domingo, 6 de octubre de 2013

Pornografía y sexo duro



Pornografía y sexo duro.

Ah, no, perdónen, la imágen que quería poner es ésta otra. He  puesto a la chica primero para atraer la atención de ustedes. Ésta es la buena que va con éste escrito:


Ustedes ya me conocen. Yo no hablo de sexo. Tampoco de política. Al menos no hasta ahora. Pero ahora que he conseguido atraerles con un título impactante hacía éste escrito mío (que por cierto nada tiene que ver con los adjetivos del mencionado título; pues plagié tal táctica de los articulistas y similares literatos venales…)
Ahora, así, haré que ustedes me lean.
Tampoco se supone, escribo sobre nacionalismos. Porque una es muy angelical y debe seguir en esa línea.Ya… ¡Ja!
Hoy, empero, me arde la sangre por escribir sobre las cosas que ve ésta servidora desde dentro de sí por ahí fuera. Por mis venas, como por muchos de esos que somos hijos del mestizaje, confluyen unas cuantas sangres y banderas diferentes. Ya he venido escribiendo abiertamente sobre mis fobias y aficiones, así que supongo que no les sorprenderá que hoy escriba en nombre de todos esos que como yo, tienen impreso en su ADN a varias naciones al unísono. 

La que escribe estas letras se indigna al ver ondear a cualquier bandera, proceda del país que proceda. A los que son como yo, nos parece un gesto de muy mal gusto. Concédanme llamar a los adoradores del nacionalismo unos atormentados de ego. Deben llevar un vacío enorme en sí en cuánto a identificación moral se refiera. Estos movimientos ideológicos compulsivos, por lo visto, tienen algún efecto inmediato sobre la falta de personalidad e ideales. No sé qué más decir sobre cierto comportamiento; voy a decir que tengo lagunas conceptuales al respecto. 

La cosa es que las banderas andan por todos lados. A lo que a los charnegos nos dan ganas de recogerlas todas juntas y darles una finalidad más útil. Como por ejemplo puede serlo confeccionarle un traje a medida a las desmedidas de la Merkel (¡ojo!, la sugerencia viene de Karl Lagerfeld) o  limpiar con ellas el polvo acumulado sobre los muebles u otros objetivos sucios, lo que no excluye la higiene personal. Sea para la zona corporal que sea. Dicho así de un modo fino.

El otro día se organizó la Marimorena en mi perfil de Facebook. Yo hablaba de mi alergia (¡atentos!, he escrito “alergia” y no “alegría”; que éste idioma de Cervantes trae sus confusiones) a las banderas y no tardaron en aparecer un descojonado español y junto a un acojonado catalán. En medio de tanta des y acojonación que fue alternándose entre uno y otro (al rato el a-cojonado era el Español y el des- (ítem) el Catalán)  ambos vinieron dispuestos al combate. Y lo liberaron. Y a ellos se sumaron un chino, un francés, un cura y un médico.
La cosa tuvo miga. Se lanzaron granadas, bombas y lacrimógenos variopintos en forma de descalificativos. Leí  mofas nacionalistas como por ejemplo “Gabacho”, “Catalufo de m.. .”(biipp), “Espanyolito lladre (no volem un lladre de president ejemm…) ”, “Come gatos” , “Pederasta” y  “Matasanos”“seguido de un larguísimo etcétera de insultos y amenazas. Como ironía póstuma el chino se hacía llamar Jordi Onésimo Redondo, el cura tenía a Pamela Anderson en su foto de perfil y el francés que se suponía republicano, se declaró simpatizante de la monarquía española. El mundo al revés, señores. ¡Y yo que pensaba que los chinos se hacían llamar Yong, Ying o Yang. O Psi…(Ah, no. Que eso es japonés). Lo del cura es más factible. Y lo del francés, digamos que no me sorprende. Pero claro, por típicos y tópicos que no sea.
Todos caemos alguna vez en la trampa de otorgar a alguien su nacionalidad y los tópicos que ésta conlleven a su aspecto. A mí no paran de preguntarme si soy de tal y cual país. 

El otro día, al esperar el autobús, me dio por hablar en alemán con mi sobrina. Unos caballeros -que tenían lo mismo de caballeros que yo de princesa- (prometo que con ésta última afirmación no estoy haciendo un guiño republicano; aunque naturalmente ustedes ignoran si mientras escribo, cruzo los dedos a la espalda) hablaron murmurando, por lo vaginis, a mis espaldas, quizás seguros de que  no entendía su idioma:

-Ésta parece rusa. Seguro que es puta.
-O mafiosa. O espía.
O trabaja para el porno. –Guiño. Guiño. Codazo. Seguido de las risitas del otro. (Escena real y no novelesca, esta vez sí lo prometo…)

 Mientras rieron me giré en dirección de ambos“  Как твоя мать шлюха. Что страхование является ни русский не ужасно.” les dije. Y añadí “  Путать с Немецкий Русский уже крошки. Господа, я так немецкий и испанский, разнообразный крови, смешанные между пятью государствами. “ (Véase traducción en algún traductor virtual). Tras eso, huyeron abochornados y ni sentimiento de culpa les quedó, a los muy bellacos.

Eso había sido como si yo preguntara a los de por aquí si el ministro español de hacienda ha venido de Transilvania. O si Jordi Pujol ha nacido de Marte. (Lo de Artur Mas es más difícil)...Quizás la Merkel sí que le haga los honores a su patria. ¿Pero y el rey de España junto a nuestro presidente? ¿Acaso vinieron el uno de Suecia y el otro del Reino Unido (óiganse las dificultades de ambos para pronunciar la letra  “r” y la“s” que el uno suplanta mediante una “d” como los suecos y el otro con un sonoro “th. Pronúnciese Téé eichhhhsss” , (sobre todo cuando se le pregunta por las cifras del desempleo). ¡Ah no!, que el rey no habla sueco y Rajoy ni papas de inglés…Pero más le valdría a Rajoy aprenderlo un poco a la virulé, dado su natural tono galo. Mirad qué bien le fue a la Botella. De lanzarse nuestro presi a hablar “english” de buen seguro, haría el ridículo. Lo cuál sería fantástico para él, ya que se hablaría por fin más de eso que de sus recortes. No hay mal que por bien no venga.

¿Hay acaso esperanza de rescatar entre este putiferio de banderines y etiquetas patriotistas al hombre libre? No sé. Algunos como servidora, nacemos en España, tenemos padres extranjeros y abuelos tan exóticos que corremos el riesgo que al procrear nos salgan los niños de color. Pero que no nos hablen de banderitas ni demás zoquetudas. Porque a los que se les llena la boca con nacionalismos, los invito a vivir en un aeropuerto. O mejor, tras eso y tanto idioma junto, en un cementerio. Que ahí verán muchas banderas ( y abanderados). A ver si se les va la tontería.

Más vale que por estos lares aprendáis idiomas para demostrar vuestra germanización y achinamiento. Pronto todos pareceremos trabajadores del modelo alemán y chino.

La espalda tiesa (no valdrá ayudarse con un palo de escoba). La posición con las rodillas flexionadas a noventa grados y todo el mundo en silencio. Produciendo por tres céntimos de yen la hora como está “mandao”. "Quadratköpfe" (cabezas cuadradas) todos. 
Por no hablar de que si el alemán os parece difícil, aprender ruso os va a costar mazo. Cuándo os den un chupito de vodka para desayunar y mucha soja para comer, otro gallo cantará. En coreano, eso fijo. Si, dará mucho miedito cuando todo eso suceda. Pero ya está pasando. España está siendo comprada enterita por extranjeros que a los nacionalistas les dan mucha grima.  Y así este tradicional país pronto será de los chinos, alemanes, japoneses y rusos.

Y en unos años habrán nacido muchos niños como yo lo fui. De esos que detestarán banderas y hablarán alemán cuando les pidan hablar en catalán, o ruso cuando se les exijan redactar en castellano. No es ciencia ficción, es futuro. Y no soy pitonisa. Y es que desde que el mundo es mundo, hubo cambios. Incluso para aquellos que se resisten.

Un chino os redactará la nómina cada mes, bajo la luz de una vela en Madrid, mientras en Barcelona un ruso bajo los efectos de un “ron Pujol” pactará bajaros aun más el sueldo para subiros el horario laboral. No menos a tiempo, alguien quemará banderas para convocar el multiculturalismo, puede que en Madrid o puede que en Barcelona. Así que, con-patriotas, ¡guardaros el lápiz con el que detestais pintar fronteras, rayas y banderas y sed un poco más elegantes en estos tiempos que corren. Dejad de votar a Políticos variopintos que tan sólo ansían firman con sangre y con hambre vuestra condena de muerte. Que los nacionalismos son poco finos en tiempos de aprietos globales. Que al fin y al cabo muy poco ha resuelto una bandera cuando todo lo demás ha fallado. Las cosas como son.

Sun umbra floreo: C.Bürk

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