Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Carta a X (15 de marzo de 2011)



Muy soñado X:
Lo que trato de hacerte llegar con mis palabras, son más, mucho más que simples cartas anónimas: son desesperados mensajes; grtios desde mi alma que en la realidad cotidiana son sofocados por el silencio de mí apariencia impuesta por y para los demás. Quizás para ti todo esto no es más que el acto de una chalada. Todo es un tremendo "quizás"...

Te has convertido en mi Todo recurrente, que grita ensordecedor en mis adentros, mientras mis labios permanecen en sombrío silencio.

Con la solemnidad de una sacerdotisa, que sirve a su único Dios, dejo que la ausencia de tu semblante me taladre el corazón, me recuerde que cada día que pasas lejos, es una oportunidad menos que me brindan los segundos, de tenerte conmigo.

Me duele no poderte hacer llegar lo que vivo a cada instante, me dueles en la piel y en las manos, en la boca, en los ojos que nunca ocultan mis sentires, en los poros que se ha quedado con las ganas de idearte más y más, en mis noches de insomnio dueles, y mis días que se repiten muertos uno a uno.

Hoy te hablaré un poco de mí, pues solamente tú, a tarvés de ésta "travesura" vas a conocerme como jamás me daría a conocer a quienes me conocen.

Me siento como un pájaro que tiene las patas atadas con una larga cuerda.Cuando estoy entre la multidud, permanezco escondida. Mi mente entonces procura zafarse y volar a tierras lejanas.Me subo a la cima de una montaña.¡Es delicioso sentirme libre de cuanto no es auténtico e imaginar que estoy viviendo de manera sencilla y directa!

Estos días estoy silenciosa, pensativa; hay muchas cosas nuevas en mí alma. Quisiera darles forma, pero mis manos no consiguen ponerse a la altura de mi imaginación.
Durante años he vivido escondiéndome del mundo. Lo único que mí corazón no sabía era amar la vida, por dura que se presentara. Durante esos años he vivido con un hambre inmenso, una enorme sed por algo que no conseguía identificar: era la voluntad de vislumbrar lo que estaba más allá de mí. Lo intenté de diversas maneras y ahora he hallado un camino seguro: recorrer los senderos de las palabras y llegar a ti, X.

El alma busca el amor como el aire busca las alturas o los rios fluyen hacia el mar. Cuando la vida pesa, el único alivo es creer y confiar en el amor. Entonces, aun en las peores circunstancias, todo se vuelve más liviano y surgen melodías desde la oscuridad jamás imaginadas.
Amo a las personas más que nunca, querido X, aunque continúe sintiéndome sola y sabiendo que nadie va a conocerme jamás como soy, excepto tú.
A pesar de no poder ser quien soy, no he parado de amar a los demás.
Cuando notamos que nadie nos ama por aquello que verdaderamente somos, procuramos estar siempre ocupados y no damos vía libre a nuestro crecimiento interior porque intentamos controlarlo...
Muchos me han dicho que me amaban, X: amaban mi servicialismo, mí belleza exterior y todas esas cosas prácticas que una mujer es capaz de dar. Pero nadie reparó en la profundidad de mí ánima.La vida es muy irónica: a menudo cuando intentamos ser delicados o tolerantes, ofendemos a los demás. Por ello me han exigido llevar el atavío que me hace ser quién aparento ser.

Sin embargo nunca me he mostrado como soy, por temor a ser reconocida. Así terminé aislándome voluntariamente.

Paradójicamente, la soledad me asusta.

Nadie sabe que siempre he usado el corazón de mí corazón y he visto el mundo a través de unos ojos siempre anegados por las lágrimas, ya fueran de alegría o tristeza.
Para vivir es preciso tener coraje. Para decir la verdad, también y por supuesto para darnos permiso de ser como somos.
El amor, querido X, es lo que más deseamos tener y dar para ser nosotros mismos. Sin embargo, nadie se da cuenta de que a todas horas está siendo ofrecido y rechazado.

Yo, venerado X, he sido una planta encerrada en la oscuridad que soñaba con la primavera.Me quebron todas las flores. Sin embargo, sé que la primavera me espera. Sé que el dolor fue necesario, pues en él las cosas tomaron forma y yo no hice más que esperar. Todo lo que hoy soy nació del dolor de ayer. Es ahora cuando el conocimiento oculto en mí aflora y mi pensamiento se convierte en flor nunca antes soñada. La vida, por muy dura, siempre parece darnos más de lo que creemos merecer…

Había aceptado no ser amada jamás y entonces terminé por transformarme en alguien imposible de amar…

Por suerte todas las montañas tienen su cima y en la mía estás tú, X....
Dicen por ahí que mis dedos siempre eligen el perímetro más alejado de la vista para traer a la cercanía lo que la lejanía guarda en sus bolsillos.

Pero debes entender que eso es mentira, que mi realidad es verdadera, mucho más que todos esos seres que pueblan el inmenso azul que nos separa, porque ellos son invisibles hasta alcanzar el verso que un poeta les regala en sus noches de insomnio y soledad..., y tú estás aquí, a pesar de que para los otros, tú estás allí, lejos, al otro lado; tan lejos como lo están los muertos, sin embargo en la profundidad de un océano misterioso e inabarcable, el frío no mata…

¡Pero qué sabrán ellos, los otros, enfrascados en sus colores monótonos de arcillas y tierra! Qué sabrán ellos de la magia de descifrar los minutos de una hora cómplice, si sus relojes son zombis caminando por el tiempo o meros mecanismos secuestradores de vida; qué sabrán ellos de las esencias que lleva en su núcleo todo el calor de una mirada, -¡La tuya! camuflada entre las impasibilidades-, si la maldicen al sentir su roce en las delicadas ropas materialistas, sin imaginar ni tan siquiera que para mí es el motor de los latidos de mí corazón…

Sin embargo, yo he visto la luz en tus ojos, y eso me ha impulsado a escribirte con la indolencia de a quien no le inquieta el silencio, que no hay distancia que de ti me separe, pues pinto en ese muro entre tu y yo efímeras palabras para que mis dedos, -pequeñas proyecciones de mí-, codifiquen leves poemas disfrazados de cartas, a las que tu pones tu existencia.

Sí, lo sé, lo sé….juego con la metáfora para deshacer espacios, azuzada por el placer de sentirme a tu lado en el verde mañanero o en la oscuridad templada por una luna llena en cualquier estación del año, o esas otras en las que el reloj tendría la obligación de pararse.

¡Ojalá me entendieras desde éste lado del espejo! ¡Ojalá comprendieras los motivos de mi dedicación al escribirte! Entendieras y comprendieras el motivo y la necesidad de hacerlo... Para así traerte a mi lado, como las otras veces estás sin estar, con el afán del que tiene en la letra el antídoto para disolver espacio y tiempo, con la seguridad de saber que tú estás al otro lado absorbiendo la esencia infinita de la palabra cuando abandona mis adentros.

Pero ni tan siquiera estoy segura si mis cartas te alcanzan….

Hoy es la circunstancia, otras veces, es situación el muro que separa nuestros presentes, desde sus tonalidades cambiantes con el vuelo de cualquier nube que viaje sobre ella; otras serán, como han sido, el tiempo convertido en lejanía, o el silencio engañoso que, a veces -sólo a veces-, juega a serlo también; pero siempre será la misma distancia, la misma que tu y yo diluimos en las entrelíneas de una carta, convertidos en protagonistas; mientras en otro mundo ajeno a mi corazón, se mide visualmente el espacio que de ti me separa.

Ya es de noche y el sueño solicita ser mi compañero por unas horas, pero no desearía terminar de escribirte... Por eso, esta vez, dejaré abierta esta carta, para que la continúe el silencio hablante de respuestas inmediatas….

Te saludo con reverencia y mi total respeto por tu luz en presencia,

desde el mundo de los vivos:

C.

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