Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Lobos y corderos (Reflexión)


En la vida hay dos tipos de personas. Tan sólo dos tipos. Y a menudo se pertenece a uno o también al otro tipo en cuestión. No se es libre para ser ninguna otra cosa. Nunca, nunca se puede pertenecer a algo distinto o a otras categorías de personas.
Existen los lobos y existen los corderos.
Y es un alivio comprobar cómo esos últimos se dan mucho más. Pero los lobos son los pastores en los que los corderos confían. Y como iba diciendo, los roles cambian porque habitan los lobos y los corderos a menudo un solo cuerpo, dándose ocasión el uno al otro a dejarse ver.
Los lobos no ven ni el bien y el mal, tan solo circunstancias. Identifican los tableros y las reglas de los juegos, mientras los corderos juegan inocentes, a menudo desnudos sobre sus tableros. Los lobos son corderos cuando fingen. Y los corderos son también lobos si son astutos. He aquí la diferencia.
Solo el interés personal mueve a los lobos. Toman por tontos a los corderos; conocen las mil maneras de tomarles las riendas...
Confían ciegamente en la tontura de los laneros, y ese factor puede ser la única oportunidad de la oveja: que siendo oveja cuya bondad y necesidad de tal sea tomada por debilidad y factor de manipulablidad sea más lista que el lobo, identifique la falta de escrúpulos del otro, sepa de las maneras de ver al mundo para ese como una corte dónde cualquiera es adversario...
Por eso mismo decía antes que uno puede ser a veces el otro: pero uno de ellos debe fingir.
Aquí hay, pues, la clara diferencia: mientras el lobo puede pensar y prever todas las razones del cordero, tomará ésas por debilidades y tontería. Irrisoria tontería. Ingenuidades, que le facilitará poder aplastarle.
Empero, algún que otro cordero podrá hasta sentir como el lobo, y así fingirse estúpida ante los hocicos de aquel, sin abandonar su causa de BONDAD.
Moraleja: que el lobo subestime la mansedumbre y credulidad de la oveja, a menudo aventaja a esa otra tanto que el lobo acaba abucheado por toda la manada.
Nunca confíes en las apariencias, pues conviene ante lobos fingirse herido. Cuanta más sangre huelan, más les traicionará el hambre
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(c.bürk)

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