Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Entrevista a Claudia Bürk por Rubén García Cebollero (escritor, novelista, guionista y productor de cine)

¿Novela: qué es y por qué?

Opino que una buena novela te tiene que apartar de la realidad que vives, tiene que ser como un sueño, una vida paralela que además tenga mensajes, te aporte algo. Mi gran referente es Charles Dickens y Carlos Ruiz Zafón. Ellos poseen la magia. A mí me gusta escribir bajo ciertos parámetros, como en el siglo XIX, siempre con mensaje final. Una buena novela te aleja de la realidad, pero te la devuelve al mismo tiempo más real, te sentirás más capaz de soportarla, de vivirla. Las novelas son la medicina para la soledad. Te lo dan todo. Una novela que vale la pena siempre "prueba" al lector, es un juego con él, enciende mecanismos. Para mí escribir mi novela ha sido un "experimento social", está repleta de dobles sentidos, quise poner al lector al límite para que acabe pensando una de estas dos opciones, "Esta qué se ha creído qué es" o bien lo contrario "no es lo que parece ser, sino todo lo contrario". El libro tiene rasgos que lo disparan en dirección de lo sobrenatural: por ejemplo, la protagonista es nada más y nada menos que un “ángel humano”; este dato y otros sucesos que no puedo revelar sin arruinar la trama dan a la novela un ámbito fantástico e ilusorio que al mismo tiempo puede leerse como una concepción poética de la realidad, a tono con mi propia actitud ante la vida.

Eso sí, la próxima novela será totalmente diferente, pero siempre quedará el estilo emocional y bucólico. Eso jamás lo querré cambiar.

¿Cómo trabajas la idea, el argumento, la historia?

En mi caso trabajo muy emocionada. Trato de vivir lo que escribo y nunca tengo ni la más remota idea cómo voy a terminar una novela o historia. Me dejo llevar, a veces fluye como si estuviera haciendo escritura automática. El argumento viene según nace el libro. Mi escritura es pura pulsión, corazonada. Escribir una novela es como estar enamorada. Lo estás mientras creas. Sientes el mismo cosquilleo, las mariposas en el estómago cada vez que te pones ante la pantalla. Me gusta utilizar parajes lluviosos como lo hacía Borges; en mi novela llueve cuando las cosas se ponen feas y cuando van mejor, sale el sol. Son cosas que el lector percibe de modo subliminal. Lo hago todo el tiempo con otros factores también. Luego, hay que guardarse toda la munición para el final: y dispararla toda. Me gusta como lo hace Zafón; reúne siempre en el epílogo a todos sus personajes, como en una fiesta. Eso me encanta y será un factor común que tendré en mis novelas versus a las suyas.
Y como dije hace poco:
"Para escribir una buena novela, según mi opinión, esta debe iniciarse pausadamente, siempre dejando interrogantes, preguntas al aire, con la promesa para el lector de ser resueltas según continúe la lectura. Luego debe cumplirse esa promesa a lo largo de la trama, que llevará al clímax. Este debe dejar al lector con el estómago encogido; un nudo en la garganta, más o menos en la parte media de la mitad para en adelante. Luego, nos precipitaremos al final con vértigo, un suceso tras otro, sin perderse en la trama, que sea entendible para el lector y fácil de seguir. El final debe ser UNA MONTAÑA RUSA, en todos los sentidos. Particularmente, volveré a hacerlo en la novela que me traigo entre manos. Varios finales posibles, casi en las últimas pares de páginas, para optar por otro final totalmente inesperado: la bajada bestial y más prolongada de la montaña rusa."

¿Cómo te documentas o investigas?

Ningún escritor negará hacer uso de los Dioses virtuales como Google. Quien lo hace, no es sincero. Conozco escritores que se jactan de haber ido a los lugares expuestos en sus novelas, que han indagado en los archivos del vaticano, etc. En realidad van a los lugares a hacerse las fotos de turno, cuando en realidad sacan las informaciones de google. Yo también he usado google y googlemaps. Pero ante todo, repito, mi escritura es muy emocional, la clave es la humanística, son y serán historias humanas, psicológicas y todo eso solo sale del corazón. También me sirvo de personas, objetos que indago, que prolongo y les doy protagonismo en lo escrito. Consulto libros, bíblias, escrituras, lo que haga falta.


¿De qué manera “narras” o “qué punto de vista” prefieres?
La nostalgia está siempre presente en mi escritura. Aunque se debe de ser cautos con ella. Lo que se pierde no puede volver, pero sí en los libros. Leemos lo que añoramos.

Hay que presentarle al lector buenos candidatos para la idealización. A mi manera intento recuperar sentimientos comunes y pasados, porque al vivir todos juntos, tenemos y necesitamos realidades comunes, nexos de unión. La iglesia lo fue. Pero lamentáblemente ahora la vemos como un enemigo a quién atacar. En estos tiempos difíciles de descrédito y desencanto hay que alimentar esa nostalgia por el sentido vital perdido y plasmarlo en las historias. Todo lo que escribo trata siempre acerca de la ilusión vital, el punto de vista del filósofo, del místico y del buscador del sentido de la existencia.


¿Qué haces para encontrar el tono, la actitud narradora? 


Vivo lo que escribo, como una vida paralela a la mía. Todo lo que escribo lo vivo intensamente en mi corazón, a solas. Por lo demás, con esa actitud me dejo llevar por lo que siento y lo que escupe mi corazón. Pero también conviene ser objetivos durante el trabajo de escribir. Hay que ser sutil. Yo lo soy tanto, que a veces siento que nadie se percata de todo lo subliminal que plasmo en todo. Lo hago tanto al escribir como al vivir, siempre deseando ser descubierta. No es ego, es nostalgia por ser comprendida. ¿A quién no le gustaría que lo tomasen por lo que realmente es y no por lo que aparenta? Al final del día y al final de la vida, siempre quedarás a solas con tu conciencia y sentimientos. ¿Por qué no esperar que alguien te “encuentre” en tu soledad? Todos los escritores se plasman a si mismo en las historias, pese a alejarse las tramas totalmente de si mismos. Quién niega esto, sencillamente no es sincero consigo mismo.

¿Cómo usas el lenguaje y el diálogo? ¿Qué importancia le das?



Me gusta el lenguaje muy pulido pero comprensible, descriptivo al máximo para que el lector se imagine íntegramente todo el escenario y los detalles de los personajes. Siempre, siempre recurro al estilo bucólico, decimonónico, idílico o anticuado. Soy de las que piensa “cualquier tiempo pasado fue mejor” por ello ya expliqué antes que la nostalgia es mi herramienta de uso en las letras. El diálogo es importantísimo, hace fluir el argumento. En un diálogo puedes revelar lo que necesitarías hacer con muchas páginas descriptivas. Opto por usar el diálogo tras el arranque de la novela. No es inmediato. Primero hay que situar al lector en el escenario. El diálogo cuando más emotivo mejor. Hay que oscilar entre el humor y la tragedia al hacerse expresar a los personajes, que deben ser muy reales y “defectuosos”.

¿Cómo creas tus personajes? ¿Te preocupan los sentidos, la caracterización?

Los creo tal cual se me presentan en el corazón y en la imaginación. Los personajes deben quedar inolvidables en la mente del lector, deben seducirle, ser carismáticos. Deben aleccionarle. Y siempre, como en el estilo decimonónico, me gusta que haya un villano y un héroe. Hay que encajarlos bien en las historias. Debe haber personajes cruciales y otros secundarios, que sirvan como nexo. Los personajes literarios han de ser sólidos, humanos y coherentes. Con sus defectos o bien sus rasgos de heroicidad. La importancia del nombre que eliges para tu personaje también es importante, según lo elijas, así se anclará en el subconsciente del lector. Y ante todo, cuando lo vayas a crear, hazle preguntas a tu personaje, acerca de su vida, personalidad, costumbres y manías y plásmalo en la novela. Naturalmente que me preocupo por la caracterización de mis personajes, tienen que ser lo más estándares posibles y uso muchísima sutileza para elaborarlos. El proceso de construcción de un sólo personaje puede parecer o resultar laborioso, pero nunca, nunca tedioso. En mi caso, son creados al 90% con el corazón y el 10% con el intelecto.


¿Cómo organizas la trama y el sentido de la historia?

Como ya dije al principio, mi manera de escribir es por pulsión, muy afectiva y me dejo llevar. No organizo hasta el final, sólo escribo bajo el embrujo y la emoción de lo que vivo al escribir. Al final lo retoco, uso más el cerebro. Pero nunca sé cómo acabará una de mis historias. No supe cómo acabar la novela hasta llegar a su mismo fin. Soy incapaz de eso. No soy organizada, sutil sí, pero no me organizo, eso mataría todo el sentimiento que nace según avanzo. Naturalmente debes tener una mínima trama mental, un escenario; pensar acerca del hilo conductor, acerca de los motivos temáticos, pero surge de manera natural, no me esfuerzo demasiado.“Cargo la maleta” para el viaje que me supone escribir esa historia con mucho sentimiento, nostalgia (eso siempre).


¿Cómo trabajas en el espacio en la novela? ¿La descripción y la atmósfera?

Lo que más me preocupa de la novela es sin duda cómo hacer escapar al lector de su realidad, fuere la que fuere, tomar conciencia de los problemas que afectan a la humanidad, despertar sentimientos en los otros. Trato de objetivar (poner al frente el intelecto) y subjetivar (las cosas se vuelven muy íntimas y sentidas) todo el tiempo. Me gusta la atmósfera poética o de prosa, organizar lo escrito sin una estructura métrica fija, pero siguiendo un esquema rítmico de tensión y distensión. Aquellas cosas que comunican el resultado de una investigación en una forma objetiva no son mayoritarias en mis escritos, desde luego. Predomina lo subjetivo, queriendo lograr que las cosas participen de nuestra alma, hago que las cosas se impregnen de sentimientos. Soy exageradamente descriptiva. Presto mucha atención a la climatología en la novela, siempre en sintonía con los sucesos de la trama. Las atmósferas son siempre, siempre melancólicas, nostálgicas o pesarosas. Insisto mucho en ello. Por eso mismo hay que meter buenas dosis de ironía o humor, para que no se haga pesado y así compensar.


¿Cómo manejas el tiempo, la época y el ritmo?

El tiempo puede variar, se puede escribir en presente, pasado, no importa. Llega más en pasado, pienso. La época puede ser actual o no, pero siempre está presente lo oculto, lo desconocido, lo siniestro o misterioso, sé que es algo peligroso y de carácter negativo que provoca inquietud, pero lo presento así para luego mostrar mucha luz. El periodo de lo Gótico y Romántico está íntimamente relacionado con el siglo XIX. No me olvido de darles presencia. El ser humano, al entrar en contacto con las emociones, entra de pleno en el campo de las pasiones. Ello ocasiona una sensación de vulnerabilidad. La razón, por el contrario, significa poder controlarlo todo; con ella se puede dominar el mundo y se puede, por tanto, conocer. La pasión da, en cambio, la sensación de estar a merced de las emociones. Aquí es donde entra el Romanticismo del XIX y lo Gótico y me adentro en lo siniestro. Reivindico dar espacio a la emoción, la muerte, el mundo de lo místico, los muertos, los ángeles, todo lo cual dará comienzo y estará omnipresente en lo pasado, que no es, ni más ni menos, que una vertiente del Romanticismo nunca obsoleto. El XIX reivindica lo excesivo como elemento propiamente humano. Y dentro de esos excesos están las pasiones, generando tanto el Bien como el Mal. El Mal es un elemento básico de lo decimonónico, sobre todo, el mal que no se puede controlar. Pero siempre triunfará el Bien. En todas las épocas que pueda usar como escenarios.

El ritmo es siempre de principio a fin, acelerante; es decir que va cada vez más rápido, de lo quieto a lo veloz, y al final tiene que ser una montaña rusa.


¿Te planteas el conflicto como el motor de la ficción?

Naturalmente que sí. Sin conflicto, no hay resolución, no hay desenlace.
Dentro del alma humana, como en sus vidas siempre está la necesidad de resolver o sucumbir a los conflictos. Las fuerzas de lo desconocido están dentro y fuera de nosotros mismos. Es un elemento que hago apareces combinado. Me gusta hacer a los otros testigos de dolorosos dramas, pero nunca cargar mis tintas en el dolor, sino que sugerir que incluso en situaciones muy adversas pueden florecer el amor, lo extraordinario, la solidaridad y la simple felicidad de despertar a la vida y tener un sueño que perseguir, por más irracional que parezca. Me gusta hacer arrancar sonrisas pero también lágrimas con un escrito o novela, emocionarse es lo más. Todo esto podría resultar cursi si no fuera porque nunca lo digo: me limito a contar mis propias historias elevadas al cuadrado, y dejo que sea el lector quien saque sus conclusiones.


¿Cómo te vendes y vendes la obra? ¿Te parecen importantes los premios literarios?

No pido ayuda a nadie. Ni favores. Lo hice una vez y esa crítica literaria se volvió contra mí, porque correos había perdido el envío de una novela que a cambio ella pedía regalada. Nunca más. La obra se vende por la publicidad “Boca a boca”, ya que mi editorial no tiene la suficiente solvencia para pagar campañas costosas de publicidad. Son tiempos difíciles. Yo suelo promocionar la novela en las redes sociales o pasando emails cuando aparecen nuevas opiniones por la red. No tengo más interés que ser leída. No es personal, ni hay un ego que se alimenta. Estoy muy debajo de las nubes. Solo subo a ellas para imaginar o escribir. Necesito a toda costa esa posición. Si pudiera escribir sin ser vista, sería estupendo. Pero eso no funciona. Estudié marketing en el pasado y hay ciertos parámetros que debes tener en cuenta.


¿Premios literarios? No los he buscado nunca y paso totalmente de honores, premios y reconocimientos. En el pasado una amiga mía se empeñó en mandar trabajos míos a concursos y algo caía, pero ya no me conmueve. La auto-denominada intelectualidad de este país y todos los que aspiran formar parte de ella deben deshacerse en elogios y adulaciones entre ellos. Deben trepar para formar parte del paraninfo intelectual. Yo me conformo con las migajas de todo eso. No me va nada ese teatro. Los escritores recomendados y promocionados a dedo, empiezan a ser legión. No deseo que se me requiera, ni fama, ni méritos. No quiero formar parte del “selecto estamento” literario, ni ahora ni nunca. No hay camino hacía ninguna cumbre en mi vida. No soy ambiciosa en ningún sentido. El camino es lo más. No quiero formar parte de los que gustan tenerse por cultos y mirar por encima de los hombros. Soy una eterna alumna. No ansío convertirme en “marca de prestigio” como otros. Soy ser de sombras. No domino el juego ni el tablero de las editoriales, aunque sí los he analizado. Y no me gusta lo que he visto. Es todo teatro. La vida es mejor que eso, aunque a priori no lo parezca.


Por Rubén García Cebollero
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