Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

De agonías y otras variantes

1.
Horizonte de instantes, el futuro inseguro y la vida tornada en agónico sentir.
Y el recuerdo que no deja dormir, mientras llamo a los poetas del mundo a acompañar mi voz y mi herida.
Bajo la pesada losa del mundo, me encuentro atrapada, toda su pesadumbre cárdena aplastándome la voluntad, los pulmones, el alma. Toda la tierra, se vuelca sobre mí ser, enterrándome sin remedio entre el hastío inmoral. Toda la greda me sepulta desde un cielo, aviándome a morir. Despedazada estoy, hundida entre tus manos, exinanida en boca de lobo.

2.
Veo los otros presos, asiduos a sus condenas, asidos a su fin, mientras que su dolor nace y se queda callado entre los mil quehaceres con que pretenden disimular sus angustias.
Bajo sus llagas, unas heridas de torpe geometría, terrible mal que no se sacia sin respuestas.
Y entonces quiero gritarles que miren al mundo, que es nuevo cada día, que creyentes solo de lo que tocan no sabrán palpar. Quiero decirles que sus almas no crepitarán, que la luna no es lo que parece, que todo está cerca de la carne voluptuosa y mortal.

3.
Callo.

4.
Quiero correr hacía ti para decirte que cuando estás en mi vientre, sólo estas en mi; ese gozo extremo sin un pensamiento impuro que empañe lo que siento. Que en mis húmedos rincones, te pertenezco toda: límite extraño, entre el corazón que se consume y risueño fulgor carnal. La sangre y el sudor, de placeres hablan, del pozo ciego de mis venas que acunan tu nombre.
Cuando estoy a tu lado, no tan solo estoy a tu lado: camino lisa por el tiempo, en ti germino; las aguas fructíferan, las llagas explotan, los espacios se amplían.

5.
Por instantes fosforece el mundo. Por otros, sordo de amor, ciego de esencia, el aroma es la sangre que me intoxica. Enmohecen mis dudas; el tiempo devasta mis venas. Me llaman desde la otra orilla: el agua brota, plagada de respuestas, me tienta. La muerte tiene forma de paloma; el aire se detiene y la acaricia. Veo blancas sus plumas.

6.
El tiempo edifica labios y muros, y es ya pregunta a mi pregunta. Lo suplantas. El tiempo eres tú. ¿Qué sería
tu mirada, si no la morada, la puerta,
los batientes, el cerrojo abierto a la claridad del día? Te quiero y mientras te quiero, muero.

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