Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Lorca: o cómo olvidarse de una tragedia en diez días

Lorca: o cómo olvidarse de una tragedia en diez días.

1 de octubre de 2011

A todos nos llegó la noticia del pasado mes de mayo hasta casa a través de los medios: la tierra tembló. Por pocos segundos. Segundos devastadores. Fue en Lorca, pero mañana podrá volver a repetirse en cualquier lugar. La escala de Richter marcó el número cinco. El seísmo duplo, de 4,4 y 5,1 grados exactamente, hizo bambolear no tan sólo a unos pocos de los edificios de la localidad, sino la gran mayoría, como si de obsoletos elementos de construcción se tratara. El paseo por las añosas calles de la cuidad se convirtió a las 17:00h –según informan- del día 11 de mayo en un riesgo mortal. Sin embargo, veo relojes detenidos a las 19:05. Los canarios ya no cantan en sus jaulas, me comenta una señora. Los gallos lo hacen a deshora. El terremoto lo trastornó todo. Nueve muertos, una de las consecuencias inmediatas. Miles de personas sin hogar, sin recuerdos, sin pasado ni futuro; esas son las consecuencias que permanecen.

Visito Lorca durante el mes de septiembre de este mismo año. Mis ojos no quieren creerse lo que ven: respiro resignación. Cada edificio que reviso muestra grietas, está dañado. Lo que fueron las entrañables casas dieciochescas que pueblan el que un día fue el mejor casco histórico de la región, están ahora marcadas con círculos rojos, si queda algo de suerte para algunas otras construcciones, las marca un círculo verde. Me adentro en el barrio de La Viña: todo lo que alcanzo a ver son círculos y cruces de color rojo sobre las fachadas dañadas, rotas. Indicadores de una próxima demolición, porque esos edificios y construcciones continúan resquebrajándose y presentan un verdadero peligro.

La delicia que se fundía al contemplar las anaranjadas lucernas de las farolas fernandinas con ese halo a tiempos pasados, se mezcla ahora con la contemplación de la hecatombe y el destrozo. Y da mucho que pensar.
Me resulta más que curioso, ver en lo alto de un edificio decimonónico un ventanuco fijo que aprisiona a un santo de madera, el cual a causa del devastador sismo se ha ladeado para siempre. Se ha torcido, como la vida de muchos de los lorquinos. ¿Quién osará romper el viejo cristal para ponerlo derecho? ¿Quién intentará romper el cristal de la inapetencia para acercarse a los lorquinos y ofrecerles un poco de ayuda? El santo tampoco pudo ayudarles, ni a sí mismo, para el caso. ¿Pero quién ayudará a quienes lo han perdido todo y para colmo deben seguir pagando las consecuencias y la hipoteca del hogar perdido? Los ecos de la tragedia siguen resonando al son de la música pachanguera que ponen en la feria durante el mes de septiembre. Estoy ahí, con una cerveza en la mano. Contemplativa veo bailar a la gente como si pretendieran así sacudirse las penas de encima y olvidarse del futuro incierto.

Hace tan sólo unos meses, la tierra tembló en ese lugar murciano como nunca lo había hecho (así me lo cuentan los mayores).
Durante la semana siguiente nos repitieron una y otra vez por televisión la imagen de la campana cayendo de su campanario. Una y otra vez, las mismas escenas. Pero solo unas pocas de las muchas, porque lo más grave no lo ha visto nadie, con excepción de los afectados. Las calles siguen cortadas, los escombros continúan acumulados.


Veo papelotes pegados en los edificios, docenas de ellos se dispersan sobre las fachadas agrietadas: “Se ofrece albañil”. “Arreglamos fachadas”. “Paletas. Seriedad.” La tragedia se presenta como oportunidad para otros. Para los honrados y para los que no lo son tanto. Así me explican en una conversación que mantengo con uno de los empleados del castillo de Lorca que hubo quién se aprovechó de la situación, explotando todas las variantes de la sinvergüencería. Desde quien cambió los círculos verdes en las fachadas por círculos rojos, (lo cual también indica que el edificio no puede ser frecuentado por posible derrumbamiento), se disfrazó de Policía *(ver pie de página) y saqueó las propiedades de ese modo, y hasta hubo quién se adentró en los campos de refugiados para adquirir víveres y cama gratis.

Lorca, bien podría ser una ciudad de Patrimonio Mundial si su historia no hubiera sido tan aciaga y desoladora. Sufrió, y mucho, el ensaño de la desamortización en el pasado y las pavuras de la Guerra Civil. Y por si eso hubiera sido poco, ahora este otro golpe de mala suerte, resucitando así viejos fantasmas dentro de los lorquinos.

¿Han vuelto entonces a su normalidad de siempre tras estos meses? ¡En absoluto es esa la imagen e impresión que me llevo! Contemplo turbada como inmensas grúas hacen añicos a uno de los edificios marcados. El esfuerzo y la lucha de mucha gente caen en cuestión de segundos en forma de escombros, ruido y polvo. Con ello, se pierden los recuerdos, las fotografías y bártulos que nunca recuperarán, las ilusiones y las ganas de seguir. Ahora toca seguir viviendo, pero de la caridad y de algo prestado. Pero eso no es suficiente para seguir haciendo frente a lo que todavía deben al banco por lo que ahora son ya solo escombros.

Durante una semana, tras la catástrofe, o aproximadamente hasta diez días después hubo mucha movilización y concienciación en nuestro país al respecto, pero curiosamente tras esos diez días primeros, todos hemos seguido con nuestra vida y rutina, sumergiéndonos en el olvido. Las indemnizaciones parecen imposibles, pese a las grandes promesas. El precio de los alquileres en la zona se ha duplicado, de nuevo vemos a los oportunistas de la desgracia. Hay quienes se aprovechan de todo ello de forma descarada. Los comercios se ven obligados a cerrar. El anticuario de la zona pone sus enseres al 50%. Se marchan. Se van a pueblos cercanos, como Águilas o bien mucho más lejos. Por cada rincón de Lorca puedo escuchar el ruido de un martillo eléctrico o un taladro. La gente se va, todos quieren irse de ahí pero no saben a dónde. Sin embargo llegan los albañiles de toda España y de fuera de ella también.

Los refugios “asoman” como algo normal entre ciertas zonas. Se pasa de largo. Forma parte del panorama.

Las administraciones locales, autonómicas y la administración central se esforzaron en dar una imagen de unidad, de preocupación y apoyo. Se hicieron visitas de rigor, por cumplir y que no se diga. Cómo no, nuestra monarquía que no sirve para nada también acudió. ¡Y que no se diga que no sirvieron al menos para tranquilizar!

De este modo las ayudas supuestas pasan a engrosar la lista de las mentiras gordas, de la historia lorquina y su castigado patrimonio que nadie ha querido conservar ya de antes. Una vez más se actúa mediante una farsa teatral. Nadie afronta realmente la cruda realidad.
Todo quedó en expedientes, porque la ayuda real por parte del gobierno no ha sido tramitada. ¡Y hacen falta alrededor de 660 millones para hacer frente a lo ocurrido en Lorca! Muchos prefieren el fútbol, o Tele5, nos distrae de los problemas. Quizás si pensáramos en el salario mensual de un equipo de primera división o lo que le pagan a la Esteban o a Jorge Javier Vázquez, ¡volveríamos a tener media ciudad en pie! ¡Sólo un mes! ¿Pero de veras piensa alguien que esos jugadores o famosos de pacotilla renunciarían a su salario por un mes para ayudar a esta causa?

Y ahora alguien dirá, ¿entonces qué puedo hacer yo al respecto si todo pinta tan mal? Pues hay una manera: ¡acercaros a Lorca! Dejaros “caer” por ahí. Visitad sus comercios. Comprad en ellos. Comed en sus restaurantes y bares. También podemos pasarnos durante la próxima semana santa del 2012 (-tranquilos, el mundo aun no se habrá acabado para abril-) Tengo entendido que su celebración es de las mejores ofrecidas en el país.
Y no os olvidéis de su castillo. Jamás me he encontrado con gente tan amable como los que trabajan allí, como lo es el arqueólogo, la pareja que exhibe “las águilas del sol” etc.… En octubre harán actividades extras, podréis informaros en la web siguiente: http://lorcatallerdeltiempo.es/PORTAL/iya.cns_lorca.web?idi=1 ¡Y también mencionar todo lo que vais a disfrutar al visitar el lugar!

El terremoto ha sido fuerte, pero más fuertes son los lorquinos. Y agradecen, ¡vaya si agradecen! Porque son afables y agradecidos por naturaleza …
Por ello os quiero animar a ir allí, porque con tan solo un café que os tomaréis, habréis contribuido a ayudar a las gentes de Lorca.
Ayer les tocó a ellos, mañana nosotros podremos vivir un terremoto o algo similar. Tenedlo en cuenta, por favor. Hagamos que sus heridas dejen de sangrar al menos, pues pasará mucho tiempo antes de que cicatricen.

* Me llama la atención no ver a ningún Agente de la autoridad por la localidad, ni uno sólo. Y veo dirigir el tráfico de una calle principal por un peón de obra.

Sub umbra floreo: C.Bürk

Comentarios

  1. Estupendo artículo Claudia, tu vida está tomando un giro insospechado, ese camino iniciático es impresionate.

    Sigue siendo tú.

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  2. Ya lo constataba el Lazarillo de Tormes, España desde tiempos inmemoriales es un país de sinvergüenzas y aprovechados.

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