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Entrevista a Claudia Bürk por su novela “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”

Entrevista a Claudia Bürk por su novela “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”

Por Carlos Soriano 
(Documentalista y fotógrafo del Grupo de Investigación CLAVE7)


Con motivo de la reciente publicación de su primera novela (no siendo ésta una ópera prima, pues publicó un libro anterior de relatos y poemas), la autora Claudia Bürk nos presenta su libro “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot”, brindándonos las claves de su trayectoria literaria.

Su novela luce en todo momento un estilo impecable, preciso, bucólico y decimonónico, que hace de la trama una apasionante fábula. Claudia utiliza un exquisito lenguaje, donde la calidad narrativa es sublime y deja apreciarse en todo su esplendor aun siendo leída por los lectores más exigentes. No tan sólo estamos hablando de una obra elegante y exquisita, sino que además la autora consigue aportar un mayor conocimiento del léxico castellano.

Una obra única, distinguida que comparte algunos elementos estructurales; un abordaje parecido al de la película “El laberinto del fauno” con profusión de estremecimientos incluida —la eterna lucha entre el Bien y el Mal— y ante todo la capacidad de la autora de saber captar la atención del lector desde el primer momento. Características todas ellas que Claudia Bürk, (Valladolid, 1971), llevará con total certeza a su apogeo con pulcra sofisticación y ardor en el futuro. “Las nueve ventanas de Jeanne Bardéot” nace de una autora que no conoce la lengua española hasta la edad de los diecisiete años, pero que aprende a expresarse por escrito en este idioma mejor que muchos de nosotros pudiéramos hacer nunca.

Claudia Bürk posee un talento único: es capaz de fusionar la más refinada prosa con la trama novelesca, manteniendo bajo esa condición, la atención del lector al rojo vivo. Es una escritora que, como otros autores (véase Ruiz Zafón) ambiciona recuperar el estilo literario del siglo XIX.
Me reúno con Claudia desde aquí, para hablar de su novela, iniciando el repaso por los albores de su obra reciente.

¿Por qué razón decides escribir tu primera novela? ¿Cuánto tiempo te ha llevado?

El primer esbozo de la novela la maquino en 2003, cuando me hallo trabajando como vigilante de seguridad en una gran empresa vitícola, tal cual sucede también en la novela con Jeanne, el personaje principal en la misma. Me olvido de la novela por un tiempo y me dedico a elaborar centenas de relatos cortos, todos ellos a modo de catarsis o entretenimiento. Fue en 2005 y tras la muerte repentina de mi padre, cuando retomo la novela y decido darle un giro, añadiendo a su contenido dramático y psicológico un toque de misticismo y secretismo. El motivo de crear esa novela es el de liberar un lastre en mi interior, a la vez que el de dar a conocer sutilmente un supuesto secreto que cae en mis manos en 2005: un librito antiguo que habla y constata posibles uniones entre hombres y ángeles. Es en 2009 cuando la termino, tras contactarme mi actual agente literario (eso fue en 2008) pidiéndome éste elaborar una novela.

¿Cómo definirías a tu novela? ¿A qué género pertenece?

Es una difícil pregunta con idéntica dificultad de respuesta, pues la novela podría pertenecer perfectamente a diversos géneros. En ella trato de estilizar la realidad, adornar hechos dramáticos y hacer de lo imaginado un festín. Me atraen los temas sofisticados, como lo son la mística, la física cuántica, la angelología y el humanismo, así como la psicología. Ambicioné reunirlo todo en un solo trabajo. Quise recuperar en ésta novela la afición de los escritores decimonónicos por las fábulas, las glorificadas tragedias. En definitiva, una usanza narrativa que considero, nunca tenía que haber desaparecido por su gran eficiencia a la hora de poder transmitir mensajes. Resumiendo lo referido, calificaría a mi novela como un drama que vira a esperanza. Como una novela de misterio, que incluye fortísimos elementos fantásticos y psicológicos. Y por último señalar, que es un libro que encierra muchos secretos y simbolismos.

Y desde que terminaste de escribir la novela hasta su publicación, ¿cómo ha transcurrido ese tiempo y cuanto tardaron en “darle a luz”?

Como ya mencioné al principio, fue un proceso de años, con muchas y largas pausas y también inseguridades por mi parte. Pues debido al idioma en la cual escribí la novela, —el castellano—. Quise antes perfeccionarme, ya que la lengua con la que crecí, me escolaricé y me expresé, era el alemán. Viví algunas controversias durante el tiempo de la creación de la novela, como fue la muerte de mi padre o la mala elección en el amor y eso lo transferí a su contenido. Una vez terminada y entregada la novela a mi agente literario, ésta tardó unos dos años en ser publicada. He de añadir, que en cuestión de un año, escribí las últimas trescientas páginas del tirón. Que nadie piense que es fácil y que al concluir un libro enseguida va a estar en librerías. Para nada es así. Es un proceso largo y costoso, no solamente para el autor—más siendo neófito—, sino también para aquellos que apuestan por él, como lo son el agente y la editorial. Yo tuve mucha suerte de que me remitieran al Grup Lobher y que para colmo en plena crisis me aceptaran. Señalo que ésta editorial además de hacer unos libros muy bien acabados, son personas excelentes y tengo la sensación de estar en todo momento entre familia. Tener la sensación de arropamiento por parte de mis editores, es mucho más importante para mí que cualquier interés derribado de la novela. Y con todo, además me han permitido dejar la novela tal cual la creé, con todo detalle. Sólo puedo expresar mi gratitud infinita hacía ellos.

¿Tuviste que documentarte?

La función del contenido de mi novela está plenamente al servicio de las sensaciones y asimilaciones metafísicas y filosóficas que puede llegar a captar el lector. No fue por tanto necesario para este trabajo una documentación excesiva. Me he servido de los lugares que describo en la novela, con excepción de los expuestos en Francia. Tampoco sé cómo es el convento concepcionista en una de las localidades que describo, pero me sirvió detallar el convento de las monjas clarisas que sí conocí (muy de cerca además) y cuyo interior recorrí a diario y durante meses. La novela la ambienté en escenarios reales. Cuando menciono Vinos Márquez en la novela y describo todos sus contornos y detalles, me estoy refiriendo a un lugar real del cual me rodeé tal y como expliqué antes. El peso de la acción no lo llevan los hechos históricos, los detalles científicos o geográficos, sino la narración misma, los sucesos, sensaciones y los mensajes que trato de transmitir a quien esté sumiéndose en su lectura. En otras novelas sí que deberé documentarme más, al menos lo precisa la que me traigo entre manos ahora, cosa que con “Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot” no fue preciso.

¿Tiene sentido escribir hoy en día como un personaje decimonónico?

Lo tiene. Más que nunca. Creo que ha llegado el momento de recuperar costumbres pasadas. De hecho opino que nunca se tenía que haber dejado de narrar de aquella manera por la sencilla razón que en el siglo XIX los escritores se centraban en los detalles y descripciones. Se expresaban a través de una estilización muy proferida. Mi gran ambición es recuperar esa forma de narrar y de presentar un libro. Pues además en estos momentos, las personas se enfrentan a muchas dificultades en su día a día, debido a la crisis económica internacional. Con lo cual volvemos a necesitar de la magia en las palabras, de los mensajes glorificados que nos hagan soñar con mundos mejores. Es por tanto el momento idóneo para recuperar la metáfora tópica y las descripciones pintorescas, así como echar mano de elementos insólitos característicos de la época decimonónica. Es el momento de volver al siglo XIX, retomar esa forma de escribir pero con una condición: eliminar los fallos que entonces se cometieron. ¿Cuáles son éstos según mi parecer? En lo temático, se prefirió lo exagerado, lo extravagante y lo crudo. Eso me gusta. Los actos de violencia, los raptos, los dramas, se presentan a menudo y la muerte del padre es un tema frecuente, que también yo empleé en mi novela, coincidiendo con mi propia realidad. Sin embargo, los finales son siempre tristes o trágicos en la época. Yo los haría más esperanzadores, con magníficos mensajes como toque final. Las obras del siglo XIX se realizaron a medida de que fueron difundidas, con lo cual no obedecieron a un plan previo. En las novelas decimonónicas, a veces se hinchaban el género exageradamente o se alargaban los diálogos con monosílabos para ocupar más y más folios, porque a los autores se les pagaba por entregas o por folio escrito. Esto derivó en que los autores ya consagrados contrataban personas que trabajan para ellos, como por ejemplo Dumas, que llega a tener setenta y tres colaboradores. Como no pudieron reescribir lo ya producido, surgieron incongruencias en la conducta de los personajes, no hay una exposición adecuada de muchos de los personajes secundarios. Todo esto y más, naturalmente hay que mejorarlo ahora. Y lo que sin duda me gusta de entonces es la acentuada distinción entre los buenos y los malos que solía estar siempre presente.

Me consta que la novela está ilustrada. ¡Cuéntame más!

Así es. También en esto he querido recuperar la tradición decimonónica o de principios del siglo XX. No es que hubiera sido necesario incluir dibujos, pues como estoy diciendo, es una novela muy descriptiva. Sin embargo, tengo la suerte de convivir con un excelente pintor e ilustrador, que es Ricardo Muñoz y no quise desaprovechar ese “regalo”. A veces, las cosas surgen por si solas, como si siguieran mandatos lejanos. Y siempre me dejo conducir por la naturalidad de los sucesos. No hemos querido sobrecargar el libro, con lo cual sólo incluye veinte ilustraciones de los cuarenta bocetos iniciales. Y pensamos todos, —editor, ilustrador, agente y yo— que ha quedado muy bien así. El estilo de Ricardo unido al estilo de mis letras, es el maridaje ideal.

Te gusta utilizar a gran escala elementos místicos y dramáticos. ¿Cuál es la razón?

Busco que el lector, más que con la temática, se enfrente con la experiencia que obtiene de la lectura. Por esa misma razón echo mano a elementos fantásticos, místicos, psicológicos y también dramáticos. Los mezclo en mi coctelera particular que es el corazón y lo plasmo en las letras. Deseo que el lector participe en la historia, que la recree a su manera en sí, la haga personal y no genérica, y obtenga sus propias conclusiones. Creo que con ésta novela lo he conseguido, o al menos lo deduzco a través de los comentarios que me llegan. Desde niña me fui creando un mundo propio, dónde lo extraordinario y lo místico son el pan de cada día y dónde las vivencias comunes y sin sentido aparente toman formas reveladoras.

¿Cuáles fueron tus referentes al escribir la novela?

En primer lugar estaba la necesidad absoluta de escribir y que siempre he llevado en mí. La urgencia por desprenderme de sucesos pasados también está latente en la novela. Asimismo quise crear un libro en el que esconder secretos. Como se dice, “no hay mejor lugar para esconder un secreto que ponerlo a la vista de todo el mundo.”

Hubo una persona (enigmática y anónima) que me pidió que trasladara ciertos mensajes e ideas con que me obsequió, a mi novela. Y no quise desobedecer.

Y luego estuvo el librito místico (1746) que perteneció a mi abuelo y que llegó en mis manos al dejarme mi padre. Sentí la necesidad de contarles a los otros, de manera sutil, lo que en él hube percibido. Curiosamente, el tema se puso de moda después de haber escrito mi novela. Tenemos escritores que han recurrido a la temática “Uniones angélicas-humanas”, así como series televisivas. Me resulta más que curioso que eso pasara. Y no dejo de pensar en “El Inconsciente Colectivo” mencionado por Jung.

He podido observar un insólito tatuaje en tu antebrazo que curiosamente coincide con un simbolismo citado en tu novela. ¿Cómo es eso? ¿Cuánto hay de real en todo, Claudia?

Cierto, eres buen observador. Ese tatuaje está extraído del librito que menciono y es supuestamente una poderosa protección angélica. Hasta qué punto es realidad, no lo puedo saber ni lo quiero decir. Es como si nos cuestionáramos si el catolicismo lo es o no. En tal caso, los que elaboraron el librito sabrían más acerca del secreto que encierra, ya que tal y cómo ese “manual” indica textualmente “se trata de un secreto tan hondo que ningún ser humano será capaz de asimilar jamás”.

¿Quién creó a quién? ¿Claudia, la autora, creó a Jeanne, la protagonista? ¿O quizás fue Jeanne que creó a Claudia?

Es como preguntar si estaba antes la gallina o el huevo. Supuestamente Claudia estaba antes, pues la bautizaron con ese nombre. Pero Jeanne estaba antes de que Claudia fuera consciente de saber quién es. Con lo cual estamos ante el dilema del huevo y la gallina.

Esta pregunta puede ser comprometida para ti, dado la entramada truculenta de la protagonista de tu novela, pero ¿”cuánto” hay de Claudia en Jeanne?

Sabía a ciencia cierta y desde el principio, que ésta pregunta iba a ser irremediablemente formulada por los lectores. Vuelvo a contestar con la cita de Chesterton: “Una buena novela habla de su protagonista. Una mala, de su autor”. Cada cual que juzgue. Me reservo para mí la honda sinceridad latente en el libro.

¿Qué es lo que has obtenido y sentido al escribir tu novela?

Narrar es y será mi vida. Sentí cómo la trama me secuestraba, como si fuera otra su autora, como si algo tomara posesión de mis dedos, mente y corazón. Es un poco como si hubiera hecho escritura automática. Me sentí intensamente viva y yo misma, como nunca antes lo había percibido. Todo lo que haya hecho en mi vida, que no fuera escribir, fue accidental. Recogí cosas que estaban en el éter y les osé dar un lugar. Las letras me han dado la vida verdadera. Y ya no hay vuelta atrás.

¿Qué es lo que esperas de esta novela? ¿Dónde pretendes llegar con ella?

En primer lugar llegar a los miembros de mi familia. Quise “hablarles” entre líneas. La familia y los amigos son lo más importante para mí. No busco mucho más. Quiero que la novela se venda, para que mis editores y agente literario recuperen su inversión al apostar por mí y porque creo que merecen prosperar. Mi editor, como dije, es una persona luchadora y honesta, que cree en su trabajo. Y ojalá mi trabajo le ayude a crecer.

Naturalmente también me gustaría que muchas personas leyeran mi novela, pues busco transferir ciertos mensajes, como dije, y ponerlos en boca de todos. Escribo obedeciendo a un mandato interno, con lo cual excluyo rotundamente de mi vida la búsqueda de fama o éxitos sociales. Opino que como vigilante de explosivos, —que es con lo que me sigo ganando el pan— tengo muchas más posibilidades de conocer a quienes me rodean que siendo una personalidad pública. Solamente estando al servicio de los otros, se mostrarán como son. De lo contrario, tratarán de ganarse el apego mostrándose artificiales. Y yo quiero a las personas a mi lado con todo lo bueno y malo que contienen, porque lo importante de verdad es amar a los otros y no los honores, famas o recompensas que puedas obtener con algo. Eso es efímero. El amor permanece por siempre.

Por Carlos Soriano de CLAVE7 para CULTURALIA.

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