Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Tristemente amado X:



Tristemente amado X:

El tiempo me lanza de lado a lado, mientras que otros deciden mi destino. Me manejan como a un títere. Sin opción, solo soy una herramienta...
Tengo un nudo en la garganta, la piel erizada al recordarte aquí, lejos de ti, en mi acostumbrada soledad. No dejarán que te acerques: ¡en mi sien una corona hecha de alfileres negros!
Tus manos con su frescura, las mías no tocarán. Tus ojos en los míos no reposarán. Mis labios apenados jamás sentirán tu besar. A siglos de hielo de tocarte me encuentro.

Me duele amor, la vida y su crudeza, por eso en mis noches la aflicción trota a ritmo maldito de versos, y brota la agonía.
¡Dios, no encuentro pureza cuando bordan las calles su tristeza y quienes me dirigen proclaman mi derrota! Ellos desploman mi sentir aún socavado, ya todos los caminos para verte, me han cerrado, me siento barco orlado por un trueno. Al borde del abismo, por ti peno, mas por siempre, mi amor, triste apenada.
Pero llenas de libertad están mis alas: volaré hacía ti en sueños, cuando nadie me advierta. Cuando nadie dirija mis pasos.

¡No te veo!
..Es tu imagen por la que desespero, tu aroma es el que en el aire huelo.
¡Abrigarme de tu presencia en este frío anhelo! ¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Yo que me conformo con saberte existente, solamente eso, tan solo existente...
Mañana miraré al sol, imaginando que copia tu mirada para traérmela. Mañana te nombraré en silencio, soñando que tal vez puedas oírme. Mañana mis palabras correrán a buscarte para traerte a mi vera apenada. Mañana estaré muerta para siempre.

Huérfanas, se pasean mis huellas por la cercana orilla del mar de dónde resido, huérfanas de tu pasión, huérfanas, y livianas en su equipaje que se traduce en suspiros que jamás te alcanzarán. Suelo caminar descalza, medio de puntillas; rozo el mundo lo menos posible. Medio de puntillas…, como si temiera ensuciar la arena con mi sucia piel de niña muerta, carente de caricias, enferma de ausencia.

A mi lado, una multitud de sombras expectantes, camina junto a mí. Inspeccionan el mar, miran al horizonte, como esperando…¿Será que esperan algo? ¿Esperan quizás que se humedezca de esperanza su desolación?
¡Ay, quimeras mías, que el mar no va a traeros el amor, simplemente os permitirá bañarlo con la espuma de lo esencial! Su amor es nunca hallado. ¡Pobres ilusas!

Son sombras, mis sombras, las que pasean desamparadas su descolorido contorno por un camino sin destino. Suelen salir al atardecer, cuando el sol del día a día se retira y la penumbra de los recuerdos del ayer recupera las riendas del esplendor. Vagan en dudas entre la orilla y las olas, esperando un destino inexistente, esperando un amor que jamás las amará.
Alguien debería contarles que no se forja un destino aparcado en los absurdos, alguien debería advertirlas de que no ama el amor a aquellos que en resguardo de su corazón lo adormecen.

Alguién, si, ¿pero escucharían?

Sin embargo, triste balada de aquellos que dejan que la vida venza su ilusión. Amargo transitar el de aquellos que no osan luchar por sus quimeras cuando la realidad trató de cercar su espíritu.

En esta orilla que frecuento, crece un arbusto de color de las sombras, y el aire que también como yo, pasa de puntillas, silba como sólo lo haría una sombra. Entre esas secas ramas, encontré un pergamino y en él se pudo leer:
“Aquellos que vivieron la vida sin amor, murieron con la negación de la vida misma. Yacen enterrados en las realidades. Si los buscáis, allí los encontraréis.”
Con el corazón pleno de vacío, de tristeza nebulosa (la que me otorga la certeza de no alcanzarle jamás) , desde la noche canicular de mí mazmorra, tu atenta servidora, tuya y del mundo toda; tuya ante todo, a quien amo en profundo silencio, tuya de verdad, la que te amará siempre, en el más absoluto de los silencios, la que sólo ha nacido para morir por la causa, la que no tiene libre albedrío, la que vive entre los vivos, sin formar parte de los mismos, la que vino a nacer condenada:
C.

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