domingo, 10 de abril de 2011

ORACIÓN הנּפלים SIGLO XIX




ORACIÓN הנּפלים SIGLO XIX

Pater noster qui es in coelis...
¡Carga sobre mis alas los pecados del mundo!

¡Haz de mi camino el bastón de los hombres que proteja sus pasos!
¡Devuélveles a ellos la paz que mis días necesitarían, mientras mates sus horas de sufrimiento con mis segundos y les dejes así abrazar cada instante de luz para hallarte! ¡Regálales a ellos la luz donde enciendes mi soledad en forma de esperanza y de vida eterna!

Pater noster qui es in coelis…
¡Tuerce en mí las noches del mundo como filos de espada!
Porque para pagar antiguos pecados, abandoné tu morada y caí del cielo.
Para devolver con todo mi corazón el sosiego a los hombres he sido llamado.

¡Une mis manos en una oración, mientras espero que abras las tuyas al mundo! Porque en la injusta división de tu orden, los hombres se llevan el dolor y nosotros la eternidad.
¡Revélales tu presencia residente en los ataques de los reflejos para que puedan encontrar sus destinos! Libera a los hombres del corredor de sus vidas. ¡Dales la certeza eterna! ¡No dejes que su humildad se haga corrupta; y si ellos te vuelven la espalda, déjame abrazarlos contra tu pecho!
¡Señor, deja que sea el camino de los hombres que conduce a ti, porque si no, perdidos quedarán mis pasos por este mundo!



Pater noster qui es in coelis…
¡Haz de mí luz, al servicio de la luz; armado de luz para poder hacer uso del poder de la palabra y así llevarla al mundo en su defensa y por su salvación!
¡Déjame alistarme a tu milicia, a luchar por los inocentes y levantar el telón de la mentira! Quienes no estén conmigo, contra mí no estarán, pues la tolerancia será la reina y soberana implícita que hará aceptar las dudas que recaen sobre los corazones ajenos.
Pater noster qui es in coelis…

Sobre la vereda de tu alma yo navego sin queja saldando mi deuda, mientras enmudece la voz de los siglos y tu voz repica entre las campanas de una sonrisa.
Voy quebrando las manos que los hombres no te estrechan, en la prieta soledad de mi alma, cuando una sonrisa ya haya dejado de volar, desde ti Amor de Dios hacia la calma.

¡Despoja a la humanidad de los sinsabores del tiempo, y condúcelos hacia el océano universal de tu infinito amor!
Mansamente deja que tome el remo de tus hijos, aunque se empeñen en remar a contra corriente. Porque en la noche, mientras duerma el mar, sus sueños viajarán sin resistencia, -callando abnegaciones-, aleves de gozos y de sombras, fiel arpegio los mueve.

¡Desciende, OH señor, sobre los angustiosos, que pacientes sufren y callan,
sobre las miradas del niño cuestionando,
sobre los amores entregados y los nunca recibidos,
sobre los que buscan la paz sin hallarla,
sobre las almas en lucha, que aun riendo, lloran,
sobre los que aman en silencio y los que no hallan consuelo!

Pater noster qui es in coelis…
Implanta en mi corazón la gracia de la renuncia: que el acto de mi dolor preceda a las alegrías del mundo.
¡Haz que cada día yo sea menos en éste mundo!: ¡despójame de honores! Arráncame los atisbos de vanidad que pudieran rozarme! Haz de mí un esclavo al completo servicio de los hombres. ¡Deja que sufra las congojas de tus hijos! Pues tan  sólo sufriendo podré medir los dolores de los hombres!
¡Déjame vivir de rodillas ante ellos por siempre jamás y en completo servicio al mundo!
Hazme digna de aquellos que esparcen el Amor y la Verdad.
 Proteje a esas almas que se engrandecen en el amparo a su semejantes.
Ayuda a los que se despreocupan de sí mismos, distribuyendo en tú Nombre la esperanza y la
paz.

Extirpa del campo de mi alma la hierba dañina de la indisciplina y del orgullo, para
que la sencillez me haga llevar a los otros la gloria. No me dejes confiar en mi ceguera y guía mis pasos en el rumbo de aquellos que se elevan, humillándose, y que por ser nobles y grandes delante de ti, no se sienten disminuidos haciéndose pequeñitos para auxiliar al mundo.
¡Glorifícalos, Señor, coronando sus frentes con tus laureles de luz!

Pater noster qui es in coelis…


¡Oh elegante creador del Universo! Donde pongas tu fuego, allí estará el mío. Donde pongas tu mano, allí pondré la mía y donde exijas vida, yo querré pagar tu súplica con la mía propia.
¡Déjame reforzar tu palabra y erguirla cual escudo para los hombres, protegiendo las vulnerabilidades y debilidades humanas!

¡Déjame amar a los hombres hasta romperme el corazón en pedazos!
¡Dales a ellos la gloria eterna, para que mi amor por toda la humanidad deje de agonizar tan tristemente en la luz de tu castigo eterno!

… sanctificetur nomen tuum.

Amén.

( Sub umbra floreo: Claudia Bürk. 2005. Modificado el 18 de noviembre de 2012)

3 comentarios :

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  2. Yo,que soy uno de los multiples modos de expresarse que tiene aquel que me precede de quién en esencia soy idéntico,alzo mi corazon al ser para pedirle que proyecte hacia alguien que es capaz de escribir una oración así sentida desde el corazon por el dolor de los inocentes,todo el fulgor y la luz necesarias para que vea que su verdadera esencia está más allá de toda identificación con lo que no és realmente,para que vea su esencia revestida de la sensibilidad de la flor,más fragil que una caña de azucar y a la vez mucho mas viva que la mas desolada de las rocas....que lo mismo que pides ahí llegue para ti,para mi,y para todos los que miramos por los demás...bechos

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  3. Asi la felicidad que haya de ser conmigo sea la paralela felicidad que Dios tenga designada e su camino para ti,que Dios bendiga cada uno de los días que compongan no sól tu vida,sino que toda tu eternidad,con toda la gratitud que cabe dentro y fuera de mi existencia,a ti mis palabras y mis emociones rinden hoy este humilde homenaje a tu alma de amor eterno <3

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