy necesitaba desesperadamente salir de Ávalon e ir a tu encuentro. Sin embargo también allí estás conmigo, porque el tiempo en Ávalon siempre está detenido y cansado. Todas las existencias se unen en ese lugar. Y tú, permaneces siendo y serás “uno” con mi destino. Ávalon es un mundo de letras, en él sobrevuelo y me poso acrobáticamente sobre palabras intencionadamente descolocadas, para  amarte a la deriva, ahora que me has dado tú permiso para hacerlo desde la distancia en otro mundo a éste.

Esto que hago con los dedos, no es escribir, es encontrarte.

Sabiendo, que las letras nadan hasta tu lejana orilla. Incipiente y ciega soy todavía para alcanzar la sagrada savia de tu mente. Sin embargo, en Ávalon te espero y te encuentro, agazapada  detrás de mi propia sombra. Y ahí, sentada al borde de tu regreso, como ahora, lleno la blancura de un papel o de una pantalla, sin apartarme de ti jamás. Aquí en Ávalon es dónde puedo esperarte para siempre, aquí junto al rey Arturo, que como yo, quedó confinado en éste lugar hasta que la humanidad lo vuelva a necesitar. En silencio, en la tinta, espero. Sobre toda una vida, con él “para siempre” de las eternidades.

Eres la llave escondida bajo mis heridas. Quién abrirá a partir del hoy eterno mi existencia con la suya. Perpetuo eres y serás en el horizonte de mi pasado. Y en mi presente, conspira la distancia con las existencias del ayer. ¡Qué baldío esfuerzo de ti me separa! Pero el amor se salva en mis retinas, como una luz que viaja incansable hasta tus ojos, desde la estrella que una vez nos hubo unido, en la otra vida. Este amor no mengua, no se transforma ni se desvía. No admite mudanzas. Es uno con el tiempo; estrella fija que guía mis días. No se desmiente por las circunstancias. No, por el silencio. No por la edad, que todo lo deshace. ¡Es amor eterno!

¡Por Dios; cómo te amo!

Tanto, que duele como jamás comprendí que pudiera doler un dolor. Tanto, que me callé hablándote con el silencio de las estrellas.

Un día, hace muchas existencias atrás, mis dedos conocieron la puerta de tu pecho, y supieron alcanzar las nubes que se ocultan tras tu velo de púdica ternura, allá donde sólo existen tus puros latidos.
Sin embargo, hoy es distinto. Todo se cumple exacto, y encajado en el justo lugar que corresponde. Todo cumple, -mimético-, su sino. Todo se arrastra en prosaico desfile, y tú no te das ni cuenta que así debe de ser. Todo descansa del ayer, todo menos el lúcido tumulto que tu existir en mí estará promoviendo. ¡Es el amor que no ha cesado desde que por vez primera te descubrí!

Y así he aprendido a amarte de mil maneras: abrazo los rincones que te ocultan de ti mismo, donde el deber es tanto que no quieres cercanías. Te amo en tus silencios, apartado de mí. Te amo, si me ignoras. Y te amaré aun sin saber jamás de tu realidad. No necesito esperanzas. El latir de tu existencia ya es motor de la mía. Te amo en la amistad, que se forja en entregas de la confianza y te amaré si me la retiras. Te amo en el tiempo, a orillas de la vida que transcurrirá en tu ausencia, porque en mí ya te tengo. Recorreré los senderos contigo y, a la vez, sin ti, sonriendo, llorando, comenzando y terminando.

Te conozco en la luz y a oscuras. Porque comenzaste a estar en cada célula de mi ser. Estás tan dentro de mi alma, que con sólo respirar, estás en cada inhalación.  Y hoy también te amo de una manera más... a ti "X" , que eres el sol de mi firmamento. Hoy, te amo de una forma que va más allá de todo concepto acerca del amor. Un día, amado amigo, estaremos reunidos para volver a hablar como una vez lo hicimos, lejos de la vida, y volarán los pájaros en libertad.
Mientras ese día llega, sepas que  francamente he aprendido a amarte y en eso está el significado de mi vida en la trascendencia a "ser" a pesar de no existir. El camino de las quimeras y de la fantasía es una posibilidad ante el silencio... ¿Verdad?

Besa la boca de las palabras, buscándote…. Se desliza callada entre lo que calla… Te besa hasta el alma,
C.

Otra carta a X


Amado X.

En mi corazón estás desde hace mucho tiempo- mucha es la eternidad- .
Mucha gente piensa que el amanecer de los sueños nunca se alcanza en ésta vida... Yo sé que se equivocan. Las más hermosas visiones nacen de la luz y crecen en la conciencia que en el sereno amar reside. Mí fantasía es la amorosa madre y en un abrazo de mis anhelos amamanta mi imaginación para alimentar aquellas percepciones que en mis deseos residen, para ver crecer aquellas sensaciones que mis ocultados sentimientos ansían.

A menudo, fantaseo contigo...tu mirada me atraviesa, no me ves, pero el brillo de tus ojos coquetea con las ansias de mi alma. Tus pupilas se encuentran con las mías; subliminan su extensión en mi campo de visualización con los sueños, inundando todos los prados de mi percepción. Me sumerjo entonces en el maravilloso lago de tu mirada y fantaseo con el infinito que me convida extraordinariamente.

Quisiera poderte ofrecerte mi paradisíaco cielo, sin embargo existen foscores del pasado que con mis sentimientos en abstracta contradicción ensucian el alma, me mantienen prisionera en las sombras y debo esconder mi verdadera identidad.

Te miro con admiración, desde muy lejos, te vislumbro con respeto; ondeas en la superficie de mis pupilas, dibujado cual gota de lluvia celestial; salpicado como una lluvia de estrellas en el firmamento.
Me siento morir de amor...el destino me lleva a tu vera. Tú, el que siempre tuve cerca, un extraño.

Existe un lugar que habito, más allá de Ávalón. Creo saber que ese lugar seduce a los deshadados, que ese lugar siempre llega con un instante de retraso. Un lugar sin señorío, ¡cuanta vida inscrita en sus tumbas!
Yo, querido X, sufro con tu sufrimiento, sangro por tus heridas y tus dolores me duelen como golpes...No temas, tu lugar no es aquel lugar, es sólo el mío. Lo soñado no se lo puede llevar ningún final. El sueño que te ofrezco es más hondo que la vida, más largo que la muerte. Déjate llevar...

Lo mejor de mi, querido X, quedará cuando yo ya no sea visible y para ese fin me voy preparando sin tregua, pero no obstante sin prisa alguna.
Y ahora, desde la mampara que me ocultó me acerco a ti, solo a ti.
De mi nombre dudo si me llaman, y respondo a la vida con un canto si me llamas tú...

Aquí, a modo de verso, un trozo del rompecabezas que me compone. ¿Puedes tú recomponer mi alma?


Tras media vida sin ti,
no sabes leer el libro de mi cara
desconoces la historia de la niña
cuya vida en muerte fue tallada,
X,¿tan vivo has vivido por la vida
que no atisbas la huella putrefacta
que dejó en mí un honrado personaje?

X, ¿no escuchas el fragor de la batalla
que en el túnel más negro del abismo
libero buscando un rayo de esperanza?
X, ¿no sabes ver a las niñas, que, inscritas,
llevan a fuego la tragedia en su cara?

Agudiza, X, tu oído,
no te asuste la sangre de mi alma.

Como nunca jamás te tuve cerca,
nunca podré sentirme abandonada.



Desde Ávalon, lejos del lugar que buscas, cual si viviéramos siglos, te ama como en el mundo no se ha amado:

C.

Otra carta a X



Furtivamente adorado X:

De llegar a tu alma mis cartas, (cosa que no podré afirmar jamás; ya que todo lo he supuesto mediante una sencilla ecuación de lógicas) te preguntarás porqué me tomo la molestia de escribirte con estas palabras, metáfora en su mayoría. Buscarás los motivos de mí actitud al redactarte así. Se lo preguntarás a tu lógica y ésta no sabrá contestarte. Y es cierto: no hay motivo alguno por el cual dedicar a ti mis líneas (¿acaso divisorias, frontera entre tu reino y el mío?), mí tiempo, mis temblores y con ello ponerme en sumo peligro..  

Todo es tan sólo obra de la emoción. Fina y cristalina, sin expectativa; (¡con el corazón en blanco estoy!), sin otro interés que la posibilidad de mirarte de frente a través de los vocablos. No sin tristeza, resumo entre éstas líneas minutos de congoja; de saber y aceptar el requerimiento del tiempo por permanecer anónima de alma para el amor, ¡para MI amor!
Acepto y aguardo sin reproches ni exigencias, la NADA a cambio…pues también sé, que tal no es el camino dictado por la sabiduría.

Quizás sea éste mí único recurso de proponer un encuentro: escribiéndote y esperando una contestación tuya. Y crear así una tierra de nadie, que a ninguno pertenece; puerto neutral dónde anclar mí fantasía.
Si yo fuera otra y tú otro, pienso; yo te miraría a los ojos de la única forma que quisiera mirarte, que en mucho llamas la atención de mí ser más profundo; sin embargo la realidad es un plomo, dónde no puede ser prenda mi corazón de tan preciada imagen: pues no dejas de ser ilusión sin sustento, y no me corresponde en esa realidad de mercurio inventar figuraciones donde no hay ni habrá jamás seña segura de recíproco interés, el cual por nada del mundo me es dado averiguar, por prudencia y respeto a ti y para mí. Así va la sensatez marcando el segundero.

Empero, mí alma recibe sus impresiones del entorno, pero es, sobre todo, el dialecto interno quien me dicta la sentencia respecto de lo que ha de ser juzgado en prudencia o en fantasía. Y es bien cierto que arduo, y en mayoría infructífero, desear a capricho controlar los fenómenos de la realidad y aun aquellos que atañen al artificio del ser humana. No es dado a una mortal simple e ignorante, como yo, augurar las certezas, y no debiera, pues, ser de mi tormento el acontecimiento ni su resultado; apenas me es dado, con mucho esfuerzo de concentración, vivir en plenitud la experiencia del instante, guardar las energías de luminosidad blanca para atravesar la noche oscura de todas mis tristezas…

Continúo siendo la niña triste que un día fui, que crecida bajo los crueles dictados de las circunstancias, soñaba con lo mágico...
A día de hoy, aún soy esa chiquilla que en ti imagina encontrar reposo para sus interminables inquietudes. ¡Tantas, las ganas mías por desahuciar a las sombras, van y vienen los días y las noches y es cama de silencio el tiempo; ya no lloro, hace muchos años que no, como tampoco repinto mis carcajadas, pues en animal de escenarios me han convertido y es el público quien confirma a vergonzosa la tristeza, la farándula de las apariencias: por hoy: mi sonrisa es leve pero íntegra.

Algo habré de cosechar bajo la benevolencia de mí ímpetu de soñadora; es todo cuanto me queda... Y, siendo honestos: ¿No será mí espíritu, frágil como un cristal, salvaje y fuerte como ninguno otro, quien me pone en las situaciones de ensueño? ¿Y no será cierto que tú, adorado X, también en alguna ocasión hayas desdeñado la jaula y la prisión de las formas comunes? Acepta mis cartas, desentrañalas cual ejercicio; nada pierdes, nada ganas. Eso todo será cosa mía...

Con todo mí amor para ti:

C. 
(P.D.: Casi estaba por nombrarme, pero no es posible, me retracto: es paciencia de gota la que cincela a las rocas para crear piezas de maravilla.)

lunes, 7 de marzo de 2011

Los peligros con la oija. "Crónicas del Más Allá" con Claudia Bürk.

El próximo martes a las 20:00h en directo, nueva intervención (bisemanal) con Claudia Bürk. Esta vez nos advierte acerca de los peligros que entraña la oija. ¡Atentos!
En el siguiente enlace encontraréis su intervención en el programa "Les set llunes mágiques" en "Crónicas del más allá". La intervención de Claudia, como siempre será en castellano:

Radiosilenci.com

Claudia Bürk en El Cercle Enigmátic

Nueva intervención de Claudia Bürk en el programa radiofónico El Cercle Enigmátic que dirige y presenta Daniel Rodellas y Mariamar Cuadras. En esta ocasión su disertación ahondó en la misteriosa presencia de los ángeles en el arte y de como se ha usado la figura de estos seres para sanar nuestro cuerpo y nuestra alma a modo de terapia.

Podéis escuchar el programa completo desde aquí.

El Cercle Enigmátic se emite todos los sábados a las 23:00 horas, a través de la emisora Radio Vendrell 107.1 FM. También puede escucharse  en directo a través de www.rtvelvendrell.cat.