Todos somos Clarividentes-Claudia Bürk

¿Será siempre para mí el Amor la Cruz? A ti, X y …A tus impostores.


Un sinfín de nombres se apagan en el firmamento como tantas otras estrellas muertas y mi cielo desaparece en la oscuridad de tu noche. La montaña de mis soledades se hace más y más elevada; la cumbre se afila como el pico de un cuchillo. La falsedad del mundo apaga todas mis sonrisas. Las personas llegan para abrirme las heridas como una ventana, de par en par y se van apresuradas creyéndome otra, dejando entrar el helado viento de muerte. Marcho a preservarme del hielo a fuerza de cortinas y contraventanas, hasta ver abatirse una nueva ficción de paz; un cierto estremecimiento a la muerte de la desconfianza, la impresión de que ya va siendo hora de echar postigos a todas mis ventanas.

¿Habrá de ser siempre para mí el Amor la Cruz? ¿Cuántas lunas más me quedan en este lugar?
En rincones perdidos, va quedando la poca vida, voy quedándome yo, temerosa de alargar mi mano, tanteando zapatos que me aplastan sin piedad.

Si ayer grité herida de muerte, ¿quién me escuchó humana entre las cohortes de los ángeles?
Te siento lejano mío, gracioso mío, emocionante mío, amigo mío, más lejano que una estrella, más frío que la noche. ¡Qué burlón! Te ríes de mí y no te culpo. Pues cuantos nombres te han corrompido por mí culpa, cuantas voces quisieron reducirte a mortal y beber de mi manantial con falsos brillos, con fingida sed, como hienas, como lobos.
Hoy es ya toda noche aurora. Ninguna noche más apagará mi fuente. No hay más sombras, no más alarmas, no más muertes: toda noche es aurora. Porque, pese a abrirme a las horas de la dama de noche, soy de las que viven del sol, ya no le daré la espalda para ver las sombras. ¡Quiero vivir empapada de luz! El daño ya no duele. Ya nada me duele, por mucho que me maten.
Me destruyeron y construyen en cada función de ofensa. Me destruyen y me construyo como el tejido de Penélope: la misma tela de la esperanza.

Dicen de mí que no me dejo querer. Pero tú, lejano mío, sabes cómo todo empezó: era una niña pequeña cuando quise salvar a quién me cuidó del agua en que cayó. No, no era agua, era la sangre que me robó. Logré sujetarle a penas; los brazos me pesaban, me dolían, pero debía aguantar. Nadie me oyó gritar. Luchó para liberarse de mis brazos, quería retenerle, pero poco a poco la fuerza salvaje de las olas nos estrellaba contra las rocas a los dos. El golpe más duro fue para mí. Y luego otro. Y otro. Sigo estirando los brazos cada día, intentando sujetarle, quedándome sola. Se ha convertido en algo mecánico. Ya pueden venir los barcos más grandes a rescatarme de las olas, que ni los veo ni los oigo.
Me transformé a una escapista. Tanto tiempo viendo la suciedad que empecé a sentirme sucia, llevando nenúfares en el pelo. No dejando que nadie entre a mi mundo. Crecí con el virus del dolor, creyendo volverme loca de dolor.
¿Puedes tú recomponer las piezas de mi alma?, te supliqué. Pero he debido aprender primero a no identificar el Amor con el Sufrimiento. Buscaba la paz, mientras me arropaba en el sufrimiento, porque así me lo habían enseñado. Cambiar duele, pero no mata. Matan los que te frecuentan en el proceso y te vuelven la espalda.

El Amor…¡El Amor! ¿Pero es de veras?

Si, ya sé: la ausencia de miedos.

Mientras los otros vuelven su cabeza hacía lo que no tienen, lo que huyó y se les fue, (va para ti, amiga impostora) hoy hecho una mirada a los hombros desalados, un último guiño a un mundo de ríos descaudalados, recuerdo quién de veras fui –a fuego escondida, mientras subrayé con impudicia lo tapado- (todos me han visto y nadie me ha mirado). Ya veremos mañana.
Ahora, Adiós os digo.Adiós.

He escrito esta carta, como siempre, para ti, para ellos. Pese a que casi llego a odiarte. Por ello no quiero concluirla esta vez sin dedicársela un poco también a tus dos impostores: a él y a ella. Me respondieron siendo tú. Y tú respondiste maldiciéndome con dolor. Quisiste que también cargara con sus equivocaciones. Les perdono de todo corazón. No quiero ver su maldad.
Pero…

¿Cómo distinguir al lobo de un can? En mi vida el lubricán: la hora en que se confunde al lobo con el perro. El anochecer. No quiero ver destrozos sin remedio: solo yo estoy llevando esta cruz. Al igual que las otras.
Escribo estas palabras para ti, impostora astuta, y para los envidiosos. Si soy su referencia, que dejen de envidiarme: lo que ellos llaman, a su pesar, mi éxito, no me produce la menor felicidad. Impresionas por tu ternura, pero es falsa como lo es tu alma toda. Siempre desconfié de lo llano, de la cuesta abajo. Ahora sé que con razón. He tardado un poco en descubrirte y es que a los que aborrecemos la mentira nos cuesta reconocerla: pero recuerda que crecí desde abajo, desde el estercolero, tirada a la basura, a la que me habían arrojado los que me vitorearon al igual que has hecho tú. Este también es un hecho depurador que actúa en mí de forma magistral. Sobreviviré de ahora en adelante con mayor fuerza, cierto es, con la ilusión alicortada a cero, sin embargo me has otorgado con tu actitud una deslumbrante revelación sobre mí misma. Mientras yo me tengo que volver cara a la pared, hacía mi forfait tenebroso, tú no tardarás en ser descubierta. Y te prometo que no aplaudiré. Porque te compadezco. Recuerda que hay marañas y telarañas. Y a menudo, la araña se confunde y queda atrapada en la trampa hecha para atrapar a la mariposa. Con todo, también me has enseñado que hay trampas y trampas como solo tú sabes tender. Si te empeñas a separar a alguien, lo sonsigues. Te felicito por tanta sangre fría.También me has enseñado a ver que hay mentiras que pueden tener las patas muy largas y hasta afiladas y peludas.

A ti, dulce impostor te digo, que vivir no es conservar vivo el cuerpo. Que los valientes dan la cara y miran de frente. Tú como yo, dijiste que sabías del dolor, la siembra oscura que sigue a la llaga casi intolerable del arado. El dolor que envuelve, como una segunda piel y quema hasta las uñas y las encías, desde la punta del pelo hasta la planta de los pies.
Tu hoy me causaste ese dolor.

Todo sirve, etiam peccata; lo escribió Agustín de Hipona, que supo bien, bien, qué es pecar y qué crecer por dentro, que supo bien qué es esa alquimia misteriosa: sírvete hoy de mi dolor para avanzar. Porque hay pecados que nos desenmascaran y nos dejan, como recién nacidos, incontaminados; abandonados frente al nuevo amanecer, que es por fin el nuestro. Sólo quién avance bajo el fardo, más o menos agobiante, de sus tinieblas y su sinceridad, bajo el fardo de su verdad más honda, solo quién avance bajo su peso íntegro, con la verdad a cuestas, logrará caminar por el sendero que le lleve a sí mismo, al amor y a la sonrisa. Una fuente que brota en el mismísimo punto y en el mismísimo instante en que se logra la aprobación de uno mismo tal como es, la aprobación de la vida tal como es, la aprobación del mundo. Un punto, un instante cuya conquista, como se dice de la del cielo, padece violencia.

Las metas no hay que buscarlas. Las metas te encuentran por ese camino que te he descrito. Y por descontado, has de esperar a que el amor llegue. Considera que el amor no se busca, se encuentra. Tú sabrás, contra viento y marea cuando lo veas. Tu instinto te lo dirá. Aparecerá acaso cuando estés fatigado y entristecido de esperar. No importa. Entretanto, que los juegos amorosos y tus escondites que tanto temes que sean destapados no te distraigan del amor, que no te hagan mirar hacia otra parte. Llegará el amor a su tiempo, no al tuyo ni a petición de tu impaciencia. Y quiero decirte también que qué hastioso es para mí tener que manejar palabras para que luego me malenteindas.

Lo mismo ofende que desconfíen de uno que tener que desconfiar.
Impostores de X: tenéis la obligación de ser quienes sois. Sin embargo os proclamáis “almas blancas” mientras empuñáis afiladas dagas. ¡Qué contradicción! Y a ambos os digo que no soñéis en exceso con lo ideal. Miraros adentro. Cuando miréis las cosas en vuestro nivel real, no las desdeñéis, no las comparéis con lo que vosotros soñasteis. Dejadlo ser como es. Amadlo como es. A veces, la imaginación es la peor enemiga de la realidad. Os lo dice la mayor soñadora de este mundo. Por ello mismo, no será nunca mi designo ser amada. Que por ello muera de tristeza, es ya cosa mía. Y designo a su vez. He querido daros estos consejos, porque vosotros os empeñaseis en dármelos a mí. ¿Quién es quién más los necesita, empero?
Os dejo partir. No sin daros las gracias. El dolor que me habéis causado no es más que un regalo valioso. Y recordad que lo habéis intentado, pero…
El daño ya no duele. Ya nada me duele, por mucho que me maten.

¿Habrá de ser siempre para mí el Amor la Cruz? La respuesta, entonces, ya os la he dado.


Desde este lugar, hacía el vuestro, dónde celebráis una fiesta a mi costa a la que nadie me ha invitado; desesperadamente esperando quién me libere, te busco lejano mío:
claudia.

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