jueves, 18 de julio de 2013

De nuevo; cerca de tí.

Hola mi amor lejano, mi amor eterno, mi amor por siempre,
mi imposiblemente amado:

Como una loba solitaria, aullo triste a la luna que no consigo alcanzar. Y ésta no responde a mi súplica. De tanto amor en mí, muero en vida, al tenerte cerca. Lejos y cerca. Cerca y lejos. 

De pronto consigo tenerte frente a mí, tras tanta espera, tras tantos días de lucha con la vida, de responsabilidades, de asuntos que resolver, siempre sola...Si, sola, en contra de todas las apariencias. Entonces por fin llega el gran día de la recompensa que llega sólo al tenerte cerca.¿Y cual es mi respuesta? El silencio. El disimulo. Porque DEBO comportarme así... Es como tener al mismísimo Dios enfrente de mis ojos; ¿qué hacer? ¿Qué decir? ¿Como comportarme? Quisiera entonces decirte algo brillante. Acercarme a ti tan solo un poco. Pero el miedo me paraliza. No puedo respirar. Siento estar demás. Temo decir algo que no debo y callo. Me atraganta mi propia inseguridd. Siento como me bloqueo, como mi mente se nubla y temo que hasta mi respiración me delate y te hable de lo que no debo. Pienso que estoy demás, que mi presencia te resulta molesta. Y me siento muy pequeña.

Cuando todo pasa, me entra una tristeza insoportable y pienso "otra vez a esperar, días, semanas ..¿Un mes? ¿Mas? Qué cara es la felicidad de tenerte cerca unos minutos. Cuanto sufrimiento tener que ahogar mis sentimientos a tu vera. Tú con tu vida y yo con la mía. Ninguna. 

Cuantas cosas quisiera preguntarte, cuantas miradas gastar en sondearte los ojos. Y sin embargo, esos minutos pasan, veloces como caballos de batalla. Y vuelvo a casa, a mi triste rutina; la responsable vida de la eterna solitaria. La planicie de los días iguales.

Me conciencio de que jamás repararás en mí. Soy transparente, un fantasma, y lo comprendo. Soy un ser gris, que de tanto en tanto se vuelve arco iris al tenerte cerca.

Los miedos me matan, la vergüenza por que me descubras...Sin embargo, quiero volver a ti, volver a mirarte de lejos, los gestos a lo lejos; el cabello recogido en una coleta -siempre del mismo modo, unos días más alta que otros- volver a contener la respiración al verte aproximarte y fingir estar ausente. Fingir y fingir...Que nada me importas, más que lo que exige el protocolo. He llorado tras verte. La tristeza aumenta, a medida que aumenta mi certeza de que jamás querrás tenerme en cuenta. Duele, pero es el precio que debo pagar por sentir algo que no me está permitido. Que difícil es aceptar que jamás te importaré lo mas mínimo, cosa que es de una lógica aplastante. Un océano nos separa, la propia vida nos separa. Mundos de distancia. Te lloro en la noche, en el día. La vida duele, más duele al tenerte cerca y saber que quizás hasta me detestas. Es posible que lo hagas, tal vez sepas que soy yo la que te ama.Tal vez me culpes por ello, por estas cartas que todos leen y entre las que nadie advierte... La verdad es que no lo sé. Tan solo comprendo que mi soledad es cada día más grande, que hacía el mundo soy una cosa y en realidad, soy otra, un ser solitario, condenada a vivir en soledad, condenada a amar en silencio por miedo. Cuanto daría por verte más a menudo. Cuanto, por sólo saber que me aprecias un poquito, no a Claudia, si cabe, a esa que soy ante tus ojos...Y a escondidas al mundo.

Resignada, con el corazón en un puño, te ama:

C.

P.D. Siento que nuevamente no podré dormir, tengo a tus ojos y a tu silueta metida en mi cabeza, danzando en mis sentidos y no puedo imaginar otra cosa que no seas tú. Cuanto te amo y todo ese amor algún día morirá conmigo, inadvertido, olvidado, ignorado.

domingo, 7 de julio de 2013

Ésta noche te vi...

Desde mí lejanía puedo ver el lugar que frecuentas cada día, sentir los nervios a flor de piel; soñar con verte ahí..y sin embargo, no sé cuando volveré a verte; nunca sé los días que faltarán para aparecer ante ti, y la espera me consume. Mientras que ese día llega, sueño contigo y con tu mirada: con tus grandes ojos, de un tono color indefinible, nunca quietos esos ojos; claros, con pequeñas chispitas de amarillo que le agregan una suerte de alegría interior a pesar de tu severidad aparente; que trasciende y se exterioriza a través de tu límpida mirada. Tu cabello recogido en una coleta; tu pasar a mi lado de extraño. Tu mirar es franco; lo hace con infinita gracia y galanura. Sueño con tu porte, tus movimientos elegantes y enérgicos, con los que consigues respeto y atención; al punto que la mayoría de quienes se crucen contigo se sobrecojan a mirarte, ya sea descarada o sutilmente, para admirarte, para envidiarte, pero nunca indiferentes.

No hace demasiado tiempo que te vi por primera vez y desde entonces no pude apartarte de mi mente. Espero, como hoy, el momento sublime en que aparezcas en la lejanía; con tu andar habitual y observador, departiendo palabras a todos quienes tengan el privilegio de tenerte cerca...

Desde mi puesto de observación detrás de las pesadas cortinas de la realidad asignada, puedo seguirte con la vista durante las imposibilidades que median entre mi mundo y tu mirada. Algunas horas y sus segundos se han transformado en los más importantes para mí. Literalmente vivo para volver a verte. 

En mí huidiza visión, a veces he rozado tu mirar y he sentido como una descarga de energía casi me paraliza el corazón; miro tu amado rostro que de cerca parece aún más bello. Esta noche me has hecho sentir oleadas de estremecimiento y siempre que eso ocurre, bajo la vista para que la magia de ese instante no se vea alterada y poder sentir impunemente tus ojos en los míos. 

La solead ha pesado para mí como un saco lleno de piedras, que se fueron sumando como los años, piedra tras piedra, mes tras mes, que viví sin conocer tu existencia.

Ahora, el bendito solaz de tu cercanía, tan poco usual, tan esperada, tan preciada como un tesoro, ha hecho que adore tu esencia, los destellos de tu halo; cada vínculo y ángulo de tu alma, junto a todo lo que exploro atrevida y sin pedirte permiso, cada vez que te veo.

¡Ah, cuanto sueño con comunicarme contigo, pero no habrá forma de hacerlo mirando a esos ojos tuyos, que tan sólo me miran a través del papel que reconoces incierto en mis pupilas. 

Te preguntarás cómo me atrevo a decir que te quiero… El amor, para el mundo, quizás sea como la vida, que viene y que va. Para mí nunca llegó y sin embargo viví: porque no es amor, amor que no camina al lado de un cuento, ni en arras de una quimera cancele las razones de la lógica.. No es amor,¡no puede serlo! Si desde la deducción del corazón no implora al cerebro….

Ningún beso, me hubo despertado jamás de mí sueño eterno, ninguna caricia ocurrida, que hubiera dibujado un dulce cerco alrededor de mí alma, nada, me habló de amor. 

¿Y si yo no estaba hecha para ser vencida por esa dulzura? 

Aprendí que el amor era lo único que no podía tener en mí vida. 

En secreto, tal vez, soñaba con un beso que contuviera la promesa de otros besos, de la profunda entrega del corazón que a todos los demás parece encrespar sin enmienda. Pero para mí no era posible..

Por ésta razón me hallo aquí escribiéndote esta carta que parece imposible; te escribí cientos de cartas en mi vida hasta toparme contigo; darte un rostro, un nombre, un cabello pulcramente recogido en una coleta; un vaivén de una mesa a otra. Todo rompe las lógicas de todo lo establecido y correcto, y que hace que me sienta en tu mundo…Aunque jamás me mires...¡Jamás!

¡Me has colmado de existencia, de primavera, de vida!

Y te doy las gracias por existir. Para mí es suficiente…

Como el faro ante un naufragio: apareciste ante mí.

Y tu eres, has sido y serás cuanto sueño…Y jamás sabrás que ésta noche te escribí; que mientras te miré pensaba en escribirte todo esto....Y que cuento los días para volver a mirarte desde mi ángulo incierto.

C.

A tí....

Venerado mío

Venerado mío,

¿Dónde estas? 

¿Dónde, esos ojos tuyos que no me ven cuando me miran? 

Cuantos latidos de mi corazón, se pierden por ti en el tiempo, latiendo al unísono con todos tus segundos. En el ayer de mi vida encontré a la tuya, en el sueño perdido de mi mañana me besaste. Nunca fuiste real. Empero, a mis sueños te condeno. Tú: un ser inexistente en la vida de una apestada. Esa, que vive la vida de los otros, que entra en la vida de los desamparados para servirles de juguete que una vez roto, tiran a las esquinas con una patada limpia.

¿Dónde estás?
Sueño con mirarte, necesito que me devuelvas al hambre que tu presencia me roba, en la soga perdida del tiempo. Desde la noche más oscura de los tiempos, desde las horas de los seres humanos atónitos, el latido y los pulsos de mi ser te han buscado sin cesar, porque tú fuiste la seña más cierta de mi vida desde siempre. Con el corazón atravesado por puñales, muero en el día a día queriéndote, atrapada en las distancias más atroces. 

Shakespeare dijo “El corazón, Maese Page, el corazón, eso es lo único que importa.” Solo cuando la vida como una argolla, se nos cierra en torno es cuando hacemos caso al corazón. O bien, tomando el escudo de la distancia, el que brinda la palabra escrita. Cuando soy esta escribana, puedo ser aquella que soy y la que no me atrevo a ser. A esa que soy en el día a día, le resultaría imposible escribirte estas cartas, como siempre te digo. Ella ha huido del amor, conformándose con ir sobreviviendo, pareciéndole lo normal. Esta escribana, le recuerda el trastorno natural y coloreado del placer que produce dejarse llevar por el corazón. Ésta vive plenamente el terremoto de estarte amando. Se da permiso entre estas líneas para adorarte.Es capaz de apostarlo todo a una carta equivocada. No teme tus reacciones, habla con el corazón. Ella está borracha de ti y deseosa de seguir bebiendo.Ella se deja abofetar por tu impasibilidad, por tus ansias de jugar, sabiendo que todos los campos de batalla son los tuyos…

La “otra” que soy yo, la que ves, es aquella que baja los ojos, la que abre al compás de la renuncia los ojos. La que ahora quiere vivir lo más tranquila posible, aprovechándose de estar viva sin ser vista. La otra que soy, sin embargo, sabe que lo único que tiene asegurado es la muerte. Es la que cada noche, a punto de dormirse, te siente como un puñetazo en el corazón: la reclamas desde alguna parte y entonces ella corre a escribirte, para poder llegar a la vida.

Yo, que también soy esa, a pesar de ese otro nombre que me pusieron, paradójicamente soy de lágrima fácil, aúnque procuro ocultarlo. No es lo que está ante mis ojos lo que me hace llorar, sino lo imaginado, lo que en realidad no me ataña. Y en esta inferioridad de condiciones, aspiro vagamente a la felicidad. 

A tontas y a locas, cuando te pienso -amado inventado- entonces soy feliz. Entonces…habito en el país de las maravillas: llena de vida, repleta de dicha, todo me llena y nada me falta. Pero una voz, que lo ordena todo en mí, me insinúa: “Si aspiras a vivir de verdad, deja que mueran las palabras. En ti ellas sustituyen al calor, al mundo, a las vivencias.”

Esa otra que soy muere de hambre, porque solo ve naturalezas muertas muy bien dibujadas, pero nadie le ofrece de comer: un bocado no es de veras un banquete. Saber la composición del agua no le va a quitar su sed; deshojar la rosa y comprobar la inserción de los pétalos y del polen no le explica su sencilla majestad perfumada. 

Ella se adentra en la vida, como si se adentrara en el amor, se esfuerza con suavidad para comprender….El peligro de la palabra, amado inexistente, es muy grande. Esa otra en mí las recoge todas para ti. Ellas son su única forma. Ésa se deja hipnotizar e embaucar por ellas, las interpone entre la vida y ella misma, hasta que la deslumbran y la ciegan ante la realidad.

Sin embargo, - que grande es su contradicción-, que sabe, bien lo sabe- que la música no es partitura. Las olas no son el mar. Que las cosas no están ahí para que ella las traduzca. 

El amor hacía ti -adorado inexistente- me quita la palabra y los velos, me arranca la ropa y corro a esconderme avergonzada...
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Adentro, en esos ojos mios que te indagan sin pedirte permiso, que te sondean sin tu advertencia, irradia el polen de mi aflicción, la melancolía de toda mi intimidad, que tiene mucho que ver con las razones más hondas de mi soledad y de mi secreto. Cuando mis ojos posan sobre los tuyos, justo entonces, ocurre ese tiempo definitivo en el que las palabras que callo liberan el corazón y reclaman la vida, o mejor, exigen la vida, la consuman según van desvelando su secreto. Dentro, muy dentro de mis pupilas, tendidos estan los lazaretos que ellas mismas ocultan al mundo, para que nadie me pueda echar en cara mi aislamiento.

Sucumbo a la pena de lo que la intimidad no nombra, de lo que el secreto guarda para evitar el riesgo o la amenaza. Y es que tras el viento de cualquier tragedia no queda más remedio que silenciar el corazón, ocultar la verdadera identidad, con tal de no desvelar la herida, la inteligencia, la veraz manera de pensar, para nunca más volver a ser lesionada a causa de haber pensado. 

Prisionera de la desgracia de mi suerte, me convertí en la vigía de mi soledad y de mi decadencia. Prisionera al mismo tiempo de los frutos de mi observación, de ver a los demás ante la autodefensa hacía su reconocimiento, esa forma que tienen todos de no dar importancia a lo que todos vamos sabiendo que la tiene, esa propensión a que el olvido y el disimulo de uno mismo sea la mejor manera de no ser conscientes de lo que verdaderamente nos pasa.
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También esta noche fui a montar guardia al lado de tu lecho mediante la imaginación; si es de día, persiguo la noche. Cuando ella, que soy yo, te sentimos cerca, nos sentimos torpes, temorosas de desperdiciar un solo segundo sin mirarte, con el terrible presagio en el alma, que ese tiempo no va a durar mucho. 

Como alguien que cree huir de su destino, cumplo el que es mi destino verdadero: amándote como jamás se ha amado en este mundo. En la soledad más devastadora. En la certeza que trae mi naturaleza de vivir sin amigos, sin la humana emoción del amor, entre criaturas de otros mundos:

C.

lunes, 1 de julio de 2013

La sencillez de las cosas



1. Como fiera que entrega sus garras,
como cordero que devuelve sus lanas,
como astro que declina su brillo
y sol que ignora su luminiscencia,
así clamo por lo sencillo.

2. Dondequiera que pude volar,
en lo más alto; en el cielo mismo
miré con misericordia las bajezas de la vida,
y éstas
me instaron a arrojar
mis alas al abismo.

3. ¿Cómo fue posible
que desde la alta cima
del Sinaí de la mentira
yo tuviera otros sueños
que no fueran volver a la tierra,
a la Madre Bondadosa que todo lo enseña?

4. Cuando vi inventarse laberintos
y alzarse cielos
vi la talla del tiempo en la roca
y todo lo miré entre penas:
ante la desnuda y sola promesa
de emigrar a ello
arrastrados por nuestras cadenas.

5. Dondequiera que tuve la vista,
no vi sino esclavos,
hombres honrados de rodillas
y hombres por la victoria embriagados,
enaltecidos sin consciencia,
ahí, bajo el candor mentido de las cosas
en apenas una apariencia.

6. Hombre de la antigüedad:
te refugiabas en la tierra
para hallar en ella la libertad.
Hombre que de la tierra nació

Y a la tierra volverá
Y sin embargo comprende que vivir es mucho más…
ese es hombre en su grandeza verdadera,
ese es consciente de su escasa ventura sobre la tierra.

Sabe de su subsistencia
fuera de toda huella.
Sabe que ésta tierra posee
Instinto de devorarlo
cual Saturno a sus hijos.

Qué contra eso no hay crucifijos,
ni Dios que pueda salvarlo.
Empero, en el rosal de las paradojas
que mata y a su vez da vida,
¡no existen las reales congojas!

¡Qué Dios es flor y es espino!
-Y habrá pensado bien-:
es Muerte, Vida y es Destino.

Sub umbra floreo: C. Bürk

Dedico este poema en rima y en prosa, en metáfora y hondura interna íntimamente a mi padre Franz Bürk; porque él hubiera sabido de cuánto nombro, porque él era de los que comprendían a Dios en sus blancuras y negruras...A ti, Papá, AD INFINITUM.