Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

A siglos de hielo del mundo



Desde mi puesto de observación, detrás de las pesadas cortinas de la realidad asignadas, puedo seguir con la vista a las imposibilidades que median entre mi mundo y el de los otros. El tiempo me lanza de lado a lado, mientras que esos otros deciden mi destino. Me manejan como a una títere. Sin opción, solo soy una herramienta...Tengo un nudo en la garganta, la piel erizada al recordar quién soy en realidad y quién dejé de ser, lejos del otro mundo, en mi acostumbrada soledad. ¡En mi sien danza una corona hecha de alfileres negros!La frialdad de este mundo ha ido congelando mis venas y ese hielo de los otros es cada vez más feroz; me desgarra,estrangula toda mi voluntad.

A siglos de hielo del mundo me encuentro...

Me duele la vida y su crudeza, por eso en mis noches la aflicción trota a ritmo maldito de versos, y brota la agonía.  ¡Dios, no encuentro pureza cuando bordan las calles su tristeza y quienes me dirigen proclaman mi derrota! Ellos desploman mi sentir aún socavado, ya todos los caminos para volver, me han cerrado, me siento barco orlado por un trueno. Al borde del abismo, por volver peno, mas por siempre, triste apenada. Prisionera de esos que nada comprenden.Pero llenas de libertad están mis alas: volaré a casa en sueños, cuando nadie me advierta. Cuando nadie dirija mis pasos.

Esa “otra” que soy yo, la que ven, de la que juzgan su forma y envoltorio que nada es, es aquella que baja los ojos, la que abre al compás de la renuncia la mirada. La que ahora quiere vivir lo más tranquila posible, aprovechándose de estar viva sin ser vista. La otra que soy, sin embargo, sabe que lo único que tiene asegurado es la muerte. Es la que cada noche, a punto de dormirse, siente lo esencial como un puñetazo en el corazón: la VERDAD la reclama desde alguna parte y entonces ella corre a escribir, para poder llegar a la vida. Esa otra que soy muere de hambre, en un cuerpo de cristal y punzas, porque solo ve naturalezas muertas muy bien dibujadas, pero nadie le ofrece de comer: un bocado no es de veras un banquete. Saber la composición del agua no le va a quitar su sed; deshojar la rosa y comprobar la inserción de los pétalos y del polen no le explica su sencilla majestad perfumada.

Ella se adentra en la vida, como si se adentrara en el amor, se esfuerza con suavidad para comprender….El peligro de la palabra, es muy grande. Esa otra en mí las recoge todas para las quimeras. Ellas son su única forma. Ésa se deja hipnotizar e embaucar por ellas, las interpone entre la vida y ella misma, hasta que la deslumbran y la ciegan ante la realidad.Sin embargo, - que grande es su contradicción-, que sabe, bien lo sabe- que la música no es partitura. Las olas no son el mar. Que las cosas no están ahí para que ella las traduzca.  A mi lado, una multitud de sombras expectantes, camina junto a mí. Inspeccionan el mar, miran al horizonte, como esperando…¿Será que esperan algo? ¿Esperan quizás que se humedezca de esperanza su desolación?¡

Ay, quimeras mías, que el mar no va a traeros el amor, simplemente os permitirá bañarlo con la espuma de lo esencial! Su amor es nunca hallado. ¡Pobres ilusas!Son sombras, mis sombras, las que pasean desamparadas su descolorido contorno por un camino sin destino. Suelen salir al atardecer, cuando el sol del día a día se retira y la penumbra de los recuerdos del ayer recupera las riendas del esplendor. Vagan en dudas entre la orilla y las olas, esperando un destino inexistente, esperando un amor que jamás llegará.Alguien debería contarles que no se forja un destino aparcado en los absurdos, alguien debería advertirlas de que no ama el amor a aquellos que en resguardo de su corazón lo adormecen.

Alguién, si, ¿pero escucharían?
Sin embargo, triste balada la de aquellos que dejan que la vida venza su ilusión. Amargo transitar el de aquellos que no osan luchar por sus quimeras cuando la realidad trató de cercar su espíritu.

En esta orilla que frecuento, crece un arbusto de color de las sombras, y el aire que también como yo, pasa de puntillas, silba como sólo lo haría una sombra. Entre esas secas ramas, encontré un pergamino y en él se pudo leer:
“Aquellos que vivieron la vida sin amor, murieron con la negación de la vida misma.
Yacen enterrados en las realidades. Si los buscáis, allí los encontraréis.”

¿Qué soy en éste mundo? Para los otros, un cuerpo, un rostro pronto devastado por los gusanos, los siempre advertidos. Soy esa que el tiempo barre.
¡Cuánto, cuánto, con qué fuerza odio las formas y sus cárceles!
Lo que todos admiran para mí no es más que barro. Odio la forma que he tomado en este mundo. ¿Belleza? No, sólo efírema danza de gusanos...

Con el corazón pleno de vacío, de tristeza nebulosa (la que me otorga la certeza de no alcanzar mi verdad) , desde la noche canicular de mí mazmorra, una atenta servidora del mundo, de vosotros y del mundo toda; vuestra ante todo, a quienes amo en profundo silencio, vuestra de verdad, la que os amará siempre, en el más absoluto de los silencios, la que sólo ha nacido para morir por la causa, la que no tiene libre albedrío, la que vive entre los vivos, sin formar parte de los mismos, la que vino a nacer condenada:

Claudia Bürk(Sub umbra floreo)

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