Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Dedicado a una desconocida que escribe lo que yo.



Dedicado a una desconocida que escribe lo que yo.



César...

famoso líder romano

cansado y aburrido

posiblemente hastiado

aseguró haber sufrido

pesadillas en un sueño

más de una vez repetido

murmurando al despertar

Vine...

Vi...

Vencí...

¡Palabras acertadas

en el idioma latín

muy usado en aquel entonces

por ignorar el castellano

y también el irdín.

¡Tan sencillo y ufano

y fácil de escribir

sin boca ni mano...

¡No era tonto el muy pillín!



Por extraño que parezca

fueron debidamente celebradas

manuscritos y grabadas

al ser casualmente pronunciadas

quedando para siempre inmortalizadas

y por nadie, que yo sepa,

igualadas.



¡Ver para creer!

Yo, de nombre insignificante,

solo en el otro lado, triste mortal

español y catalán de nacimiento

dicta lo que ella escribe,

yo no cuento para nada,

ni lo que de mí percibe.



Así es como ella siente

encerrada en mi casa

incomprendida, convaleciente.



Existen curiosidades

Y múltiples casualidades

Al escuchar sorprendido

Aquí ha venido un caballero andante

De barba y cabellos abundantes

Dispuesto a recitarle

un montón de versos

difíciles de interpretar,

sino con su verdad.



Nada a nadie prometí

En mí pasada vida ajetreada

Escribir poemas

Con el valor de una pomada

Para aliviar y curar las ansias y las penas.



Cumpliré lo no prometido

Como un deber debido

Dándole a sus letras todo el sentido.

Porque soy un muerto entrometido

Burlón y bastante atrevido.



Escribo estos versos

En horas robadas de su sueño

Dónde ella, bellísima dama

Me sirve su alma

Entre edredones y sábanas

Para tenerme como su dueño.



Versos escritos,

Pero soñados con su amor

Es gardenia su olor

¡Suspiradlo por favor!

Que sea bien recibida

En todos los sentidos.



Solicité su ayuda y ella mi consejo

Para adquirir los dos juntos esas flores

Que duren por un invierno

Y no mueran de calor.

Le pido por favor

Que por mí palabras escogiera

Si para ella decir las quisiera.



Mucho tengo que decir,

Y me da un poco de vergüenza

Ya no puedo ni leer ni escribir

Debido a mí forzada ceguera.





Me importa su nombre

Solo, lo juro, por curiosidad,

Viéndola llena de bondad

Y atenta consejera.

No, no os extrañe

Me interesa con intensidad

Porque soy simplemente un muerto.

Adquirí lo deseado

Llevándola a mi hogar

Con cariño y esperanza

Pudiéndola admirar.

Para adornar con su sonrisa mi balcón

Sencillamente acicalado

Con alma y corazón.



Escribo este poema

Con más alegría que pena,

Más, antes de terminar

Yo miro desde aquí

a su trenza curiosa

ni corta, tampoco muy frondosa

colgada de su cabeza,

de una forma muy, pero que muy curiosa.

Gracias.



A través de Claudia Bürk 22:40h

22 de mayo, año del señor 2012

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