Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

Elegía al silencio.

Pssshhh…¡Silencio, por favor!

Comienzan a cesar los golpes de viento contra mi ventanal, se suspenden los sonidos en el ocaso y un silencio magistral se agazapa como un velo de seda en mis sentidos.

Me siento en paz. El silencio y yo a solas. Soledad acompañada en la ausencia de tumultos. Respiro sosiego. Inhalo calma.
Mi existencia se circunspecta, se expande y dilata: ¡sigo el orden de las cosas desde la última fila!

Regreso de donde surgí, nadie me sigue y no temo que profanen mi senda.

Y ahora, ensordecida, escondo entre mis pasos arcanos, todas las respuestas que siempre me reservo.
Y ya lejana, me adentro en las profundidades de un gran secreto, mientras desclavo de mi alma blancas plumas dobladas.

¡Silencio!

Vibra el mundo entero entre notas de éter.
Mi alma es buza que respira y explora a cien metros bajo el mar.

Medito acerca de las bienaventuranzas divinas: en mis adentros parábolas austeras.
Silencio fecundo: desafío enriquecedor y creativo. Silencio elocuente: que crea el clima para mi auto-encuentro, que redime el paso del tiempo.
Silencio que no posee presente. Reminiscencia audaz de instantes sin nombre. Carencia de palabras, mutis de los sentidos que gozo y testimonio.

¡Como me queman las palabras, el loco transcurso de los sonidos, el vaho ocioso de las noches ajenas- vapores insulsos, sonidos vanos-…!
Que importante; para mí el silencio.
Y ahora que lo pienso: ¡qué pocos enteros tiene en la bolsa de los valores actuales!

Sub umbra floreo: C.Bürk.

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