Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

De nuevo, a ti mi Dios.

 

De nuevo, a ti, Dios mío.

Venerado y eternamente adorado Dios.:

A propósito y desde ti, la palabra amor se desliza
desde mi pluma hacía todos los párrafos de esta carta.

Y desde éstos párrafos, quiero dedicarte todos los “porqués”..
Muchas cartas he callado durante algunos días, y es que cuando siento, no escribio, y la vida me ha escozido como una herida, mientras no te escribía.

Guardo en mi corazón escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que has dejado en mí desde tus semejantes, los hombres; tus huellas guaradadas en sus actos y en el tiempo; ligeras y ardientes hijas de las emociones, duermen agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo,sereno y revestido, -por decirlo así-, de un poder sobrenatural, mi sensibilidad las evoca, y tienden sus alas transparentes, que bullen con un zumbido cristalino de vida, y cruzan otra vez por mis ojos como en una visión luminosa y magnánima.

Sin saber cómo, me he distraído del asunto de trazarte mis sentimientos.

Como quiera que lo haya hecho para no darte más que mi silencio, espero que tu corazón sepa disculparme. ¿Qué mejor intermedio de un mundo a este que el corazón centelleando aún con más viveza, mayor convicción de hallarte ?
Siento los nervios que en mí se agitan, el pecho que se oprime, mi parte orgánica que se conmueve al rudo choque de las emociones desde ti producidas, por la devoción y los afectos; siento, sí, de una manera que puede llamarse verdadera; sin embargo te escribo como la que copia de una página ya escrita; ( ¡¡¡ninguna palabra es suficiente!!!). Te dibujo mí amor como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes y las imposibilidades de sus manos.

En efecto, es más grande, es más hermoso, ese amor que siento, que lo son mis limítrofes expresiones, ebrias sensaciones, trazadas a grandes rasgos, temblorosa mi mano al hallar tu faz, llenos aún los ojos; ¡de mis lágrimas!

Sé, porque lo sé, aun cuando tú no me lo has dicho, que extrañabas mis exclamaciones, porque al sentirte en mis sueños, detuve mi pluma y terminé mi última carta como enojada de la tarea: las palabras no eran suficientes, ni jamás lo serán.
Sin duda, pensaste que esta fecunda idea se esterilizaría en mi mente por falta de sentimiento…Yo te demostraré tu error: ¡Escribir! ¡Oh! Si yo pudiera haberte escrito lo que me haces sentir, no me cambiaría por todos los poetas del mundo.

Si tú supieras cómo las palabras más dulces se amargan al encerrarse en el círculo de hierro la palabra; si tú supieras cómo los susurros más diáfanos, más ligeros, se ensordecen, al son de las notas que mi corazón toca por ti..¡qué impalpables son las fibras de oro que trotan en la imaginación al envolver esas misteriosas figuras que crea y de las que sólo acierto a reproducir el descarnado esqueleto; si tú
supieras cuán imperceptible es el hilo de luz que ata entre sí los pensamientos más
absurdos con el mecanismo de mí corazón, si tú supieras...

Pero, ¿qué digo? ¡Tú lo sabes, tú debes saberlo!
Pero.. ¿Cómo la palabra, insuficiente la mayoría de las veces, puede expresar las necesidades del espíritu, podrá servir de digno intérprete entre tu faz y mi alma?
No reconozco los idiomas. Sin embargo, recurriré a los fenómenos del mío para disculparme de no hablarte de amor en todo este tiempo. Te lo confesaré ingenuamente: tuve miedo a que las palabras se me agotaran… Y por ésta razón algunos días, sólo algunos, y te lo juro,
te hablaré del amor, como hasta ahora lo hice a riesgo de escribir un millón de disparates. ¡Te hablaré de ese amor que por ti siento, -el único infinito que conozco-, de ese principio eterno que todo lo disculpa y que todo lo acoge!


¡El amor! ¡AMOR! Por ti…¡Por ti!
Ya lo ves: el espacio me falta, el asunto es grande,.. ¡Ay! Acaso porque ignoro en lo que se convertirá, me atrevo a definirlo.

Te espera sin espera,
C.

Comentarios

  1. Claudia, ¿eres consciente de lo afortunada que eres al amar así? Reflexiona sobre ello, en tus momentos bajos y descubrirás, (lo habrás descubierto, seguramente ya) que no hay nada, ni nadie fuera de El, que tenga el poder suficiente, ni la fuerza, de arrastrarte hacia ningún lugar donde el dolor y las sombras habiten.

    El y sólo El, es nuestro camino, nuestro guía, nuestro puerto y nuestro descanso. Todo lo demás es sólo accesorio.

    Isa

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