Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Frialdad fictícia.

"Es una persona fría" dicen quienes te ven desde lejos y no saben nada. Cuando en realidad, te conformas con el indoloro método de vivir de puntillas.
Vives renunciando a vivir. Te has inventado una nueva vida. Porque descubriste a destiempo lo que los otros callan y esconden.
Por eso. Por eso, prefieres a las abejas y a las arañas.A los gatos y a los sauces.
Te sepultaron el corazón con sus pesos en piedras. Has ahogado a las lágrimas con risas y más risas y ya no existen penumbras que no puedan iluminarse. Resiliencia lo llaman: cuando el plomo del dolor ha querido hundirte en el fango pero tu has abierto los brazos para dejártelo atravesar por las estrellas fugaces. Y enfriaste en la nevera los pesares, los sazonaste con nitrógeno líquido con el deseo de enfriar para siempre lo que te hace sentir el corazón. Pero cómo hacerlo cuando te enviste lo grandioso y en tu alma toda oscuridad se torna luz. El plomo en oro. La piel mas dulce que nunca.
Los ojos brillan al observar una hormiga, cuando adviertes el graznido de un ave, vislumbras la puesta del sol.Todo lo que brilla lejos de los otros.De los verdugos.Los que te decían que te amaban.Como eras. Con todo lo que eras. Equipaje de cicatrices que tiraste al abismo. ¿Como osan llamar amor al odio?
Gozar ya sin sufrir de lo que nadie te quita: la gran madre naturaleza. Aire en las manos, antes vacías.Y andar y desandar, sin rumbo. Amando en lo más hondo lo que otros no ven y omiten.
Una persona fría.
Fría.
¿De veras? Solo por desarrollar una altiísima resistencia a la frustración. Por callar cuando mas siente. El hielo en los ojos no habla de los fuegos del corazón. No.No siente nada ante quienes van y vienen. Todos vienen y luego van. Momento presente y paz. Abejas que zumban.Pajarillos que trinan. Mil veces la luz en ellos antes que en un corazón humano. Frío de invierno o sólo un pacto de eterna primavera pese a las heladas de los otros.

Comentarios

  1. OTROS NO ESPERADOS SUCESOS:
    Dame, desdén una torcida soga.
    Mas ¡ay de mí! Que, con cruel victoria,
    Vuestra memoria el sufrimiento ahoga.
    Yo muero, en fin; y por qué nunca esperé
    Buen suceso en la muerte ni en la vida,
    Pertinaz estaré en mi fantasía.
    Diré que la enemiga siempre mía
    Hermosa el alma como el cuerpo tiene,
    Y que su olvido de mi culpa nace,
    Y que en fe de los males que nos hace,
    Amor en justa paz mantiene.
    Y con esta opinión y duro lazo,
    Acelerando el miserable plazo
    A que me han conducido sus desdenes,
    Ofreceré a los vientos cuerpo y alma,
    Sin lauro o palma de futuros vienes.
    Tú que con tantas sinrazones muestras
    Esta del corazón profunda llaga,
    De con alegre a tu rigor me ofrezco,
    Si, por dicha, conoces que merezco
    Que el cielo claro de tus bellos ojos,
    En mi muerte se turbe, no lo hagas,
    Que no quiero que en nada satisfagas,
    Al darte de mi alma los despojos.
    Antes, con risa en la ocasión funesta
    Descubre que el fin fue tu fiesta.
    Más gran simpleza es avisarte de esto,
    Pues sé, que está tu gloria conocida
    En que mi vida llegue al fin tan presto,
    Pues sé, que está tu gloria conocida
    En mi vida llegue al fin tan presto.
    Venga, que es tiempo ya, del hondo abismo
    Tántalo con su sed; Sísifo venga
    Con el peso terrible de su canto;
    Tício traiga sus buitres, ensimismo
    Con su ruda Egïón no se detenga,
    Ni las hermanas que trabajan tanto,
    Y todos juntos su mortal quebranto
    Trasladen en mi pecho, y en mi voz baja
    (si ya a un desesperado son debidas)
    Canten obsequias tristes, doloridas,
    Al cuerpo, a quien se niegue aun la mortaja.
    Y el portero infernal de los tres rostros,
    Con otras mil quimeras y mil monstruos,
    Lleven el doloroso contrapunto;
    Que otra pompa mejor no me parece
    Que la merece un amado difunto.
    Canción desesperada, no te quejes
    Cuando mi triste compañía dejes;
    Antes, pues que la causa no necesite
    Con mi desdicha aumenta su ventura,
    Aun en la sepultura.
    Yace aquí de un amador
    El mísero cuerpo helado,
    Que fue pastor de ganado,
    Perdido por desamor.
    Murió a manos del rigor
    De una esquiva hermosa ingrata,
    Con quien su imperio dilata
    La tiranía del amor.

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