miércoles, 30 de mayo de 2012

Reseña para "Maldita Matilda" por Isabel Laso (Directora de teatro y escritora)

Claudia, me he leído tu GENIAL novela "Maldita Matilda", esta tarde del tirón. Y como suponía me ha causado un GRAN placer.
Porque hay dos cosas esenciales en ella: buena literatura y verdad. Es una narración exquisita, fresca, y lujosa pues está enriquecida con detalles y descripciones que nos sitúan magnífica y confortablemente en el lugar. La ambientación es fabulosa.
Pero el desarrollo es indiscutiblemente bueno. Entre sólo dos personajes, se perfila todo un drama muy realista no exento de una fina ironía que te obliga a estar con los labios levantados en el recorrido por este viaje entre el abismo y la superficie de dos seres tan opuestos.
Torquet me ha parecido un gran personaje, profundo, lleno, de vuelta de todo, que sabe bien todo lo que sabe, que sabe mucho más de lo que confiesa...
Matilda es el paradigma de la ruinosa ruindad humana, que por aquellas bondades del demiurgo todavía tendría alguna esperenza, todavía la merecería, todavía no estaría perdida si fuese capaz de volver la mirada hacia su interior...Podría volverla, debería hacerlo...
Me ha recordado con gran placer, en algún momento, a Kafka, por lo reconcentrado del ambiente, esa tensión terrible y angustiosa que él sabía hacer respirar al lector. Tú también la creas, con acierto.
Es un impacto. No puedes dejar de leer. No puedes sustraerte a la hipnósis que te produce la narración, y al acabar parece que salgas de un sueño. Parece que hayas estado allí dentro.
Creo, qué digo creo, leo...LEO a una joven y gran escritora. Madura, con oficio, que nos lleva de una realidad a otra como quiere a partir de la voluntad de su pluma mágica. Eres glamourosa. Y quien te ha leído un vez no se siente decepcionado con la segunda. Al contrario, se siente complacido y admirado. Este es mi caso.
Esta novela tiene que estar en la calle pronto, y cuando lo esté pondré todo esto en mi blog.
Como en el caso del cine de autor, tú, Claudia Bürk serás considerada una autora, con huella.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La tía Mareclina y yo.




La tía Marcelina y yo
(Estrofa Primera) (Acto I)
Por Claudia Bürk (A. T.)


23 de mayo del año del señor 2012 a las 10:45h

Llamabase Marcelina
de mi padre lejana prima.
Seca, espigada,
quejumbrosa, reumatizada,
de senos desaparecidos,
y la retaguardia, ¡Ay! ¡Cuán aplastada!


Para completar el panorama
escogiendo guapos y feos
no podía ser contratada.
Pues mi tía Marcelina
con disimulo la apodaban,
¡Desdentada! ¡Desdentada!,
Como Buzón de correos.


¡Apunten acertando!
Teniendo presente lo ahora sabido
que, si alguien se ha conmovido
de éstas sus adversidades
no tarde, ruego y suplico,
en verter libremente, lágrima conmigo.


Era criticada, con reservas y disimulo
ser más terca que una reata de mulos.
Impasible a palos y afectos,
y llena, llenita, a reventar
de otros muchos defectos.


La pura y necesaria verdad
ampliamente justificable;
pues ocultarla, lo siento, es imposible
debido a una poderosa razón
reconocida hasta en el Vaticano:
allí donde por lo que fuere no lucía,
suplíalo con envidiosa humildad,
sinceridad y grandísimo corazón.


A estas especiales lides
a todas sus paisanas ganaba,
demostrando espontaneidad
e inigualable pundonor
conociendo, como no ignoraba,
saberse cruelmente burlada.


Marcelina, triste y desolada
No conseguía demostrar
sus locas ansías por amar,
¡Imposible, lejano amante!
Todo por culpa de una vecina
que engatusó al presunto pretendiente
achacoso, viejo chulo ignorante.

Tuvo ciertamente fortuna
Pues, a la desvergonzada tuna
Pronto ese la dejó más que plantada,
Llenita, llenita y bien preñada.


(Segunda Estrofa)
Sufriendo de vergüenza
haber sido sin pudor suplantada
por una viciosa cualquiera,
enterró deseos y sentimientos
en las profundidades de su alma.


Dejó de suspirar,
de soñar apasionados amores,
ansias y revolcones,
inconfesables caricias,
entregas y …¡Perdones!

Negó de por vida
recordar aquel engaño,
eludiendo decir la verdad.
Mantuvo la lengua retorcida
y los traicionados anhelos
sepultados en la eternidad y lejanos cielos.


Durante la claridad del día
fuere este nublado o lluvioso
conseguía
sin mucho éxito disimular
el intenso dolor que sentía
imposible de consolar.
Mezclando en su cotidiano conversar
chistes y tontos sucesos,
difíciles de creer y peores de asimilar.


Llegada la noche
encerrada en el hostil dormitorio
acariciaba, empero, amorosa la almohada:
compañera confidencial de ilusiones.
Profundos sus suspiros y ardientes las ambiciones,
añorando sentirse adorada
por aquel aprovechado tenorio.


A nadie confesó, toda ella muy prudente,
escarmentada y desconfiada
que perfumaba lecho y ambiente
sábanas y edredón,
cómplices de insatisfechos ecos de amor,
al esperar siempre impaciente
prometido, esposo o aunque fuere amante
pronta a complacer consciente
si el esperado pretendiente
pasara, primero, por el altar.


Mi padre,
de estos sentimientos ignorante,
consumía su vida sentado
tragando anuncios de televisión
filmes aburridos y algún que otro culebrón.




(Tercera Estrofa) (Acto II)
El tiempo, infatigable
tenaz e irresponsable
prosiguió con su avance
aumentando edades
y vientres espectaculares.


La gestante vecina
aislada de la comunidad,
paseaba su panza
bajo amplias faldas
cohabitando sin esperanza
ser nuevamente admitida
en las tertulias cotidianas
de la agrupación vecina.


Sus andares cansinos,
inseguros e irregulares
necesitados de mayores caminos
semejantes en dimensiones
cual nacionales autopistas vulgares.

Buscaba entre la vecindad
inútilmente y por desgracia
quién ofreciera por caridad
una simple palabra de amistad.


Con anterioridad al escándalo
conoció ocultos secretos
de aquellas mujeres
infieles y adúlteras.
Vislumbró asimismo traiciones conyugales
y también inmorales abortos a centenares.


Ahora, aprovechando la ocasión,
todos centraban sus maldades
en aquella desgraciada inexperta
que ofreció inocente su natural y único don
pagando con creces
los escasos segundos de su pobre pasión.


Fueren hombres o mujeres
limpios de conciencia,
debieron comprometerse a adoptar
al que a no demasiado tardar
vendría a aumentar
gastos y número familiar.


Marcelina, mi señora tía,
simulando aprensión y desprecio,
espiaba de reojo a su particular malvada
al tiempo que de forma inconsciente
palpaba en sí su exiguo y extraplano vientre,
deseando un milagroso trasplante.


Se sumaba al historial de la despreciada
pues no vienen solas las desgracias
historia, solo por el doctor conocida:
fue también infectada de sida
al consentir la penetración
sin el uso de un simple condón
cegada por una promesa
indigna y sin corazón.


Demacrada, por falta de asistencia
fuere de personas o vacunas
perdíase lentamente
de este mundo impenitente
plagado de seres inconscientes
coexistentes en historias indecentes:
puestas a la venta, naturalmente,
con regalos y curiosos complementos
si contribuían personalmente
a las aportaciones oportunas.


Tras largas horas de dolores
espasmos y contradicciones
falleció en el parto,
minutos tras el instante
de ver por primera y también por última vez
a su indeseado infante.


Indigente y adeudada
de pies y cabeza
en hipotecada y vieja mansión,
se acogió al recién nacido
en una más que precaria situación
berreando este a pulmón partido
con tantísima fuerza, rabia y lamentos
que hizo temblar los cimientos.


La asistencia de curiosos
cotillas y arrugadas comadres
se apretujaban fuera, en la calle,
sufriendo estoicos y pacientes
las inclemencias del tiempo
en el más absoluto silencio.
Pegadas materialmente las orejas
detrás de ventanas y oxidadas rejas.
Noticias que comentar
Formaban apretados grupos y parejas
cultivaban finamente rumores jugosos
a su gusto e invención.


El doctor, no más que un anciano veterinario
hábil y siempre dispuesto,
Comunicó a la acreciente masa expectante
que el nuevo y flamante individuo a censar
una vez, cristianamente bautizado
por él mismo, a dedo, designará a quién para adoptarlo.


11:35 horas



Al igual que la anual epidemia gripal
propagándose en ambientes propicios
incubando gérmenes mortales
el fallecimiento de la mujer
motivó inquietud en muchos hogares:
pudientes y pobres,
en la funeraria y en el cementerio,
al existir intereses y desacuerdos
por hallarse de pagos al descubierto
desde que conocieron su embarazo.


Simón, el triste enterrador
conocidísimo en la comarca,
en España y en el extranjero
tuvo sus más y sus menos
con el avaro alcalde del pueblo
por negarse a satisfacer el dinero necesario y obligado para el sepelio.


Verse libres de problemas
crearon otros inconvenientes
siendo el más urgente
encontrar una rápida solución
ubicando al pobre huerfanito
un hogar cristiano y decente.

Simulando infructuosas reuniones
y horas de sueño
donde apareciendo ciertas discrepancias
cruzaronse veladas acusaciones,
determinaron gracias a su empeño
señalar, bajo secreto de votación,
nombre y apellido de la persona
única y mejor cualificada
para aceptar la adopción.


Viejos odios y rencores
satánicamente bien unidos
escribieron un “sí” en los votos en blanco
y en los negativos, siendo en minoría,
obscenas frases rezumando impudores,
sorprendiendo a los reunidos
al creer que una mano vengativa
consiguió adulterar la decisión.


Casi siempre surge una solución
cuando se persigue un propósito
por increíble que parezca,
al saber que cerca, muy cerca
conseguirán solventar el problema
traspasándolo al inocente designado.


Sabían las brujas conspiradoras
que su víctima cedería,
al haber sido elegida
por una gran mayoría.




11:55h

III
Cual regalo navideño anticipado
conociendo por gracia unánime y colectiva
en sesión plenaria de mandamases y jerarcas
a pesar de la escasa y ridícula oposición
fue aprobada y con rapidez rubricada
anticipándose a inútiles reclamaciones
autorizando la oportuna adopción.


Faltó únicamente el señor cura
aquejado, por desgracia, de fuerte constipado,
y devorado por altísima fiebre,
sospechando entre lucideces
ser miserablemente burlado
por haber sido olvidado en el sermón pasado
privando su única e influyente opinión
denegando semejante salomónica decisión
rebosando odio e intereses.


En formación de cuatro en fondo
marciales posturas y braceos militares
recorrían plazas y calles
interrumpiendo el terribles tráficos
ausentes de urbanos y semáforos,
riéndose de vociferantes afectados,
bien fueran peatones o gentes rodando,
dispuestos a levantar el dedo mayor,
al menor acto de rebelión.


Dispuestas a cumplimentar su cívico deber
de sincera amistad y muy buen querer
marchaban resolutas y decididas
alzando la barbilla, los ojos bien fríos, hipnotizados
barrigas fláccidas, o exageradamente abultadas,
los senos, grandes o pequeños
vacíos de contenidos, exageradamente colgantes
piernas cortas y bastante peludas
las más largas, hábilmente rasuradas
la mayoría de ellas patizambas, renqueantes,
ajenas todas ellas a sus inmensas virtudes
murmuraban entre ciertos huecos dentales
impopulares canciones y extrañas oraciones
aprendidas de memoria durante las noches
pasadas en blanco, faltas de acompañante
dador de necesidades calmantes,
renunciando expresamente y durante años
entonarlas por las mañanas, en ayunas,
para evitar amargas arcadas y retortijones.


El centenar de ancianos
pensionistas y jubilados
sonreían regocijados
asistiendo bastante alejados
más prudentes que aconsejados
de aquella esperada demostración
entre gigantes y enanos.
Pues así fueron bautizados
con más acierto que razón.



12:22

IV

Multitud de curiosos y mirones
venidos de todos los rincones
de cercanos pueblos y aldeas
abarrotaban la ruta a seguir.
Padeciendo las inclemencias del tiempo
inestable por ser el loco diciembre
sumándose a brutales golpes
y empujones a discreción
por el anhelo de ocupar y conseguir
ser, las mujeres en particular, las primeras
dispuestas a toda costa impedir
que se colaran por delante de ellas
conquistando y defendiendo
lugares de preferencia,
ignorando si recibían excusas sinceras
disculpas o humildes perdones.


Los aplausos fueron en aumento
acompañados de toses y estornudos
incluida alguna risita de hiena
y relinches mulares y de burros
creando sanas envidias animales.
Si alguno de estos por casualidad
estuvieron en las cercanías
en el establo o cercana ciudad.


Varios reporteros
de radio, prensa y televisión
observaron con máxima atención
quienes, entre bulliciosa concurrencia
mereciese ser citada
ofreciendo, con toda seguridad
convertirse en estrella afamada,
en un tiempo de nada.

Mi tía Marcelina
alarmada por aquella ruidosa algarabía
temiendo posible desgracia,
el fin del mundo o revolución dominguera
dejó de zurcir y remendar
antiquísimos vestidos del ajuar
que jamás logro estrenar,
pasada ya su mocedad
perteneciendo ahora
a recuerdos que lamentar.

Curiosa asomó la nariz por su ventana
abarcando de una sola mirada
la multitud allí reunida
entonando ahora contagiosos vítores
con más fuerzas que con ganas.


13:42h
V

Su humilde apellido y nombre
inscrito con algunas dudas el siglo pasado
para muchos desconocido antes
coreado por guturales voces.
Horadaban sus gastados oídos, nidos de cera
despertando un par o tres de sentidos
almacenados por no haber sido utilizados,
en el instante apetecido
traicionada por el único hombre
que acercándose a ella con nocturnidad
fue con toda ilusión el escogido.


Terriblemente asustada
sintió que su débil cuerpo temblaba
reacio a reaccionar
ante aquel inusitado panorama
angustioso e irracional
siendo ella, Marcelina,
la víctima a sacrificar.


Caída de rodillas,
Las manos estrechamente unidas, prestas a orar,
suspiró en silencio
vertiendo primeramente lágrimas
para a continuación dejar en libertad
estéricos gemidos de angustia
capaces, por si solos de provocar
un nuevo diluvio universal.
Pues de comenzar a emplear
el verbo equivalente a llorar
no hubiera habido forma de salvar
ni a ella, ni tampoco a los demás.


Convencida de su próxima muerte
siendo inocente delante de Dios y alguna gente
maldijo su mala suerte
al verse privada de un juicio imparcial.
Así pensaba ella, lamentablemente
negándosele, en teoría, un buen abogado
defensor de la justicia.
Fuese éste pobre de bienes y fortuna
justo y bien honrado, también incorrupto
de débiles, desahuciado, e indigentes
si éstos, delante de la ley fueren inocentes.


Sonrió de aquel súbito pensar
salido, ignorando de qué lugar
arrastrando consigo la esperanza
dificilísima de poder conservar,
por ser, eso, un simple y bello sueño,
un sueño deseando ser realidad.




(Continuará en breve)

martes, 22 de mayo de 2012

Imposible

Imposible



Nada que objetar

Si no existió acuerdo

Por culpa, así comentan

De malvados intereses

Imposibles de ocultar.



Amar, odiar, simple gemido.

Odiar, amar, angelical suspiro.



Por un tiempo inmemorial

Anduvieron juntos y unidos

Felices, hermanados

Libres de sospechas y recelos

Durmiendo en nubes y cielos

Aparentemente amigos

Siendo como eran

Muy frágiles sus nidos

Y sin saberlo, futuros enemigos.



Por un simple sentir,

Para el caso, sin importancia

Debido a una herencia

Comenzaronse a maldecir

Nacimiento e infancia.



En un recipiente antaño

Que fue practicando el llanto

Y los continuos goces y risas

Olvidaron el “ahora” pasado

Despreciando cuna y sentimientos

Que unidos, incubando el engaño

Disfrutaron felices y contentos.




¡Maldita herencia!

Creadora de divergencias

Envidias y oscuros pensamientos

Odios, desamores y demencias.



Las disputas arreciaron

Repudiándose mutuamente

Anunciando a viva voz

Despreciarse eternamente.



Justicia e historia

A renuncia los tienen

Pues ante una solución mantienen

Una tozudez irrisoria.



¡Desgraciadamente vaya

Herencia nos dejaron!

Dedicado a una desconocida que escribe lo que yo.




Dedicado a una desconocida que escribe lo que yo.



César...

famoso líder romano

cansado y aburrido

posiblemente hastiado

aseguró haber sufrido

pesadillas en un sueño

más de una vez repetido

murmurando al despertar

Vine...

Vi...

Vencí...

¡Palabras acertadas

en el idioma latín

muy usado en aquel entonces

por ignorar el castellano

y también el irdín.

¡Tan sencillo y ufano

y fácil de escribir

sin boca ni mano...

¡No era tonto el muy pillín!



Por extraño que parezca

fueron debidamente celebradas

manuscritos y grabadas

al ser casualmente pronunciadas

quedando para siempre inmortalizadas

y por nadie, que yo sepa,

igualadas.



¡Ver para creer!

Yo, de nombre insignificante,

solo en el otro lado, triste mortal

español y catalán de nacimiento

dicta lo que ella escribe,

yo no cuento para nada,

ni lo que de mí percibe.



Así es como ella siente

encerrada en mi casa

incomprendida, convaleciente.



Existen curiosidades

Y múltiples casualidades

Al escuchar sorprendido

Aquí ha venido un caballero andante

De barba y cabellos abundantes

Dispuesto a recitarle

un montón de versos

difíciles de interpretar,

sino con su verdad.



Nada a nadie prometí

En mí pasada vida ajetreada

Escribir poemas

Con el valor de una pomada

Para aliviar y curar las ansias y las penas.



Cumpliré lo no prometido

Como un deber debido

Dándole a sus letras todo el sentido.

Porque soy un muerto entrometido

Burlón y bastante atrevido.



Escribo estos versos

En horas robadas de su sueño

Dónde ella, bellísima dama

Me sirve su alma

Entre edredones y sábanas

Para tenerme como su dueño.



Versos escritos,

Pero soñados con su amor

Es gardenia su olor

¡Suspiradlo por favor!

Que sea bien recibida

En todos los sentidos.



Solicité su ayuda y ella mi consejo

Para adquirir los dos juntos esas flores

Que duren por un invierno

Y no mueran de calor.

Le pido por favor

Que por mí palabras escogiera

Si para ella decir las quisiera.



Mucho tengo que decir,

Y me da un poco de vergüenza

Ya no puedo ni leer ni escribir

Debido a mí forzada ceguera.





Me importa su nombre

Solo, lo juro, por curiosidad,

Viéndola llena de bondad

Y atenta consejera.

No, no os extrañe

Me interesa con intensidad

Porque soy simplemente un muerto.

Adquirí lo deseado

Llevándola a mi hogar

Con cariño y esperanza

Pudiéndola admirar.

Para adornar con su sonrisa mi balcón

Sencillamente acicalado

Con alma y corazón.



Escribo este poema

Con más alegría que pena,

Más, antes de terminar

Yo miro desde aquí

a su trenza curiosa

ni corta, tampoco muy frondosa

colgada de su cabeza,

de una forma muy, pero que muy curiosa.

Gracias.



A través de Claudia Bürk 22:40h

22 de mayo, año del señor 2012

viernes, 18 de mayo de 2012

Reseña por Ubaldo R. Olivera para "Maldita Matilda" (Nueva novela corta)


Maldita Matilda tiene la intensidad de atmósfera y de suspense como para que el lector/a potencial que vive y respira en cada uno de nosotros no se quiera separar de ella hasta saber qué ocurre con la asustada vida del narrador. La música de las frases, la fuerza y sugestión de los monologos con los que Matilda parece tejer más de una trampa, el temor del narrador de no poder salir de esa situación, hacen que la historia avance y avance y por momentos simpaticemos con el odio de Matilda, y por momentos lleguemos a escarnecerla. ¿Qué pasaría si...? ¿Qué pasaría si...? Se va preguntando de continuo quien lee la historia y permanece ahí, a la espera, vigilante, casi hasta con el temor de que Matilda salte de las páginas y nos asfixie entre sus patas, y nos devore como la viuda negra suele devorar al macho después del goce. La plasticidad de sus imágenes, de las imágenes que poco a poco va destilando el relato Maldita Matilda, nos mantiene vivos en todo momento porque más que leer las imágenes, las vemos, las sentimos, las padecemos. Y a Matilda la escuchamos con naturalidad y compasión porque su rencor, lo que le sucedió de niña, lo que le hicieron aquellos cuatro tipejos, acaso sean el reflejo de otra realidad paralela que tenemos arraigada y no sabemos reconocer a un primer vistazo porque los códigos y secretos con que está armada la sociedad, no nos permite salir de ciertos laberintos y oscuridades. Matilda goza de la belleza pero se cuestiona, goza de la sensualidad pero se defiende cuando es pertinente, goza de su dolor pero no teme contarlo porque sabe que las palabras malditas, como las emociones y el amor, como la maldicón que le escuchó a su impotente marido antes de morir, puede que sean al final otro reflejo de los muchos miedos que nos viven dentro.

Y su final, su terrible final no deja ser un triste y desdichado espejismo dentro de la conciencia del lector o lectora pues su vida, la arácnida realidad de Matilda quizás nos devuelve un poco a una parte de nuestros antepasados, a nuestra condición de animales (animales políticos como bien señaló el gran Aristóteles). ¿Y mientras tanto? Mientras tanto el narrador de Maldita Matilda, el novelista Juan, esté pergeñando alguna historia para que nos sintamos tan desprotegidos ante tanta soledad y orfandad. ¿Juzgarán a Toribio? ¿Juzgarán a Matilda? ¿Tendrán cada uno su propio cielo? ¿Cada uno su propio infierno? Quien sabe. Nunca se sabe pero ahí está Matilda. Combativa, devoradora de pasión, llena de la leche de la poesía con que se amamantan las buenas historias.

U. R. Olivero

miércoles, 9 de mayo de 2012

Sinopsis de "Maldita Matilda"





Sinopsis de “Maldita Matilda”

Se trata de una obra corta, que al igual que otras obras similares en estilo −como por ejemplo “El lobo estepario” de Hermann Hesse o “La metamorfosis” de Franz Kafka− está concebida por su autora como una voz de advertencia y alerta hacia todos esos que, incapaces de aceptarse a sí mismos, se ven envueltos en sus propias aberraciones.
La novela es también una protesta encubierta contra los prejuicios y una alegoría a lo imperfecto y mezquino en cada uno de nosotros. La autora reflexiona ácida e irónicamente sobre la necesidad de la apariencia y el disimulo que nos alejan ante los otros de nosotros mismos. La obra no puede ser leída en un solo nivel, aunque constituye un trabajo arquetípico de novela moral. Todo ello Claudia Bürk lo desarrolla dentro del ambiente asfixiante de una habitación cerrada bajo llave dónde sucede el encuentro forzado y vacuo de dos personajes cuyas peculiaridades quedan muy puntualizadas por la autora. Con la tensión in crescendo, a base de detalles que enmarañan, la novela transcurre en una doble estructura de realidad, sin que el lector adivine ni una sola escena venidera. Este trabajo, lejos de dar respuestas nos enfrentará con preguntas que, quizás, nunca nos hayamos planteado: ¿Quién es quién en esta vida?